viernes, 6 de marzo de 2026

 


Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 7


La IIGM había creado un nuevo hegemon del mundo capitalista occidental que sustituía a la Gran Bretaña anterior a la IGM -el periodo de entreguerras ya se ha visto que fue caótico, se limitó a preparar el reemplazo de la gran potencia imperial sin llegar a consumarlo-, mientras que simultáneamente se consolidaba un segundo hegemon, la URSS, en el llamado bloque socialista. Era tarea de las dos grandes potencias organizar geopolíticamente el planeta y, en la capitalista, de USA establecer la estructura económica (dejaré a un lado la parte socialista que, se disolvió aún más rápidamente de lo que se formó).

He hablado de Yalta, Postdam y el reparto del mundo en dos áreas de influencia, cada una de ellas con su gran potencia, y sus potencias intermedias, todavíacolonizadoras de los países, estructuralmente, pobres. Resultó que, más pronto que tarde, en los años 1947-49, esas dos grandes potencias, y su parte correspondiente de mundo, se hallaban enfrentadas en un conflicto antagónico, la Guerra Fría, que no llegó a más por la capacidad disuasoria del poder nuclear de que ambos disponían. Se abría, entones, una nueva era geostratégica en la que la política y la economía se fundían. 

Y, breve excurso, hay que girar la mirada hacia el elefante en la habitación: la Economía es una abstracción académica, como lo es la Política. Solo existen las sociedades en las que puede distinguirse, repito, sólo en una fase del análisis, lo político de lo económico; aspectos siempre tan interrelacionados que hacen de esa distinción solo un momento de la teoría social. Tanto es así que la disciplina que comenzó estudiando esas actividades y relaciones fue llamada por los economistas clásicos, Smith, Ricardo, el propio Marx, 'Economía Política', y sólo al surgir la economía neoclásica, a finales del XIX, se quitó lo de 'política’, en medio del positivismo de la época y las pretensiones de unos ya prestigiados economistas, Marshall et al, que identificaban economía y capitalismo, de que su disciplina fuera considerada una ciencia objetiva, natural, nada que ver con los vicisitudes y mutaciones de la política. 

Y economía política fue lo que hizo USA, logrando que la política -su poder sobre medio mundo- consolidara una economía que, a su vez, sostenía la dominación política, y eludía los inconvenientes generados por la política económica de Bretton Woods que, a su vez, era consecuencia de esa dominación. La Guerra Fría exigía una diaposición en red con un punto central  y dominante que fortaleciese las potencias intermedias del área capitalista y los paises netamente subalterno. Y al mismo tiempo, superar las contradicciones que suponía poner en marcha el mandato de la Conferencia de Bretton Woods. 

 Las medidas que adoptaron tanto la administración demócrata de Truman, como la republicana de Eisenhower fueron muy lúcidas … mientras pudieron mantenerse.  En primer lugar, el tan reiterado superávit comercial de USA. Con la ingente cantidad de dólares que recibía del resto del mundo, USA emprendió el Plan Marshall (nada qué ver con el economista de arriba, aquel se llamaba Alfred y éste, George, el de los taanques). En líneas generales, este plan fue adoptado por USA para permitir la recuperación económica de Europa, principal perjudicada por la devastación de la Guerra, con fuertes subvenciones En principio, Alemania quedo descartada, y, de hecho, durante algún tiempo, ya con la guerra próxima a concluir, se asumió el Plan Morguenthau que contemplaba desindustrializar por completo Alemania, dejarla convertida en un territorio agrícola para impedir definitivamente un nuevo rearme germano que propiciara la IIIGM. USA estaba muy escaldada de su ‘generosidad’ posterior a IGM. 

No voy a detallar las polémicas que desató ese plan, así como otros designios alternativos para la futura Alemania. El factor que determino finalmente el Plan Marshall fue el inicio de la Guerra Fría, a lo que se puede añadir la actitud prepotente, ya citada, de Gran Bretaña. El Plan Marshall no sólo incluyó a Alemania, sino que USA la insertó con un papel fundamental en el diseño del nuevo orden internacional capitalista enfrentado al soviético. Ese nuevo orden estaba presidido, claro, por USA que, en el ámbito político-militar, creó la OTAN  NOTA.y en económico asumió la preponderancia que le otorgó Bretton Woods. Este orden le sirvió a USA, entre otras cosas, para soslayar el dilema de Triffin arriba descrito. La arquitectura construida consistió en hacer de Alemania, y poco después, de Japón los lugartenientes económicos de USA.

Aunque nunca se explicitó, esa decisión levantó esquirlas, sobre todo la idea de convertir Alemania, de nuevo, en el gran gigante industrial de Europa, su ‘locomotora’, irritó profundamente a Francia y Gran Bretaña, que se vieron obligados a tragar. Quien manda, manda. No se trataba de ningún capricho de los yanquis, todo lo contrario. En Alemania y en Japón se daban dos condiciones únicas que los hacían muy apetitosos para la ‘Pax Americana’. En primer lugar, eran las dos grandes potencias derrotadas, por lo que USA tenía un control casi absoluto sobre ellas, incluso después de finalizar su ocupación y constituirse en Estados ‘independientes -Alemania en 1949 y Japón en 1952-. Y, aunque, sobre todo en el caso alemán, la guerra la hubiera destruido en buena parte, ambas poseían una infraestructura industrial, y, especialmente, una fuerza de trabajo muy cualificada y disciplinada, ingenieros y científicos en condiciones de dominar las nuevas tecnologías que había propiciado la investigación bélica. Se puede decir que antes de lla IIGM, USA, Alemania y Japón eran las tres grandes potencias industriales. Y así iba a ser hasta finales del siglo XX (no incluyo al bloque socialista, aunque, creo, podría hacerlo). 

Se planteaba, pues, una disposición en uve de tres potencias productivas con USA en el vértice y Japón y Alemania en los extremos. Alemania proveería a Europa y Japón al mercado del Pacífico Este y, especialmente, a China (aunque esta parte del plan fracasó, por la victoria de Mao y la constitución en 1949 de la República Popular China, y la Guerra de Corea en 1950, que alejó durante años a China de USA, hasta que llegó Nixon y su ‘diplomacia del ping pong’). USA decidiría lo que se producía en esos tres polos priorizando siempre sus intereses.

NOTA.

 La OTAN, además de ser un anagrama de NOTA- se creó con unas características muy claras. USA les decía a sus miembros (más o menos lo que la URSS a los del Pacto de Varsovia, en 1955): vosotrs dedicaos sobre todo a recomponer vuestra economía, que nosotros, con nuesta US Army y nuestro poder nuclear nos encargamos de protegeros de posibles agresiones soviéticas. A cambio de que nos deis carta libre en el las decisiones slolbre el orden político internacional, y que vuestros ejércitos queden suordinados al nuestro.  Como en él es habitual, Trump ha hecho añicos ese pacto fáctico no escrito. Tiene razón cuando dice que USA, tanto en el plano militar como en el económico, ha sostenido a la OTAN muy por encima de lo que le correspondía en términos de PIB o poblacion. Pero, ¡es que de eso se trataba! Lo que sucede es que Trump ha visto, con su brutalidad habitual, lo que otros no veían (o no quería ver, que diría Carney), que Europa, la UE, los grandes países ya son meros lacayos de USA, que USA ya no necesita protegerlos para poder seguir ejerciendo el poder sobre ellos, y que si quieren protección --véase el caso de Ucrania-  que la cubran únicamente ellos potenciando sus ejércitos (con armamento comprado a USA).  Y, ya puestos, que paguen más a la OTAN, ese 5% del PIB.         
        

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Salto los asteríscos y enlazo el estudio histórico de arriba con la sangrienta actualidad. 
Declaraciones de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, hace unas horas:" La OTAN está ahí para protegernos colectivamente contra cualquier adversario, ya sea Rusia o cualquier otro, o el terrorismo. Pero también es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder en el escenario mundial". Todo vale para adular a Trump; hasta la verdad, 

Toca escribir sobre la guerra de Irán. Se ha hablado tanto de ella que parece que está todo dicho, y no quiero repetir lo ya opinado. No obstante, me adhiero a algún análisis, siempre situándolo en mi visión del periodo histórico.

Como se le escapó hace unos días a Marco Rubio, la decisión de atacar a Irán fue tomada por Israel y USA se vio obligada a participar en el ataque. No debe sorprender a nadie este hecho, por una razón muy sencilla, Israel sabe lo que hace y USA, no.

Israel es cada vez más, una vez superadas las fantasías socialdemócratas (y no por ello menos colonialistas) de sus primeros años de predominio del partido laborista, un estado fundamentalista para el que la Biblia es su constitución. Hoy por hoy, donde la hegemonía cultural la produce el Likud de Netanyahu en coalición con partidos clericales de extrema derecha, la apuesta estratégica es consolidar el Estado étnico judío y extenderlo a sus límites bíblicos: el gran Israel. Que viene a ser como la clásica consigna palestina, ‘desde el rio hasta el mar’, con la diferencia de que aquí el rio no es el Jordán, es el Éufrates.

