jueves, 9 de abril de 2026

 

  • Por lo que se ve la tregua entre USA e Irán, ha nacido muerta o muy moribunda. Desde el principio, era obvio que los puntos de partida reales de una y otra parte estaban muy alejadas, si bien, lo cierto es que fue USA quien aceptó el punto de partida de Irán, plasmado en esos diez puntos hechos públicos por el mediador, Pakistán. Creo que Irán estaba dispuesta a ser flexible, sólo moderadamente dada la evolución de la guerra, y que USA básicamente iba a intentar salir del enredo exigiendo al menos una declaración de Irán respecto a su desnuclearización y su renuncia a conseguir un arsenal nuclear. Un elemento significativo es que las negociaciones las iba a dirigir, supongo, que para eso es vicepresidente, Vance, aunque también participarían Witkoff y Kuschner, digo yo que en representación de Israel. Una muy complicada negociación, de la que, sin embargo, no puede descartarse un acuerdo que tenga alguna eficiencia. Eso, si el conflicto sólo tuviera dos protagonistas USA e Irán.
  • La defunción prematura del alto el fuego tiene un nombre: el Israel de Netanyahu, aunque, visto lo visto, me temo que, en lo esencial, no hay otro Israel: el problema no es ya quien manda, es el propio Estado sionista. Netanyahu afirma que nadie los consultó para suspender las hostilidades, cierto, y que, no obstante, Israel aceptó parar los ataques contra Irán, también cierto. Su siguiente afirmación, que, de momento, hace también suya Washington, es que el acuerdo de tregua no incluía detener el bombardeo y la invasión de Líbano. Ambos mienten. El primer punto de los 10 dice: “Cese total de cualquier agresión contra Irán y los grupos de resistencia aliados”. El noveno: “Extensión del principio de no agresión a todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia”. Es decir. El brutal bombardeo de Israel sobre el sur del Líbano y Beirut, con ¡160! Misiles y cientos de muertos, convierte el acuerdo en papel mojado. Irán, plenamente consciente de ello, golpea donde más le duele a USA, manteniendo cerrado el estrecho de Ormuz.
  • Matizo lo que afirmé en el post anterior, cuando el TACO Trump aceptó el alto el fuego: "Irán ha ganado la guerra". Fui demasiado impresionista, a lo sumo debí señalar que Irán estaba ganando la guerra. Un análisis mínimamente riguroso exige hablar de tácticas y estrategias, o de batallas, campañas o guerras, flexibilizando los conceptos y siempre relacionándolos e insertándolos en lo político. Era totalmente previsible que Israel no se iba a limitar a criticar el acuerdo, sino que iba a sabotearlo; que es lo que ha hecho, con su escalada contra Hezbolah, en la (sub) guerra del Líbano, que ahora quiere convertir en guerra sin prefijo, separándola de la de Irán, para anexionarse definitivamente parte de ese país. 
  • Veamos esos conceptos de guerra, estrategia, etc., aplicados a Israel. Su estrategia última, su sentido como Estado, es la del sionismo histórico, asentarse en el territorio palestino, arrebatando las tierras, la tierra, de quienes llevaban muchos siglos allí, y librarse de ellos mediante una sistemática limpieza étnica. A esta estrategia se ha añadido cada vez con menor ocultación una expansión territorial, cuya culminación sería el Gran Israel, un Estado étnico judío, racista y supremacista, como el actual, pero mucho más extenso. Un estado que, sobre la base de la superioridad homicida de sus FDI, poseería un territorio ‘nacional’ (eso es lo que dicen que dice la Biblia del 'pueblo judío') desde el Nilo al Éufrates, un Estado que abarcase Líbano, Siria, Jordania y parte de Irak. Una expansión violenta acompañada de matanzas masivas y grandes deportaciones a territorios aislados y controlados, tipo bantustán; o sea, campos de encierro y, ocasionalmente, campos de exterminio. En esa visión estratégica maximalista, Israel sería el hegemón de todo Oriente medio; Irán e Irak, convertidos en Estados fallidos, con una economía desarbolada, en manos de facciones en constante disputa, mientras que Arabia saudita y los países del Golfo Pérsico, se mantendrían subordinados políticamente a Israel, una especie de semicolonias o Estados tributarios de Israel, sin autonomía geoestratégica alguna.
  • El Estado sionista actual tiene una visión estratégica de carácter teológico, que sólo puede cumplirse con una Guerra en la que ellos son el Bien y el Islám, el Mal. Desde los años 20 del siglo pasado y, principalmente, desde que se constituyó como Estado en 1948, Israel ha estado en guerra permanentemente y así seguirá hasta que desparezca o consiga su objetivo bíblico, el Gran Israel. No se trata de una camarilla demente fanatizada, ni de un psicópata asesino, Netanyahu, es toda una sociedad militarizada e imbuida de su misión divina. Piénsese que la reciente agresión bélica a Irán contó con la aprobación de cerca del 90% de la población judía de Israel. Para Israel, la guerra es existencial, y cada campaña de esa guerra, sean las guerras del 48, la de los Seis Días, la del Yom Kippur, la que se libra diariamente en cada intifada, la destrucción de Gaza, la aniquilación progresiva de la población de Cisjordania, la destrucción de Hezbolah, con Líbano incluido, etc., todos esos eventos son episodios de ese continuum bélico. Creo que es Mersheimer quien dice que la israelita es una sociedad adicta a la guerra.
  • Para Israel, todo lo que se asemeje a paz, aunque sea bajo la forma de tregua o alto el fuego. es rechazable. Recuérdese que tuvo que ser Trump, con su pintoresco Plan de Paz para Gaza, que reflejaba de hecho una rendición de Hamás, quien impuso a Netanyahu el fin de la masacre cotidiana en Gaza (ahora continúa, pero con menos víctimas palestinas y el conflicto ignorado por los media). Los sionistas aceptaron a regañadientes, al igual que lo hicieron el verano pasado con el fin de la llamada guerra de los 12 días con Irán. Poco después, el complejo sionista norteamericano-israelí, en parte, forzó y, en parte, engañó (no sé en qué proporción y si alguna vez lo sabremos) a Trump para lanzar la actual guerra y por eso ahora no quiere pararla. Pero la situación ha cambiado, Trump es consciente -aunque no tengo idea de que significa ‘ser consciente’ en su mente descompuesta – de que se equivocó y quiere salir del atolladero como sea. No creo que se encuentre ahora tan proclive a escoger los datos y argumentos de Netanyahu o Kuschner frente a los que le proporcionaban los militares y los servicios de inteligencia. Es probable que Israel ceda y espere, no pasivamente, desde luego, sino intentando manipular a Trump tanto cuanto le sea posible, al fin y al cabo, sólo son dos semanas, que ni creo que se agoten porque la probabilidad de acuerdo que vaya más allá de la palabrería es infinitesimal. Mañana seguiré con los objetivos tácticos y estratégicos de USA e Irán.


