lunes, 9 de marzo de 2026

 

Contra el economicismo.


En nombre de un supuesto realismo estamos viendo la presencia en los media de numerosos analistas que se burlan, en general de manera tácita, de quienes afirman que la guerra de Iran se dirige a un cambio de dirigencia institucional en ese país o a la obtención de una hegemonía incontestada en el Oriente Medio. Por lo visto, "es la economía, es el petroleo, ¡estúpido!". A ese sesgo lo llamo ’economicismo’. Los economicistas son una curiosa amalgama de marxistas ortodoxos, muy ortodoxos, que creen que lo político y lo cultural son apenas superestructuras epifenoménicas de la estructura económica subyacente, y de economistas que abonan aquella teoría que cité en anteriores posts de la economía, y la Economía, separadas de la política y (que deben ser) independiuentes de ella

Volviendo a lo de siempre, lo político y lo económico son abstracciones analíticas, necesarias en fases primeras de la teoría social, pero en la realidad mundana no existen; aquí solo hay un conjunto de procesos y actividades humanas en que lo político, lo ideológico y lo económico están férreamente soldados. 

En la guerra de Iran es indudable una dimensión política, geopolítica, innegable. Es un hito más en la pugna por la hegemonía política en Oriente Medio. Dejando un lado la, hoy por hoy tontería de la bomba atómica iraniana, USA, y su delegada en la zona, Israel, quieren  dominar todo Oriente Medio no ya sin oposición, sino con todos sus Estados actuando a modo de siervos. Ese es un de los objetivos principales de los neocons, que utilizaron hábilmente los atentados del 11S (por eso algunos conspiranoicos hablan de autoataque) para conseguirlo. Primero Irak, después Siria y ahora el mayor demonio del ‘eje del mal’. 

Y, por qué Oriente próximo; pues evidentemente porque bajo sus arenas se halla cerca del 50% de la producción de petróleo; y de las reservas. También posee una buena parte, aunque menor del gas natural. Es, entonces una guerra con una causa real económica, una contienda por el control de los combustibles fósiles en una coyuntura en que USA sabe que su actual opulencia está generada por el fracking y este se halla muy próxima a su decadencia. Económica: USA necesita combustibles -lo que en la apuesta negacionista del cambio climático de Trump, significa carbón, petróleo y gas natural,- para sus ejércitos e industrias militares y tecnológicas,. Política:necesita sus ejércitos y corporaciones para apoderarse de los recursos, ya a la baja, de todo el resto del mundo. De paso, consigue que China, su rival estratégico, su némesis del fin de los tiempos, se debilite. El poder político y el poder económico se coimplican, no hay uno sin otro. Kant vendría a decir que no se requiere la categoría de causa, sino la de acción recíproca. Otros hablampos de dialéctica.

Política, economía, falta un tercero igual de cooperante: la ideología que sitú a a las instancias anteriores en un relato legitimador y autoreproductor del status quo.  Se trata de la visión favorita de la USA trumpiana  (más neocon que MAGA, por cierto) y de los defensores de la guerra de  países considerados democráticos (no incluyo a Israel, un Estado fascista obsesionado con su seguridad frente a vecinos hostiles): en realidad, la guerra se hace para acabar con un ‘régimen’ teocrático que no concede libertad a su población y que discrimina brutalmente a las mujeres. Así dicho, tienen razón en su crítica, lo que ocurre es que los más entusiastas de esta versión liberadora, Trump y las extremas derechas, y derechas extremas mundiales no hacen sino impulsar en sus países el proceso liberticida y el recorte de los derechos conseguidos por el movimiento feminista. Esto es, se rasca un poco y se obtiene islamofobia y reversión de los flujos migratorios hacia los países, aun, ricos.

 Sin embargo, esta narrativa absolutamente falsa -no en cuanto a las maldades del Estado iraní, sino en que la guerra va a terminar con ellas- cala en las conciencias de la agente. Los media ocultan la realidad y machacan con esta interpretación creando inmensas cámaras de eco. No hay más que ver a progres echando pestes de los clérigos iraníes y alegrandose con su caída. Como si esto viniese ahora a cuento. Como hacían justificando la tortura hace 20 años, porque contra ETA 'todo valía'. 

El economicismo, como todo intento de destacar un aspecto de lo social, siempre viene a ocultar el resto y, en ultima instancia, a privilegiar los intereses de sus ejecutores, y financiadores, frente al resto.


domingo, 8 de marzo de 2026

 

El espacio de la derecha en USA es un polvorín. En lo que concierne a la participación institucional, ese espacio ha sido monopolizado por el partido Republicano que, al igual que el Demócrata siempre ha sido bastante disciplinado, aunque existiese más de una línea ideológica. Como decía Alfonso Guerra, ‘el que se mueve no sale en la foto’, y la foto daba lugar a apetitosas prebendas en las administraciones estatales y federal. Así ha sido durante más de150 años, y así intenta desesperadamente mantenerlo el partido Demócrata: una unión, a veces con rencillas, pero finalmente sólida, entre el aparato del partido y la figura pública de turno que se presenta a presidente. Lo importante es ganar elecciones y sacarles el dinero a los donantes. 

Eso hacían los republicanos, de hecho habían integrado a movimientos internos de extrema derecha, como la Mayoría Moral o el Tea Party y los neocons en la política internacional, sin crear fractura interna relevante. Hasta que apareció Trump con su MAGA y puso todo el partido patas arriba. Los republicanos habían intentado, en el 2014, que un recién llegado al partido muy, por decirlo suavemente, extravagante, fracasara en las primarias. No sólo no fracasó, sino que fue elegido presidente. El antiguo aparato republicano se desmoronó y sus ilustres familias, del tipo de los Bush, quedaron marginadas. Trump se ha hecho con las riendas del partido, el cual ha quedado en manos, sin apenas autonomía de la brutalidad, el caprichoi lass exigencias de adulación acrítica de su amado líder. 

“I am MAGA”, dice Trump, ante los ataques de muchos de sus antes incondicionales  aliados, teóricos y propagandistas del movimiento. En parte, tiene razón, pero ese doble  juego que hasta ahora le había salido bien, hacer una política económica inspirada por los technobros, el complejo militar industrial y Wall Street, es decir casi todos los muchimillonarios, que diría el tio Gilito, orientada a que esos millonarios los sean todavía más, y a la vez tener contentos a los millones de trabajadores de la USA agraria pobre, parados o de subempleados del Rust Bell, precarios que creyeron que Trump iba a hacer America great again. Y es que el MAGA se nutre de ellos  y no de los Elon Musk y compañía, por mucha gorrita que se pongan. En realidad, por encima del eslogan MAGA, que los americanos malhadados llevaban  en sus gorras y camisetas, estaba pensando -y cada vez la ostentan más- en otra consigna que no es meramente publicitarias, que es político: America First. Ya lo gritaban a finales de la decada de 1930 grupos fascistas que apoyaban a Lindbergh y proponían la neutralidad de USA en la guerra contra su querido Hitler.  