Aceptando esto, la posición de Israel es coherente. Sabiéndose el ejército más poderoso, con diferencia, del Oriente Medio y Próximonada,, y consciente de que tiene agarrado a USA por el AIPAC (lobby sionista en USA, financiador del 80% de los políticos americanos), quiere plasmar esa supremacía controlando toda la zona, lo que implica deshacerse de los países que les puedan, en el terreno militar, hacer sombra. La contradicción con ellos es claramente antagónica: deben ser borrados del mapa. Esos países son Irán y en un futuro no tan remoto, pero del que aun no puede decirse  Turquía. Cumplida la devastación de la zona, ya estarían en condiciones de construir ese Gran Israel bíblico.

Israel es consciente -no lo digo yo, lo dice Netanyahu- que estos tiempos le ofrecen una ventana de oportunidad privilegiada, debido, creo, a que la subordinación acrítica de USA, es decir el poder del lobby sionista, es mayor que nunca. Sucedió con Biden y ahora con Trump. Una vez desbaratada la Siria de Al-Asad, segundo polo del ‘Eje de Resistencia’ antisraelí, quedaba ya sólo la propia Irán; el objetivo es ahora destruir Irán. No cambiar a los dirigentes, ni siquiera imponer un régimen no teocrático, el objetivo es destruirla, convertirla en algo así como Siria o Líbano: un Estado fallido, incluso varios Estados fallidos con el territorio iraní troceado en medio de guerras intestinas con los curdos, los sunnitas, etc.. Empeño éste, me parece, muy improbable, pero, en cualquier caso, no imposible con la ayuda de USA y las muy acojonadas monarquías o emiratos arábigos. Y, si no lo consiguen, los sionistas no perderán más que unos cuantos aviones y soldados. O eso es lo que piensan.

Si la posición de Israel es clara y coherente, la de USA es justamente la opuesta. La intervención protagónica de su ejército es todo lo contrario de los que han dicho los grandes teóricos de la guerra. No saben para qué la hacen, carecen de un objetivo estratégico. Si atendemos al contencioso de USA con Irán en las últimas décadas, se trataba de impedir que ésta construyese una bomba atómica. Irán siempre lo negó y llegó a un pacto con Obama que comprometía a Irán a no desarrollar armamento nuclear. Pero, como dije y a instancias de Israel, Biden apretó las tuercas, permitiendo todo tipo de guerra sucia, y, finalmente, Trump concluyó el acoso. Primero, añadiendo a la tradicional demanda de desnuclearizar Irán, otras dos, que las Fuerzas armadas iraníes (ejército y Guardianes de la Revolución) renunciaran a sus misiles y que el gobierno se comprometiera a no financiar a Hezbolah, Hamas o los hutíes de Yemen. Condiciones que, claramente, a las que Irán se iba a negar. La primera, la de siempre, era factible, pero insuficiente para Israel. Quizá USA introdujo las dos nuevas para impedir la iniciativa de Israel a la que se veía arrastrado. En el caso muy poco probable de que Witkoff y el yerno ejemplar consiguiesen la aceptación iraní, lo que supondría una rendición absoluta, Israel se quedaría sin justificación para atacar.

Y es que USA no quería esta guerra. Trump se ha mostrado más volátil e inconsistente que nunca (lo que ya es decir), tratando de argumentar, unos días decía que no quería cambiar el régimen, otros que sí, otros insinuaba que pretendía una solución a la venezolana, pero que sus bombardeos habían asesinado a aquellos que la CIA consideraba candidatos a Delsy Rodríguez en barbudo. Sabía que, en el campo electoral, esto le iba a hacer mucho daño, teniendo en cuenta que el MAGA fetén, no el de los Rubio o los Musk, es aislacionista, claramente opuesto a unas guerras exteriores que ni les van ni les vienen en países cuya existencia desconocía. Europa también estaba en contra, eso sí., a priori, porque tras los primeros bombardeos, la sumisión lameculista se impuso de nuevo.

En definitiva, Israel decidió cuando, como y para que iniciar la guerra y USA se vio obligado por Israel a participar en ella. Cuando quiso Israel y sin saber cómo ni para que. Es normal. Israel tiene mucho que ganar y poco que perder. USA, y más particularmente la USA de Trump, tiene muy poco que ganar y muchísimo que perder.


PS. Es tan patente que USA está en manos de Israel, en lo que respecta a Oriente Próximo/Medio, que ya hay por ahí corriendo un relato conspiranoico según el cual lo que esta sujcediendo se debe a que Netanyahu tiene abundante material suministrado por Epstein al Mossad (al que pertenecía), suficiente para hundir definitivamente a Trump y a su memoria. Servidora, por supuesto, sigue apegada a lo dicho arriba sobre el peso sionista en la administración yanki. Supongo que algunas teorías conspiranoicas serán ciertas, históricamente, a no ser que se trate de deliriios psicóticos como aquello del pizzagate, no tienen por qué serlo. Pero mientras no se demuestren, no valen para nada. 




lunes, 2 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 6


Bretton Woods. 4

Decíamos que implementar las medidas de la Conferencia de Bretton Woods no fue sencillo, sobre todo por lo que después se conoció como Dilema de Triffin, que ya había sido adelantado antes por Keynes; él conocía muy bien los problemas que había tenido Gran Bretaña hasta antes de la IGM para, en su calidad, entonces, de primera potencia mundial, imponer el uso de la libra. 

Desde prácticamente todo el siglo XX, USA había sido el único país exportador (junto a Suiza) debido, sobre todo, a su pujanza industrial; el resto de países capitalistas eran importadores, en relación con USA (podían ser un país exportador respecto al mundo en general, pero tener un saldo comercial negativo con USA). Así, los demás países importaban bienes y servicios a USA y la pagaban en dólares. Para ello un paso previo era comprar dólares con su moneda propia, lo que aumentaba la demanda global de dólares. Con un sistema de flotación, basado en la oferta/demanda de las monedas, esa sobredemanda de dólares causa un aumento relativo del valor del dólar, una revaluación. 

Como se vio en el post anterior, cuando la moneda propia se revalúa, sale más barato importar y a los países a los que se exporta les sale más caro pagar lo importado a este. Se inicia, entonces, un proceso en el que ese primer país se hace menos exportador y más importador, reequilibrándose su balanza comercial. Durante el periodo de entreguerras y la IIGM a USA no le fue mal con el superávit comercial, entre otras cosas porque tenía, en pleno New Deal, una fuerte demanda interna. El dólar comenzaba a ser un de las principales divisas comerciales, pero siempre de hecho, no de derecho; no tenía ningún compromiso y se limitaba a florar a su gusto, emitiendo o retirando dólares del mercado.

Pero acabó la guerra y se inició la puesta en marcha del nuevo sistema de moneda y comercio internacional diseñados en Bretton Wood. Aparecieron los primeros problemas, porque la potencia hegemónica, con la divisa universal, USA, que se había adjudicado el papel de divisa universal y obligado a someter una paridad fija con el oro, seguía siendo exportadora, aumentando así su superávit en la balanza comercial. En USA entraban muchos más dólares de los que salían, y ello producía un serio inconveniente. El dólar se revaluaba en el mercado de divisas. El Tesoro de USA habría podido comprar oro, y, de hecho, lo hizo, pero no lo suficiente: cuando, al inicio del nuevo sistema monetario internacional, se reajustó la base monetaria de USA en función del oro asociado, las arcas de Fort Knox ya almacenaban el 80% del oro mundial (sin esa circunstancia, en Bretton Woods no se habrían podido tomar las decisiones que se tomaron), de manera que quedaba muy poco oro en manos del resto del mundo y era difícilmente accesible. En esas condiciones de conversión fija emitir moneda era hacer trampa. Se hizo, claro, pero con alevosía y nocturnidad.

Por otro lado, el comercio exteruior y la reserva de divisas se hacía ahora en dólares. Pero si el flujo neto de éstos era USA, si el resto del mundo tenía cada vez menos divisa mundial/a mericana, ¿cómo se podría exportar el excedente interno y carencia externa de dólares? Vemos, entonces, la expresión real del del arriba citado dilema planteado por el economista belga-americano Robert Triffin en los años 1960s (a toro pasado). 

Este dilema establece que un país cuya moneda es hegemónica en la economía mundial, debe, por un lado, proporcionar esa moneda al resto de los países para que estos -el Estado y la sociedad civil- las usen en sus transacciones comerciales internacionales o las atesoren en depósitos o en deuda nominada en dólares. Ello exigía un déficit comercial, que saliese moneda del país, no que entrase. El otro requisito es que esa divisa global mantenga estable su valor, desde luego, que no se devalúe, pues en caso contrario, ningún país confiaría en ella y no podría cumplir su cometido. Tal cosa se produce cuando el país en cuestión presenta superávits comerciales. Triffin afirmaba que ambas circunstancias no podían darse simultáneamente; en efecto es imposible que un país sea, al tiempo, superavitario y deficitario. 

