jueves, 14 de mayo de 2026

 

Elecciones en Reino Unido y laborismo.

 

El declive del movimiento socialista que reflejan las elecciones municipales y autonómicas británicas del pasado fin de semana es la manifestación visible del proceso histórico vivido por la izquierda socialdemócrata en general, con algunas importantes particularidades del socialismo británico, que han diferenciado históricamente de sus homólogos europeos. La principal peculiaridad es la muy limitada influencia del comunismo de inspiración leninista, al principio desde dentro, más tarde desde fuera.

Me refiero al debate interno entre el marxismo reformista y el marxismo revolucionario en el interior de los partidos de la II Internacional, y, posteriormente, a su relació  on los pujantes partidos comunistas, leninistas y, después, estalinistas vinculados (o subordinados) a la URSS. En Gran Bretaña nunca hubo un comunismo fuerte que hiciera la menor sombra al Labour Party o condicionase sus políticas. La mayor influencia marxista procedió de la tendencia Militant, así conocido por publicar el periódico del mismo nombre, un grupo trotskysta partidario del entrismo en organizaciones políticas poderosas para modificar sus políticas en un sentido izquierdista; durante los años 1970-1990, más o menos, la corriente Militant tuvo un cierto peso en el Labour aunque insuficiente para cambiar su línea programática principal.

En los orígenes de los laboristas nos hallamos con el ‘socialismo fabiano’ del matrimonio Webb, finales de XIX y, con anterioridad, mediados de siglo, del cartismo, movimientos ambos de origen pequeñoburgués y posiciones políticas muy tibias. El partido laborista surgió de una especie de fusión entre éstos y las Trade Unions, los famosos sindicatos británicos, ya consolidados en los años 1830s, y con un creciente peso en la vida económica inglés, peso que a principios del XX era enormemente relevante.

Es aquí pertinente  una breve digresión que sacar de la teoría un pensamiento leninista que me parece muy preciso y muy lúcido (lúcido, Lenin, no yo, que me limito a adherirme su tesis a toro pasado), el que afirma que la clase obrera es espontáneamente reformista; curiosamente, Lenin utiliza, en lugar de ‘reformista’, ‘tradeunionista’, y la define como “la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc” (Qué hacer, 1902). La situación material de la clase obrera, mejor, de los trabajadores asalariados, en tanto que tal, los lleva a agruparse para defender sus intereses económico -laborales: mejor retribución y mejores condiciones de trabajo. Al agruparse y luchar se autoconstituyen como clase y forman el movimiento obrero. Esa agrupación espontánea y derivada directamente de sus necesidades como trabajadores toma el nombre de sindicato. Luego formarán partidos; cómo y con quien los forman es otra historia que aquí no cabe. El sindicato se queda ahí. Otra cosa es que los partidos políticos asuman el control de tal o cual sindicato y le confieran su ideología programática o estratégica, caso de los sindicatos comunistas o socialistas. También, el caso, del anarcosindicalismo, donde los sindicatos se crean o se reconfiguran con una concepción estratégica anarquista. Pero en ambos casos es la cosmovisión sociopolítica quien se agrega al sindicato -de nuevo, con Lenin-, no su ‘esencia’, el sindicalismo sin más, sin calificativos.

El Labour Party, pues, sale de la fusión de dos tipos de reformismo, el político y el económico. No tuvo que liberarse del marxismo, como sí ocurrió con las socialdemocracias europeas tras la II GM, que, infiltradas por la CIA, se vieron compelidas a reflejar explícitamente, en el terreno cultural -del político y económico, ni hablo- su abandono de todo resto de marxismo o de revolucionarismo y su adhesión al capitalismo y a la hegemonía geopolítica estadounidense. Me vienen a la cabeza los congresos de Bad Godesberg del SPD y Madrid 1979, del PSOE; me consta que los demás partidos socialistas y socialdemócratas europeos vinieron a hacer lo mismo: abjurar del marxismo. El Labour, no, porque nunca fue marxista y siempre otanista.

