jueves, 19 de marzo de 2026

 

Ya seguiré con el análisis de esos tan manoseados antiguo y nuevo orden, entre los que, según Carney “Este acuerdo [el que se da en torno al viejo orden] ya no funciona. Seré directo. Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. Es un asunto muy complejo sobre el que las clases dominantes de las potencias subalternas a USA -véanse las declaraciones de Carney o de von del Leyen- no hacen sino arrojar confusión, en parte deliberada y en parte por pura incomprensión. 


Hoy y mañana escribiré unas cuantas líneas acerca de la guerra de Irán y de lo que se va sabiendo, o es factible inferir, en el marco de su desarrollo. 

  • Sigo creyendo que la guerra, la decisión de atacar a Irán, la tomó Israel aprovechando la megalomanía patológica y la estupidez de Trump, que lo hace influenciable por todo aquel o aquello que sepa pulsar sus pueriles e ignaros botoncitos emocionales. Los argumentos que corroboran esta afirmación son numerosos.
  • Netanyahu es inteligente y tiene visión estratégica. Trump, ni lo uno ni lo otro, ni tampoco parte de su camarilla inmediata; luego me referiré a ella. 
  • Israel tiene claro que pretende con esta agresión: acabar con Irán, cuanto más quede destruido mejor. Aunque se conformaría -y creo que sólo tácticamente- con sustituir al régimen de los ayatolás por otro favorable al tándem USA/Israel; por ejemplo, con el sha Palevi o similar.
  • USA, la USA de Trump, no tenía en estos momentos interés alguno en la guerra. La situación de debilidad de Irán, tras la cuasicaída del Eje de la Resistencia, le confería una ventaja total a USA en la mesa de negociaciones de Omar. Las garantías de parar el programa de desarrollo nuclear que iba a aceptar Irán eran casi definitivas.
  • El gobierno de USA no se había planteado ni con Obama, ni con Biden ni con el primer Bush demandas sobre que Irán suspendiera dotarse de misiles o dejará de apoyar a lo que queda del Eje, Hizbulá, Hamás y los hutíes. Menos aún forzar un cambio de régimen por la fuerza. La introducción en las negociaciones de esos tres puntos de arriba fue una excusa para iniciar la agresión, ya que eran claramente inaceptables para el régimen teocrático. Pese a ello, ya lo dijo Rubio, Israel, que probablemente le había impuesto incluir esos puntos a USA, puso fecha inmediata al ataque, sabiendo que, de facto, movía los hilos de la marioneta Trump.
  • Empezaron los bombardeos. Israel sabía lo que buscaba, en plena coherencia con la ideología sionista actual. Trump, as usual, ni idea. Si hubiera conocido y sabido elaborar la información que le proporcionaba la inteligencia yanquí, habría entendido que la guerra iba a ser un clavo más en su previsible ataúd. Es muy probable, no obstante, que parte de la información recibida de la CIA estuviera muy sesgada por la influencia del Mossad. De todos es sabido la unidad de acción entre ambas agencias, aunque ignoro sus diferencias y la relación real de fuerzas entre ellas, puesto que es obvio que dentro de la CIA hay mucho sionista; por arriba, por abajo y por el medio.
  • Cuando Trump se contradice continuamente acerca de qué fines persigue no trata, creo, o no solamente, de engañar a la opinión pública. Es que, en realidad, no lo sabe. Lo único que tiene claro es que la guerra debe acabar con una victoria suya; en que consiste esa victoria, depende de la hora o del último con quien haya hablado. Por eso, algunos seguidores suyos y muchos detractores opinan que lo que debería hacer, ya mismo, es decretar la victoria de USA, con independencia de la situación bélica, y retirar a la US Army. 
  • Para Israel y para Irán, la guerra se inscribe en un conflicto existencial. La no pequeña diferencia de este episodio bélico es que, si vence Israel, Irán, desaparece a la manera de Libia o Siria, es decir como naciones con Estados fallidos. En cambio, si Irán gana, Israel se resiente de manera relevante, pero no desaparece. Por eso, la muerte de Netanyahu, la mitad de su gobierno y la cúpula de las FDI habrían llevado muy probablemente a Israel a suspender, aunque fuese de manera provisional, mientras que no es el caso de Irán, que asiste al asesinato de sus líderes, los sustituye y redobla la resistencia. 
  • La supervivencia del Estado sionista de Israel acabe como acabe la guerra no implica su su fatum trágico. Israel debe desaparecer si la Humanidad subsiste y sigue siendo humana.
  • Entrar en la cabeza de Trump es harto complicado, y mejor no intentarlo. No obstante, parece que ese batiburrillo informe de neuronas consideró -concedámoselo: con razón- que la neutralización de Venezuela había sido un gran éxito personal (lo de personal, tratándose de él, es redundante; bueno, y lo de éxito). Intentó repetir la jugada ,esta vez asesinando al líder, en lugar de secuestrarlo. Hasta ahí, bien. El gran problema es que no encontró una Delcy Rodriguez. Hace unos días, manifestó, con ese humor psicopático sin gracia que gasta, que no había podido hallar un equivalente a Delcy que, sin destruir el régimen autoritario, pusiese Irán a sus pies, porque había matado a todos los candidatos. Probablemente, hasta se lo creía. En el mundo real sucede que el Estado de Irán no tiene nada que ver con el madurista en descomposición, por mucha oposición al Estado islámico que halla (aproximadamente el 10% de lo que Trump cree y la prensa occidental relata).
  • La estrategia de Irán es inteligente y realista, dada la asimetría entre las fuerzas en liza. En el sentido de Clausewitz es, de hecho, eminentemente política. (a diferencia de Trump que, siguiendo la recomendación de Franco, no se mete en política; demasiado para sus entendederas, aunque se la dibujen). Irán ataca las bases americanas en los países del Golfo, que se creían muy protegidos por USA y ahora ven que son bombardeados y USA no los defiende, más aún, que los mismos yanquis han forzado la situación que origina los ataques. De paso, a Irán se le ‘escapan’ algunos drones que impacta en hoteles de veinticinco estrellas de Dubai o Abu Dabi, causando un daño irreparable a esa especialización en turismo de millonarios que iba a complementar los menguantes ingresos petroleros. Y, por encima de todo, el bloqueo del estrecho de Ormuz que, no se olvide, se aplica sólo a países aliados con Israel y USA. Cuando a un europeo le cobren 2,5€/l por echar gasolina a su coche, a no ser que esté excesivamente indoctrinado, no le va a culpar a Irán sino a los gilipollas que la atacaron ilegal e innecesariamente.
  • Israel va a buscar desesperadamente que USA no abandone los bombardeos, que destruya Irán, sus infraestructuras militares y civiles, sus universidades, sus mezquitas sus lugares sagrados, su cultura, que no quede piedra sobre piedra. Y si, cosa poco probable, incursionan los marines y matan a decenas de miles de guardias revolucionarios, tanto mejor. Además de consideraciones estratégicas, es probable que, a fuerza de asesinar y destruir durante décadas, le hayan cogido el gusto. Y, con el dolor de mi corazón, no hablo en exclusiva de los oligarcas sionistas, también del israelí medio. 