miércoles, 8 de abril de 2026

 


Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 11.


La arquitectura de la posguerra para el ‘mundo libre’ fue diseñada e implementada de facto por USA, y siempre priorizando sus intereses. En el interior se trataba de asegurar un nivel de vida digno a los norteamericanos en general, lo que, asociado a la propaganda masiva -o al miedo, como sucedió con el macartismo, la ‘caza de brujas anticomunista’ entre 1950 y 1955-, alejaba toda veleidad subversiva. Asimismo, se respetaba e impulsaba el cuasimonopolio mundial de las industrias armamentistas de USA, reforzando el poder de ese complejo industrial-militar denunciado por Eisenhower. La incipiente desindustrialización se compensaba con el gran desarrollo del sector servicios y, en particular, del financiero. En el exterior se consolidaba el dominio político-militar de USA en su área de influencia, el primer mundo y parte del tercero. Un dominio sostenido por la supremacía militar y la institucionalidad internacional promovida por USA siempre basada en el principio de no unirse a ninguna organización internacional en la que no se tengamos el poder de veto, bien explícito, como en el Consejo de Seguridad de la ONU, bien factual, casos del FMI, el Banco Mundial o la OTAN.

Pero, si bien la supremacía política y militar se ha mantenido hasta ahora, extendiéndose a todo el planeta cuando cayó la URSS, el modelo económico no tardó en mostrar sus fisuras. El problema comenzó con el incremento progresivo de gastos del gobierno USA, derivados, por y lado, de su pretensión de controlar nuevos y antiguos Estados para que no cayeran en las garras del comunismo: Guerras de Corea y Vietnam, y, por otro, de los programas sociales demésticos que acabasen con la pobreza y mejoraran, en general, el nivel de vida; así la Nueva Frontera de Kennedy y la Gran Sociedad de Johnson. USA, pues, gasta mucho y, por otro lado, países como Alemania y otros europeos, y Japón y otros del este asiático, han desarrollado, en buena medida gracias a USA, una potente industria exportadora; la que ha perdido USA, que importa más y exporta menos.  De esta forma su saldo comercial se torna negativo.