 El 'primero América' es el principio básico del movimiento populista de extrema derecha que sostiene a Trump. Por supuesto, para ellos esa demanda es lo opuesto al belicismo globalizador hegemonista de los neocons. Por elcontrario, se trata de un movimiento ultranacionalista y supremacista blanco, pero también antielitista (sólo en su retórica, claro) y, lo que aquí es más relevante, aislacionista. USA, según claman, debe preocuparse exclusivamente de sí misma, es autosuficiente frente a todos los demás y superior a ellos. No busca la supremacía, ya es suprema, por esencia, por elección de Dios. 

Por todo lo anterior, la guerra contra Irán es triplemente hiriente: no se les ha perdido nada y se pueden perder vidas americanas, se hace por iniciativa e interés de Israel y, además, Trump había prometido en su campaña electoral que, al revés que sus predecesores, USA no iba a entrar en ninguna guerr porque él era consciente que esas guerras eran de otros y sólo servía para que USA asumiera los costes dinerarios y en vidas humanas. La famosa Estrategia de Seguridad Nacional de primeros de noviembre el año pasado me pareció, en este sentido, un buen documento MAGA en que el móvil central era defender en primer lugar, casi exclusivamente, el beneficio de USA en cualquier acción exterior. “En todo lo que hacemos, Estados Unidos sigue siendo nuestra prioridad”, proclamaba Trump en la introducción. Irán, solo se cita para presumir de haber acabado con su proyecto nuclear (y de que es una ‘fuerza desestabilizadora’ en Oriente Medio, pero eso se viene diciendo esde hace 40 años). Traicionando el espíritu MAGA, USA ahora se pone al servicio de Israel para defender los intereses de Netanyahu, es decir, lo más criminal de un Estado criminal.

Los muy sionistas o los cristianos sionistas del MAGA pueden identificar USA con Israel, pero el resto no, máxime teniendo en cuenta que una porción no desdeñable del movimiento MAGA es, por neonazi, antisemita. No constituye, por tanto, sorpresa alguna que los principales teorizadores del movimiento, Steve Bannon, Tucker Carlson y políticos entusiastas, Marjorie Taylor Greene, se posicionen contra el ataque a Irán. Va a ser muy difícil, más aún en un plazo de ocho meses hasta noviembre, recoser las heridas divisorias del MAGA,; esas grietas vaticinan un desastre electoral. Me temo que las circunstancias actuales y previsiblemente futuras a corto plazo actúan para que Trump le esté dando vueltas a cómo conseguir que no se realicen los comicios midterm o, en su caso, cómo anular los resultados.


sábado, 7 de marzo de 2026

 

Unos breves añadidos o matices a lo que escribí ayer sobre la guerra de Irán.

- Empezando por el PS. Aludí a una conspiranoia que, como todas ellas, son coherentes en ausencia de datos. Sin embargo, después me acorde de algo que la debilita aún más. Ya había escuchado un ligera variante de la misma, según la cual, la posición de Trump respecto a la guerra de Ucrania, nada que ver con la inmersión total en ella de Biden, se debía a que Putin tenía un video o unas fotos, obtenidas también de Epstein, con las que podía fácilmente chantajear a Trump. En concreto, ya puestos a morbosear, se trataba de un documento gráfico que mostraba a Trump haciendo una felación a un esbelto joven. Ni caso, claro. 

- Cuando digo que USA ha estado en manos de Israel en lo que respecta a esta guerra, me refiero al momento y a que Trump podía haber impuesto a Irán -supuestamente en una negociación libre- un compromiso de abandono del desarrollo de armas nucleares, incluso una donación o destrucción de uranio enriquecido que, a los ojos de la opinión mundial interna y externa, habría supuesto una victoria. Por supuesto que Trump esta interesado en derrocar a la antiamericana y antiisraelí camarilla dirigente iraní -lo de la teocracia, la oposición interna y los ayatolahs se la refanfinfla- y colocar en su lugar una que favoreciese los intereses energéticos de USA, que van a cobrar una importancia capital más pronto que tarde, y dejara de ser el rival regional de Israel; que firmase, por ejemplo, los pactos de Abraham. Pero todo ello con calma y en el mejor momento para él.

- El gran problema de Trump es que no puede vender la guerra a sus votantes a no ser que esta dure unos pocos días, se salde con la victoria total que conlleve, ya, el cambio de dirección política en Irán, y no muera apenas ningún soldado yanquí (ya han muerto, reconocidos, seis). Para Trump lo más importante, lo crucial, es no perder las elecciones midterm de noviembre, y perder es que se realicen o que, si tienen lugar, los demócratas recuperen el Senado y la Cámara con una mayoría holgada. Cualquier otro resultado de la guerra distintoi al que he descrito arriba le conduce a la pérdida del Congreso y al fin de su presidencia.



viernes, 6 de marzo de 2026

 


Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 7


La IIGM había creado un nuevo hegemon del mundo capitalista occidental que sustituía a la Gran Bretaña anterior a la IGM -el periodo de entreguerras ya se ha visto que fue caótico, se limitó a preparar el reemplazo de la gran potencia imperial sin llegar a consumarlo-, mientras que simultáneamente se consolidaba un segundo hegemon, la URSS, en el llamado bloque socialista. Era tarea de las dos grandes potencias organizar geopolíticamente el planeta y, en la capitalista, de USA establecer la estructura económica (dejaré a un lado la parte socialista que, se disolvió aún más rápidamente de lo que se formó).

He hablado de Yalta, Postdam y el reparto del mundo en dos áreas de influencia, cada una de ellas con su gran potencia, y sus potencias intermedias, todavíacolonizadoras de los países, estructuralmente, pobres. Resultó que, más pronto que tarde, en los años 1947-49, esas dos grandes potencias, y su parte correspondiente de mundo, se hallaban enfrentadas en un conflicto antagónico, la Guerra Fría, que no llegó a más por la capacidad disuasoria del poder nuclear de que ambos disponían. Se abría, entones, una nueva era geostratégica en la que la política y la economía se fundían. 

Y, breve excurso, hay que girar la mirada hacia el elefante en la habitación: la Economía es una abstracción académica, como lo es la Política. Solo existen las sociedades en las que puede distinguirse, repito, sólo en una fase del análisis, lo político de lo económico; aspectos siempre tan interrelacionados que hacen de esa distinción solo un momento de la teoría social. Tanto es así que la disciplina que comenzó estudiando esas actividades y relaciones fue llamada por los economistas clásicos, Smith, Ricardo, el propio Marx, 'Economía Política', y sólo al surgir la economía neoclásica, a finales del XIX, se quitó lo de 'política’, en medio del positivismo de la época y las pretensiones de unos ya prestigiados economistas, Marshall et al, que identificaban economía y capitalismo, de que su disciplina fuera considerada una ciencia objetiva, natural, nada que ver con los vicisitudes y mutaciones de la política. 