domingo, 15 de marzo de 2026

 


En el post anterior, apuntaba que la irrupción de los neocons tomó cuerpo en la política exterior de USA desde el mandato presidencial de Bush hijo, iniciado el año 2000, y que su teoría se basaba en los documentos emitidos por la plataforma ‘Project for the New American Century’. Las propuestas neocons no configuraron una política internacional que permita hablar de un nuevo orden mundial, aunque, en parte, lo es, y aunque así se presentaron. Sin embargo, la disrupción del statu quo mundial causada por el desmoronamiento de la URSS y del bloque del ‘socialismo real, había de conducir, dentro de una continuidad esencial, a nuevos planteamientos; en concreto cómo sustituir la bipolaridad anterior -desaparecida una de las dos patitas del ‘bi’- por lo que de facto suponía una unipolaridad encarnada en USA. 

Los pensadores y políticos del Project eran republicanos, neoliberales y globalistas dentro del partido colorado; acusaban a Clinton de centrarse demasiado en la política interior en detrimento de la exterior, de que su liberalismo internacional era, al menos retóricamente, demasiado ‘igualitario’ y apocado con países aliados y rivales Frente a ello, o, más bien, frente al vacío de Clinton,  proponían una política exterior ‘neoreaganiana’, que presentara ante el mundo la clara voluntad de USA de ser el hegemón universal y que no dudara en exhibir la superioridad de su ejercita para intervenir, si era necesario, contra los Estados ‘canallas’ y en ‘defensa de la democracia’. 

Hablo, no de crear un nuevo orden, sino de modificarlo, porque lo que se propuso fue implementar un único hegemón que no rompía la estructura anterior del Primer Mundo, sino que la extendía a todo el planeta. El principio fundamental, el orden basado en normas, que ya existía antes, como eslogan y como pseudorealidad, no se cuestionaba se respetaba. La ONU, y, en general, las grandes organizaciones internacionales, OIC, CJI, CPI, etc., así como los principios de Derecho Internacional emanados de la Carta de la ONU de 1945, seguían informando aquella estructura. Distinto es que, de facto, como reveló Carney ex post, quien tenía el poder máximo, USA se saltara todo esto a la torera cuando lo considerase necesario. Así la invasión de Irak del 2003. No obstante, el equipo de Bush hijo, por lo menos, lo intentó: acudió al Congreso y obtuvo su autorización, y después los presentó al Consejo de Seguridad de la ONU; ante el veto de Francia y Rusia, y sólo entonces, soslayó a la ONU y atacó por su cuenta; y la de Blair.

O sea, que el mundo capitalista asumía la vigencia de un orden internacional basado en reglas que desde 1945 se respetaba, formalmente, hasta que se dejaba de respetar, realmente. Había transgresiones, siempre en función de las relaciones de fuerza entre países y, principalmente del País Elegido por Dios frente al resto de la ‘comunidad internacional’. Sin embargo, esas transgresiones no eran sistemáticas y siempre estaban sostenidas por algún subrelato ad hoc que las presentaba como una excepción justificable. Por ejemplo, las famosas armas de destrucción masiva en poder de Sadam Bussein. Se vulneraba ‘un poco’ el orden, y después, conseguidos los objetivos (es un decir, en el caso de Irak o Afganistán), se volvía al redil lo antes posible. Lo de Ucrania se vendía como legítima defensa, lo de Gaza era una respuesta militar, no una guerra, a una provocación terrorista. Y así, todo controlado.

El gran relato funcionaba legitimando una visión del mundo falsa, que necesitaba ser reproducida por todos, de bocas hacia fuera; lo que pensaran unos y otros, daba igual, el traje del emperador era sublime. En esas, llegó el segundo mandato de Trump, y el establishment mundial, para ser más preciso, el de los aliados de USA de toda la vida, trepidó. Nuestras élites políticas se apresuraron a proclamar la defunción del viejo orden ‘basado en reglas’, algunos a lamentarlo y otros a saludar el nuevo orden. Entre los primeros, Carney, que, le dio la vuelta a esa norma no escrita que impide hablar mal de los muertos se despachó a gusto, dentro de lo que cabe, mientras las plañideras redoblaron sus llantos. “¿Cómo dice eso? Con lo bueno que era”. 