A mediados de los 1960s, USA es ya una economía con déficit comercial. Esta habría sido la parte buena del dilema de Triffin, que se vio arriba, para el país cuya moneda es la divisa internacional, ya que salen dólares de USA de modoque los demás países pueden comerciar y acumular valor con ella. La parte mala de la alternativa es que USA se va quedando sin dinero, y tiene, por ello, que emitir moneda, o recuperar la moneda del exterior emitiendo bonos, y, en consecuencia, la deuda aumenta. La emisión de moneda que todo el mundo sabe que, contraviniendo los acuerdos de Bretton Woods, no está respaldada por oro, y una deuda creciente debilitan la confianza en el dólar, el cual tiende a debilitarse y se arriesga a dejar de ser la moneda hegemónica. De finales de los 1960s es esa anécdota de Gaulle amenazando con enviar un buque de guerra francés lleno de dólares a USA y devolverlo a Francia cargado de oro. 

La inflación en USA en 1970 había alcanzado una tasa cercana al 5%, alta per se y, lo peor, subía sin parar, las deudas se acumulaban, y el gobierno se hallaba maniatado -digamos, un poco maniatado- por las directrices de paridad fija dolar/oro de Bretton Woods. Finalmente, Nixon adoptó a mediados de 1971 una medida que, en mi opinión, es una de las más importantes, si no la que más, de la Economía Política: la inconvertibilidad del dólar en oro. Desaparece, entonces, total y definitivamente, algo que siempre había sido una ficción, pero una ficción asumida y actuante, el dinero mercancía. Ya no había un elemento (supuestamente) objetivo. Ahora el dólar, como el resto de las novelas, flotaba, es decir, estaba en manos de la oferta/demanda del mercado, un país muy exportador experimentaba fuertes presiones para elevar el valor, relativo, de su divisa, y uno importador, viceversa. Si un país, por la razón que fuera, no quería devaluar su moneda, tenía que comprarla en los mercados internacionales -más demanda, más precio- pero se quedaba sin divisa extranjera. Y, de nuevo, viceversa. Si a los defícits/superávits comerciales le añadimos los déficits/superávits fiscales, cada vez más frecuentes en la época, la economía dineraria se complicó mucho, contribuyendo al crecimiento del sector financiero, y a la financiarización, que ha caracterizado desde entonces a la economía mundial. 

El tándem Tesoro-FED se sintieron libres para emitir más moneda, y más deuda. Esto habría favorecido la inflación. Sin embargo, Nixon, que no era, precisamente, ningún rojo, trató de frenar el proceso inflacionista imponiendo controles de precios, lo que ahora cualquier socialdemócrata, no hablemos de los liberales, considera una aberración. Debo decir que Nixon también congeló salarios. En cualquier caso, existía una posibilidad de intervencionismo estatal en la economía que no hay ahora. El método funcionó bastante bien, pero creó escasez en algunos productos y, sobre todo, se granjeó la enemistad de los empresarios. O sea, duró poco. Y lo peor estaba por llegar.


 

  • Que Trump se encuentra en una situación desesperada es algo que todos sabemos. Que Trump vive fuera de la realidad, debido a una psicopatología agravada por el hecho de que su círculo, variado y variable, de influencers le hace creer, recurriendo incluso a videos creados por IA, que ese delirio fantasmático es, para él, la realidad ‘real’, también lo sabemos. Sin embargo, pese a que a Trump le gustaría jugar indefinidamente con su pantomima de altibajos, ahora ataco y aniquilo hasta la historia de Persia, ahora concedo una tregua, etc., lo de esta madrugada es lo que los anglosajones llaman ‘tipping point’, un punto de inflexion y, al tiempo, un punto de no retorno.
  • Las negociaciones, de dos semanas (porque algún intervalo había que poner) mediadas por Pakistan se inician bajo un supuesto tácito: Irán, en los términos que el tandem Trump/Netanyahu la emprendieron, ha ganado la guerra. A Trump se le podrá engañar, pero la gente de su administración, si es que hay alguno mínimamente sensato y sobre todo al deep state, el Pentágono, la CIA, etc., saben que USA ha sido derrotada, y, por activa o por pasiva, tienen que tomar las riendas. Otro asunto es Netanyahu, un criminal realista y con buena visión táctica (que no estratégica, pero es que ahí su posición esta condenada por el devenir histórico).
Sigo luego



lunes, 6 de abril de 2026

 