Durante el periodo 1945-50 USA tuvo un saldo comercial positivo. Según el dilema, eso no le permitía a medio plazo seguir las directrices emanadas de Bretton Woods, en lo que se refiere a suministrar moneda al resto del mundo. USA lo resolvió razonablemente bien en el seno del nuevo panorama mundial. El de la Doctrina Truman de Guerra Fría contra la URSS y su área de influencia y el plan Marshall, para 'rearmar, la propia.


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Cada día se confirma que algunos de los planteamientos de la crítica posmoderna a la cultura reinante se cumplieron. El más conocido es ese que señala ’el fin de los grandes relatos’; fin no en el sentido de que ya no se elaboren, sino en el de que nadie cree en ellos. Expresado desde otra perspectiva, si antes había, respecto a ellos’, un 80% de crédulos y un 20% de cínicos, ahora hay un 20% de crédulos y un 80% de cínicos. Los grandes relatos, aquellos que justifican un determinado orden de cosas funcional a los intereses de una mayoría, o una minoría, de un sector con poder suficiente para fijar un estado de dominación, o de otros sectores antagónicos aspirantes a derrocar al primero e imponer sus propios intereses, siguen vigentes, pero muy debilitados para la mayoría de la gente, que se aferra a ellos por variadas pasiones tristes, no por convicción. 

 Viene a cuento este rollete por la destrucción del relato aún vigente en parte sobre el 'orden internacional basado en reglas' que se inserta en la ideología dominante posterior a la II Guerra Mundia y se reafirma tras la caída del imperio soviético. Mark Carney, primer ministro de Canadá, habló de ello, del orden viejo y el que viene, en el discurso más citado del reciente Foro de Davos. Afirma Carney: “vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias, el orden basado en normas se está desvaneciendo, los fuertes pueden hacer lo que pueden y los débiles deben sufrir lo que deben.”

Y evoca con nostalgia: “Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Y gracias a ello, pudimos aplicar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.”

Para concluir con un insólito acto de sinceridad: “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía y que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil”.

Traduciendo, los de arriba sabíamos que ese orden era útil para nosotros, los de abajo, se entiende que a consecuencia de la manipulación cultural, creían en él, como pueden creer en la democracia liberal, porque es lo que debe creerse. Finalmente, todos colaborábamos en materializarlo. Había un gran relato sobre el tema; está dejando de haberlo.

¿Por qué ese ‘orden basado en reglas era bueno? En primer lugar, porque era un orden, ofrecía una estabilidad en las relaciones entre países, que siempre es algo positivo para los que mandan. En segundo lugar, porque estaba basado en reglas -instituciones, reglamentos, declaraciones- supuestamente iguales para todos, lo que implicaba la adhesión al sistema hasta de los países más pobres. Y, en tercer lugar, como devela Carney, porque las relaciones de fuerzas quedaban ocultas, se dirimían en la negociación bajo la forma de una interpretación de las reglas que siempre beneficiaba a los más poderosos, sin guerras y sin que se notase mucho. Eso permitía hablar de un marco multilateral, un marco en que las potencias intermedias, como Canadá, no se veían aplastados por las superpotencias. 

Todo eso se ha acabado. Trump ha roto la baraja y ha desvelado lo que ya sabían, Schmit o Lenin.  No aquello de Clausewitz de que ‘la guerra es la continuación de la política’, sino el foucaultiano ‘la política es la continuación de la guerra’. Es la guerra quien organiza la política, no al revés. Y la guerra la gana quien tiene un ejército más poderoso.

Sin embargo, en lo anterior se da un muy serio problema, que aqueja a Trump, por supuesto, y a algunos de sus principales asesores; estoy pensando principalmente en Stephen Miller, un nazi. Sin más. Ese problema e es la carencia absoluta de lo que Pascal llamaría l’esprit de finesse, el espíritu de fineza. Trump, Miller -no incluyo a Hedgseth, Noemi o Rubio porque no llegan ni a eso- quizá crean seguir esas teorías, pero interpretan literalmente las palabras, no son más que unos zopencos. Cuando hablamos de guerra, Trump piensa en misiles, en portaaviones y en marines, cuando hablamos de ejército, en la US Army. No, la 'guerra' aquí no se reduce a la violencia armada, sino a todo tipo de conflictos antagónicos -ahora, por ejemplo, se oyen con frecuencia conceptos como ‘guerra hibrida’ o ‘soft war’- que se resuelven directamente por una imposición, y 'ejércitos' son las muy diversas fuerzas -también las militares, claro- que participan en esos enfrentamientos, fuerzas que se alían, que se vuelven rivales, que se fortalecen o se debilitans, etc., y que mue en la historia.

Trump, ante cualquier discordia con otro país sólo contempla que su  ejército es más poderoso, así que ataca y pretende resolver la disputa destruyendo al rival. Siempre en el corto plazo. Es como un jugador de ajedrez incapaz de pensar más allá de la siguiente jugada. Si bombardeando no consigo mi objetivo, incluso se me complica más la situación, bombardeo más, piensa. Y esto es lo que parece estar sucediendo con la agresión USA-israelí a Irán (en lo que respecta a Trump, no a Netanyahu, que es mucho más inteligente). En el próximo post, ya se habrán, probablemente, clarificado algunas cosas y me centrare en este asunto.

PS. Con todo el horror que me suscita la vesania asesina del tándem USA-Israel, queda superado por el dolor de contemplar una sociedad civil occidental muerta. Cuando el ataque angloamericano a Irak -siempre USA y su perrillo faldero laborista, Blair o Starmer, qué más da- salieron a la calle millones de personas. En los últimos años, la masacre israelí en Gaza produjo importantes movilizaciones, sí, pero nunca más allá de un 3 o 4% de la población, cuando la atrocidad del genocidio, con su goteo cotidiano de imágenes terribles que acompañaba a las tostadas matutinas. En otros tiempos, habría protestado airadamente la mitad de las poblaciones. Y, ¿ahora? ¿Dónde está el no a la guerra? Deseo equivocarme por completo, pero tengo la impresión de que, además de la conmoción, este nuevo ataque que apunta a algo mucho más trágico, solo encontrara en las poblaciones miedo, fatalismo y una absoluta carencia de moral. Como diría un economista tipo Hayek, ‘nos tenemos merecido’ lo que se cierne sobre todos nosotros.



jueves, 26 de febrero de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 5


Bretton Woods. 3

Los británicos se resistieron a ceder su antiguan condición hegemónica, aunque aceptasen compartida con USA. Empeño inútil. Los estadounidenses sabían, y la conferencia de Bretton Woods lo puesto de manifiesto, que les correspondía a ellos el poder primordial, que se plasmó en la imposición de las resoluciones de la Conferencia y en su posterior realización. Junto con el reparto del mundo llevado a cabo con Stalin, USA pasa a ser la potencia dominante en el mundo occidental capitalista, que queda subordinado a sus designios en todos los ámbitos sociales. Francia mantuvo un poco el tipo gracias al antinorteamericanismo de cara a la galería de los De Gaulle y epígonos. Lo de Gran Bretaña fue una continua humillación que llega a nuestros días, con y sin Brexit, con tories y con laboristas, con Thatcher y con Starmer. La propaganda USA, exportada y constituida ya como un elemento fundamental de su dominación mundial, no se cortó a la hora de que se iniciaba una situación de ‘pax americana’ que sustituía a la ‘pax britannica’.

Los puntos básicos sancionados por el ‘acuerdo’ de Bretton Woods fueron:

- Mantenimiento del patrón oro, pero con la mediación universal del dólar, de manera que éste pasaba a ser la moneda de referencia para el comercio internacional, y la reserva de valor en los diferentes bancos centrales; es decir, el dólar era el dinero mundial.

-  El dólar mantendría, siempre, una paridad con el oro. Cada onza de oro correspondía a 35 dólares. El Tesoro se comprometía a entregar una onza de oro a cualquiera por 35 dólares.

- El tipo de cambio entre el dólar y cualquier otra moneda nacional era fijo -a lo sumo podía oscilar un 1%- pero ajustable. Ajustable significa que el valor de esa otra moneda podía modificarse por encima de ese +- 1%, si bien no a discreción, sólo en situaciones de desequilibrios fundamentales, como crisis económica grave, déficits persistentes o problemas estructurales. A la bajada de valor respecto al dólar, se llamaba devaluación, y a la subida, revaluación.

Implementar las medidas de la Conferencia no fue sencillo

Implementar las medidas de la Conferencia no fue sencillo, debido sobre todo a los graves desequilibrios entre países muy importadores y muy exportadores, que ya había vislumbrado Keynes en su propuesta del bancor.  Para comprenderlo, introduciré unas nociones, necesaria para poder seguir, sobre la balanza comercial y los países exportadores e importadores.