Continuara. De momento con la posición de Carney


miércoles, 11 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 8


La idea de USA, valerse de dos escuderos, Alemania y Japón que, tanto en el plano político como en el económico, lo obedecieran sin objeciones, funcionó muy bien durante algún tiempo. Ello le permitió seguir con superávits comerciales, pero sin poner en peligro el dólar como moneda universal en las relaciones internacionales. Con el impulso del capital americano, en dólares, claro, trasmitido desde USA estos dos países experimentaron una (re)industrialización vertiginosa; respetándose, claro el famoso complejo militar-industrial en tierras yanquis, y ,en general, buscando una complementaridad no competitiva entre las industrias de sus auxiliares y la propia. Pronto, Alemania y Japón lograron saldos positivos en su balanza comercial. 

Como parte del comercio de estos países se liquidaba en marcos o yenes, -sin llegar a amenazar la hegemonía del dóla, la presión sobre éste, la demanda de dólares, disminuía y con ella las tendencias a una revaluación, por otro lado, imposible, ya que USA, siguiendo los dictados de Bretton Woods, no podía imprimir dinero al tener una paridad fija con el oro y, este, ya se ha dicho apenas entraba en USA. 

Con los superávits comerciales tras la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1%  establecida en Bretton Wodds sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó a medias el norme gasto de USA en la guerra de Corea en 1950 y de paso se le dio un mercado a Japón que cubría las necesidades de diversos artículos de las tropas de USA en Corea. De este modo,  Japón compensaba en parte la pérdida del mercado chino con el que había contado USA. 

El mecanismo no era muy complicado, en síntesis, USA recibía dinero neto del extranjero por su comercio con superávit e invertía ese dinero, siempre en dólares, en préstamos o inversiones empresariales en países desarrollados o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dinero entrante y saliente se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. NOTA. Si salía demasiado dinero el Tesoro emitía bonos que, comprados por el extranjero, devolvía el dinero a USA. Si entraba demasiado dinero, la FED compraba bonos USA en el extranjero y les suministraba dólares. P0r supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir titulos de deuda y acciones u obligaciones particulares suponían un pingüe negocio para los financieros. Wall Street prosperaba.

Todo parecía ir correctamente.


NOTA. 

Un bono soberano es un tipo de título de deuda emitido por el Tesoro un país en su propia moneda con vencimiento a plazo fijo. Los bonos suelen amortizarse a medio plazo, en torno a un par de años. Otros tipos son las letras, a corto plazo y las obligaciones, a largo. Comprando o vendiendo bonos, los Bancos Centrales pueden regular la cantidad de su moneda: si compra, bonos a la 'sociedad civil', hay más dinero para hogares y empresas, si vende, hay menos. Normalmente, el Tesoro emite los títulos, fijándose en los tipos de interés de emisiones anteriores similares, 

En lo que se llama mercado primario, el Tesoro hace una subasta y los bonos todos -emisión cubierta- o parte de los ofrecidos -emisión no cubierta- son comprados por bancos, fondos, etc. Posteriormente, esos compradores, si así lo desean, los ponen a la venta en el mercado secundario, donde pueden ser adquiridos por cualquiera. Los bonos en cuestión pueden compra/venderse en los mercados secundarios hasta el momento de su vencimiento.


                                     *******************************


Está muy alborotado el gallinero de los comentaristas políticos progres por las afirmaciones del Ursula von der Leyen en el discurso de ayer a los embajadores de los distintos países de la UE en la propia UE. Antonio Costa, el presidente del Consejo de la UE, le salió al paso con una declaración inocua, típica de la UE, Pedro Sánchez se mesó los cabellos y los demás líderes europeos eludieron el asunto, considerando que von der Leyen no tiene competencias en política internacional, que eso es cosa de Kaja  Kallas (estamos salvados) y del Consejo. 

Hace poco más de un mes, también se alborotaron mucho con el discurso de Mark Carney, primer ministro de Canada en el Forum de Davos. Adelanto mi posición; que quede clara antes de argumentarla. Esa progresía desde el socialliberalismo hasta una sedicente izquierda, con algunos residuos de l ‘centro’ o ‘derecha civilizada’, oscilan entre la hipocresía y la estupidez.  Se escandalizan por algo que ha sido bastante evidente dese hace ochenta años, como espero que se colija con nitidez en esa especie de historia geopolítico-económica que estoy publicando por fascículos. Tal evidencia es que, después de la IIGM y con la excepción del periodo de existencia de la URSS y de la acción de algunas fuerzas anticoloniales, USA ha dominado el mundo con mano de hierro en defensa de sus intereses como Estado, ha declarado multitud de guerras, , el segundo biertas o con proxies, ha impuesto los relatos que le ha convenido para justificar su hegemonía en el orden internacional. Nadie en los antiguos Primer y Segundo Mundo, con la excepción de Rusia a partir de la segunda década del XXI, lo ha tosido.

Es el ‘American Century’ (en realidad medio siglo XX) que rompe definitivamente, hasta la fecha, con las tendencias aislacionistas yanquis conservando el ultranacionalismo. De hecho, en los albores del siglo, tras la caída de la URSS, aparece un think tank llamado ‘Project for the New American Century” en el que se sientan los principios de la política neocon de los Kristol, Wolfowitz, Rumsfeld y compañía, la política que llevó adelante USA desde  Bush junior hasta el segundo mandato de Trump. Para no extenderme, el principio rector de este lobby cultural, expresado de tropecientas formas, era: "configurar al nuevo siglo para que sea favorable a los principios e intereses estadounidense”.

