Continua.
- Últimamente, se habla mucho del efecto Dunning-Kruger. Simplificando, consiste en que la persona muy inteligente tiende a considerarse menos inteligente de lo que es, mientras que a la poco inteligente le sucede justamente lo contrario. Trump es un ejemplo de manual de ese sesgo cognitivo. Es un tarugo total, además de enciclopédicamente ignorante, y se cree un genio. Así, aceptó sin preocupación alguna que los milmillonarios financiaran su campaña, y de paso alguna mordidita para casa, y al mismo tiempo que la gente de MAGA pusiera el voto multitudinario que le permitiría ganar los comicios. Sin saber, supongo, quien fue Napoleón III, se consideraba perfectamente capacitado para ser el bonaparte de las dos partes potencialmente conflictivas de su minirégimen.
- Hasta ahora no le ha ido mal en ese sentido. Ha conseguido aumentar notablemente su fortuna, y ve satisfecha su necesidad de adulación; a su vez, los milmillonarios son más milmillonarios y, tras el fracaso de Musk con el DOGE, creo que, de momento, se conforman con eso, con que Trump vaya destruyendo todo tipo de regulaciones que les impiden robar más. Tienen paciencia y pueden esperar a que Vance, un hombre de Peter Thiel, sea el próximo presidente. Por su parte, los de MAGA no han mejorado materialmente en nada, con la estanflación a la vuelta de la esquina. Pero como se alimentan de ideología y de odio a todo lo que no son ellos, disfrutan, por ejemplo, del POTUS llamando a los demócratas moderados 'terroristas de extrema izquierda' y prohibiendo organizaciones que no existen, como los antifa. Al menos, hasta que la estanflación vuelva la esquina y comprueben en sus carnes que el Estado de Trump es el inverso de Robin Hood, despoja a los pobres para entregar el botín a los ricos.
- El panorama anterior, no demasiado negativo para Trump, sobre todo con el éxito de Venezuela, estalla en pedazos con la guerra de Irak, cuando menos en los que se refiere al MAGA. Démosle de nuevo una pequeña vuela al ascenso a la presidencia de Trump en 2024. En su campaña electoral, Trump contaba con el dinero de los milmillonarios; de muchos de ellos, no de todos. Sin dinero, no hay nada qué hacer en USA. Pero los demócratas no son, precisamente, pobres; cuentan con los millones de profesionales ricos de las grandes ciudades, donantes en su gran mayoría del partido Demócrata. En términos económicos, pues, había un equilibrio, milloncejo más, milloncejo menos.
- Sin embargo, por mucho que influya el dinero, que influye mucho, al final son las personas quienes votan. Se veía claramente que el desvanecimiento permanente de Genocide Biden y la muy mala candidata Kemala Harris, ambos de la derecha demócrata, no suscitaban el menor entusiasmo y auguraban una fuerte abstención entre los votantes azules. Por el contrario, el MAGA típico sí estaba lleno de fuerza y de optimismo hacia la probable vuelta de Trump, un candidato que les decía lo que querían oír y como les gustaba oírlo: las verdades del barquero, simples y casi insignificantes de tan superficiales. Eran muchos y con una gran capacidad de viralizar su vehemencia contagiándosela a muchos otros. Sin olvidar, desde luego, la labor de los grandes medios y la casi total toma del internet más ramplón por la extrema derecha.
- Creo que el mensaje que impregna todas las propuestas de Trump durante su campaña de cuatro años y que más captó emocionalmente a su base MAGA fue: "Hasta ahora USA, sobre todo por culpa de los Demócratas, pero también de los Republicanos de antes, ha ejercido un papel en el bienestar mundial, en su desarrollo, en su seguridad, lleno de generosidad y de altruismo, pero hemos terminado hechos unos pagafantas. El mundo ni nos lo paga ni los lo agradece, se limita a vivir bien a nuestra costa. Esa situación, que se prolonga dese la IIGM tiene que acabar. Ya nadie ha de ser el gorrón de USA. Esta debe pensar, muy preferentemente en sí misma, en sus propios intereses -América First- y volver a ser lo que fue antes de convertirse en una especie de hermanitas de la caridad -Make America Great Again-. Se acabó la política internacional basada en normas, normas cuyo principal efecto era maniatar a USA y en instituciones multinacionales, ONU y demás, que sangraban económicamente a USA a cambio de diluirla entre los demás países como uno más.”