Y economía política fue lo que hizo USA, logrando que la política -su poder sobre medio mundo- consolidara una economía que, a su vez, sostenía la dominación política, y eludía los inconvenientes generados por la política económica de Bretton Woods que, a su vez, era consecuencia de esa dominación. La Guerra Fría exigía una diaposición en red con un punto central  y dominante que fortaleciese las potencias intermedias del área capitalista y los paises netamente subalterno. Y al mismo tiempo, superar las contradicciones que suponía poner en marcha el mandato de la Conferencia de Bretton Woods. 

 Las medidas que adoptaron tanto la administración demócrata de Truman, como la republicana de Eisenhower fueron muy lúcidas … mientras pudieron mantenerse.  En primer lugar, el tan reiterado superávit comercial de USA. Con la ingente cantidad de dólares que recibía del resto del mundo, USA emprendió el Plan Marshall (nada qué ver con el economista de arriba, aquel se llamaba Alfred y éste, George, el de los taanques). En líneas generales, este plan fue adoptado por USA para permitir la recuperación económica de Europa, principal perjudicada por la devastación de la Guerra, con fuertes subvenciones En principio, Alemania quedo descartada, y, de hecho, durante algún tiempo, ya con la guerra próxima a concluir, se asumió el Plan Morguenthau que contemplaba desindustrializar por completo Alemania, dejarla convertida en un territorio agrícola para impedir definitivamente un nuevo rearme germano que propiciara la IIIGM. USA estaba muy escaldada de su ‘generosidad’ posterior a IGM. 

No voy a detallar las polémicas que desató ese plan, así como otros designios alternativos para la futura Alemania. El factor que determino finalmente el Plan Marshall fue el inicio de la Guerra Fría, a lo que se puede añadir la actitud prepotente, ya citada, de Gran Bretaña. El Plan Marshall no sólo incluyó a Alemania, sino que USA la insertó con un papel fundamental en el diseño del nuevo orden internacional capitalista enfrentado al soviético. Ese nuevo orden estaba presidido, claro, por USA que, en el ámbito político-militar, creó la OTAN  NOTA.y en económico asumió la preponderancia que le otorgó Bretton Woods. Este orden le sirvió a USA, entre otras cosas, para soslayar el dilema de Triffin arriba descrito. La arquitectura construida consistió en hacer de Alemania, y poco después, de Japón los lugartenientes económicos de USA.

Aunque nunca se explicitó, esa decisión levantó esquirlas, sobre todo la idea de convertir Alemania, de nuevo, en el gran gigante industrial de Europa, su ‘locomotora’, irritó profundamente a Francia y Gran Bretaña, que se vieron obligados a tragar. Quien manda, manda. No se trataba de ningún capricho de los yanquis, todo lo contrario. En Alemania y en Japón se daban dos condiciones únicas que los hacían muy apetitosos para la ‘Pax Americana’. En primer lugar, eran las dos grandes potencias derrotadas, por lo que USA tenía un control casi absoluto sobre ellas, incluso después de finalizar su ocupación y constituirse en Estados ‘independientes -Alemania en 1949 y Japón en 1952-. Y, aunque, sobre todo en el caso alemán, la guerra la hubiera destruido en buena parte, ambas poseían una infraestructura industrial, y, especialmente, una fuerza de trabajo muy cualificada y disciplinada, ingenieros y científicos en condiciones de dominar las nuevas tecnologías que había propiciado la investigación bélica. Se puede decir que antes de lla IIGM, USA, Alemania y Japón eran las tres grandes potencias industriales. Y así iba a ser hasta finales del siglo XX (no incluyo al bloque socialista, aunque, creo, podría hacerlo). 

Se planteaba, pues, una disposición en uve de tres potencias productivas con USA en el vértice y Japón y Alemania en los extremos. Alemania proveería a Europa y Japón al mercado del Pacífico Este y, especialmente, a China (aunque esta parte del plan fracasó, por la victoria de Mao y la constitución en 1949 de la República Popular China, y la Guerra de Corea en 1950, que alejó durante años a China de USA, hasta que llegó Nixon y su ‘diplomacia del ping pong’). USA decidiría lo que se producía en esos tres polos priorizando siempre sus intereses.

NOTA.

 La OTAN, además de ser un anagrama de NOTA- se creó con unas características muy claras. USA les decía a sus miembros (más o menos lo que la URSS a los del Pacto de Varsovia, en 1955): vosotrs dedicaos sobre todo a recomponer vuestra economía, que nosotros, con nuesta US Army y nuestro poder nuclear nos encargamos de protegeros de posibles agresiones soviéticas. A cambio de que nos deis carta libre en el las decisiones slolbre el orden político internacional, y que vuestros ejércitos queden suordinados al nuestro.  Como en él es habitual, Trump ha hecho añicos ese pacto fáctico no escrito. Tiene razón cuando dice que USA, tanto en el plano militar como en el económico, ha sostenido a la OTAN muy por encima de lo que le correspondía en términos de PIB o poblacion. Pero, ¡es que de eso se trataba! Lo que sucede es que Trump ha visto, con su brutalidad habitual, lo que otros no veían (o no quería ver, que diría Carney), que Europa, la UE, los grandes países ya son meros lacayos de USA, que USA ya no necesita protegerlos para poder seguir ejerciendo el poder sobre ellos, y que si quieren protección --véase el caso de Ucrania-  que la cubran únicamente ellos potenciando sus ejércitos (con armamento comprado a USA).  Y, ya puestos, que paguen más a la OTAN, ese 5% del PIB.         
        

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Salto los asteríscos y enlazo el estudio histórico de arriba con la sangrienta actualidad. 
Declaraciones de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, hace unas horas:" La OTAN está ahí para protegernos colectivamente contra cualquier adversario, ya sea Rusia o cualquier otro, o el terrorismo. Pero también es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder en el escenario mundial". Todo vale para adular a Trump; hasta la verdad, 

Toca escribir sobre la guerra de Irán. Se ha hablado tanto de ella que parece que está todo dicho, y no quiero repetir lo ya opinado. No obstante, me adhiero a algún análisis, siempre situándolo en mi visión del periodo histórico.

Como se le escapó hace unos días a Marco Rubio, la decisión de atacar a Irán fue tomada por Israel y USA se vio obligada a participar en el ataque. No debe sorprender a nadie este hecho, por una razón muy sencilla, Israel sabe lo que hace y USA, no.