En todo caso, en el viejo y en el nuevo siglo yanquí, el relato es el mismo: la política internacional, sean cuales sean las potencias predominantes, se ha de conducir según  el famoso ‘orden internacional basado en normas’. Normas del Derecho internacional y normas emanadas de las instituciones internacionales a nivel global, específicamente, la ONU y sus diversas Agencias. Por su parte la actividad exterior yanki se justificaba porque pretendía representar y extender la democracia y las libertades, en consonancia con la Carta de la ONU. Todo muy bonito para cimentar el dominio de USA sobre el mundo. 

Entonces aparece Trump y rompe la baraja. Ese 'viejo' orden, que los neocons no confrontaban porque como veremos, era más falso que el alma de judas, pero eficaz como legitimación, se empieza a deteriorar de facto por, simplificando, la impetuosa irrupción de China en la escena mundial. Por poner un ejemplo, cuando se fundó el Proyecto para el nuevo siglo’, incluso durante los sucesos del 11M, China era un país considerado poco más que ‘en vías de desarrollo’, subordinado económicamente a los grandes centros de poder económico, con mucho potencial, sí, con impresionantes tasas de incremento del PIB, sí, pero muy lejos de constituir una amenaza al imperio yanqui. Ya Obama comenzó a preocuparse y ocuparse. Por lo visto, sin gran éxito. En estos momentos, China es la gran potencia económica mundial real -olvidémonos del absurdo PIB nominal-, tiene un ejército impresionante, cercano ya al norteamericano y una capacidad nuclear importante que, si acaba asociando su defensa a la de Rusia, es muy superior a la del botoncito rojo del POTUS.

Me enrollo demasiado, así que mañana continuaré con lo que trato de contar, el complicado tránsito entre el nuevo y el viejo orden, la pugna entre neocons y ‘salvajes’ representados por un cachito de Trump que, como no se entera de la menor sutileza intelectual, dice una cosa un día y su contrario el siguiente. Y la desbandada de los lacayos de USA, para ser preciso cómo trata cada uno de ajustarse a los nuevos requerimientos de sumisión al hegemón vigente.



lunes, 9 de marzo de 2026

 

Contra el economicismo.


En nombre de un supuesto realismo estamos viendo la presencia en los media de numerosos analistas que se burlan, en general de manera tácita, de quienes afirman que la guerra de Iran se dirige a un cambio de dirigencia institucional en ese país o a la obtención de una hegemonía incontestada en el Oriente Medio. Por lo visto, "es la economía, es el petroleo, ¡estúpido!". A ese sesgo lo llamo ’economicismo’. Los economicistas son una curiosa amalgama de marxistas ortodoxos, muy ortodoxos, que creen que lo político y lo cultural son apenas superestructuras epifenoménicas de la estructura económica subyacente, y de economistas que abonan aquella teoría que cité en anteriores posts de la economía, y la Economía, separadas de la política y (que deben ser) independiuentes de ella

Volviendo a lo de siempre, lo político y lo económico son abstracciones analíticas, necesarias en fases primeras de la teoría social, pero en la realidad mundana no existen; aquí solo hay un conjunto de procesos y actividades humanas en que lo político, lo ideológico y lo económico están férreamente soldados. 

En la guerra de Iran es indudable una dimensión política, geopolítica, innegable. Es un hito más en la pugna por la hegemonía política en Oriente Medio. Dejando un lado la, hoy por hoy tontería de la bomba atómica iraniana, USA, y su delegada en la zona, Israel, quieren  dominar todo Oriente Medio no ya sin oposición, sino con todos sus Estados actuando a modo de siervos. Ese es un de los objetivos principales de los neocons, que utilizaron hábilmente los atentados del 11S (por eso algunos conspiranoicos hablan de autoataque) para conseguirlo. Primero Irak, después Siria y ahora el mayor demonio del ‘eje del mal’. 

Y, por qué Oriente próximo; pues evidentemente porque bajo sus arenas se halla cerca del 50% de la producción de petróleo; y de las reservas. También posee una buena parte, aunque menor del gas natural. Es, entonces una guerra con una causa real económica, una contienda por el control de los combustibles fósiles en una coyuntura en que USA sabe que su actual opulencia está generada por el fracking y este se halla muy próxima a su decadencia. Económica: USA necesita combustibles -lo que en la apuesta negacionista del cambio climático de Trump, significa carbón, petróleo y gas natural,- para sus ejércitos e industrias militares y tecnológicas,. Política:necesita sus ejércitos y corporaciones para apoderarse de los recursos, ya a la baja, de todo el resto del mundo. De paso, consigue que China, su rival estratégico, su némesis del fin de los tiempos, se debilite. El poder político y el poder económico se coimplican, no hay uno sin otro. Kant vendría a decir que no se requiere la categoría de causa, sino la de acción recíproca. Otros hablampos de dialéctica.

Política, economía, falta un tercero igual de cooperante: la ideología que sitú a a las instancias anteriores en un relato legitimador y autoreproductor del status quo.  Se trata de la visión favorita de la USA trumpiana  (más neocon que MAGA, por cierto) y de los defensores de la guerra de  países considerados democráticos (no incluyo a Israel, un Estado fascista obsesionado con su seguridad frente a vecinos hostiles): en realidad, la guerra se hace para acabar con un ‘régimen’ teocrático que no concede libertad a su población y que discrimina brutalmente a las mujeres. Así dicho, tienen razón en su crítica, lo que ocurre es que los más entusiastas de esta versión liberadora, Trump y las extremas derechas, y derechas extremas mundiales no hacen sino impulsar en sus países el proceso liberticida y el recorte de los derechos conseguidos por el movimiento feminista. Esto es, se rasca un poco y se obtiene islamofobia y reversión de los flujos migratorios hacia los países, aun, ricos.

