Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 10
Hemos visto una arquitectura política y económica internacional que funcionó perfectamente y posibilitó lo que se ha llamado ‘La edad de oro del capitalismo’ o ‘Los fabulosos 30 años’, el periodo de casi tres décadas comprendido entre 1945, el final de la IIGM y 1973, la crisis del petróleo que originó una fuerte recesión en casi todos los países. Unos años regidos en lo político por la doctrina Truman -Guerra Fría entre dos bloques y hegemonía absoluta de USA en el bloque occidental capitalista enfrentado al soviético comunista-, y en lo económico directrices de Bretton Woods -Sistema Monetario Internacional, instituciones reguladoras como FMI o BM- .
Antes de abordar cómo ese estado de cosas aparentemente idílico terminó abruptamente y que mostro de nuevo que las contradicciones socioeconómicas del capitalismo lo conducen a crisis cada vez más difícilmente superables, debo examinar un elemento que jugó un papel fundamental en la evolución de los acontecimientos. Me refiero a lo que entonces se llamaba ‘Tercer Mundo’ o en un registro más eufemístico ‘países en vías de desarrollo’ (se empezó denominándolos ‘países subdesarrollados’, pero era una expresión muy cruda, y antipropagandística, pues la narrativa oficial afirmaba que las relaciones capitalistas harían más pronto que tarde desarrollados y felices a todos).
La característica principal de estos países tercermundistas
tras la IIGM es su condición colonial (NOTA 1), que procede de la implantación
del Mercado y el Capìtal en tanto que colonias, esto es, territorio conquistado
por un Estado, la metrópolis, en expansión; en concreto, por alguna de las
potencias europeas, o que lo fueron durante un dilatado periodo: España,
Portugal, Inglaterra, Países Bajos, y, más tarde, Bélgica, Alemania e Italia.
Y, por supuesto, ltambién fue colonialismo la expansión al Este de los norteamericanos, que recientemente habían sido
una colonia de Inglaterra y que, tras liberarse de ella, imitaron, sin
aprensión alguna, a sus antiguos colonizadores y perpetraron el genocidio de
las tribus nativas hasta el Océano Pacífico.
El colonialismo no es sino un estado de dominación más, en todos ellos hay una fase de
resistencia inicial, una evolución prolongada y compleja de interacción entre dominados (si no han sido exterminados), en este caso colonos y nativos, y dominadores, la metrópolis,; una acción agónica o antagónica que va modificando las
relaciones de fuerzas y donde finalmente la oposición se da entre nativos -incluyendo a los colonos, que ya no se consideran tal, sino nativos (stricto sensu, han nacido allí, y sus padres,
y sus abuelos; piénsese en la burquesía criolla, que encabezó la independencia de las colonias del Imperio español)); es lo que se conoce
como descolonización. Son procesos muy variados con unas realizaciones institucionales
también diversas. No entraré en ello. Solo señalar su existencia, que se
desarrolló desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad, si bien, las
colonizaciones clásicas de importancia se acabaron en la segunda mitad del XX.
La de la Argelia francesa y Angola, Mozambique, etc., portuguesas fueron las
últimas de las clásicas. Estado sionista de Israel, aparte, claro.
Volvamos al fin de la IIGM. Gran parte de las grandes
colonias se habían independizado formalmente de sus metrópolis, y el resto se
disponía a hacerlo. Nótese el adjetivo ‘formalmente’. En realidad, la
independencia legal, con su Estado propio, su soberanía constitucional, sus
fuerzas armadas, etc., oscurecía un nuevo sistema de dependencia, político y,
sobre todo, económico, el denominado ‘neocolonialismo’. Consiste en una nueva
forma de relación con la antigua metrópoli, en virtud de la cual los países coloniales, 'independizados', pasan a ser neocoloniales; a diferencia de su predecesor, el país neocolonial
es independiente en la teoría, pero en la aún mantiene fuertes relaciones de
subordinación con el Estado del que se independizó. Por supuesto, esa autonomía
relativa depende el propio proceso de descolonización. Si conlleva una guerra
de liberación victoriosa la subordinación es menor o inexistente; cuando se
hace de manera negociada y la metrópolis conserva agentes entre las burguesías
colonial y la suficiente inteligencia política como para ceder en lo accesorio
y en lo más aparente, el nuevo país establece intercambios comerciales,
desiguales, por supuesto con ellos, aloja empresas con capital metropolitano y,
en el campo político, se ubica en su ‘zona de influencia’. Un buen ejemplo de
esta descolonización ‘inteligente’ es la que condujo a la Commonwealth del Imperio
británico (NOTA 2). Aun en el caso de independencia mediante conflicto armado, las burquesías neocoloniales conserva una relación especia, y con frecuencia subalterna, con las burguesías metropolitanas.