Este inciso histórico viene al caso para remarcar que los laboristas siempre fueron gradualistas-reformistas, que esa es su ‘esencia’ histórica. Favorecer la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores hasta donde se pueda, sin fijar qué es ese ‘hasta donde se pueda’, es decir, sin plantearse un cambio en las relaciones de producción.  Esa visión sólo cambió, de facto, con el neoliberalismo, con el descrédito de toda forma de keynesianismo y la adopción, tras la ‘guerra’ y derrota de las tradeunions a manos de Margaret Thatcher, del socioliberalismo, un neoliberalismo ‘compasivo’, bajo la forma del ‘New Labour’ de Tony Blair, Anthony Giddens y … Peter Mandelson; una ‘tercera vía’, donde la ‘segunda vía’ era el laborismo de siempre. El triunfo ideológico que supuso el nuevo laborismo no se extendió a todo el partido, y menos aún, a sus simpatizantes y votantes, aunque sí a su dirección y oligo-burocracia. Muchos afiliados y votantes continuaron manteniendo la vieja mentalidad socialista-obrerista. Desde entonces, el Labour Party tiene dos almas.

El predominio de los blairistas, con Gordon Brown continuando la labor del jefe, llegó a su fin en las elecciones del 2010, con la crisis del 2008 detrás. Brown cae, consecuencia de la desafección de las clases medias y bajas británicas cuya condición material se había deteriorado -más aún que con Thatcher- antes y, sobre todo después, de la Gran Recesión; empieza un periodo de gobiernos conservadores que, con o sin Brexit, no hicieron nada para frenar la decadencia del Reino (Unido). El nuevo secretario general del Labour, que, supuestamente, corregiría el derechismo de Brown, Ed Miliband, fue un político gris de partido (pese a su brillante padre) que no era ni chicha ni limoná, ni blairista ni mínimamente izquierdoso, pasó sin pena ni gloria, dejando a los tories en el gobierno. El Brexit supuso una enorme conmoción en las islas, unas campañas masivas en las que la manipulación desatada se mezclaba, al menos, con polémicas de fondo. En ese marco se consolidó el liderazgo de Jeremy Corbyn, un veterano militante del ala izquierda del Labour. Además de despertar aquella soterrada alma laborista obrera y luchadora, Corbyn consiguió el apoyo militante de una gran cantidad de jóvenes hasta entonces escépticos con el bipartidismo británico. Ese aluvión juvenil se corresponde, mutatis mutandis, con los movimientos del 15M (y Podemos) en el Estado español, el Occupy Wall Street en América y otras experiencias menos numerosas en los países de Europa.

Pero Corbyn perdió por muy estrecho margen en las elecciones de 2017, derrotado por Teresa May y, con algo más de distancia, en las de 2019, ganadas por Boris Johnson. Por tanto, su propuesta política, que iba más allá del centro-izquierda en un marco bipartidista clásico, no se llevó a cabo. En que consistía o a dónde hubiese llegado, es otra historia. Sin embargo, el fracaso de Corbyn es matizable. En las dos elecciones generales obtuvo más votos de los que el Labour había sacado nunca desde la primera de Blair, y, además, fue víctima a lo largo de su mandato de todo tipo de maniobras por parte de la muy influyente derecha blairista delpartido, culminando con la campaña manipulada y falsaria que le acusaba de antisemitismo y que acabó con su dimisión y el nombramiento de Keir Starmer en 1920.

La debacle de Boris Johnson debida, entre otros motivos, a las actuaciones del gobierno durante la COVID y especialmente por su vergonzosa actuación personal respecto a la pandemia (las fiestecitas), más las pedestres medidas económicas adoptadas por su sucesora Lizz Truss, llevaron al Partido Conservador a un descrédito tal que, unido a los muchos votos que le ‘quitó’ el ya pujante partido Reformista de Farage, dieron un triunfo aplastante a Starmer en el 2024. No nos engañemos, sacó muchos menos votos que Corbyn en la elecciones anteriores y buena parte de ellos lo fueron más contra los conservardores que por simpatía hacia Starmer y los suyos.