Israel es cada vez más, una vez superadas las fantasías socialdemócratas (y no por ello menos colonialistas) de sus primeros años de predominio del partido laborista, un estado fundamentalista para el que la Biblia es su constitución. Hoy por hoy, donde la hegemonía cultural la produce el Likud de Netanyahu en coalición con partidos clericales de extrema derecha, la apuesta estratégica es consolidar el Estado étnico judío y extenderlo a sus límites bíblicos: el gran Israel. Que viene a ser como la clásica consigna palestina, ‘desde el rio hasta el mar’, con la diferencia de que aquí el rio no es el Jordán, es el Éufrates.

Aceptando esto, la posición de Israel es coherente. Sabiéndose el ejército más poderoso, con diferencia, del Oriente Medio y Próximonada,, y consciente de que tiene agarrado a USA por el AIPAC (lobby sionista en USA, financiador del 80% de los políticos americanos), quiere plasmar esa supremacía controlando toda la zona, lo que implica deshacerse de los países que les puedan, en el terreno militar, hacer sombra. La contradicción con ellos es claramente antagónica: deben ser borrados del mapa. Esos países son Irán y en un futuro no tan remoto, pero del que aun no puede decirse  Turquía. Cumplida la devastación de la zona, ya estarían en condiciones de construir ese Gran Israel bíblico.

Israel es consciente -no lo digo yo, lo dice Netanyahu- que estos tiempos le ofrecen una ventana de oportunidad privilegiada, debido, creo, a que la subordinación acrítica de USA, es decir el poder del lobby sionista, es mayor que nunca. Sucedió con Biden y ahora con Trump. Una vez desbaratada la Siria de Al-Asad, segundo polo del ‘Eje de Resistencia’ antisraelí, quedaba ya sólo la propia Irán; el objetivo es ahora destruir Irán. No cambiar a los dirigentes, ni siquiera imponer un régimen no teocrático, el objetivo es destruirla, convertirla en algo así como Siria o Líbano: un Estado fallido, incluso varios Estados fallidos con el territorio iraní troceado en medio de guerras intestinas con los curdos, los sunnitas, etc.. Empeño éste, me parece, muy improbable, pero, en cualquier caso, no imposible con la ayuda de USA y las muy acojonadas monarquías o emiratos arábigos. Y, si no lo consiguen, los sionistas no perderán más que unos cuantos aviones y soldados. O eso es lo que piensan.

Si la posición de Israel es clara y coherente, la de USA es justamente la opuesta. La intervención protagónica de su ejército es todo lo contrario de los que han dicho los grandes teóricos de la guerra. No saben para qué la hacen, carecen de un objetivo estratégico. Si atendemos al contencioso de USA con Irán en las últimas décadas, se trataba de impedir que ésta construyese una bomba atómica. Irán siempre lo negó y llegó a un pacto con Obama que comprometía a Irán a no desarrollar armamento nuclear. Pero, como dije y a instancias de Israel, Biden apretó las tuercas, permitiendo todo tipo de guerra sucia, y, finalmente, Trump concluyó el acoso. Primero, añadiendo a la tradicional demanda de desnuclearizar Irán, otras dos, que las Fuerzas armadas iraníes (ejército y Guardianes de la Revolución) renunciaran a sus misiles y que el gobierno se comprometiera a no financiar a Hezbolah, Hamas o los hutíes de Yemen. Condiciones que, claramente, a las que Irán se iba a negar. La primera, la de siempre, era factible, pero insuficiente para Israel. Quizá USA introdujo las dos nuevas para impedir la iniciativa de Israel a la que se veía arrastrado. En el caso muy poco probable de que Witkoff y el yerno ejemplar consiguiesen la aceptación iraní, lo que supondría una rendición absoluta, Israel se quedaría sin justificación para atacar.

Y es que USA no quería esta guerra. Trump se ha mostrado más volátil e inconsistente que nunca (lo que ya es decir), tratando de argumentar, unos días decía que no quería cambiar el régimen, otros que sí, otros insinuaba que pretendía una solución a la venezolana, pero que sus bombardeos habían asesinado a aquellos que la CIA consideraba candidatos a Delsy Rodríguez en barbudo. Sabía que, en el campo electoral, esto le iba a hacer mucho daño, teniendo en cuenta que el MAGA fetén, no el de los Rubio o los Musk, es aislacionista, claramente opuesto a unas guerras exteriores que ni les van ni les vienen en países cuya existencia desconocía. Europa también estaba en contra, eso sí., a priori, porque tras los primeros bombardeos, la sumisión lameculista se impuso de nuevo.

En definitiva, Israel decidió cuando, como y para que iniciar la guerra y USA se vio obligado por Israel a participar en ella. Cuando quiso Israel y sin saber cómo ni para que. Es normal. Israel tiene mucho que ganar y poco que perder. USA, y más particularmente la USA de Trump, tiene muy poco que ganar y muchísimo que perder.


PS. Es tan patente que USA está en manos de Israel, en lo que respecta a Oriente Próximo/Medio, que ya hay por ahí corriendo un relato conspiranoico según el cual lo que esta sujcediendo se debe a que Netanyahu tiene abundante material suministrado por Epstein al Mossad (al que pertenecía), suficiente para hundir definitivamente a Trump y a su memoria. Servidora, por supuesto, sigue apegada a lo dicho arriba sobre el peso sionista en la administración yanki. Supongo que algunas teorías conspiranoicas serán ciertas, históricamente, a no ser que se trate de deliriios psicóticos como aquello del pizzagate, no tienen por qué serlo. Pero mientras no se demuestren, no valen para nada. 




lunes, 2 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 6


Bretton Woods. 4

Decíamos que implementar las medidas de la Conferencia de Bretton Woods no fue sencillo, sobre todo por lo que después se conoció como Dilema de Triffin, que ya había sido adelantado antes por Keynes; él conocía muy bien los problemas que había tenido Gran Bretaña hasta antes de la IGM para, en su calidad, entonces, de primera potencia mundial, imponer el uso de la libra. 

Desde prácticamente todo el siglo XX, USA había sido el único país exportador (junto a Suiza) debido, sobre todo, a su pujanza industrial; el resto de países capitalistas eran importadores, en relación con USA (podían ser un país exportador respecto al mundo en general, pero tener un saldo comercial negativo con USA). Así, los demás países importaban bienes y servicios a USA y la pagaban en dólares. Para ello un paso previo era comprar dólares con su moneda propia, lo que aumentaba la demanda global de dólares. Con un sistema de flotación, basado en la oferta/demanda de las monedas, esa sobredemanda de dólares causa un aumento relativo del valor del dólar, una revaluación. 