  • Debo reconocer que me siento bastante confuso. No son muchas la veces que esa diferencia, tan cara a la epistemología, entre explicar y entender se me hace patente con nitidez. Puedo explicar algo -bien o mal, eso aquí da igual- sin entenderlo. Es lo que me sucede ahora con Trump y su entorno, y el entorno del entorno, hasta llegar a las élites. Digo, refiriéndome a dos momentos fundamentales del gobierno de Trump: los aranceles y la guerra de Irán son dos estupideces monumentales que califican a Trump como un estúpido absoluto y a su camarilla bien de imbecilidad, o de absoluta ignorancia en el caso de los economistas, bien de adulación enfermiza. O una mezcla de ambas, con diversas ponderaciones. Por ejemplo, creo que Vance o Rubio, son, básicamente, unos aduladores, mientras que Hegseth es un 50% de una cosa y un 50% de la otra, resultado de su condición de infinitamente imbécil e infinitamente adulador. Bessent, secretario del Tesoro, un 33% estúpido, un 33% ignorante y un 33% pelota. Y así sucesivamente.
  • Todas estas aseveraciones son el fruto de un análisis racional, y, sin embargo, no comprendo cómo pueden estar así las cosas. ‘No me cabe en la cabeza’ es una expresión idiomática (con un sentido figurado usual en el lenguaje ordinario) que describe muy bien esa sensación, emocional, sin dejar de ser racional. ¿Cómo es posible que estén donde están esa galería de frikis? La conclusión sobre mi zozobra es que no es sino pura ideología, plena de prejuicios y emociones de las que nunca podré desprenderme, porque son mi conciencia, mi autoconciencia y mi exoconciencia. Y esto vale para cada quisque.
  • Por poner un ejemplo, me cuesta un gran esfuerzo cognitivo aceptar que las informaciones del New York Times, o del Guardian, o de le Monde o del País son tan carentes de credibilidad, si no más, que el Ettela’t o el Hamshahri, prensa iraní oficialista. Y, sin embargo, leo las declaraciones del ministro de Asuntos exteriores iraní junto a las de Rubio (de Trump y Hegseth, ni hablo), las primeras me parecen infinitamente más sensatas Pero me cuesta superar el etnocentrismo y esa profunda y desagradable percepción de quiénes debieran ser los míos y quienes los otros; el mundo geográfico-histórico al que pertenezco como un fatum.
  • Más. He escuchado, brevemente, al CEO de J. P. Morgan, Jamie Dimon, uno de los mal altos ejecutivos del mundo, en una entrevista en la FOX. Exhibe, exactamente, el mismo nivel analítico y comunicativo que Trump. Habla de los buenos y los malos, los suyos son los buenos, Irán es malo, y como es malo es una amenaza, aunque no tengan armas nucleares, si no es ahora, ya las tendrán, porque es malo yla guerra de Irán está bien porque mata a los malos (ni se contempla perderla) y los iraníes son gente mala porque asesinan a los norteamericanos (que son buenos, mejor, que son los buenos) desde hace 47 años, sobre todo el 7 de octubre, que asesinaron a varios estadounidenses. Todo esto es literal. Un niño de ocho años se sentiría avergonzado. De nuevo, el dilema, esta vez con superejecutivos en lugar de políticos. profesionales: o son retrasados mentales o su cinismo es estratosférico, en lo que dicen y en cómo lo dicen. En ningún cuerno del dilema puede augurarse nada bueno para los de abajo.
  • Anteayer el New York Times, el faro del periodismo demoliberal, el más prestigiado periódico mundial, publico un reportaje en el que se hacía un juego de palabras en torno a la eventualidad de que USA abandonase la OTAN, decía el Título “¿Una Organización del Tratado de Norteamérica sin Norteamérica? Y es que, para el yanqui progre cultifilisteo, NATO es el acrónimo de North America Treaty Organisation’, lo de ‘North Atlantic Treaty Organisation’ debe ser cosa de europeos. Y si eso lo hace el New York Times, ¿qué no hará el New York Post? Pasados los tiempos heroicos, y idealizadores y muy falsos, de la prensa al estilo de ‘ El hombre que mató a Liberty Balance’. El periodista justo, comprometido con los hechos, némesis y desenmascarador de los grandes poderes,; bonito si el papel de los grandes media, occidentales u orientales, es manufacturar consenso, que diría Chomsky.

