Continúa.
Como manda la enrabietada realidad, empiezo con las
aparentemente muy relevantes novedades en la guerra entre USA/Israel contra
Irán. Luego trataré de recoger el hilo de los posts anteriores.
- Ayer por la noche había planeado comenzar este post con el acrónimo TACO, pero no sé a ciencia cierta qué pensar. Trump declaró, con su ridículo lenguaje, que habían tenido unas “conversaciones muy buenas” con un altísimo cargo iraní para “una completa y total resolución de hostilidades" en Medio Oriente”, y que suspendía momentáneamente el ataque a las centrales energéticas persas. Una hora más tarde, el portavoz de exteriores iraní negaba las conversaciones -a lo sumo habría alguna nota indirecta- ,y el supuesto negociador con USA, el presidente del parlamento, Qalibaf, ha afirmado que lo de Trump es puro fake y que, en este caso, uno de sus objetivos es “manipular los mercados financieros”.
- Los media occidentales dejan pasar esto como un elemento propagandístico más -para los media lo suyo es veracidad y lo de los enemigos, propaganda, sea Irán o Ucrania; cada vez más, analizando los datos que me llegan, tiendo a considerar lo contrario, o, a lo sumo, que las noticias de las grandes cadenas occidentales no son menos mentirosas que los media del enemigo-. Sin embargo, me parece que la afirmación de Qalibaf apunta a algo más importante, a las entrañas del capitalismo actual. Tan sólo un ejemplo; minutos antes de la declaración ‘pacificadora’ de Trump comenzó una compra desatada de acciones del SP500 de Wall Street, que subió hasta los 2.000 millones de dólares; inmediatamente después del desmentido de Irán (aquí no había, o había mucho menor, información ‘privilegiada’) se vendieron títulos por a 1.000 millones. Luego, alguien se extraña de que los millonarios sean cada vez más millonarios; mil millones a la buchaca.
- Por lo que he leído, hay dos explicaciones de la actitud de Trump de parar un ataque inmediato que haría mucho daño a Irán, pero también, directa y directamente, a los mandamases de capitalismo global, aterrados ante la posibilidad de un barril de crudo a 200 $ o a 100$ el gas natural por MW.h. La primera explicación es que Trump por fin ha comprendido -hasta donde él puede llegar a comprender- el daño que le está haciendo a la economía USA y al resto del mundo capitalista proamericano, y quiere salir de la como sea, pero con la cabeza alta, lo que, para él, es una victoria total en ese mundo imaginario que habita y que pretende hacernos creer. Para los que vivimos en este mundo no fantasmático, esa victoria es cualquier cosa que no sea una derrota total y evidente.
- La segunda explicación es que con la prórroga se concede un lapso de tiempo que necesita para llevar a Irán la cantidad suficiente de marines que posibilite una invasión por tierra, supongo que limitada a la costa de Ormuz o a la ocupación de la isla de Jarg, el centro logístico de comercio iraní de petróleo. Sobre el papel, tiene su lógica, pero ya sabemos que el papel lo aguanta todo. No creo que Trump, por muy enajenado de la prosaica realidad en que vive, se vaya a atrever a usar la infantería, por mucho que la arropen la aviación y los cañones. Aunque se prime la seguridad de los infantes, como supongo que se hizo en la operación de secuestro de Maduro (o esa es la versión oficial de USA) morirán bastantes soldados y no parece que la menguante popularidad interna de Trump se halle en condiciones de asumirlo. No bastaría con quitarse la gorrita para recibir a los ataúdes, USA, y muchísimos yanquis, incluyendo abundante gente del MAGA, se le echaría encima. Trump, y esto sí lo sabe, no está para este desgaste a poco más de seis meses para las midterm.
- He leído por ahí una tercera explicación que, en principio, me parece un poco conspiranoica, en el sentido que descansa en una visión del mundo según la cual hay unas fuerzas ocultas, o no tan ocultas, que conspiran para hacer valer sus intereses y siempre, por poder y por inteligencia, consiguen lo que quieren. A lo largo de la historia de la humanidad hay multitud de ejemplos en que los más poderosos pierden porque la cagan, porque cometen torpezas, porque toman decisiones nefastas sin que nadie les obligue a ello.
- Dejando a un lado la omnipotencia y omnisapiencia, creo que de origen teológico, que pregonan algunos, esta interpretación sería bastante economicista, y apuntaría a un objetivo por parte de la oligarquía norteamericana, inconfesable incluso para Trump. Consiste en que USA entra en guerra, no azuzada por Israel o para fortalecer su hegemonía en Oriente Medio, sino para cuasimonopolizar la producción y comercio internacional de crudo y también, aunque algo menos, la de gas natural, y beneficiarse de su inmensa escalada de precios.