Como se vio en el post anterior, cuando la moneda propia se revalúa, sale más barato importar y a los países a los que se exporta les sale más caro pagar lo importado a este. Se inicia, entonces, un proceso en el que ese primer país se hace menos exportador y más importador, reequilibrándose su balanza comercial. Durante el periodo de entreguerras y la IIGM a USA no le fue mal con el superávit comercial, entre otras cosas porque tenía, en pleno New Deal, una fuerte demanda interna. El dólar comenzaba a ser un de las principales divisas comerciales, pero siempre de hecho, no de derecho; no tenía ningún compromiso y se limitaba a florar a su gusto, emitiendo o retirando dólares del mercado.

Pero acabó la guerra y se inició la puesta en marcha del nuevo sistema de moneda y comercio internacional diseñados en Bretton Wood. Aparecieron los primeros problemas, porque la potencia hegemónica, con la divisa universal, USA, que se había adjudicado el papel de divisa universal y obligado a someter una paridad fija con el oro, seguía siendo exportadora, aumentando así su superávit en la balanza comercial. En USA entraban muchos más dólares de los que salían, y ello producía un serio inconveniente. El dólar se revaluaba en el mercado de divisas. El Tesoro de USA habría podido comprar oro, y, de hecho, lo hizo, pero no lo suficiente: cuando, al inicio del nuevo sistema monetario internacional, se reajustó la base monetaria de USA en función del oro asociado, las arcas de Fort Knox ya almacenaban el 80% del oro mundial (sin esa circunstancia, en Bretton Woods no se habrían podido tomar las decisiones que se tomaron), de manera que quedaba muy poco oro en manos del resto del mundo y era difícilmente accesible. En esas condiciones de conversión fija emitir moneda era hacer trampa. Se hizo, claro, pero con alevosía y nocturnidad.

Por otro lado, el comercio exteruior y la reserva de divisas se hacía ahora en dólares. Pero si el flujo neto de éstos era USA, si el resto del mundo tenía cada vez menos divisa mundial/a mericana, ¿cómo se podría exportar el excedente interno y carencia externa de dólares? Vemos, entonces, la expresión real del del arriba citado dilema planteado por el economista belga-americano Robert Triffin en los años 1960s (a toro pasado). 

Este dilema establece que un país cuya moneda es hegemónica en la economía mundial, debe, por un lado, proporcionar esa moneda al resto de los países para que estos -el Estado y la sociedad civil- las usen en sus transacciones comerciales internacionales o las atesoren en depósitos o en deuda nominada en dólares. Ello exigía un déficit comercial, que saliese moneda del país, no que entrase. El otro requisito es que esa divisa global mantenga estable su valor, desde luego, que no se devalúe, pues en caso contrario, ningún país confiaría en ella y no podría cumplir su cometido. Tal cosa se produce cuando el país en cuestión presenta superávits comerciales. Triffin afirmaba que ambas circunstancias no podían darse simultáneamente; en efecto es imposible que un país sea, al tiempo, superavitario y deficitario. 

Durante el periodo 1945-50 USA tuvo un saldo comercial positivo. Según el dilema, eso no le permitía a medio plazo seguir las directrices emanadas de Bretton Woods, en lo que se refiere a suministrar moneda al resto del mundo. USA lo resolvió razonablemente bien en el seno del nuevo panorama mundial. El de la Doctrina Truman de Guerra Fría contra la URSS y su área de influencia y el plan Marshall, para 'rearmar, la propia.


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Cada día se confirma que algunos de los planteamientos de la crítica posmoderna a la cultura reinante se cumplieron. El más conocido es ese que señala ’el fin de los grandes relatos’; fin no en el sentido de que ya no se elaboren, sino en el de que nadie cree en ellos. Expresado desde otra perspectiva, si antes había, respecto a ellos’, un 80% de crédulos y un 20% de cínicos, ahora hay un 20% de crédulos y un 80% de cínicos. Los grandes relatos, aquellos que justifican un determinado orden de cosas funcional a los intereses de una mayoría, o una minoría, de un sector con poder suficiente para fijar un estado de dominación, o de otros sectores antagónicos aspirantes a derrocar al primero e imponer sus propios intereses, siguen vigentes, pero muy debilitados para la mayoría de la gente, que se aferra a ellos por variadas pasiones tristes, no por convicción. 

 Viene a cuento este rollete por la destrucción del relato aún vigente en parte sobre el 'orden internacional basado en reglas' que se inserta en la ideología dominante posterior a la II Guerra Mundia y se reafirma tras la caída del imperio soviético. Mark Carney, primer ministro de Canadá, habló de ello, del orden viejo y el que viene, en el discurso más citado del reciente Foro de Davos. Afirma Carney: “vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias, el orden basado en normas se está desvaneciendo, los fuertes pueden hacer lo que pueden y los débiles deben sufrir lo que deben.”

Y evoca con nostalgia: “Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Y gracias a ello, pudimos aplicar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.”

Para concluir con un insólito acto de sinceridad: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía y que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil”.

Traduciendo, los de arriba sabíamos que ese orden era útil para nosotros, los de abajo, se entiende que a consecuencia de la manipulación cultural, creían en él, como pueden creer en la democracia liberal, porque es lo que debe creerse. Finalmente, todos colaborábamos en materializarlo. Había un gran relato sobre el tema; está dejando de haberlo.

¿Por qué ese ‘orden basado en reglas era bueno? En primer lugar, porque era un orden, ofrecía una estabilidad en las relaciones entre países, que siempre es algo positivo para los que mandan. En segundo lugar, porque estaba basado en reglas -instituciones, reglamentos, declaraciones- supuestamente iguales para todos, lo que implicaba la adhesión al sistema hasta de los países más pobres. Y, en tercer lugar, como devela Carney, porque las relaciones de fuerzas quedaban ocultas, se dirimían en la negociación bajo la forma de una interpretación de las reglas que siempre beneficiaba a los más poderosos, sin guerras y sin que se notase mucho. Eso permitía hablar de un marco multilateral, un marco en que las potencias intermedias, como Canadá, no se veían aplastados por las superpotencias. 

Todo eso se ha acabado. Trump ha roto la baraja y ha desvelado lo que ya sabían, Schmit o Lenin.  No aquello de Clausewitz de que ‘la guerra es la continuación de la política’, sino el foucaultiano ‘la política es la continuación de la guerra’. Es la guerra quien organiza la política, no al revés. Y la guerra la gana quien tiene un ejército más poderoso.