Conceptos económicos básicos. 2


Balanza comercial

La Balanza de pagos de un país es un tema largo y complejo; incluye todo tipo de valor económico que entra y sale del país. Cuenta con varios ítems según sea el tipo de valor o el modo de operación involucrada. Me limitaré aquí a uno de esos ítems, la llamada Balanza Comercial que registra las entradas y salidas, en dinero, de bienes materiales: coches, trigo, piezas de máquinas, etc., etc. La balanza comercial es el saldo que resulta de restar, del dinero que nos pagan por la salida de bienes, el que pagamos por comprar bienes del extranjero, o sea ‘exportaciones – importaciones’. Si el saldo es positivo, tiene lugar un superávit de la balanza comercial, si es negativo, la balanza comercial es deficitaria. Si el saldo es cero, la balanza está equilibrada. 

Es necesario añadir que los términos ‘importador/exportador’ se usan, no sólo para indicar un déficit o superávit estable de la Balanza Comercial, sino también el hecho de que un país exportador en el primer sentido dedique una gran parte de su producción, de su producción total, su Producto Interior Bruto (PIB), a exportar bienes. Para diferenciarlo de otros países importadores, llamaré superexportadores a estos últimos. Por ejemplo, China es un país exportador, pero no superexportador, porque dedica gran parte de su PIB a consumo y gasto interno.

Cuando un país es muy exportador, o superexportador, su balanza comercial es superavitaria. Entra más dinero del que sale. Suponiendo que tenga una moneda propia, la demanda de ésta por el resto del mundo -necesaria para sus importaciones- es mayor que la demanda de moneda del resto del mundo por el país -necesaria para las importaciones del país-. Al ser mayor la demanda de esa moneda se revalúa, eleva su valor. Un poco lioso, veámoslo con un ejemplo. Tenemos el país X, con la moneda x y el resto del mundo (RM) que suponemos con una moneda única, el rm. X paga al RM con rm y el RM paga a X con x. Al ser exportador, el dinero en rm que X demanda a cambio de sus x, para pagar al extranjero es menor que el dinero que el resto del mundo demanda por x, a cambio de rm para pagar a X. Por tanto, x se revalúa -más demanda- y rm se devalúa -menos demanda-. La revaluación de la moneda de X da lugar a que el país sea menos exportador -su producto es más caro- y más importador -las mercancías del RM son más baratas-. Y, de hecho, devaluar la moneda propia ha sido siempre un a herramienta para mejorar el saldo de la balanza de pagos, de modo que el país sea menos importador.

Por otro lado, no debe confundirse el déficit o superávit comercial con el fiscal. Un déficit fiscal se produce cuando el Estado de un país gasta más dinero en financiar sus actividades de lo que ingresa vía impuestos. Superávit fiscal, claro, es justamente lo contrario. A veces se habla de déficit primario, la definición anterior excluyendo el dinero que el Estado paga en concepto de intereses de su deuda y déficit total, que los incluye. Con frecuencia, el Estado emite deuda pública, dinero que le prestan otros agentes (bancos, particulares, fondos), para compensar sus déficits. Qué el Estado se vea o no obligado a endeudarse es un asunto complejo controvertido, en el que no voy a entrar.


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Sobre la desclasificación de (algunos) papeles del 23F. Yo ya sabía que se trataba de una nueva maniobra para exculpar al emérito; no o hay que ser muy listo, basta con haber ojeado un acto público de hace unos pocos días en que Javier Cercas, el cocreador del relato oficial para progres del R78, le pedía Pedro a Sánchez, a su vera en el acto, que desclasificara los papeles ante la 'avalancha de bolas' sobre el 23F; léanse ‘bolas’ como 'constancia general cada vez mayor de que aquello fue un intento de autogolpe del rey y sus coleguis franquistas'. Mi única extrañeza era ¿por qué ahora? Rebeca Quintans, experta en la materia y siempre ninguneada por el establishment, me ha proporcionado la lucecita en que no había caído: Juan Carlos se está muriendo y hay que traerlo a España para que muera aquí y se le rindan todos los honores posibles, entierro multitudinario, funeral de Estado, infinidad de editoriales y artículos glosando su figura política, etc. Lo de la corrupción y demás, se olvida; ya se sabe, de mortuis nihil  nisi bene, qué mezquindad, acordarse de ciertas debilidades. 

Para Sánchez, y para sus socios, permitir la vuelta de ese tipejo no es, precisamente, muy popular (votos). Así que, como piensa resistir de presidente año y pico, hay que remitificar a Juan Carlos antes de que la palme. Por lo demás, nada importante que no se supiera, dando por sentado de que, archivadas o no, hay muchas cosas por saber. Si acaso, remachar dos hechos: uno, que Tejero era tonto, por fanático, y dos, que el rey es tonto, por genética.


Si lo de Rufían sabe a poco, el acto de Sumar no sabe a nada. Emilio Degado, el interlocutor de Rufian, debió considerar que no había metido suficientemente la pata unos dias antes, cuando dijo que había que visibilizar a los heterosexuales, no sólo a los raritos, y la metió más todavía en el dichoso acto afirmando que, como vive en un barrio obrero, sus hijos no pueden salir a jugar al patio. Será porque lo moros les roban la pelota. En fin, cosas del rojipardismo anclado a sangre y fuego en la ideología de casi toda nuestra izquierda. Rufi, por su parte nos recordó la ley d'Hondt y que, puesto que lo único que importa ya en la política de la sedicente izquierda es que no llegue el PP, con Vox, al gobierno, lo que hay que hacer es que, en cada provincia, la izquierda del PSOE se unifique en una sola candidatura, algo imposible, o que el resto de las fuerzas de izquierda del PSOE llamen a votar a aquella que se considere será más votada, algo absurdo. Eso sí, los que creen que la división de la izquierda es un capricho de los dirigentes aplauden a Rufián con las orejas. Un brindis al sol a mayor gloria mesetaria de ese catalán tan simpático, tan simpático que no parece catalán. 

El acto de Sumar me parece no ya innecesario, me parece patético. No sabían si cambiaban de lider -Yolanda pasó de ellos-, sabían que iban a cambiar de nombre, como si eso importara, y ni siquiera llevaban ya consensuado una nueva denominación. Y, sobre todo, tenían algo muy claro, que no piensan moverse ni un milímetro en su condición de muleta del PSOE, preferiblemente en el gobierno, y, si no, en el Congreso. Maillo, el de IU, que se autoerigió en columna vertebral del invento, ni siquiera dijo aquello de Anguita: 'programa, programa, programa', que estaba muy bien excepto por el pequeño detalle de que, tras las elecciones, el programa se olvidaba por completo, no fuera a restarle autonomía a los amados líderes. Ni eso; hablaron, creo, de reilusionar y, por supuesto, impedir el avance del fascismo.

Siento ser reiterativo. El pragmatismo -y Rufian-  nos dice que se trata de evitar el triunfo del PP/Vox, y el pragmatismo  -y la ley electoral-nos dice que, visto lo visto, lo mejor es votar al PSOE.


martes, 24 de febrero de 2026

 

Mientras preparo el sigiente post sobre las consecuencias de la conferencia de Bretton Woods, adjunto un editorial de Vicent Partal, director del diario catalán Vilaweb, publicado hace unos pocos días en relación con el caso Epstein. Creo que, sin ser, ni tener por qué serlo, ni ser posiible todavía a la luz del inmenso, y en su mayor parte trivial, materialpublicado, un análisis político en profundidad -ese "Jeffrey Epstein no era un delincuente solitario; ... En realidad, era una infraestructura" llama a hacerlo-, Partal plantea una serie de consideraciones lúcidas y bien escritas, acerca del mundo de hoy (no del mundo today). 


Andrew: ¿príncipe destronado o cortina de humo?

Andrew cae hoy no porque el sistema haya decidido hacer justicia, sino porque el sistema ha decidido que Andrew ya no le hace servicio y que sacrificarlo es menos costoso que protegerlo.

Vicent Partal         19.02.2026 


Hay destinos que parecen escritos por una mano invisible, con esa crueldad precisa que solo sabe imaginar la gran literatura. Andrew Mountbatten-Windsor –que ya no es príncipe, ni “Alteza”, ni nada– fue detenido ayer por la policía inglesa. Ayer, concretamente, que era el día de su cumpleaños. Shakespeare seguramente no se habría atrevido a escribir una escena como ésta.

Pero, detrás de la tragedia personal, existe una tragedia política de una magnitud que todavía no hemos procesado del todo y que no sé cuándo podremos procesar. Ni siquiera si lo podremos hacer. Porque la historia de Andrew no es tan sólo la de un hombre que se ha caído de la cima por su arrogancia o por sus debilidades morales. No: es la historia de un sistema. De una red. De una forma de organizar el poder que durante décadas ha movido medio mundo de la penumbra estando y que la luz de los archivos Epstein ha empezado a iluminar lentamente.

Esto que los documentos americanos han revelado es algo que va mucho más allá de un financiero con tendencias criminales y amistades poderosas. Jeffrey Epstein no era un delincuente solitario; esto sería una manera demasiado fácil de resolver el asunto. En realidad, era una infraestructura. Epstein había construido un sistema de captación y compromiso de las élites occidentales que funcionaba con la lógica precisa del chantaje político: atraer a los poderosos, documentar sus debilidades y convertirlos después en actores útiles o, al menos, en actores silenciosos. Príncipes, políticos, ricos, tecnólogos, embajadores, millonarios, periodistas, líderes de todo tipo pasaron por su organización. Construyendo toda una red transatlántica de deudas y complicidades que tenía como moneda de cambio no el dinero –aquello que formaban parte ya tenían tanto como podían tener–, sino la vulnerabilidad, los vicios, lo que querían hacer a escondidas y sin que fuera sabido.