Con esta patita colonial/neocolonial, los países desarrollados de occidente pueden permitirse el lujo de financiar, sin crisis, la Edad de Oro capitalista, esos Estados del Bienestar necesarios para asegurar la paz social, acumular capital y legitimar los regímenes demoliberales. El quid de la cuestión, lo que permite conservar unas tasas de ganancia adecuadas para reproducir la inversión y proporcionar dinero para que los Estados del oeste europeo, anglosajones y del extremo oriente (Japón) construyan infraestructuras, proporcionen servicios de educación y sanidad a las mayorías sociales, propicien unas bajas tasas de desempleo y una capacidad adquisitiva general al alza -la cuadratura del círculo, vaya-, ese desarrollo virtuoso procede del … subdesarrollo de los eufemísticamente llamados paises en vías de desarrollo. Pero no coló, no durante mucho tiempo.
Entre otros, los teóricos latinoamericanos de la Escuela de la dependencia, constituida en torno a la CELAC (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), un organismo vinculado a la ONU, mostraron que, si tiene sentido hablar de desarrollo al referirse al tercer mundo, mejor insertarlo en “desarrollo del subdesarrollo’ (André Gunder Frank) , e ‘intercambio desigual’, (Arghiri Emmanuel). Es decir, que el desarrollo de la metrópolis se conseguía a base de impedir el desarrollo de las colonias. Materias primas, alimenticias y energéticas muy baratas, mercados para productos industriales de países del primer mundo. A lo largo de este periodo, muchos paises del tercer mundo comprendieron estas estructuras de desigualdad y, bien se independizaron sin pasar al estado enocolonial o fueron rompiendo y emprendiendo alianzas para salir de su condición neocolonial. Así surió, en la conferencia de Bandung, 1955, el Movimiento de Países No Alineados (MPNA), un intento de apartarse de la bipolaridad de la Guerra Fría y rafirmarse económica y políticamente frente a USA y la URSS. Aunque con el tiempo ha ido perdiendo presencia y operatividad, en aquel momento, años 1960s, si constituyó un factor importante en la arena internacional y contribuyó de manera relevante en la crisis del módelo que la había configurado en esos 'maravillosols' veintitantos años.
En el siguiente post tratare de describir esa crisis, explicar sus determinaciones y caracterizar el mundo que salió de ella.
NOTA 1.
Los dos tipos de colonias más usuales son las de población o asentamiento, y las de explotación. En las colonizaciones de asentamiento, personas, familias, de clase media o baja, salen de la metrópoli hacia el territorio más o menos conquistados, la colonia. ; allí, se establecen, ocupando tierras y convirtiéndose en colonos. Dado que muchos de esos territorios están poblados por nativos, que no están dispuestos a que les roben sus tierras o a ser esclavizados por los colonos, se hace preciso, en colaboración con los destacamentos de de la metrópolis allí afincados, proceder a una limpieza étnica que suele derivar en genocidio.Tampoco es algo grave, primero se los deshumaniza y, a continuación, se los asesina; como si fuese caza mayor. El colonialismo de explotación, del que son ejemplo, la colonización de la India por los ingleses y, en plan muy salvaje, o sea, más todavía (léase a Conrad), las del Congo belga, consiste en aprovechar a la población nativa bien sea esclavizándola y extrayendo las riquezas naturales, bien tiranizándola y exprimiendo su aparato productivo previo; lo que no excluye las matanzas masivas, se trata de dejar solo gente que produzca. La migración desde la metrópoli, en este caso, es más bien pequeña, militares y altos puestos de la administración, que dirigen los procesos de pillaje. Por supuesto, hay subtipos y tipos híbridos, cada colonización exige un examen individual.
NOTA 2.
Durante el tiempo comprendido entre los siglos XVI y XIX se
desarrolló en el mundo occidental un fenómeno específico, el Imperialismo. Sin
duda, imperios han existido desde hace miles de años, el babilonio, el chino,
el persa, el romano y un larguísimo etcétera, pero cuando en estas líneas se
habla de Imperialismo se alude a los imperios que se fueron forjando a lo largo
del periodo mencionado y que se basó en el desenvolvimiento del capital,
primero comercial y extractivo y ya en el XVIII, industrial. Fenómeno asociado
a la evolución desde sociedades señoriales o absolutistas hasta sociedades
eminentemente capitalistas, donde la relación que hemos visto entre la
metrópoli precapitalista, o ya capitalista, y las colonias juega un rol
fundamental. El imperialismo es un mundo en que los distintos imperios compiten entre sí, porque el mundo es finito, y todos quieren todo,
o más que los otros. Por eso, la estructura geopolítica mundial de los últimos
siglos siempre ha contemplado una Potencia preponderante, el hegemon y varias
metrópolis secundarias, declinantes o en un ascenso que amenaza al hegemon. Así
en primer lugar fueron hegemónicos los Paises Bajos, que pronto cedieron ante España/Portugal,
para ser sustituidos a partir del XVII por Gran Bretaña, que, rivalizando con
Francia o Alemania, conservó su carácter de primera potencia hasta la IGM.
Desde la IIGM, y compartiéndolo en parte con el imperio soviético, de muy breve
duración histórica, ya sabemos quién es, y sigue siendo aunque en una profunda
decadencia, el hegemón.