Sin embargo, en lo anterior se da un muy serio problema, que aqueja a Trump, por supuesto, y a algunos de sus principales asesores; estoy pensando principalmente en Stephen Miller, un nazi. Sin más. Ese problema e es la carencia absoluta de lo que Pascal llamaría l’esprit de finesse, el espíritu de fineza. Trump, Miller -no incluyo a Hedgseth, Noemi o Rubio porque no llegan ni a eso- quizá crean seguir esas teorías, pero interpretan literalmente las palabras, no son más que unos zopencos. Cuando hablamos de guerra, Trump piensa en misiles, en portaaviones y en marines, cuando hablamos de ejército, en la US Army. No, la 'guerra' aquí no se reduce a la violencia armada, sino a todo tipo de conflictos antagónicos -ahora, por ejemplo, se oyen con frecuencia conceptos como ‘guerra hibrida’ o ‘soft war’- que se resuelven directamente por una imposición, y 'ejércitos' son las muy diversas fuerzas -también las militares, claro- que participan en esos enfrentamientos, fuerzas que se alían, que se vuelven rivales, que se fortalecen o se debilitans, etc., y que mue en la historia.

Trump, ante cualquier discordia con otro país sólo contempla que su  ejército es más poderoso, así que ataca y pretende resolver la disputa destruyendo al rival. Siempre en el corto plazo. Es como un jugador de ajedrez incapaz de pensar más allá de la siguiente jugada. Si bombardeando no consigo mi objetivo, incluso se me complica más la situación, bombardeo más, piensa. Y esto es lo que parece estar sucediendo con la agresión USA-israelí a Irán (en lo que respecta a Trump, no a Netanyahu, que es mucho más inteligente). En el próximo post, ya se habrán, probablemente, clarificado algunas cosas y me centrare en este asunto.

PS. Con todo el horror que me suscita la vesania asesina del tándem USA-Israel, queda superado por el dolor de contemplar una sociedad civil occidental muerta. Cuando el ataque angloamericano a Irak -siempre USA y su perrillo faldero laborista, Blair o Starmer, qué más da- salieron a la calle millones de personas. En los últimos años, la masacre israelí en Gaza produjo importantes movilizaciones, sí, pero nunca más allá de un 3 o 4% de la población, cuando la atrocidad del genocidio, con su goteo cotidiano de imágenes terribles que acompañaba a las tostadas matutinas. En otros tiempos, habría protestado airadamente la mitad de las poblaciones. Y, ¿ahora? ¿Dónde está el no a la guerra? Deseo equivocarme por completo, pero tengo la impresión de que, además de la conmoción, este nuevo ataque que apunta a algo mucho más trágico, solo encontrara en las poblaciones miedo, fatalismo y una absoluta carencia de moral. Como diría un economista tipo Hayek, ‘nos tenemos merecido’ lo que se cierne sobre todos nosotros.



jueves, 26 de febrero de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 5


Bretton Woods. 3

Los británicos se resistieron a ceder su antiguan condición hegemónica, aunque aceptasen compartida con USA. Empeño inútil. Los estadounidenses sabían, y la conferencia de Bretton Woods lo puesto de manifiesto, que les correspondía a ellos el poder primordial, que se plasmó en la imposición de las resoluciones de la Conferencia y en su posterior realización. Junto con el reparto del mundo llevado a cabo con Stalin, USA pasa a ser la potencia dominante en el mundo occidental capitalista, que queda subordinado a sus designios en todos los ámbitos sociales. Francia mantuvo un poco el tipo gracias al antinorteamericanismo de cara a la galería de los De Gaulle y epígonos. Lo de Gran Bretaña fue una continua humillación que llega a nuestros días, con y sin Brexit, con tories y con laboristas, con Thatcher y con Starmer. La propaganda USA, exportada y constituida ya como un elemento fundamental de su dominación mundial, no se cortó a la hora de que se iniciaba una situación de ‘pax americana’ que sustituía a la ‘pax britannica’.

Los puntos básicos sancionados por el ‘acuerdo’ de Bretton Woods fueron:

- Mantenimiento del patrón oro, pero con la mediación universal del dólar, de manera que éste pasaba a ser la moneda de referencia para el comercio internacional, y la reserva de valor en los diferentes bancos centrales; es decir, el dólar era el dinero mundial.

-  El dólar mantendría, siempre, una paridad con el oro. Cada onza de oro correspondía a 35 dólares. El Tesoro se comprometía a entregar una onza de oro a cualquiera por 35 dólares.

- El tipo de cambio entre el dólar y cualquier otra moneda nacional era fijo -a lo sumo podía oscilar un 1%- pero ajustable. Ajustable significa que el valor de esa otra moneda podía modificarse por encima de ese +- 1%, si bien no a discreción, sólo en situaciones de desequilibrios fundamentales, como crisis económica grave, déficits persistentes o problemas estructurales. A la bajada de valor respecto al dólar, se llamaba devaluación, y a la subida, revaluación.

Implementar las medidas de la Conferencia no fue sencillo

Implementar las medidas de la Conferencia no fue sencillo, debido sobre todo a los graves desequilibrios entre países muy importadores y muy exportadores, que ya había vislumbrado Keynes en su propuesta del bancor.  Para comprenderlo, introduciré unas nociones, necesaria para poder seguir, sobre la balanza comercial y los países exportadores e importadores.



Conceptos económicos básicos. 2


Balanza comercial

La Balanza de pagos de un país es un tema largo y complejo; incluye todo tipo de valor económico que entra y sale del país. Cuenta con varios ítems según sea el tipo de valor o el modo de operación involucrada. Me limitaré aquí a uno de esos ítems, la llamada Balanza Comercial que registra las entradas y salidas, en dinero, de bienes materiales: coches, trigo, piezas de máquinas, etc., etc. La balanza comercial es el saldo que resulta de restar, del dinero que nos pagan por la salida de bienes, el que pagamos por comprar bienes del extranjero, o sea ‘exportaciones – importaciones’. Si el saldo es positivo, tiene lugar un superávit de la balanza comercial, si es negativo, la balanza comercial es deficitaria. Si el saldo es cero, la balanza está equilibrada. 

Es necesario añadir que los términos ‘importador/exportador’ se usan, no sólo para indicar un déficit o superávit estable de la Balanza Comercial, sino también el hecho de que un país exportador en el primer sentido dedique una gran parte de su producción, de su producción total, su Producto Interior Bruto (PIB), a exportar bienes. Para diferenciarlo de otros países importadores, llamaré superexportadores a estos últimos. Por ejemplo, China es un país exportador, pero no superexportador, porque dedica gran parte de su PIB a consumo y gasto interno.