La política de Starmer como secretario general del Labour ha sido desde el primero momento autoritaria y, sobre todo, represiva, inició una caza de brujas apoyándose fundamentalmente en el pecado de un antisemitismo que se atribuía a casi todos sus rivales internos y a la izquierda del partido, en general, que acabó con la expulsión de Corbyn; y de todo lo que representaba en el partido.

Al tiempo, el Starmer primer ministro se ha caracterizado por la típica política antisocial de la tercera vía laborista: austeridad y desmantelamiento del Estado del Bienestar con la excusa de las no menos típicas, y tópicas, deuda pública y déficits fiscales; por añadidura, con algunas torpezas inmensas, como los ataques a los minusválidos, el apoyo al lobby israelí, confundiendo deliberadamente antisionismo con antisemitismo y propugnando la bochornosa ley contra ‘el terrorismo antisemita’. En política exterior, seguidismo lacayuno a USA; a Biden e, incluso a Trump, incluyendo el apoyo al genocidio Palestino perpetrado por Israel.

Visto lo visto en estos dos años la mayoría de la población inglesa ha marcado el rumbo político en estas elecciones municipales, y autonómicas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Unas elecciones que conviene interpretar en clave general, más influidas que nunca por la situación global del Reino Unido. La derecha se inclina hacia la extrema derecha, como indican los muy pobres resultados de los tories, que ven sus votos irse a Reform UK y, en el espacio de la izquierda, desmoronamiento del Labour Party y desplazamiento hacia la izquierda nacionalista en las autonomías y hacia el muy hábilmente llevado por Zac Polanski Green Party. Visto lo visto, pero visto a su manera, Starmer se niega a renunciar al cargo, del mismo modo que se niega a modificar sus políticas. Parte del partido se le ha rebelado y exige su cese, pero parece que no es una parte suficiente, por ejemplo, bastante menos de la mitad de los parlamentarios, la aristocracia laborista, pide su relevo. Además, el partido no tiene ya ningún líder mínimamente popular, si acaso Andy Burnham, alcalde de Manchester, que no puede aspirar a premier hasta que no vuelva a la Cámara de los Comunes, y eso lleva tiempo. Y aún renunciando Starmer, la política de su sucesor será muy continuista; creo que el laborismo no va a remontar de manera relevante en las elecciones generales del 2029; aunque, en el actual caos geopolítico y económico mundial pueden pasar muchas cosas a lo largo de dos años.

Resumiendo, el, fin de la época Corbyn, forzado en buena medida por Starmer y su grupo de notables, significó la amputación de la izquierda clásica laborista, a la que, aplicando unos estándares universales, llamo centro-izquierda, de modo que en estos momentos el Labour Party sólo incluye dos espacios, el centro y  el centro-derecha; de ellos habrá de salir el sucesor de Starmer, si éste no logra su propósito, a lo Pedro Sanchez de subsistir como sea, contra viento y marea y sin la menor idea ni intención renovadora. Lo que no creo posible es el restablecimiento de un ala de centro-izquierda en el Labour, máxime cuando buena parte de la base sindicalista e izquierdosa que quedaba se ha ido del partido, siguiendo a Zara Sultana y otros destacados personajes izquierdosos, y, sobre todo, cuando el partido Verde ha sabido no quedarse en el ecologismo (esperemos que no arrincone el problema fundamental de nuestra época, y quizá de todas) y hacer suya una política progresista-reformista institucional. Más o menos, la de Corbyn. Por si fuera improbable reconstruir algo así como una izquierda y evitar el desplazamiento a la derecha del Labour que lo conduce, creo, a la nada, el Your Party de Corbyn y Sultana si sigue adelante -algo nada seguro- y establece coaliciones razonables con los Verdes fija otro clavo en el ataúd laborista.