 Sin embargo, esta narrativa absolutamente falsa -no en cuanto a las maldades del Estado iraní, sino en que la guerra va a terminar con ellas- cala en las conciencias de la agente. Los media ocultan la realidad y machacan con esta interpretación creando inmensas cámaras de eco. No hay más que ver a progres echando pestes de los clérigos iraníes y alegrandose con su caída. Como si esto viniese ahora a cuento. Como hacían justificando la tortura hace 20 años, porque contra ETA 'todo valía'. 

El economicismo, como todo intento de destacar un único aspecto de lo social, siempre viene a ocultar el resto y, en ultima instancia, a privilegiar los intereses de sus ejecutores, y financiadores, frente al resto.


domingo, 8 de marzo de 2026

 

El espacio de la derecha en USA es un polvorín. En lo que concierne a la participación institucional, ese espacio ha sido monopolizado por el partido Republicano que, al igual que el Demócrata siempre ha sido bastante disciplinado, aunque existiese más de una línea ideológica. Como decía Alfonso Guerra, ‘el que se mueve no sale en la foto’, y la foto daba lugar a apetitosas prebendas en las administraciones estatales y federal. Así ha sido durante más de150 años, y así intenta desesperadamente mantenerlo el partido Demócrata: una unión, a veces con rencillas, pero finalmente sólida, entre el aparato del partido y la figura pública de turno que se presenta a presidente. Lo importante es ganar elecciones y sacarles el dinero a los donantes. 

Eso hacían los republicanos, de hecho habían integrado a movimientos internos de extrema derecha, como la Mayoría Moral o el Tea Party y los neocons en la política internacional, sin crear fractura interna relevante. Hasta que apareció Trump con su MAGA y puso todo el partido patas arriba. Los republicanos habían intentado, en el 2014, que un recién llegado al partido muy, por decirlo suavemente, extravagante, fracasara en las primarias. No sólo no fracasó, sino que fue elegido presidente. El antiguo aparato republicano se desmoronó y sus ilustres familias, del tipo de los Bush, quedaron marginadas. Trump se ha hecho con las riendas del partido, el cual ha quedado en manos, sin apenas autonomía de la brutalidad, el caprichoi lass exigencias de adulación acrítica de su amado líder. 

“I am MAGA”, dice Trump, ante los ataques de muchos de sus antes incondicionales  aliados, teóricos y propagandistas del movimiento. En parte, tiene razón, pero ese doble  juego que hasta ahora le había salido bien, hacer una política económica inspirada por los technobros, el complejo militar industrial y Wall Street, es decir casi todos los muchimillonarios, que diría el tio Gilito, orientada a que esos millonarios los sean todavía más, y a la vez tener contentos a los millones de trabajadores de la USA agraria pobre, parados o de subempleados del Rust Bell, precarios que creyeron que Trump iba a hacer America great again. Y es que el MAGA se nutre de ellos  y no de los Elon Musk y compañía, por mucha gorrita que se pongan. En realidad, por encima del eslogan MAGA, que los americanos malhadados llevaban  en sus gorras y camisetas, estaba pensando -y cada vez la ostentan más- en otra consigna que no es meramente publicitarias, que es político: America First. Ya lo gritaban a finales de la decada de 1930 grupos fascistas que apoyaban a Lindbergh y proponían la neutralidad de USA en la guerra contra su querido Hitler.  

 El 'primero América' es el principio básico del movimiento populista de extrema derecha que sostiene a Trump. Por supuesto, para ellos esa demanda es lo opuesto al belicismo globalizador hegemonista de los neocons. Por elcontrario, se trata de un movimiento ultranacionalista y supremacista blanco, pero también antielitista (sólo en su retórica, claro) y, lo que aquí es más relevante, aislacionista. USA, según claman, debe preocuparse exclusivamente de sí misma, es autosuficiente frente a todos los demás y superior a ellos. No busca la supremacía, ya es suprema, por esencia, por elección de Dios. 

Por todo lo anterior, la guerra contra Irán es triplemente hiriente: no se les ha perdido nada y se pueden perder vidas americanas, se hace por iniciativa e interés de Israel y, además, Trump había prometido en su campaña electoral que, al revés que sus predecesores, USA no iba a entrar en ninguna guerr porque él era consciente que esas guerras eran de otros y sólo servía para que USA asumiera los costes dinerarios y en vidas humanas. La famosa Estrategia de Seguridad Nacional de primeros de noviembre el año pasado me pareció, en este sentido, un buen documento MAGA en que el móvil central era defender en primer lugar, casi exclusivamente, el beneficio de USA en cualquier acción exterior. “En todo lo que hacemos, Estados Unidos sigue siendo nuestra prioridad”, proclamaba Trump en la introducción. Irán, solo se cita para presumir de haber acabado con su proyecto nuclear (y de que es una ‘fuerza desestabilizadora’ en Oriente Medio, pero eso se viene diciendo esde hace 40 años). Traicionando el espíritu MAGA, USA ahora se pone al servicio de Israel para defender los intereses de Netanyahu, es decir, lo más criminal de un Estado criminal.