  • Más hechos. Hace dos o tres días un F-15 norteamericano fue abatido por los iraníes. Llevaba dos militares, a uno de los cuales los salvaron casi inmediatamente fue r fuerzas del propio ejército yanqui. El otro se creía que no murió y que estaría ocultándose en territorio iraní. Un par de días después, Trump afirma en su red social particular que éste ha sido también rescatado; los iraníes, al menos el domingo 5 a las 10:00 lo niegan. Entro en las cartas de lectores de la noticia en la Vanguardia. Unos tienen una opiniones sobrela guerra de Irán y otros la contraria. Todos creen a Trump y, en consecuencia, consideran de manera tácita que los portavoces de la república de Irán mienten. De nuevo, se devela que todos los que nos hemos socializado en la cultura occidental capitalista tenemos incrustado un etnocentrismo supremacista en lo más profundo de nuestra personalidad. Los que viven del sistema, los ingenuos, los que por sus circunstancias personales están imbuidos de la ideología dominante, hablarán en simplicísimos términos del bien, lo propio, y del mal, lo otro, de lo humano y lo no-humano (o menos-humano), pero, incluso quienes tenemos una cultura crítica empleamos, sí, un lenguaje más sofisticado -a no ser que deseemos manipular a la ‘gente sencilla’-, pero ahí está ese conato que nos lleva a creer a Trump, un embustero patológico, además de criminal de guerra, y no a los portavoces iraníes, esos personajes siniestros (lo unheimlich, lo no familiar, que diría Freud).
  • Tampoco faltan los conspiranoicos y los maquiavélicos que, en este caso se presentan unificados. Son aquellos que piensan que Trump, bajo su apariencia de orate, es un tipo superinteligente, con una capacidad de análisis estratégico prodigiosa, que se hace el tonto, o bien, si es tonto pero quienes lo manejan poseen esa omnisciencia que permitirá conservar sine día la hegemonía de USA en el tablero geopolítico. Si a USA le salen bien las cosas -algo posible, la fuerza bruta a veces se impone, sin que otras fuerzas más sutiles y potenciales actúen- resaltarán su clarividencia, en caso contrario, callarán y a otra cosa. Igual que hacen los media; no sé quién aprendió de quién.


jueves, 2 de abril de 2026

 

Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 10

 

Hemos visto una arquitectura política y económica internacional que funcionó perfectamente y posibilitó lo que se ha llamado ‘La edad de oro del capitalismo’ o ‘Los fabulosos 30 años’, el periodo de casi tres décadas comprendido entre 1945, el final de la IIGM y 1973, la crisis del petróleo que originó una fuerte recesión en casi todos los países. Unos años regidos en lo político por la doctrina Truman -Guerra Fría entre dos bloques y hegemonía absoluta de USA en el bloque occidental capitalista enfrentado al soviético comunista-, y en lo económico directrices de Bretton Woods -Sistema Monetario Internacional, instituciones reguladoras como FMI o BM- . 

Antes de abordar cómo ese estado de cosas aparentemente idílico terminó abruptamente y que mostro de nuevo que las contradicciones socioeconómicas del capitalismo lo conducen a crisis cada vez más difícilmente superables, debo examinar un elemento que jugó un papel fundamental en la evolución de los acontecimientos. Me refiero a lo que entonces se llamaba ‘Tercer Mundo’ o en un registro más eufemístico ‘países en vías de desarrollo’ (se empezó  denominándolos ‘países subdesarrollados’, pero era una expresión muy cruda, y antipropagandística, pues la narrativa oficial afirmaba que las relaciones capitalistas harían más pronto que tarde desarrollados y felices a todos).

La característica principal de estos países tercermundistas tras la IIGM es su condición colonial (NOTA 1), que procede de la implantación del Mercado y el Capìtal en tanto que colonias, esto es, territorio conquistado por un Estado, la metrópolis, en expansión; en concreto, por alguna de las potencias europeas, o que lo fueron durante un dilatado periodo: España, Portugal, Inglaterra, Países Bajos, y, más tarde, Bélgica, Alemania e Italia. Y, por supuesto, ltambién fue colonialismo la expansión al Este de los norteamericanos, que recientemente habían sido una colonia de Inglaterra y que, tras liberarse de ella, imitaron, sin aprensión alguna, a sus antiguos colonizadores y perpetraron el genocidio de las tribus nativas hasta el Océano Pacífico.

El colonialismo no es sino un estado de dominación más, en todos ellos hay una fase de resistencia inicial, una evolución prolongada y compleja de interacción entre dominados (si no han sido exterminados), en este caso colonos y nativos, y dominadores, la metrópolis,; una acción agónica o antagónica que va modificando las relaciones de fuerzas y donde finalmente la oposición se da entre nativos -incluyendo a los colonos, que ya no se consideran tal, sino nativos (stricto sensu, han nacido allí, y sus padres, y sus abuelos; piénsese en la burquesía criolla, que encabezó la independencia de las colonias del Imperio español)); es lo que se conoce como descolonización. Son procesos muy variados con unas realizaciones institucionales también diversas. No entraré en ello. Solo señalar su existencia, que se desarrolló desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad, si bien, las colonizaciones clásicas de importancia se acabaron en la segunda mitad del XX. La de la Argelia francesa y Angola, Mozambique, etc., portuguesas fueron las últimas de las clásicas. Estado sionista de Israel, aparte, claro.