Andrew Mountbatten-Windsor era, a la vista de todo lo que sabemos ahora, un activo geopolítico de primera magnitud en esta red: un miembro de la familia real británica, enviado comercial de la corona, con acceso abierto a los círculos diplomáticos y de inteligencia del Reino Unido, que compartía informes británicos-americanos-secretos-. Informes sobre cosas como posibles oportunidades de inversión en Afganistán –donde, recordémoslo, había soldados británicos muriendo en combate mientras él cometía tráfico de influencias. 

¿La pregunta inevitable es quién era, pues, Epstein en esta relación? ¿Un amigo? ¿Un banquero? ¿Un facilitador? ¿Un chantajista? ¿Un agente? ¿Un agente de quién? ¿Y para quien trabajaba, en última instancia, toda esta red de captación y compromiso que se extendió durante décadas entre las élites occidentales? Son preguntas que los archivos ponen sobre la mesa, pero que nadie, de momento, sabe responder con sensatez –abrumados como estamos todos por el alcance y la monstruosidad de lo que se ve.

Sea como fuere, creo que hoy podemos decir de forma bastante segura que, de los nombres que aparecen en aquellos documentos, Andrew no era el más poderoso. La lista es larga y, por ahora, prácticamente impune. Andrew ha sido detenido. Pero los demás, de momento, reciben únicamente preguntas incómodas en comparecencias parlamentarias o en entrevistas controladas, y la inmensa mayoría siguen haciendo vida normal, como si tal cosa.

Por eso la primera pregunta que me ha venido a la cabeza hoy es por qué cae Andrew y los demás no. Probablemente –pienso yo– porque él, a pesar de las apariencias, es el más fácil de sacrificar. No tiene electores. No tiene empresa. No tiene socios. No tiene capacidad de revancha política. Tiene, en cambio, un hermano que es rey y necesita modernizar una institución monárquica en crisis. Y tiene una familia que ha calculado de forma precisa, y lo demuestra hace meses, que el coste de protegerlo es muy superior al coste de abandonarlo. La monarquía británica sobrevivirá a Andrew de la misma forma que ha sobrevivido a todos los escándalos propios: ofreciendo al público el sacrificio necesario. Como si fuera redentor.

Está claro que aquí es donde la tragedia shakespeariana se vuelve vertiginosa. Porque en las obras del Globe el protagonista cae por sus faltas, sí, pero siempre dentro de un sistema de poder que le ha utilizado, que le ha nutrido y que, al final, le destruye cuando ya no le hace servicio. Lear no es traicionado por sus hijas en un vacío; es traicionado por unas hijas que han aprendido a operar exactamente como él les ha enseñado. Andrew no es abandonado por la corona en un vacío; es abandonado por una institución que ha aprendido a sobrevivir a cualquier coste, como obsesivamente.

No hay nadie que esté por encima de la ley, han dicho el primer ministro Starmer y el monarca -hermano del príncipe caído. La frase suena bien. Pero la pregunta política verdadera es: ¿por qué motivo la justicia tarda tanto en llegar? ¿Por qué los archivos Epstein permanecieron sellados durante años? ¿Por qué la justicia americana negoció un primer acuerdo de inmunidad para Epstein en 2008 que le dejó prácticamente libre? ¿Por qué motivo, cuando el caso se volvió a abrir, en 2019, Epstein murió en prisión en unas circunstancias que ninguna investigación oficial ha aclarado satisfactoriamente y que, por decirlo suavemente, es mucho más que sospechosa?

La respuesta –al menos, es la única que se me ocurre– es que las redes de poder se protegen. Que el sistema que Epstein construyó no era una anomalía, sino –al contrario– un reflejo del funcionamiento ordinario de las élites mundiales: la promiscuidad entre el poder público y el capital privado, el intercambio de favores y silencios, la falta absoluta de moralidad, la criminalización de los vulnerables y la impunidad de los poderosos.

En las tragedias de Shakespeare el protagonista cae, pero la corte sigue. Simplemente, el poder se redistribuye. Y el público vuelve a casa sabiendo que el mundo no ha cambiado en serio, pero habiendo vivido fascinado la catarsis de una caída que parecía imposible. Ayer, en una coreografía perfecta, seis coches sin matrícula llegaron a Sandringham y un hombre de sesenta y seis años, que nació príncipe y que pudo morir con honores y pompa, tuvo que abrirles la puerta y dejarse detener. El guion es espectacular, pero las verdaderas preguntas –quien sabía qué, quién se calló, quién se benefició, quién mató a Epstein o quien le dejó morir– siguen sin respuesta. 

Y, mientras no estén, la justicia que muchos celebran hoy será, yendo muy bien, incompleta. Y, yendo muy mal –que es lo más probable y me sabe mal decirlo así–, una cortina de humo. Otra.

Traducido del catalán por Google con revisión y corecciones mías.

https://www.vilaweb.cat/noticies/andrew-princep-destronat-o-cortina-de-fum/


PD. Hoy han detenido a Peter Mandelson, uno de los principales colaboradores ee Toni Blair y entusiasta defensor de la nefasta 'tercera vía', que, sin decirlo expresamente, sostiene Starmer. Creo que el Labour Party está moribundo y los enterradores ya preparan sus palas para la siguiente elección en UK. El viejo mundo.


domingo, 22 de febrero de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 4


Bretton Woods. 2

Retomo la descripción de la Conferencia de Bretton Woods, en la que los vencedores occidentales de la guerra, liderados por USA, asumieron como objetivo principal la tarea de definir el nuevo orden monetario y comercial internacional desde la perspectiva de la liberalización del intercambio de mercancías y el impulso hacia lo que décadas después se conocería por globalización. Y, junto a ello, construir un ‘mundo basado en reglas’, expresión que se ha puesto en el último año muy de moda porque Trump parece querer acabar con las reglas, con el orden y hasta con el mundo. Ingeniosidades aparte, y tras el fracaso de la Sociedad de Naciones fundada tras la IGM, que pretendía algo parecido pero que nació casi muerta, era muy importante para las sociedades de postguerra que existiera un orden estable y que se cumpliera, aunque fuese más que nada de bocas hacia fuera y de esa manera, como semidenunció (a buenas horas, mangas verdes) Mark Carney, el premier canadiense, hace pocas semanas en Davos. 

El patrón oro que, con las limitaciones y manipulaciones chapuceras que se han visto, había funcionado relativamente bien, con la libra británica como principal moneda, hasta la I GM, estalló rntonces, de facto, en pedazos, sin que tras el fin de la contienda bélica se restaurase la situación anterior. Sólo algunos países imperialistas con ínfulas de grandeza, como Gran Bretaña y Francia, intentaron restablecer un orden que se basaba en la relación metrópoli-colonia, manteniendo su antiguo poderío, pero la crisis de 1929 echó al traste todos los esfuerzos de respeto al patrón oro y hubo de  nuevo que  echar mano de la maquinita de ‘hacer dinero’, sin la menor relación con la cantidad de oro que se conservaba en los bancos centrales. La excepción fue USA, que incluso durante la guerra mantuvo la sujeción del dólar al oro que atesoraba bajo las bóvedas de Fort Knox, gracias a sus superávits comerciales.  Finalmente, hubo de abandonarlo también en 1933. Sin patrón oro ni una mínima disciplina, los pagos en el comercio internacional, y el mismo comercio internacional, se convirtieron en un caos hasta el fin de la IIGM. Justamente, la Conferencia de Bretton Woods trato de poner orden, restaurando en parte el viejo patrón oro, pero con características novedosas y un nuevo hegemón. 

Pese a que la Conferencia acudieron representantes de 44 países -incluso, como dije, con la URSS de invitado de piedra en lo que respecta a los objetivos reales-, como era de esperar quienes llevaron la voz cantante fueron el antiguo hegemón mundial, Gran Bretaña y el que iba, definitivamente (el periodo de entreguerras, con su Gran Depresión incluida, fue confuso), a tomar el relevo, USA. Aunque las vicisitudes y la evolución de las posturas de casa cual son muy interesantes e instructiva, me limitaré a lo esencial y los resultados de las discusiones. La delegación de Gran Bretaña estaba encabezada por el economista más influyente del siglo XX, John Maynard Keynes, y la delegación norteamericana, aunque no era su máximo representante,  fuee Harry Dexter White, director del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el auténtico antagonista de Keynes. Los británicos, aún consideraba a los yanquis sus pares y no estaba dispuestos a aceptar la supremacía del dólar respecto a la libra, desde la época victoriana, siglo XIX, moneda muy predominante de facto en el comercio mundial. 