Los muy sionistas o los cristianos sionistas del MAGA pueden identificar USA con Israel, pero el resto no, máxime teniendo en cuenta que una porción no desdeñable del movimiento MAGA es, por neonazi, antisemita. No constituye, por tanto, sorpresa alguna que los principales teorizadores del movimiento, Steve Bannon, Tucker Carlson y políticos entusiastas, Marjorie Taylor Greene, se posicionen contra el ataque a Irán. Va a ser muy difícil, más aún en un plazo de ocho meses hasta noviembre, recoser las heridas divisorias del MAGA,; esas grietas vaticinan un desastre electoral. Me temo que las circunstancias actuales y previsiblemente futuras a corto plazo actúan para que Trump le esté dando vueltas a cómo conseguir que no se realicen los comicios midterm o, en su caso, cómo anular los resultados.


sábado, 7 de marzo de 2026

 

Unos breves añadidos o matices a lo que escribí ayer sobre la guerra de Irán.

- Empezando por el PS. Aludí a una conspiranoia que, como todas ellas, son coherentes en ausencia de datos. Sin embargo, después me acorde de algo que la debilita aún más. Ya había escuchado un ligera variante de la misma, según la cual, la posición de Trump respecto a la guerra de Ucrania, nada que ver con la inmersión total en ella de Biden, se debía a que Putin tenía un video o unas fotos, obtenidas también de Epstein, con las que podía fácilmente chantajear a Trump. En concreto, ya puestos a morbosear, se trataba de un documento gráfico que mostraba a Trump haciendo una felación a un esbelto joven. Ni caso, claro. 

- Cuando digo que USA ha estado en manos de Israel en lo que respecta a esta guerra, me refiero al momento y a que Trump podía haber impuesto a Irán -supuestamente en una negociación libre- un compromiso de abandono del desarrollo de armas nucleares, incluso una donación o destrucción de uranio enriquecido que, a los ojos de la opinión mundial interna y externa, habría supuesto una victoria. Por supuesto que Trump esta interesado en derrocar a la antiamericana y antiisraelí camarilla dirigente iraní -lo de la teocracia, la oposición interna y los ayatolahs se la refanfinfla- y colocar en su lugar una que favoreciese los intereses energéticos de USA, que van a cobrar una importancia capital más pronto que tarde, y dejara de ser el rival regional de Israel; que firmase, por ejemplo, los pactos de Abraham. Pero todo ello con calma y en el mejor momento para él.

- El gran problema de Trump es que no puede vender la guerra a sus votantes a no ser que esta dure unos pocos días, se salde con la victoria total que conlleve, ya, el cambio de dirección política en Irán, y no muera apenas ningún soldado yanquí (ya han muerto, reconocidos, seis). Para Trump lo más importante, lo crucial, es no perder las elecciones midterm de noviembre, y perder es que se realicen o que, si tienen lugar, los demócratas recuperen el Senado y la Cámara con una mayoría holgada. Cualquier otro resultado de la guerra distintoi al que he descrito arriba le conduce a la pérdida del Congreso y al fin de su presidencia.



viernes, 6 de marzo de 2026

 


Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 7


La IIGM había creado un nuevo hegemon del mundo capitalista occidental que sustituía a la Gran Bretaña anterior a la IGM -el periodo de entreguerras ya se ha visto que fue caótico, se limitó a preparar el reemplazo de la gran potencia imperial sin llegar a consumarlo-, mientras que simultáneamente se consolidaba un segundo hegemon, la URSS, en el llamado bloque socialista. Era tarea de las dos grandes potencias organizar geopolíticamente el planeta y, en la capitalista, de USA establecer la estructura económica (dejaré a un lado la parte socialista que, se disolvió aún más rápidamente de lo que se formó).

He hablado de Yalta, Postdam y el reparto del mundo en dos áreas de influencia, cada una de ellas con su gran potencia, y sus potencias intermedias, todavíacolonizadoras de los países, estructuralmente, pobres. Resultó que, más pronto que tarde, en los años 1947-49, esas dos grandes potencias, y su parte correspondiente de mundo, se hallaban enfrentadas en un conflicto antagónico, la Guerra Fría, que no llegó a más por la capacidad disuasoria del poder nuclear de que ambos disponían. Se abría, entones, una nueva era geostratégica en la que la política y la economía se fundían. 

Y, breve excurso, hay que girar la mirada hacia el elefante en la habitación: la Economía es una abstracción académica, como lo es la Política. Solo existen las sociedades en las que puede distinguirse, repito, sólo en una fase del análisis, lo político de lo económico; aspectos siempre tan interrelacionados que hacen de esa distinción solo un momento de la teoría social. Tanto es así que la disciplina que comenzó estudiando esas actividades y relaciones fue llamada por los economistas clásicos, Smith, Ricardo, el propio Marx, 'Economía Política', y sólo al surgir la economía neoclásica, a finales del XIX, se quitó lo de 'política’, en medio del positivismo de la época y las pretensiones de unos ya prestigiados economistas, Marshall et al, que identificaban economía y capitalismo, de que su disciplina fuera considerada una ciencia objetiva, natural, nada que ver con los vicisitudes y mutaciones de la política. 

Y economía política fue lo que hizo USA, logrando que la política -su poder sobre medio mundo- consolidara una economía que, a su vez, sostenía la dominación política, y eludía los inconvenientes generados por la política económica de Bretton Woods que, a su vez, era consecuencia de esa dominación. La Guerra Fría exigía una diaposición en red con un punto central  y dominante que fortaleciese las potencias intermedias del área capitalista y los paises netamente subalterno. Y al mismo tiempo, superar las contradicciones que suponía poner en marcha el mandato de la Conferencia de Bretton Woods. 