- Aplicando a Trump caritativamente alguna coherencia dentro de su caos mental, hay que reconocer que el famoso documento ‘Estrategia de Seguridad Nacional’ del noviembre pasado plasmaba, con su aparente repliegue a los límites del ‘hemisferio occidental’, esa visión global moderadamente antiglobalista. E, incluso, la institución generalizada y caprichosa de aranceles, desde una interpretación muy generosa, vendría a ser una especie de farol o de shock mundial -en el sentido de la ‘doctrina del shock’ de Klein- que le permitiría ulteriormente a Trump negociar bilateralmente, país a país, la relación comercial con la muy poderosa USA, lo que también encajaría en la visión del punto anterior:” soy más fuerte que tú, no voy a permitir que me robes por más tiempo, ahora te robo yo a ti. Tengo derecho, es una compensación”.
- Resulta evidente que Israel es la gran excepción al este panorama general, y que esta excepción se ha puesto de manifiesto más que nunca con ocasión de la actual guerra contra Irán, ya que hasta ahora se trataba de una pasividad, contemplar impávida el genocidio con armas proporcionadas por USA, y ahora de una acción protagónica. El grave problema es que Trump ha llevado la 'relación especial' entre USA e Israel a un punto en que se han sobrepasado todos los límites tácitos anteriores y eso ha llevado a cuestionar ese exceso no sólo por la esperada reacción de los rivales, sino por facciones de MAGA; incluso a levantar el tabú sobre el porqué de esa relación que se ha tornado imposición de una parte.
- Se sabe ya que el jefe del Estado Mayor, el general Caine, desaconsejó el ataque, al igual que distintas Agencias de Inteligencia americanas -de una de ellas era director el recién dimitido Joe Kent, perteneciente al ala más derechista de MAGA- le hicieron saber a Trump que en estos momentos Irán no representaba ninguna amenaza para USA, y, menos aún, que iba a lanzar inminentemente un ataque, como fue convencido por Israel. J. D. Vance está más desaparecido que Jamenei hijo, o, como mínimo, mirando hacia otro lado, Rubio, de quien se dice que es un neocon infiltrado, delató a Trump al, supuestamente, escapársele que se adelantaron a Israel sólo porque sabían que esta iba a atacar ya (luego se retracto como von der Leyen; no cuela, son muy astutos, llevan muchos años en lo suyo). Únicamente descerebrados patéticos, tipo Hegseth, celebraron abiertamente la decisión del POTUS.
- El desarrollo de la guerra, en estas tres semanas, difícilmente puede ser más desastroso para Trump; no tanto para Israel, aunque tampoco puede echar las campanas al vuelo. Empecemos con la debacle trumpiana. Pese a que no sabía lo que quería ni lo que hacía, Trump confiaba en una campaña rápida y creyó que el golpe tremendo que eliminó a gran parte de la cúpula de poder de Irán, incluyendo su vértice, el ayatolah Jomenei (padre) junto con un par de bombardeos masivos los días siguientes, harían caer el régimen y él podría proclamar una gran victoria (no era esa la idea de Netanyahu, en cualquier caso, no sucedió). Para sorpresa de Trump (y de nadie más) el régimen no se rindió y los iraníes no salieron a la calle para demolerlo. Todo lo contrario, el Estado teocrático se reforzó, renovó inmediatamente a los gobernantes asesinados y puso en marcha un plan largamente preparado, a sabiendas que, tarde ol temprano, el dúo Israel/USA lo iban a atacar. Asimismo, la cobarde agresión de los aliados, basada en su poderío aéreo y misilístico, sin arriesgar una sólo vida, reconstituyó un nacionalismo generalizado, ya no se trataba de cuestionar un régimen sin duda deleznable, sino de defender a una patria atacada. Bueno, quizá eso contentó a Israel, para quien, como se ha dicho, no se trata de cambiar de sistema político, ni de élites, sino de aniquilar completamente a la nación iraní y a su pueblo.