Y en ese sentido, Gran Bretaña llevaba una propuesta inaceptable para USA; ocurre que la había elaborado Keynes y era técnicamente genial, además de prefigurar un mundo más igualitario, donde tan bueno o tan malo era ser un país ‘demasiado’ exportador (antes nunca se era ‘demasiado’) como muy importador, penando a ambos. Lo ideal es que todos los países colaboraran en conseguir un mayor equilibrio de su balanza comercial. Keynesplanteaba crear una moneda ‘neutra’, que llamó Bancor, cuya valoración dependía de una serie de mercancías de uso mundial (es decir, se seguía con una moneda fiduciaria de un patrón-mercancías, no ya de un patrón solo oro), lo que evitaba el predominio -el privilegio exorbitante- de que la moneda internacional de intercambio y de refugio de valor fuera la de una gran potencia emisora de dicha moneda. Aunque la distancia intelectual entre Keynes y White (un excelente economista) era de años luz, se impuso, claro, la posición de éste. Al fin y al cabo, por mucho que les pese a los ingleses y a las penalidades que pasaron y los muertos que ‘aportaron’, quien ganó la guerra -en el frente atlántico y pacífico, los soviéticos, en el continental europeo - fue USA. Es difícil saber lo que habría sucedido si se hubiese impuesto la posición keynesiana, es muy probable que, en las décadas posteriores a la guerra, a los países ‘en vías de desarrollo’ les habría ido bastante mejor y a los desarrollados, desde su perspectiva colonial, algo peor.


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A Trump le han bajado de su nube, esa en la que construye un mundo a su capricho y que sla camarilla de pelotas que le rodea (y le  aisla) -ojo, no todos son sólo pelotas, pero eso sí, todos son muy pelotas- le dicen que es el real. Ha sido en el asunto de los aranceles y es el Supremo quien lo ha hecho, pese a la mayoría de derechistas de que está compuesto. Tres 'conservadores' han votados con las liberales. Algún día, supongo que después de muertos, se sabrá qué pasa con Alito y Thomas, los dos jueces más veteranos, muy reaccionarios, y no nombrados por Trump. Bueno, de uno de ellos, Clarence Thomas,además de su sabida condición de violador. Y es que las medidas adoptadas por Trump al margen del Congreso son tan obviamente anticonstitucionales que un niño de cinco años no habría dudado en anularlas.

Por otro lado, las cifras son demoledoras. Desde que Trump impuso su caótica política de aranceles, con la pretensión de relanzar la industria norteamericana y revertir el déficit crónico de la balanza de bienes, en USA han perdido su trabajo más de 800.000 personas ocupadas en industrias pequeñas y medias, el déficit comercial se ha acercado al billon de dólares, los importadores yanquis han pagado más del 90% del coste que suponen los aranceles, cargando los precios a los consumidores (que, por tanto, son de hecho quienes pagan el impuesto del arancel). Por esto último, la inflación, al menos la subyacente, ha tenido que subir más de lo que muestran las estadísticas del IPC. No problema. Ya sabemos que al último responsable de las estadísticas oficiales de USA le cesó Trump porque no salía lo que el quería. 



Esta semana se han cumplido cinco años de estancia en prisión de Pablo Hasel. Su ideología, dentro de las izquierdas clásicas cuando entró en la cárcel me es bien conocida, ignoro si se mantiene ahí o ha evolucionado. Me da igual, ese no es el asunto para mí, aunque sí lo sea para muchos, que no lo reconocerán públicamente; aún me acuyerdop con dolor del asesinato de Puig Antic, cómo los futuros beneficiarios de la reforma miraban para otro lado, ante el descorazonamiento de unos pocos (servidora, entre éstos). Algunos, oportunistas, acomodaticios, posibilistas, malmenorista, ni siquiera cínicos, dirán que Hasel es un fanático, un fundamentalista. Quizá lo sea, pero eso no les quita un ápice a sus detractores de oprtunistas, acomodaticios, posibilistas y malmenoristas. Hasel no se desdijo de nada de lo que había rapeado, no ha aceptado beneficios penitenciarios, no quiere las migajas de sus carceleros, ni la condescendencia -siempre utilizada, ideológicamente, pro domo sua- de los poderosos. Mi enorme respeto por él y desde luego, ¡libertad para Hasel!

En el próximo post, una vez pasada la semana, comentaré lo de las sedicentes izquierdas, bien instaladas ellas en el machito, la antítesis humana de Pablo.




miércoles, 18 de febrero de 2026

 

Conceptos económicos básicos. 2


Patrón monetario.

Hemos visto que, en lo que concierne al ser-dinero, el valor de pago (cambio) de una moneda no es el que tiene como cosa material, sino el que figura grabado o escrito en ella, esto es, el valor nominal. Pero, que ese valor en sí no conste como dinero, no quiere decir que carezca de él. Todo lo que se produce o se extrae tiene, en cuanto resultado del trabajo humano, algo de valor. O, según otros, ese valor consiste en que alguien podría querer esa cosa por la utilidad que le proporciona y estar dispuesto a intercambiarla por otra cosa que se posee y es un poquitito menos útil; mi formación marxista me hace defender el valor trabajo, con todos los matices que pueda ponerlo.

Según afirman historiadores de la antigüedad, hubo sociedades en que a los trabajadores se les pagaba con cantidades de sal -de ahí lo de ‘salarios’-. Con esa sal, los trabajadores compraban el resto de mercancías que precisaban, esto es, la sal era dinero. Sin embargo, también la utilizaban para sazonar sus comidas, de modo que la sal era una mercancía más. La sal pues era dinero y mercancía, es decir: dinero mercancía. Y, por supuesto, no tenía un valor nominal, su único valor era el real, el mismo si echabas un gramo en el potaje que si pagabas tomates con él.

La inviabilidad de la moneda-mercancía, por no cumplir las características mencionadas en el post anterior: poco peso, poco tamaño y un valor nominal inscripto que puede ser muy superior al real, condujo, en economías mercantiles menos elementales, a la adopción de la moneda basada en patrón. Ello significaba que se adoptaba una mercancía, generalmente escasa y preciada, como el oro, en calidad de patrón monetario, de modo que un kilo de oro tenía un valor idéntico a una cantidad determinada de cada una del resto de mercancías, luego el oro era dinero, pero, paradójicamente, no se solía utilizar como tal; lo que se hacía era fabricar monedas con un valor nominal equivalente a una cantidad exacta de oro. Es decir, con un kilo de oro compro diez vacas, pero no las pago con lingotes, sino con unas 100 monedas cuyo valor nominal es 10 gramos de oreo, o con un pagaré en el que constase ‘páguese al poseedor un kilo de oro’.  

Claro, para eso había que confiar en que el emisor de la moneda que uno usaba tenía esa cantidad de oro y, esto es fundamenta, estaba dispuesto a trocarla en cualquier momento por esas monedas. De ahí procede un término muy corriente, el de dinero fiduciario, que, en épocas de patrón mercancía, reposaba en la fe en el Estado, en un banquero, en un prestamista, etc.

El patrón oro rigió la economía dineraria en los siglos del despliegue del capitalismo, XV a XIX, especialmente en el comercio internacional y en la recaudación de impuestos. Este sistema tenía varios fallos, de los que dos de ellos atacan a su fundamentación-

- El dinero existente en un país o en un grupo de países con comercio relevante entre ellos, lo que llamamos base monetaria global, dependía de un elemento azaroso, el descubrimiento de nuevas minas de meta, oro o plata, y la productividad de las existentes (muchas se agotaban). Siendo el oro y la plata mercancías, si había más cantidad, bajaba su valor, por aquello de la oferta y la demanda. Un ejemplo: las continuas remesas desde América y Africa de estos metales a Europa a partir de inicios del XVI provocaron una inflación (subida de precios) enorme, ya que, para una cantidad de producción que se elevaba lentamente, el dinero crecía muy rápidamente, de modo que la proporción producción / dinero disminuía, una misma producción de mercancías costaba más dinero. 

- Las continuas trampas de los acumuladores de oro, monarcas, tecas, banqueros, en relación con la cantidad de moneda fiduciaria. Hay multitud de procedimientos, pero, al fin y a la postre, cada vez se daba menos oro por unidad de moneda. Con el desarrollo industrial acelerado de la segunda mitad del XIX, los tenedores de oro, básicamente ya los Estados, emitieron mucha más moneda de la que podía respaldar el oro que tenían, lo que originó frecuentes crisis económicas.

La situación, que describiré con un mayor detalle en el próximo post, sobre el desarrollo de la economía diseñada en Bretton Woods, acabó cuando se acabó la farsa del patrón oro. A partir de ese momento, el dinero pasó a ser lo que, en realidad siempre había sido: una función y un objeto, la moneda involucrada, que se ejecutaba en las sociedades porque había un poder que así lo determinaba. Ese poder, bajo la forma del Estado, decide que tal cosa es dinero y que -bajo pena de sanción- todos deben aceptarlo como pago de mercancías, sea el propio Estado o un particular quien compre las mercancías, y que todos deben entregar parte del dinero de su propiedad al Estado en concepto de impuestos. Si el Poder quiere atarse a la autonorma del patrón oro, puede hacerlo, y si quiere transgredir esa norma, como ha hecho a lo largo de la historia, lo hace. No hay más, es posible que en tiempos remotos mercados rudimentarios funcionase de otra manera. Desde hace milenios, no. La última palabra la tienen quienes ejercen el poder real.