 Las medidas que adoptaron tanto la administración demócrata de Truman, como la republicana de Eisenhower fueron muy lúcidas … mientras pudieron mantenerse.  En primer lugar, el tan reiterado superávit comercial de USA. Con la ingente cantidad de dólares que recibía del resto del mundo, USA emprendió el Plan Marshall (nada qué ver con el economista de arriba, aquel se llamaba Alfred y éste, George, el de los taanques). En líneas generales, este plan fue adoptado por USA para permitir la recuperación económica de Europa, principal perjudicada por la devastación de la Guerra, con fuertes subvenciones En principio, Alemania quedo descartada, y, de hecho, durante algún tiempo, ya con la guerra próxima a concluir, se asumió el Plan Morguenthau que contemplaba desindustrializar por completo Alemania, dejarla convertida en un territorio agrícola para impedir definitivamente un nuevo rearme germano que propiciara la IIIGM. USA estaba muy escaldada de su ‘generosidad’ posterior a IGM. 

No voy a detallar las polémicas que desató ese plan, así como otros designios alternativos para la futura Alemania. El factor que determino finalmente el Plan Marshall fue el inicio de la Guerra Fría, a lo que se puede añadir la actitud prepotente, ya citada, de Gran Bretaña. El Plan Marshall no sólo incluyó a Alemania, sino que USA la insertó con un papel fundamental en el diseño del nuevo orden internacional capitalista enfrentado al soviético. Ese nuevo orden estaba presidido, claro, por USA que, en el ámbito político-militar, creó la OTAN  NOTA.y en económico asumió la preponderancia que le otorgó Bretton Woods. Este orden le sirvió a USA, entre otras cosas, para soslayar el dilema de Triffin arriba descrito. La arquitectura construida consistió en hacer de Alemania, y poco después, de Japón los lugartenientes económicos de USA.

Aunque nunca se explicitó, esa decisión levantó esquirlas, sobre todo la idea de convertir Alemania, de nuevo, en el gran gigante industrial de Europa, su ‘locomotora’, irritó profundamente a Francia y Gran Bretaña, que se vieron obligados a tragar. Quien manda, manda. No se trataba de ningún capricho de los yanquis, todo lo contrario. En Alemania y en Japón se daban dos condiciones únicas que los hacían muy apetitosos para la ‘Pax Americana’. En primer lugar, eran las dos grandes potencias derrotadas, por lo que USA tenía un control casi absoluto sobre ellas, incluso después de finalizar su ocupación y constituirse en Estados ‘independientes -Alemania en 1949 y Japón en 1952-. Y, aunque, sobre todo en el caso alemán, la guerra la hubiera destruido en buena parte, ambas poseían una infraestructura industrial, y, especialmente, una fuerza de trabajo muy cualificada y disciplinada, ingenieros y científicos en condiciones de dominar las nuevas tecnologías que había propiciado la investigación bélica. Se puede decir que antes de lla IIGM, USA, Alemania y Japón eran las tres grandes potencias industriales. Y así iba a ser hasta finales del siglo XX (no incluyo al bloque socialista, aunque, creo, podría hacerlo). 

Se planteaba, pues, una disposición en uve de tres potencias productivas con USA en el vértice y Japón y Alemania en los extremos. Alemania proveería a Europa y Japón al mercado del Pacífico Este y, especialmente, a China (aunque esta parte del plan fracasó, por la victoria de Mao y la constitución en 1949 de la República Popular China, y la Guerra de Corea en 1950, que alejó durante años a China de USA, hasta que llegó Nixon y su ‘diplomacia del ping pong’). USA decidiría lo que se producía en esos tres polos priorizando siempre sus intereses.

NOTA.

 La OTAN, además de ser un anagrama de NOTA- se creó con unas características muy claras. USA les decía a sus miembros (más o menos lo que la URSS a los del Pacto de Varsovia, en 1955): vosotrs dedicaos sobre todo a recomponer vuestra economía, que nosotros, con nuesta US Army y nuestro poder nuclear nos encargamos de protegeros de posibles agresiones soviéticas. A cambio de que nos deis carta libre en el las decisiones slolbre el orden político internacional, y que vuestros ejércitos queden suordinados al nuestro.  Como en él es habitual, Trump ha hecho añicos ese pacto fáctico no escrito. Tiene razón cuando dice que USA, tanto en el plano militar como en el económico, ha sostenido a la OTAN muy por encima de lo que le correspondía en términos de PIB o poblacion. Pero, ¡es que de eso se trataba! Lo que sucede es que Trump ha visto, con su brutalidad habitual, lo que otros no veían (o no quería ver, que diría Carney), que Europa, la UE, los grandes países ya son meros lacayos de USA, que USA ya no necesita protegerlos para poder seguir ejerciendo el poder sobre ellos, y que si quieren protección --véase el caso de Ucrania-  que la cubran únicamente ellos potenciando sus ejércitos (con armamento comprado a USA).  Y, ya puestos, que paguen más a la OTAN, ese 5% del PIB.         
        

                            *************************************


Salto los asteríscos y enlazo el estudio histórico de arriba con la sangrienta actualidad. 
Declaraciones de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, hace unas horas:" La OTAN está ahí para protegernos colectivamente contra cualquier adversario, ya sea Rusia o cualquier otro, o el terrorismo. Pero también es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder en el escenario mundial". Todo vale para adular a Trump; hasta la verdad, 

Toca escribir sobre la guerra de Irán. Se ha hablado tanto de ella que parece que está todo dicho, y no quiero repetir lo ya opinado. No obstante, me adhiero a algún análisis, siempre situándolo en mi visión del periodo histórico.

Como se le escapó hace unos días a Marco Rubio, la decisión de atacar a Irán fue tomada por Israel y USA se vio obligada a participar en el ataque. No debe sorprender a nadie este hecho, por una razón muy sencilla, Israel sabe lo que hace y USA, no.