Volvamos al fin de la IIGM. Gran parte de las grandes colonias se habían independizado formalmente de sus metrópolis, y el resto se disponía a hacerlo. Nótese el adjetivo ‘formalmente’. En realidad, la independencia legal, con su Estado propio, su soberanía constitucional, sus fuerzas armadas, etc., oscurecía un nuevo sistema de dependencia, político y, sobre todo, económico, el denominado ‘neocolonialismo’. Consiste en una nueva forma de relación con la antigua metrópoli, en virtud de la cual los países coloniales, 'independizados', pasan a ser neocoloniales; a diferencia de su predecesor, el país neocolonial es independiente en la teoría, pero en la aún mantiene fuertes relaciones de subordinación con el Estado del que se independizó. Por supuesto, esa autonomía relativa depende el propio proceso de descolonización. Si conlleva una guerra de liberación victoriosa la subordinación es menor o inexistente; cuando se hace de manera negociada y la metrópolis conserva agentes entre las burguesías colonial y la suficiente inteligencia política como para ceder en lo accesorio y en lo más aparente, el nuevo país establece intercambios comerciales, desiguales, por supuesto con ellos, aloja empresas con capital metropolitano y, en el campo político, se ubica en su ‘zona de influencia’. Un buen ejemplo de esta descolonización ‘inteligente’ es la que condujo a la Commonwealth del Imperio británico (NOTA 2). Aun en el caso de independencia mediante conflicto armado, las burquesías neocoloniales conserva una relación especia, y con frecuencia subalterna, con las burguesías metropolitanas.

Con esta patita colonial/neocolonial, los países desarrollados de occidente pueden permitirse el lujo de financiar, sin crisis, la Edad de Oro capitalista, esos Estados del Bienestar necesarios para asegurar la paz social, acumular capital y legitimar los regímenes demoliberales. El quid de la cuestión, lo que permite conservar unas tasas de ganancia adecuadas para reproducir la inversión y proporcionar dinero para que los Estados del oeste europeo, anglosajones y del extremo oriente (Japón) construyan infraestructuras, proporcionen servicios de educación y sanidad a las mayorías sociales, propicien unas bajas tasas de desempleo y una capacidad adquisitiva general al alza -la cuadratura del círculo, vaya-, ese desarrollo virtuoso procede del … subdesarrollo de los eufemísticamente llamados paises en vías de desarrollo. Pero no coló, no durante mucho tiempo. 

Entre otros,  los teóricos latinoamericanos de la Escuela de la dependencia, constituida en torno a la CELAC (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), un organismo vinculado a la ONU, mostraron que, si tiene sentido hablar de desarrollo al referirse al tercer mundo, mejor insertarlo en “desarrollo del subdesarrollo’ (André Gunder Frank) , e ‘intercambio desigual’, (Arghiri Emmanuel). Es decir, que el desarrollo de la metrópolis se conseguía a base de impedir el desarrollo de las colonias. Materias primas, alimenticias y energéticas muy baratas, mercados para productos industriales de países del primer mundo. A lo largo de este periodo, muchos paises del tercer mundo comprendieron estas estructuras de desigualdad y, bien se independizaron sin pasar al estado neocolonial, bien fueron rompiendo y emprendiendo alianzas para salir de su condición neocolonial. Así surió, en la conferencia de Bandung, 1955, el Movimiento de Países No Alineados (MPNA), un intento de apartarse de la bipolaridad de la Guerra Fría y rafirmarse económica y políticamente frente a USA y la URSS. Aunque con el tiempo ha ido perdiendo presencia y operatividad, en aquel momento, años 1960s, si constituyó un factor importante en la arena internacional y contribuyó de manera relevante en la crisis del módelo que la había configurado en esos 'maravillosols' veintitantos años. 

En el siguiente post tratare de describir esa crisis, explicar sus determinaciones y caracterizar el mundo que salió de ella.

 

 

NOTA 1.

Los dos tipos de colonias más usuales son las de población o asentamiento, y las de explotación. En las colonizaciones de asentamiento, personas, familias, de clase media o baja, salen de la metrópoli hacia el territorio más o menos conquistados, la colonia. ; allí, se establecen, ocupando tierras y convirtiéndose en colonos. Dado que muchos de esos territorios están poblados por nativos, que no están dispuestos a que les roben sus tierras o a ser esclavizados por los colonos, se hace preciso, en colaboración con los destacamentos de  de la metrópolis allí afincados, proceder a una limpieza étnica que suele derivar en genocidio.Tampoco es algo grave, primero se los deshumaniza y, a continuación, se los asesina; como si fuese caza mayor. El colonialismo de explotación, del que son ejemplo, la colonización de la India por los ingleses y, en plan muy salvaje, o sea, más todavía (léase a Conrad), las del Congo belga, consiste en aprovechar a la población nativa bien sea esclavizándola y extrayendo las riquezas naturales, bien tiranizándola y exprimiendo su aparato productivo previo; lo que no excluye las matanzas masivas, se trata de dejar solo gente que produzca. La migración desde la metrópoli, en este caso, es más bien pequeña, militares y altos puestos de la administración, que dirigen los procesos de pillaje. Por supuesto, hay subtipos y tipos híbridos, cada colonización exige un examen individual.