Inflación.

Todos sabemos que es una subida de los precios, que se mide según el Indice de Precios al Consumo (IPC) anual. Ello significa que cuando el IPC aumenta respecto al años anterior, el conjunto de los precios -aunque el IPC se hace, inevitablemente claro, sobre un subconjunto pequeño del total de mercancías, lo que puede darf lugar a todo tipo de manipulaciones- aumenta en promedio y el dinero, la moneda se deprecia. Si el kg. de manzanas estaban a 3€ y ahora a 5, el dinero ha pasado de valer 5 a valer 3€. La inflación está causada, bien por una aumento de la demanda, donde los consumidores de bienes o de equipos productivos aumentan poderosamente su capacidad productiva y los productores no pueden ampliar la oferta tanto como lo hace la demanda de compra, de modo que la competencia entre demandantes eleva los precios (en esa visión tan enternecedoramente clásica que toma el juego oferta-demanda como una especie de subasta), bien por estancamiento o retroceso de la demanda: menos bienes para más dinero. Con frecuencia, esta última, la inflación generada por la (falta de) oferta ha tendido a subestimarse, lo que es un grave error. 

La deflación es lo contrario de la inflación. Por eso, a la hora de comparar PIB se suelen deflactar los precios de cada año, es decir, se les aplica negativamente la inflación, para que la mercancía, las patatas, lo coches, cuesten lo mismo que un año de referencia. Porque, en última instancia, las mercancías importan más que el dinero; nadie se alimenta con monedas de dos euros. 

A los largo de la historia han tenido lugar muchos episodios de inflación alta y continuada, y hasta de hiperinflaciones de un billon % como en Alemania trás la IGM. Lo típico de ir a un bar, pedir una caña y pagar por adelantado, porque en el tiempo en que te la tomas ha subido al doble. Numerosas encuestas y trabajos muestran que, sesgos ideológicos aparte y en ausencia de catástrofes económicas o políticas coyunturales, la inflación es el factor más importante de la mayoría de la población, en especial de la menos acomodada, a la hora de ir a votar.

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Hoy, 18 de febrero, tendrá lugar la tan publicitada conversación entre el primer espada, Gabriél Rufián y el meritorio Emilio Delgado acerca de como van a salvar a la izquierda. Y el sábado, la reunión de miembros de esa plataforma electoral llamada Sumar que, parece ser, va a renovarse. De nombre y poco más, porque tampoco hay mucho chopped que repartir. Por cierto, Yolanda Díaz no va ni al primero, normal, ni al segundo, insólito. A buen entendedor … a no ser que, emulando a su amado Pedro Sánchez, se sitúe fuera de la melé, al modo de aquellos cuatro días de reflexión de Sánchez, para que unos cuantos cientos de pelotas engorden su narcisismo al grito de: "No te vayas, no te vayas, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario/a” 

Y más por cierto, Delgado, convertido en figura mediática, reina por un día, ha dicho, cito de memoria, que hay que visibilizar a los invisibilizados (por la gente de LGTBI, racializados, etc.), sin por ello dejar de visibilizar a los visibles, (blancos, heterosexuales españoles y mucho españoles). Luego, ha rectificado, porque, afirma, no se ha expresado bien. No creo que sea una cuestión de claridad verbal, más bien una cierta idea, inconsciente por muy arraigada, de parte de la izquierda, sobre lo que representa otra parte de la izquierda, esa a la que las derechas llaman ‘woke’. En un próximo post, tras los grandes eventos de esta semana, analizaré un poquito a la izquierda patria; y a la otra.


Ayer decayó la propuesta parlamentaria de Vox de prohibir el niqab y el burka. Por lo visto, Junts per Catalunya votó en contra y la cosa no salió, pero tiene preparada alguna propuesta parecida, más suave, supongo. En cualquier caso, no querían votar lo mismo que Vox (lo que no sucede al revés, y se verá pronto si Junts sigue con su idea de proponer una ley distinta/similar a la de Vox). Junts avanza hacia restaurar lo que fue Convergencia, ya sólo les falta un Pujol, y me temo que el pobre Puigdemont no es el adecuado. No se olvide que Pujol era un tipo muy derechista, corrupto, pero, eso sí, antifascista. 

Respecto a la prohibición del burka de Vox, es lógica y coherente, se trata de atizar la islamofobia y la antiinmigración, de publicitar la teoría del reemplazo. Nada nuevo,  tampoco el emplear una ley penal, punitiva (no punitivista, eso es otra cosa). Aunque toda ley se apoya en ese Derecho Penal que consiste en norma/castigo de su transgresión, tiene un suplemento que es el Derecho simbólico, cuya función es la de refrendar los valores que suponen la norma prescrita, 

A lo largo del siglo XXI, en mis incontables paseos por todo Madrid, no he visto más que a una mujer con niqab; reconozco que me dio mal rollo, pero eso no es ningún argumento. De hecho, me acerque e iba con un tipo muy bien vestido que hablaba supongo árabe; me dio la impresión de que eran turistas. Otra vez vi una figura similar a lo lejos no puedo asegurar qué vestimenta llevaba. Es decir, se trata, como con casi todas las leyes que son más simbólicas que sancionadoras, de una ley inaplicable por falta de autor. Nadie lleva en España el niqab; un 0,000.001 no es nadie. Sin enmbargo, Vox entiende que asociar el niqab, como si lo vistieran todas las mujeres mahometanas en España, con la yihad islámica y con la presencia de moros todos ellos delincuentes.

Hace años , cuando la prohibición en Francia del chador en la escuela y el burkini en las playas, escribí bastante sobre esto. No vuelvo a ello, es un material enorme; sin embargo, he cogido de ahí una imagen que, además que me parece graciosa, me ha gustado, precisamente por su ambigüedad. Que cada cual la interprete a su gusto.


  Si es que van como van y luego pasa lo que pasa





sábado, 14 de febrero de 2026

 

Conceptos económicos básicos. 1


En este recorrido por la estructura, y dinámica geopolítica-económica desde la IIGM, no voy a tener prisa alguna. Iré, tranquilamente, poco a poco. Así, en el post anterior anuncié que en éste hablaría de dinerol y de patrón monetario. No pretendo ser exhaustivo, pero menos aún dejar conceptos colgados, aunque tenga que explayarme más de lo previsto. Por ello, esta entrada se circunscribirá a la noción de dinero.


Dinero.

El dinero es una función social, es decir, un modo de funcionamiento social normalizado, necesario para las conservación de gran parte de las sociedades pasadas y presentes. de la sociedad orientado a su conservación. Consiste, básicamente, en un conjunto de reglas a seguir por las personas que incluyen un determinado manejo de unas cosas determinadas. A esas cosas las voy a llamar moneda. NOTA. La función general del dinero incluye dos subfunciones.

La primera (sub)función es mediar en el intercambio de bienes, a los que llamaré mercancías, en tantoque se producen precisamente para ser intercambiadas. El origen del intercambio mercantil se halla la división del trabajo, el hecho que unos producen unas cosas, bienes, servicios, y desean otras, de modo que cada uno cambia, directa o indirectamente, lo que produce y lo que desea. Simplificando al máximo, pensemos un entorno en el que Carmen produce, y vende, relojes, Luis, tomates y Rosa, pianos. No voy a entrar en el espinosísimo asunto del valor, si es conferido a cada mercancía por el trabajo humano, por la preferencia marginal o por lo que sea. Es decir, que estamos en una sociedad que ya ha establecido en un momento dado unos valores de cambio, una relación de intercambio entre las distintas mercancías- de tal modo que el valor de un piano son 10 relojes y 1.000 Kg de tomates. Entonces, si Carmen quiere tomates, y Luis, relojes, intercamban una mercancía por otra, hacen un trueque, de modo que Carmen obtiene tomates, 'pagándolos' con relojes, y Luis, relojes, y los 'paga' con tomates. Pero, supongamos que Carmen quiere tomates, y Luis, pianos,;tenemos un problema, ya no es posible el intercambio directo, a lo sumo, si Rosa desea relojes, quizá podría pagar a Carmen con pianos y está emplearlos para intercambiar con Luis. Un follón total que conduce al caos absoluto en el caso, real, de existencia de miles de mercancías distintas. No sólo eso, aparece otro problema añadido, que, aunque Carmen quisiera tomates, por ejemplo, 10 Kg., y Luis aceptara  relojes, debería darle a Carmen la centésima parte de un reloj. Complicado. 

Por ello, por ambas consideraciones, y para ello, una vez que el trueque se torna insuficiente a partir de un determinado nivel de desarrollo y de especializaciones en la producción, surge el dinero. A diferencia de las mercancías, las monedas no tienen en sí un valor, sino que representan a todas las mercancías de ese valor, de modo que, de hecho, sí tienen un valor,  pero se trata de  un valor abstracto, una convención social que les sirve para comprar cualquier mercancía con ese mimo valor, ahora real, concreto.