sábado, 2 de mayo de 2026

 

Es evidente que el Estado de Israel, combinado con el espacio sionista en general, constituye uno de los mayores peligros, si no el mayor, de la paz mundial y de la libertad de expresión allá donde haya algo parecido. También es evidente que existe un antisemitismo ‘puro’ desde hace dos mil años que no se ha apagado con el gas Zyclon y un antisemitismo deviniente que convierte el antisionismo, la oposición a una corriente política, en antisemitismo, odio a los judíos o a lo que se considera etnia judía. Este último, desgraciadamente, está en alza, en buena medida azuzado por el antisemitismo puro, pero también por una falta de comprensión, una confusión, sociopolítica ,que se estimula desde los propios medios político-culturales sionistas.

La locura bélica, yo creo que en última instancia autodestructiva, de Israel -no sólo, me temo, del Estado, sino de la mayor parte de su población, y del sionismo nacional-etnicista y supremacista extendido sobre todo en Occidente- está obrando esa identificación ‘antisionismo igual a antisemitismo’. De momento, le viene bien a Israel, y también a USA y todos sus Estados subordinados (los de la UE, por ejemplo), pero la ceguera política de estos les impide entender que, dentro del concreto proceso histórico actual, esto se puede volver en su contra a medio plazo. Con el crecimiento irresistido del supremacismo ario, por ejemplo.


viernes, 1 de mayo de 2026

 

La FED, el BCE y el BoE (Bank of England) han mantenido esta senana sus tipos de interés. Esto revela algunas cosas. La fundamental, creo, es que ni Powell, ni Lagarde, ni como se llame el gobernador del BoE tienen, precisamente, una idea muy clara de por donde va la economía internacional ni hacia dónde se dirige. Su inflaciofobía natural les pide subir tasas, parte de la izquierda y Trump les exigen bajarlas. Y es que, claro, estamos ante el fantasma de la estanflación, si tiras por un lado, sueltas por el otro. Un dilema clásico. Volcker, gobernador a finales de los 1970s de la FED, enfrentado al problema, lo tuvo muy claro: subió el tipo básico al 20% (cuando la inflación no llegaba al 15%) provocando una muy severa recesión; y se acabó lo que se daba. Al fin y al cabo, él no se iba a quedar en el paro sin apenas ingresos.

Eran otros tiempos y la economía tenía ante sí la ‘recuperación’, via entrada en un neoliberalismo sin complejos. En estos momentos, la economía internacional está de mírame y no me toques, forzar una recesión puede tener unos efectos incalculables, la Gran Depresión de los años 30s del siglo pasado podría quedarse muy pequeñita en comparación. Sobre todo si consideramos los factores financieros, la burbuja de activos de entonces es muchísimo menor que lo que se cuece ahora en las bolsas. Por eso, y porque se han quedado en una Economía muy desprestigiable, nuestros insignes banqueros no saben qué hacer; como decía el otro, lo urgente, entonces, es no hacer nada.

En cualquier caso, tratar de contener una inflación de (disminución de) ofertacomo la actual, no de (exceso de) demanda, subiendo tipos es un disparate. Incluso impulsa la inflación al elevar los costes financieros de creadores de precios (hipotecas comerciales, créditos industriales). El llamado shock de Volcker no es que pretendiese oponerse a la inflación con la subida de tasas, aunque ello conllevara la recesión. No es ese el orden, Volcker quería parar la inflación con recesión, con la caída de la demanda agregada que supone una recesión, de modo que el objetivo real del ascenso del interés fue forzar la recesión, no un efecto colateral e indeseado,

La situación actual, desde otra perspectiva, no deja de ser un anticipo de lo que nos espera, la tremenda contracción de la demanda que, aunque ya se está produciendo, no alcanza ni de lejos la gravedad que van a tener en los próximos decenios las caídas de obtención de recursos naturales, de materias primas y energéticas. Es, así, un buen simulacro sobre el que habría que tomar medidas radicales para que las sociedades aumentasen su resiliencia a la altura de las amenazas. No se hará nada, los grandes emperadores de la industria y las finanzas van por otro lado.