 

NOTA 2.

Durante el tiempo comprendido entre los siglos XVI y XIX se desarrolló en el mundo occidental un fenómeno específico, el Imperialismo. Sin duda, imperios han existido desde hace miles de años, el babilonio, el chino, el persa, el romano y un larguísimo etcétera, pero cuando en estas líneas se habla de Imperialismo se alude a los imperios que se fueron forjando a lo largo del periodo mencionado y que se basó en el desenvolvimiento del capital, primero comercial y extractivo y ya en el XVIII, industrial. Fenómeno asociado a la evolución desde sociedades señoriales o absolutistas hasta sociedades eminentemente capitalistas, donde la relación que hemos visto entre la metrópoli precapitalista, o ya capitalista, y las colonias juega un rol fundamental. El imperialismo es un mundo en que los distintos imperios compiten entre sí, porque el mundo es finito, y todos quieren todo, o más que los otros. Por eso, la estructura geopolítica mundial de los últimos siglos siempre ha contemplado una Potencia preponderante, el hegemon y varias metrópolis secundarias, declinantes o en un ascenso que amenaza al hegemon. Así en primer lugar fueron hegemónicos los Paises Bajos, que pronto cedieron ante España/Portugal, para ser sustituidos a partir del XVII por Gran Bretaña, que, rivalizando con Francia o Alemania, conservó su carácter de primera potencia hasta la IGM. Desde la IIGM, y compartiéndolo en parte con el imperio soviético, de muy breve duración histórica, ya sabemos quién es, y sigue siendo, aunque en una profunda decadencia, el hegemón.


martes, 31 de marzo de 2026

 

  • Escribir sobre la guerra de Irán no tiene sentido en estos momentos hasta que los hechos se decanten. El acuerdo, hoy, es imposible; los 15 puntos de USA no pueden ser aceptados por los iraníes, no es más que un farol de Trump, que aun confía en que los ayatolahs se achanten ante la acumulación de fuerzas terrestres norteamericanas a pocos kilómetros de territorio persa. Tampoco es ahora realista la insinuada contraoferta de Irán. Creo que, aunque no descarte un bandazo que modifique la situación, todos se va a dirimir en los próximos días. Si USA ataca, del resultado de los ataques.
  • Al gobierno norteamericano sólo le vale un éxito total: grandes conquistas con mínimas, muy mínimas, bajas. En caso contrario, los días de Trump en la presidencia, estarán contados. Por otro lado, si no hay invasión terrestre, USA, con Israel, pueden someter a Irán a un bombardeo enormemente destructivo, pero es difícil que el gobierno iraní capitule y, entonces, Trump se echaría encima a la opinión pública, interna y externa. Queda la posibilidad de que Trump siga ganando tiempo -¿para qué?- y manteniendo lo que hace estos días; complicado porque los embustes ya se le acaban y las presiones, sobre todo las de los que pueden presionar con eficacia, los grandes magnates y corporaciones, en especial, los relacionados con el petróleo y su precio. 
  • Israel es ambivalente, opta por la destrucción total de Irán, y, al tiempo, para que siga la guerra ad infinitum, al fin y al cabo es el mejor escenario para Netanyahu y lo ampara en su agresión al Líbano. Irán, por su parte, no se va a rendir; queda por saber la operatividad de sus defensas terrestres, tiene muchos más soldados que USA en la zona y,  si no es un farol , le quedan misiles y drones más que suficientes como para arrasar Oriente medio, Israel incluido, ahora que ya van quedando muy pocas defensas antimisil/dron en la zona.


lunes, 30 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 9


En efecto, todo parecía ir correctamente. Europa se recuperaba de la IIGM, Alemania (RFA), emprendía el ‘milagro económico’ que recompondría su anterior poderío industrial y se convertiría en la locomotora económica de la Europa capitalista. Con esa misma  intención, USA propició en 1951 la creación de la CECA, la Comunidad Europa del Carbon y el Acero, una zona de libre comercio entre RFA, Francia, Bélgica, Luxemburgo, y los Países Bajos, que, además de su importante función, tenía un carácter simbólico enorme, ya que, agrupando en una misma organización y con objetivos comunes a los dos grandes enemigos y vecinos de las dos guerras mundiales, Francia y Alemania, se conjuraba el fantasma de una tercera guerra europea. La CECA fue una precursora de la actual Unión Europea, contribuyó a instaurar en 1957 la Comunidad Económica Europea (CEE) y se fusionó con ella en 1965. Una CEE que se reconvirtió a finales de siglo en la actual UE.