Cuando un país es muy exportador, o superexportador, su balanza comercial es superavitaria. Entra más dinero del que sale. Suponiendo que tenga una moneda propia, la demanda de ésta por el resto del mundo -necesaria para sus importaciones- es mayor que la demanda de moneda del resto del mundo por el país -necesaria para las importaciones del país-. Al ser mayor la demanda de esa moneda se revalúa, eleva su valor. Un poco lioso, veámoslo con un ejemplo. Tenemos el país X, con la moneda x y el resto del mundo (RM) que suponemos con una moneda única, el rm. X paga al RM con rm y el RM paga a X con x. Al ser exportador, el dinero en rm que X demanda a cambio de sus x, para pagar al extranjero es menor que el dinero que el resto del mundo demanda por x, a cambio de rm para pagar a X. Por tanto, x se revalúa -más demanda- y rm se devalúa -menos demanda-. La revaluación de la moneda de X da lugar a que el país sea menos exportador -su producto es más caro- y más importador -las mercancías del RM son más baratas-. Y, de hecho, devaluar la moneda propia ha sido siempre un a herramienta para mejorar el saldo de la balanza de pagos, de modo que el país sea menos importador.

Por otro lado, no debe confundirse el déficit o superávit comercial con el fiscal. Un déficit fiscal se produce cuando el Estado de un país gasta más dinero en financiar sus actividades de lo que ingresa vía impuestos. Superávit fiscal, claro, es justamente lo contrario. A veces se habla de déficit primario, la definición anterior excluyendo el dinero que el Estado paga en concepto de intereses de su deuda y déficit total, que los incluye. Con frecuencia, el Estado emite deuda pública, dinero que le prestan otros agentes (bancos, particulares, fondos), para compensar sus déficits. Qué el Estado se vea o no obligado a endeudarse es un asunto complejo controvertido, en el que no voy a entrar.


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Sobre la desclasificación de (algunos) papeles del 23F. Yo ya sabía que se trataba de una nueva maniobra para exculpar al emérito; no o hay que ser muy listo, basta con haber ojeado un acto público de hace unos pocos días en que Javier Cercas, el cocreador del relato oficial para progres del R78, le pedía Pedro a Sánchez, a su vera en el acto, que desclasificara los papeles ante la 'avalancha de bolas' sobre el 23F; léanse ‘bolas’ como 'constancia general cada vez mayor de que aquello fue un intento de autogolpe del rey y sus coleguis franquistas'. Mi única extrañeza era ¿por qué ahora? Rebeca Quintans, experta en la materia y siempre ninguneada por el establishment, me ha proporcionado la lucecita en que no había caído: Juan Carlos se está muriendo y hay que traerlo a España para que muera aquí y se le rindan todos los honores posibles, entierro multitudinario, funeral de Estado, infinidad de editoriales y artículos glosando su figura política, etc. Lo de la corrupción y demás, se olvida; ya se sabe, de mortuis nihil  nisi bene, qué mezquindad, acordarse de ciertas debilidades. 

Para Sánchez, y para sus socios, permitir la vuelta de ese tipejo no es, precisamente, muy popular (votos). Así que, como piensa resistir de presidente año y pico, hay que remitificar a Juan Carlos antes de que la palme. Por lo demás, nada importante que no se supiera, dando por sentado de que, archivadas o no, hay muchas cosas por saber. Si acaso, remachar dos hechos: uno, que Tejero era tonto, por fanático, y dos, que el rey es tonto, por genética.


Si lo de Rufían sabe a poco, el acto de Sumar no sabe a nada. Emilio Degado, el interlocutor de Rufian, debió considerar que no había metido suficientemente la pata unos dias antes, cuando dijo que había que visibilizar a los heterosexuales, no sólo a los raritos, y la metió más todavía en el dichoso acto afirmando que, como vive en un barrio obrero, sus hijos no pueden salir a jugar al patio. Será porque lo moros les roban la pelota. En fin, cosas del rojipardismo anclado a sangre y fuego en la ideología de casi toda nuestra izquierda. Rufi, por su parte nos recordó la ley d'Hondt y que, puesto que lo único que importa ya en la política de la sedicente izquierda es que no llegue el PP, con Vox, al gobierno, lo que hay que hacer es que, en cada provincia, la izquierda del PSOE se unifique en una sola candidatura, algo imposible, o que el resto de las fuerzas de izquierda del PSOE llamen a votar a aquella que se considere será más votada, algo absurdo. Eso sí, los que creen que la división de la izquierda es un capricho de los dirigentes aplauden a Rufián con las orejas. Un brindis al sol a mayor gloria mesetaria de ese catalán tan simpático, tan simpático que no parece catalán. 

El acto de Sumar me parece no ya innecesario, me parece patético. No sabían si cambiaban de lider -Yolanda pasó de ellos-, sabían que iban a cambiar de nombre, como si eso importara, y ni siquiera llevaban ya consensuado una nueva denominación. Y, sobre todo, tenían algo muy claro, que no piensan moverse ni un milímetro en su condición de muleta del PSOE, preferiblemente en el gobierno, y, si no, en el Congreso. Maillo, el de IU, que se autoerigió en columna vertebral del invento, ni siquiera dijo aquello de Anguita: 'programa, programa, programa', que estaba muy bien excepto por el pequeño detalle de que, tras las elecciones, el programa se olvidaba por completo, no fuera a restarle autonomía a los amados líderes. Ni eso; hablaron, creo, de reilusionar y, por supuesto, impedir el avance del fascismo.

Siento ser reiterativo. El pragmatismo -y Rufian-  nos dice que se trata de evitar el triunfo del PP/Vox, y el pragmatismo  -y la ley electoral-nos dice que, visto lo visto, lo mejor es votar al PSOE.


martes, 24 de febrero de 2026

 

Mientras preparo el sigiente post sobre las consecuencias de la conferencia de Bretton Woods, adjunto un editorial de Vicent Partal, director del diario catalán Vilaweb, publicado hace unos pocos días en relación con el caso Epstein. Creo que, sin ser, ni tener por qué serlo, ni ser posiible todavía a la luz del inmenso, y en su mayor parte trivial, materialpublicado, un análisis político en profundidad -ese "Jeffrey Epstein no era un delincuente solitario; ... En realidad, era una infraestructura" llama a hacerlo-, Partal plantea una serie de consideraciones lúcidas y bien escritas, acerca del mundo de hoy (no del mundo today). 


Andrew: ¿príncipe destronado o cortina de humo?

Andrew cae hoy no porque el sistema haya decidido hacer justicia, sino porque el sistema ha decidido que Andrew ya no le hace servicio y que sacrificarlo es menos costoso que protegerlo.

Vicent Partal         19.02.2026 


Hay destinos que parecen escritos por una mano invisible, con esa crueldad precisa que solo sabe imaginar la gran literatura. Andrew Mountbatten-Windsor –que ya no es príncipe, ni “Alteza”, ni nada– fue detenido ayer por la policía inglesa. Ayer, concretamente, que era el día de su cumpleaños. Shakespeare seguramente no se habría atrevido a escribir una escena como ésta.