A modo de ejemplo de cómo funciona el ya viejo capitalismo de las grandes corporaciones accionariales, adjunto dos gráficos, el de la evolución este año del índice SP&500 de Wall Street y el precio del petróleo Brent.







Como puede verse, debería haber una correlación inversa entre subida del crudo y bajada del índice. No sólo no la hay, sino que en abril han subido ambos. Desde luego, cuando Trump anunciaba un alto el fuego-lo que podría indicar que bajarían los precios- la bolsa se disparaba, entonces sí, pero en un brevísimo plazo, el suficiente para que Trump y sus amigos comprasen un cuarto de hora antes del anuncio y al siguiente de amenaza de destrucción de la ‘civilización’ persa, vender un cuarto de hora antes. Y eso por no hablar de los derivados a futuro. Simple estafa financiera para hacerse aún más ricos. Y que conste que no son paranoias, basta con mirar los gráficos a un día.

Lo importante es, pues, ver como la burbuja de activos financieros de renta variable sigue ganando volumen, impasible a las multiples amenazas de recesión que se ciernen sobre la economía 'real'. 


miércoles, 22 de abril de 2026

 

  • Anoche terminaba la tregua entre USA e Irán con la misma conclusión que los apocalípticos ultimatums de Trump: TACO; esta vez con la prolongación del alto el fuego por parte norteamericana durante un tiempo indefinido, “hasta que se presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea el resultado". En cualquier caso, se trata de una tregua bastante peculiar. USA la hace y la deshace, mientras Irán se autositúa en un rol reactivo. Que USA proclama la tregua y deja de bombardear territorio iraní, los iraníes dejan de contraatacar, algo que, de hecho, es su práctica habitual: USA ataca e Irán  contraatacay y, dado que Irán considera, con buen criterio, que su bloqueo del estrecho de Ormuz es una acción bélica, responde al alto el fuego eliminando ese bloqueo. Que USA rompe la tregua, pero sólo un poquito, bloqueando todos los barcos persas, Irán renueva su bloqueo anterior, en lo que se demuestra, de nuevo acertadamente, una indiferencia total hacia lo que la política demente de Trump llame ‘una tregua’. Irán dice: “Bloqueán Ormuz, nosostros también, no nos disparan misiles, nosotros tampoco’.
  • El asunto de la inserción de Israel en la guerra es muy distinto. La diferencia que media entre querer salir de la guerra sin grave descrédito, pero no saber cómo, y querer continuar con la guerra, tanto mejor cuanto más dure y más destructiva sea. Serio problema para Trump que, de algún modo tiene que saber que el sionismo y sus prácticas pierden, vertiginosamente, apoyo entre la opinión pública interna. Las tensiones entre Trump y Netanyahu comienzan a patentizarse. Trump seguramente conseguirá que, por el momento, las FDI no bombardeen Irán, pero no que interrumpan su actividad terrorista en Líbano.
  • La situación de Trump y sus acólitos belicistas en la guerra de Irán -en realidad, Hegseth y pare de contar, el resto son agentes sionistas, como su yerno y su compigolfi (Witcoff, no Epstein, que ya murió, no seamos malpensados)- es cada vez más desesperada, con un MAGA más que fracturado, todos los sondeos en el interior en contra y casi todo el mundo exterior también en contra de la guerra, lo digan con la boca más pequeña o más grande, una crisis económica mundial, incluyendo a USA, se halla a las puertas, y muy poquitos media van a echarle la culpa a otro que no sea el presidente anaranjado. Es esa situación de acorralamiento creciente que le va cerrando toda salida. Trump, en su situación, creo que se asemeja a personajes shakesperianos, lo que me preocupa. Puede estar tentado de emplear armas atómicas tácticas, al fin y al cabo tiene el botón rojo, o sea, el maletín nuclear. Que la reacción mundial, incluida, de nuevo, la de los norteamericanos, se propagara mas rápidamente que la radiación y con más fuerza que la explosión es algo que un tipo como Trump con una deterioro mental, con una desconexión tan profunda con la realidad, probablemente ignore y rechace. Mi esperanza es que, llegados a tal extremo, haya alguien, algún militar, que en la cadena operativa para poner en marcha las ojivas nucleares, piense ‘hasta aquí hemos llegado’, y actue en consecuencia.
  • La responsabilidad de la dirigencia persa en estos momentos es inmensa, histórica. Está ahora en sus manos negociadoras modular el proceso de decadencia de la hegemonía mundial estadounidense. Por lo demostrado hasta ahora, son conscientes de ello y muestran una capacidad táctica admirable. No deben dejarse cegar por lo que a todas luces es tanto su victoria como la derrota de un enemigo -que es USA, no se olvide que también lo es Israel-, deben saber los límites de la humillación y quedarse justamente u centímetro antes. A modo de ejemplo, habrían de no tratar de imponer su propuesta de 10 puntos, en algunos puntos es maximalista y podrían ceder. Mientras que el asunto de la nuclearización es claro: Irán es un país soberano como cualquier otro, si renuncia al armamento nuclear lo sería por su adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear (del que, por otro lado, uno puede no estar, como Pakistan e India, e Israel, o salirse, como Corea del Norte), nunca por una imposición ad hoc como fue el JpOAC de Obama. Y, ñpor supuesto todo el derecho del mundo aenriquecer uranio aplicable a plantas nucleares de producción eléctrica.
  • Por el momento, no es posible acabar con el imperialismo yanqui, pero sí debilitarlo, y debilitarlo bastante. Trump es la sinrazón, sí; y también la sinrazón de la astucia histórica.  