Israel es cada vez más, una vez superadas las fantasías socialdemócratas (y no por ello menos colonialistas) de sus primeros años de predominio del partido laborista, un estado fundamentalista para el que la Biblia es su constitución. Hoy por hoy, donde la hegemonía cultural la produce el Likud de Netanyahu en coalición con partidos clericales de extrema derecha, la apuesta estratégica es consolidar el Estado étnico judío y extenderlo a sus límites bíblicos: el gran Israel. Que viene a ser como la clásica consigna palestina, ‘desde el rio hasta el mar’, con la diferencia de que aquí el rio no es el Jordán, es el Éufrates.

Aceptando esto, la posición de Israel es coherente. Sabiéndose el ejército más poderoso, con diferencia, del Oriente Medio y Próximonada,, y consciente de que tiene agarrado a USA por el AIPAC (lobby sionista en USA, financiador del 80% de los políticos americanos), quiere plasmar esa supremacía controlando toda la zona, lo que implica deshacerse de los países que les puedan, en el terreno militar, hacer sombra. La contradicción con ellos es claramente antagónica: deben ser borrados del mapa. Esos países son Irán y en un futuro no tan remoto, pero del que aun no puede decirse  Turquía. Cumplida la devastación de la zona, ya estarían en condiciones de construir ese Gran Israel bíblico.

Israel es consciente -no lo digo yo, lo dice Netanyahu- que estos tiempos le ofrecen una ventana de oportunidad privilegiada, debido, creo, a que la subordinación acrítica de USA, es decir el poder del lobby sionista, es mayor que nunca. Sucedió con Biden y ahora con Trump. Una vez desbaratada la Siria de Al-Asad, segundo polo del ‘Eje de Resistencia’ antisraelí, quedaba ya sólo la propia Irán; el objetivo es ahora destruir Irán. No cambiar a los dirigentes, ni siquiera imponer un régimen no teocrático, el objetivo es destruirla, convertirla en algo así como Siria o Líbano: un Estado fallido, incluso varios Estados fallidos con el territorio iraní troceado en medio de guerras intestinas con los curdos, los sunnitas, etc.. Empeño éste, me parece, muy improbable, pero, en cualquier caso, no imposible con la ayuda de USA y las muy acojonadas monarquías o emiratos arábigos. Y, si no lo consiguen, los sionistas no perderán más que unos cuantos aviones y soldados. O eso es lo que piensan.

Si la posición de Israel es clara y coherente, la de USA es justamente la opuesta. La intervención protagónica de su ejército es todo lo contrario de los que han dicho los grandes teóricos de la guerra. No saben para qué la hacen, carecen de un objetivo estratégico. Si atendemos al contencioso de USA con Irán en las últimas décadas, se trataba de impedir que ésta construyese una bomba atómica. Irán siempre lo negó y llegó a un pacto con Obama que comprometía a Irán a no desarrollar armamento nuclear. Pero, como dije y a instancias de Israel, Biden apretó las tuercas, permitiendo todo tipo de guerra sucia, y, finalmente, Trump concluyó el acoso. Primero, añadiendo a la tradicional demanda de desnuclearizar Irán, otras dos, que las Fuerzas armadas iraníes (ejército y Guardianes de la Revolución) renunciaran a sus misiles y que el gobierno se comprometiera a no financiar a Hezbolah, Hamas o los hutíes de Yemen. Condiciones que, claramente, a las que Irán se iba a negar. La primera, la de siempre, era factible, pero insuficiente para Israel. Quizá USA introdujo las dos nuevas para impedir la iniciativa de Israel a la que se veía arrastrado. En el caso muy poco probable de que Witkoff y el yerno ejemplar consiguiesen la aceptación iraní, lo que supondría una rendición absoluta, Israel se quedaría sin justificación para atacar.

Y es que USA no quería esta guerra. Trump se ha mostrado más volátil e inconsistente que nunca (lo que ya es decir), tratando de argumentar, unos días decía que no quería cambiar el régimen, otros que sí, otros insinuaba que pretendía una solución a la venezolana, pero que sus bombardeos habían asesinado a aquellos que la CIA consideraba candidatos a Delsy Rodríguez en barbudo. Sabía que, en el campo electoral, esto le iba a hacer mucho daño, teniendo en cuenta que el MAGA fetén, no el de los Rubio o los Musk, es aislacionista, claramente opuesto a unas guerras exteriores que ni les van ni les vienen en países cuya existencia desconocía. Europa también estaba en contra, eso sí., a priori, porque tras los primeros bombardeos, la sumisión lameculista se impuso de nuevo.

En definitiva, Israel decidió cuando, como y para que iniciar la guerra y USA se vio obligado por Israel a participar en ella. Cuando quiso Israel y sin saber cómo ni para que. Es normal. Israel tiene mucho que ganar y poco que perder. USA, y más particularmente la USA de Trump, tiene muy poco que ganar y muchísimo que perder.


PS. Es tan patente que USA está en manos de Israel, en lo que respecta a Oriente Próximo/Medio, que ya hay por ahí corriendo un relato conspiranoico según el cual lo que esta sujcediendo se debe a que Netanyahu tiene abundante material suministrado por Epstein al Mossad (al que pertenecía), suficiente para hundir definitivamente a Trump y a su memoria. Servidora, por supuesto, sigue apegada a lo dicho arriba sobre el peso sionista en la administración yanki. Supongo que algunas teorías conspiranoicas serán ciertas, históricamente, a no ser que se trate de deliriios psicóticos como aquello del pizzagate, no tienen por qué serlo. Pero mientras no se demuestren, no valen para nada.