Pero, detrás de la tragedia personal, existe una tragedia política de una magnitud que todavía no hemos procesado del todo y que no sé cuándo podremos procesar. Ni siquiera si lo podremos hacer. Porque la historia de Andrew no es tan sólo la de un hombre que se ha caído de la cima por su arrogancia o por sus debilidades morales. No: es la historia de un sistema. De una red. De una forma de organizar el poder que durante décadas ha movido medio mundo de la penumbra estando y que la luz de los archivos Epstein ha empezado a iluminar lentamente.

Esto que los documentos americanos han revelado es algo que va mucho más allá de un financiero con tendencias criminales y amistades poderosas. Jeffrey Epstein no era un delincuente solitario; esto sería una manera demasiado fácil de resolver el asunto. En realidad, era una infraestructura. Epstein había construido un sistema de captación y compromiso de las élites occidentales que funcionaba con la lógica precisa del chantaje político: atraer a los poderosos, documentar sus debilidades y convertirlos después en actores útiles o, al menos, en actores silenciosos. Príncipes, políticos, ricos, tecnólogos, embajadores, millonarios, periodistas, líderes de todo tipo pasaron por su organización. Construyendo toda una red transatlántica de deudas y complicidades que tenía como moneda de cambio no el dinero –aquello que formaban parte ya tenían tanto como podían tener–, sino la vulnerabilidad, los vicios, lo que querían hacer a escondidas y sin que fuera sabido.

Andrew Mountbatten-Windsor era, a la vista de todo lo que sabemos ahora, un activo geopolítico de primera magnitud en esta red: un miembro de la familia real británica, enviado comercial de la corona, con acceso abierto a los círculos diplomáticos y de inteligencia del Reino Unido, que compartía informes británicos-americanos-secretos-. Informes sobre cosas como posibles oportunidades de inversión en Afganistán –donde, recordémoslo, había soldados británicos muriendo en combate mientras él cometía tráfico de influencias. 

¿La pregunta inevitable es quién era, pues, Epstein en esta relación? ¿Un amigo? ¿Un banquero? ¿Un facilitador? ¿Un chantajista? ¿Un agente? ¿Un agente de quién? ¿Y para quien trabajaba, en última instancia, toda esta red de captación y compromiso que se extendió durante décadas entre las élites occidentales? Son preguntas que los archivos ponen sobre la mesa, pero que nadie, de momento, sabe responder con sensatez –abrumados como estamos todos por el alcance y la monstruosidad de lo que se ve.

Sea como fuere, creo que hoy podemos decir de forma bastante segura que, de los nombres que aparecen en aquellos documentos, Andrew no era el más poderoso. La lista es larga y, por ahora, prácticamente impune. Andrew ha sido detenido. Pero los demás, de momento, reciben únicamente preguntas incómodas en comparecencias parlamentarias o en entrevistas controladas, y la inmensa mayoría siguen haciendo vida normal, como si tal cosa.

Por eso la primera pregunta que me ha venido a la cabeza hoy es por qué cae Andrew y los demás no. Probablemente –pienso yo– porque él, a pesar de las apariencias, es el más fácil de sacrificar. No tiene electores. No tiene empresa. No tiene socios. No tiene capacidad de revancha política. Tiene, en cambio, un hermano que es rey y necesita modernizar una institución monárquica en crisis. Y tiene una familia que ha calculado de forma precisa, y lo demuestra hace meses, que el coste de protegerlo es muy superior al coste de abandonarlo. La monarquía británica sobrevivirá a Andrew de la misma forma que ha sobrevivido a todos los escándalos propios: ofreciendo al público el sacrificio necesario. Como si fuera redentor.

Está claro que aquí es donde la tragedia shakespeariana se vuelve vertiginosa. Porque en las obras del Globe el protagonista cae por sus faltas, sí, pero siempre dentro de un sistema de poder que le ha utilizado, que le ha nutrido y que, al final, le destruye cuando ya no le hace servicio. Lear no es traicionado por sus hijas en un vacío; es traicionado por unas hijas que han aprendido a operar exactamente como él les ha enseñado. Andrew no es abandonado por la corona en un vacío; es abandonado por una institución que ha aprendido a sobrevivir a cualquier coste, como obsesivamente.

No hay nadie que esté por encima de la ley, han dicho el primer ministro Starmer y el monarca -hermano del príncipe caído. La frase suena bien. Pero la pregunta política verdadera es: ¿por qué motivo la justicia tarda tanto en llegar? ¿Por qué los archivos Epstein permanecieron sellados durante años? ¿Por qué la justicia americana negoció un primer acuerdo de inmunidad para Epstein en 2008 que le dejó prácticamente libre? ¿Por qué motivo, cuando el caso se volvió a abrir, en 2019, Epstein murió en prisión en unas circunstancias que ninguna investigación oficial ha aclarado satisfactoriamente y que, por decirlo suavemente, es mucho más que sospechosa?

La respuesta –al menos, es la única que se me ocurre– es que las redes de poder se protegen. Que el sistema que Epstein construyó no era una anomalía, sino –al contrario– un reflejo del funcionamiento ordinario de las élites mundiales: la promiscuidad entre el poder público y el capital privado, el intercambio de favores y silencios, la falta absoluta de moralidad, la criminalización de los vulnerables y la impunidad de los poderosos.

En las tragedias de Shakespeare el protagonista cae, pero la corte sigue. Simplemente, el poder se redistribuye. Y el público vuelve a casa sabiendo que el mundo no ha cambiado en serio, pero habiendo vivido fascinado la catarsis de una caída que parecía imposible. Ayer, en una coreografía perfecta, seis coches sin matrícula llegaron a Sandringham y un hombre de sesenta y seis años, que nació príncipe y que pudo morir con honores y pompa, tuvo que abrirles la puerta y dejarse detener. El guion es espectacular, pero las verdaderas preguntas –quien sabía qué, quién se calló, quién se benefició, quién mató a Epstein o quien le dejó morir– siguen sin respuesta. 

Y, mientras no estén, la justicia que muchos celebran hoy será, yendo muy bien, incompleta. Y, yendo muy mal –que es lo más probable y me sabe mal decirlo así–, una cortina de humo. Otra.

Traducido del catalán por Google con revisión y corecciones mías.

https://www.vilaweb.cat/noticies/andrew-princep-destronat-o-cortina-de-fum/


PD. Hoy han detenido a Peter Mandelson, uno de los principales colaboradores ee Toni Blair y entusiasta defensor de la nefasta 'tercera vía', que, sin decirlo expresamente, sostiene Starmer. Creo que el Labour Party está moribundo y los enterradores ya preparan sus palas para la siguiente elección en UK. El viejo mundo.