- Es cierto que la desaparición, parcial o total, definitiva o durante un tiempo, del petróleo y al gas de Oriente Medio beneficiaría a USA (y a Rusia) a corto plazo y mientras el fracking no entre en un declive rápido. Sin embargo, para casi todo el resto del mundo que no tiene yacimientos ya a muy corto plazo la situación se presenta negra, una estanflación -mejor, una ‘receflación’ (me acabo de inventar el palabro: recesión e inflación simultáneas) de duración indefinida parece inevitable. Y también USA va a tener problemas inminentes; como el gobierno no tope los precios de la gasolina en su territorio, o subvencione a distribuidores y minoristas de gasolina americanos a cargo del presupuesto federal, la inflación es inevitable, y donde más les duele a los MAGA, el coste de llenar el tanque de su ranchera. No me convence esta explicación por mucho que, en ese maremagnum de declaraciones y entradas en su red social, Trump alardeara de lo bien que le vienen a USA las subidas de esos carburantes fósiles.Una variante de la tercera explicación, también conspirativa, sería, conectando con lo que expuse unos párrafos arriba, que Trump buscase enriquecerse más, él y sus allegados, con una información que le permite ganar millones en la Bolsa, dado los sensible del asunto bélico y sus consecuencias económicas.
- En mi opinión, todas las citadas son concausas, aunque con distinto peso. Si antes del fin de semana se hubieran entablado negociaciones, verdaderas, que no residan únicamente en la cabeza de Trump, e Irán se mantuviera en su posición actual, es probable que Trump, espoleado por Netanyahu, se viera forzado a utilizar a los marines, como también es probable que se inventase cualquier otro pretexto para conceder(se) más tiempo. Mientras tanto, y en lo que se refiere a la variable de la alternativa tercera, hace caja con la Bolsa tanto cuanto pueda.
- Los israelíes, por su parte, estarían encantados de que Trump cumpliese sus apocalípticas amenazas; va a ser que no, de momento, y tengo la impresión de que nunca en esta guerra. Netanyahu está muy mosqueado con Trump -si sigue así, veremos qué tienen de cierto los, por ahora fakes epsteinianos- y se dedica a machacar Líbano. No sé yo si las FDI pueden permitir tanto frente de guerra. En cualquier caso, y en ausencia de esa carta oculta, ahora es USA quien tiene la iniciativa militar-política- y Netanyahu tiene que asumirlo, esperar y manejarse en función de USA.
- Por último, el ‘régimen de los ayatolás’, como llaman por estos lares al gobierno soberano de Irán, verifica que sus meditados durante décadas y muy racionales y realistas planteamientos político-militares se van cumpliendo. Ante la brutal asimetría de fuerzas entre el ejército persa y los ejércitos de USA e Israel, y sabiendo que esta guerra era muy improbablemente evitable, han renunciado a una armada y una fuerza aérea más potentes para centrar sus esfuerzos en misiles subterráneos y, últimamente, drones. Potencia de fuego dirigida a Israel, a las bases americanas en la zona y, sobre todo, a los centros económicos sensibles de esos emiratos y monarquías tiránicas que producen un tercio del crudo mundial y un quinto del gas natural (del que también se obtiene la urea para fertilizantes, sin los que la producción agrícola caería en picado, provocando tremendas hambrunas)
- Y, por añadidura, antes de destruir pozos y refinerías, el bloqueo del estrecho de Ormuz que impide que más de la mitad del crudo obtenido en Oriente medio pueda ser exportado a países que carecen de él. Y hablando del estrecho, en sentido contrario había un tráfico no desdeñable de agua potable para Kuwait, Qatar, los EAU e, incluso, Arabia Saudí. Si Irán no permite el paso y bombardea las desalinizadoras en esos países, complicado no pasar mucha sed (al menos, los trabajadores, los emires, en el peor de los casos, pueden saciarse con champán). Así que estos tradicionales aliados de USA desde los 1970s no deben estar muy contentos con su protector y seguro que se lo hacen saber en secreto; más presión para Trump.
- Irán ya ha puesto la economía mundial patas arriba y puede ponerla mucho más, máxime teniendo en cuenta las amenazas endógenas que se ciernen sobre la economía capitalista en trance de agonizar, sumida en sus propias contradicciones. Es decir, la capacidad de presión de Irán sobre la potencia imperial, USA, y las subordinadas, Europa, Japón, Corea del Sur, es enorme y todos sabemos que llegado el caso va a llevarla al límite. Israel y USA pueden lanzar muchos misiles contra Irán, pero la capacidad de resistir del Estado y de la población persas es insólita, y, mientras, van lanzando misiles y drones casi con cuentagotas, les queda muchos y muy buenos. La situación me recuerda -hace siglos, fui aficionado al boxeo- al Mohammed Alí ya maduro que en los primeros rounds se dedicaba, ya no podía bailar, a intentar esquivar los, y a recibir muchos, golpes del rival, de modo que, cuando éste se hallaba ya exhausto de tanto pegar, Alí le propinaba un par de ganchos y al suelo. No es imposible una situación en que USA se quite en medio y caigan oleadas de misiles iraníes en territorio israelí sin que apenas le queden al Estado sionista misiles antimisiles.