Tanto el apoyo económico a una Alemania industrializada y exportadora como la fundación de la CECA se insertaban, pues, en el diseño americano de una Europa con hegemonía económica alemana y hegemonía política norteamericana; se constituía un aliado fiel en la Guerra Fria, a través de la OTAN y de la presencia de bases americanas en territorios de Europa occidental (con la excepción de la Francia de De Gaulle). No está de más recordar, ahora que a muchos se les llena la lengua con la Europa unida, que, desde los inicios de la unidad europea USA está detrás, y siempre con esa gorrita, real o virtual, en que pone ‘America First’.

Para fortalecer la sumisión política de la Europa Occidental, USA se valió de la demonización del comunismo y de allí donde se hubiera implantado, asegurándose de que todos los países europeos tuviesen gobiernos anticomunistas. USA intervino abiertamente en la Guerra Civil griega apoyando a las fuerzas monárquicas hasta lograr la derrota de los comunistas (que habían constituido, con mucho, la principal fuerza de la resistencia antifascista durante la IIGM). Les importó un comino a Truman o Eisenhower que la Portugal de Salazar y la España de Franco fuesen dictaduras filofascistas, lo relevante era su anticomunismo militante; con eso bastaba para considerarlos aliados. En Italia, la Democracia Cristiana conformó siempre el gobierno y aceptó, al igual que lo hizo Togliatti, secretario general del PCI, que nunca se estableciese un gobierno de concentración CD-PCI, por mucho peso que tuviesen los estalinistas y por muy moderados que fuesen. USA permitió gobiernos socialdemócratas y siempre que abjuraran de cualquier veleidad socialista y condenaran a la URSS. En la RFA donde el SPD aún conservaba una pequeña influencia de su pasado transformador, Willy Brandt y sus chicos hubieron de abjurar públicamente, en ese acto inquisitorial que fue el Congreso de Bad Godesberg, (1959), del marxismo y la lucha de clases, y abrazar la ‘economía social de mercado’ o sea el capitalismo ‘bueno’ (años despues, en 1979, el PSOE de Felipe Gonzalez vendría a hacer lo mismo).

Todo ello en una Europa que miraba a la izquierda, donde la derrota fascismo alemán e italiano había supuesto una terrible destrucción, la sangría de millones de personas, en gran medida, jóvenes de clase trabajadora, donde se glorificaba el peso, bélico, pero sobre todo simbólico, de la resistencia en los países ocupados y en la Italia fascista, una resistencia en que los comunistas partidarios de la URSS era preponderante. USA tuvo que hacer un enorme acopio de dinero, de habilidad para retorcer la narrativa izquierdista y activar los sentimientos europeos de gratitud por la colaboración decisiva del ejército americano en el resultado de la contienda (desde el inicio de la Guerra Fría hasta la actualidad, USA ha ninguneado el rol de la Unión Soviética; USA fue quien venció a Hitler, no la batalla de Stalingrado, el hito que marcó el desmoronamiento de la Wehrmacht, muchísimo más importante que, por ejemplo, el desembarco en Normandía).

Los yanquis y sus aliados capitalistas europeos debían crear un clima que arrinconase el aura simbólica del antifascismo, siempre asociado por las poblaciones a izquierdismo, a igualitarismo. Máxime cuando, para muchos trabajadores del occidente capitalista, la URSS era casi un paraíso, la encarnación de un sistema, el socialista, que había acabado con la explotación de los trabajadores, donde todos eran iguales; un mundo, pues, hacia el que avanzar sustituyendo al vigente. Se hacía necesaria, además de la propaganda masiva que imponía valores y relatos, una integración material de la mayoría social en las sociedades capitalistas, que, como mínimo, considerase el demoliberalismo como el menos malo de los sistemas posibles. En consecuencia, ya fuesen gobiernos liberales, democristianos o socialdemócratas promovieron medidas sociales de todo tipo que fueron dando lugar a lo que se llamó ‘Estado del Bienestar’, un consumismo generalizado unido a una capacidad de compra que lo satisficiera aceptablemente y unas necesidades básicas cubiertas por el Estado.