Entonces, Carmen, Luis y Rosa ya no intercambian mercancías, sino que venden su mercancía por dinero, y con ese dinero adquieren, compran, cualquier mercancía distinta de la suya, claro. Además, a diferencia de las pianos de Rosa, caros y muy pesados, y los relojes de Luis, muy caros, el dinero se soporta por una moneda ligera y de poco volumen, que puede llevarse en el bolsillo.  

La otra subfunción es la de reserva de valor, atesorar cosas con un valor determinado durante un tiempo para emplearlas más adelante. También para ello el dinero bajo la forma de moneda es, al menos en la práctica, indispensable. E, igual que para intercambiar, para ahorrar, las monedas han de ser livianas, pequeñas y con capacidad para representar -el valor nominal que lleva grabado o escrito- un valor muy alto, una moneda metálica de dos euros l, un billete de 100 €, etc. Que quepa bien en una caja fuerte o bajo el colchón. 

Se suele hablar también de una tercera función del dinero. Una función abstracta, que no implica ninguna materialidad. Es la de unidad de cuenta: el valor (de cambio) de cada cosa, aunque repose en ella, se mide por su valor en unidades de dinero. El valor (de cambio) de la mercancías a es el doble de el de la b porque a cuesta 100 € y b, 50. 

En las teorías económicas clásicas, el dinero procedía de la necesidad de intercambio de un mercado espontáneo, un imperativo meramente económico. Otras teorías, minoritarias, sostienen que es el Estado, o sea lo político quien crea el dinero y organiza el mercado .En este texto, no entró en esa controversia histórica y antropológica, un asunto de huevos y de gallinas. En mi opinión y por lo que sé, nunca ha habido un mercado con algún nivel de desarrollo en el que no exista un poder público sobre la sociedad, es decir, un Estado. Entre el Estado y el Mercado, entre lo político y lo económico siempre ha existido una firme imbricación. Y ahora más que nunca. De hecho, lo que en la actuaslidad se llama Economía nació con el nombre de Economía Política, y sólo por motivos ideológicos los economistas neoclásicos lde finales del XIX le quitaron lo de ‘Política’: se trataba de excluir al humano, ese animal político lleno de prejuicios e intereses, y sustituirlo por la omnisciente  ‘Mano Invisible’ del Mercado, que fuese quien  fijara precios y organizara la economía de manera óptima.


NOTA. 

Tenemos aquí encuentra un problema de ambigüedad semántica, porque muchas veces el término ‘moneda’ refiere una pieza circular plana de metal barato -'le dio unas monedas al mendigo'- como al dinero de un país emisor en abstracto -'la moneda de USA es el dóla'r , o 'está en marcha una expansión monetaria'. El contexto explicita con claridad cada uso. El que asumiré por defecto es el que se adapta a la definición anterior de dienero: la moneda , la cosa que la función-dinero maneja, asuma la forma de moneda metálica, papel moneda o un apunte en una cuenta del Banco Central o un banco comercial. O sea, el dinero es una moneda, en cualquiera de sus materializaciones, más un conjunto de reglas que dictan como emplearlo. 


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Elecciones en Aragon II

Vista por encima la parte superior, la de los más votados en los resultados autonómicos de Aragón, me toca examinar brevemente los de la parte baja del panel. Aquí encontramos, básicamente, lo que suele llamarse izquierda a la izquierda del PSOE, es decir, que hablaré un poco de la izquierda, como partidos y como espacio político.

Antes, un apunte sobre la única opción significativa que no está en este grupito de izquierda. Me refiero a Se Acabó La Fiesta (SALF), que ha estado a punto de conseguir un diputado y que ha sumado ¡tres veces más electores que Podemos! Reconozco que esta gente me deja perplejo, que sobrepasa mi capacidad de comprensión. Un partido más cuñado que los supercuñados de Vox, quienes, por lo menos tienen una base franquista, es decir, un componente político-ideológico. Pero, ¿estos?, puro odio, sin ideología alguna dirigidos por un tipo siniestro, feo física y moralmente, un partido sin ningún tipo de estructura y con dirigentes desconocidos y, con frecuencia, corruptos. Uno puede entender y hasta eh respetar a partidos como los falangistas, con una ideología muy definida, que consideran que Vox son unos traidores y unos oportunistas subordinados su última instancia al R78. De SALF sólo se me ocurre que sean conspiranoicos patológicos, que piensen que la Tierra es plana y que el cambio climático es una patraña urdida por Zapatero para dominar el mundo. En todo caso, para los malmenoristas inveterados, bienvenido sea: quitan votos a Vox, que, sin ellos, se acercaría muy peligrosamente al PSOE.

Vamos a la izquierda. Por orden de importancia cuantitativa, empezamos con el CHA.  Han doblado sus votos y diputados y es justo considerar sus resultados como todo como un éxito. No es difícil a la vista de las cifras de estas y de pasadas elecciones inferir que gran parte del de su éxito es debida a que han logrado el desplazamiento de votantes de Podemos, IU-Sumar y el mismo PSOE. Si bien no todos al mismo nivel. El PSOE sólo les ha cedido una pequeña parte de sus votantes, de IU-Sumar, apenas nadie Podemos, casi 75% de los votos del 2023 ; es decir, el CHA se ha alimentado de Podemos.

Ninguna novedad en lo que concierne a IU (me olvido de Sumar que, en Aragón, y en el resto del Estado, es un fantasma más bien grotesco; un Sumar que no suma nada a IU). No se inmuta, hemos visto. IU es lo que queda, aquí y en el Estado español con excepción de Cataluña y, si acaso, del País Valenciano, del PCE con la ya innecesaria marca IU, personas, me temo, en general bastante mayores y sin relevo generacional. Nostágicos, por mucho que cada cuarto de hora anuncian un ‘nueva izquierda, de una visión desfasada de un mundo totalmente diferente al que ellos viven.  Digamos que se halla en estado de extinción natural. 

La cuestión es, entonces, por qué el 50% de la gente que todavía votaba a Podemos ha dejador de hacerlo y por qué ahora la mayoría -las estadísticas del 2023 y actuales son elocuentes- lo hace al CHA. Se puede echar mano del argumentario que plantea que en las elecciones a la Comunidad tiene más peso un partido local, como CHA, y en las generales un Podemos de alcance estatal. Puede tener algo de razón, pero además de autocomplaciente (para Podemos), sustituye de manera estéril un análisis político serio. En mi opinión, mucha gente está tirando la toalla en lo que se refiere, ya no a cambiar el mundo, ni siquiera a cambiar España, en la dirección quje desearía. Tenemos, entonces, una formación como CHA, honesta y bien dirigida, que , si por un lado es de izquierda a lo Sumar, moderadita y progre, adopta un regionalismo que lo lleva a hacer hincapié en la política local, donde puede ser eficiente. A nivel estatal lo es tanto como Podemos, o sea, nada. Por ello, aporta un diferencial respecto a las de Belarra y Montero. Aunque desconozco Aragón, estoy seguro que habrá reivindicaciones y agresiones a nivel municipal, provincial e incluso comunitario a las que un partido como CHA, con una buena implantación territorial y desde propuestas progresistas, puede abanderar y, a veces, ganar. Obsérvese que no se trata de una posición malminorista del elector, sino de una que dice: “soy consciente de que, vote lo que vote, va a continuar la monarquía, se va a fortalecer la oligarquía y los aparatos de dominación, pero, a lo mejor, puedo contribuir a que no se tale el bosque de al lado, o que mi parlamento regional no añada más reacción a la reacción que llega del Estado Central”. Una microguerra de posiciones; lo importante es no engañarse. 

A bote pronto, dos conclusiones sobre estos últimos párrafos:

- En el campo de la izquierda, y dentro de unos límites que no amenacen a los grandes poderes, ni estatales ni territoriales, formaciones del tipo de CHA tienen un buen futuro, y no sólo, aunque, sobre todo, en las elecciones locales y autonómicas; también en las nacionales. No estoy hablando de partidos independentistas, que operan en otro ámbito (excepto, quizá, el BNG que se mueve a caballo de lo nacionalista y lo regionalista). Veremos que pasa con Más Madrid, que es, también, un caso ambivalente.

- Podemos presenta un futuro muy negro. Su pasado en el gobierno de Sanchez le pasa una factura muy alta, y, paradójicamente, al mismo tiempo su línea política real, si uno no se deja impresionar por su verborrea izquierdista, es conseguir unos números en las Cortes que le permitan volver de nuevo a un gobierno ‘de coalición’ a la vera del PSOE. Poco atractivo para una población cada vez más exhausta por todo lo que la rodea.

Sobre la unidad de la izquierda’ y todo eso, esperaré a ver que se cuentan, Sumar por un lado y Rufián, que tienen sendos actos ‘aclaradores’ la semana que viene. En todo caso, llevo tiempo afirmando, ante los improperios y acusaciones de buenos amigos, que, si eres partidario por sistema del mal menor, debes votar al PSOE.