martes, 21 de abril de 2026

 

Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 12

 

Con los superávits comerciales de USA que siguieron a la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1%  de Bretton Woods sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, porque muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó la guerra de Corea en 1950, donde el gasto de USA, una enorme cantidad de dinero para sus tropas, se adquirió, precisamente, en Japón (que así compensaba en parte la pérdida del mercado chino, con el que contaban Japón  y USA,  estrangulado por la guerra civil entre el Kuomingtang de  Chiang Kai-shek y el PCCh de Mao) .

El mecanismo no era muy complicado, y permitía cohonestar las dos necesidades de una divisa internacional, un dólar fuerte producto de los superávits comerciales y una inversión en países ya desarrollados (Alemania, Japón) o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dólares entrantes y salientes se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. Por supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir títulos de deuda y acciones u obligaciones particulares regaba de dinero las finanzas, comisiones, costes de gestión, etc. Wall Street prosperaba.

Si bien todo parecía ir correctamente, pasaban inadvertidos unos procesos subterráneos que estaban próximos a emerger y hacer patentes las contradicciones. Los gastos de USA, en gran medida de nproductos extranjeros importados, y la disminución de sus exportaciones, generaron los twin déficits, los déficits gemelos simultáneos fiscal y comercial, la deuda aumentba, se imprimía moneda sin las restricciones auríferas anteriores (el dólar baja en relación con el oro y éste compite con la moneda USA como depósito de valor) . El dólar sufre presiones desvalorizadoras, su condición de divisa mundial se tambalea (la salva sobre todo la ausencia de alternativas). La inflación aflora, aunque lenta y suavemente..

Entonces sucede algo que cambia la dirección de los acontecimientos. En el marco histórico de la descolonización, de la irrupción de los países del tercer mundo no alineados que no quieren depender neocolonialmente de ninguna de las dos grandes potencias imperialistas, y, paradójicamente, de la colonización brutal de Palestina por el Estado sionista, tiene lugar en 1973 la guerra de Yom Kipur entre una coalición árabe e Israel. Los países árabes productores de petróleo, con el apoyo del conjunto de la OPEP, sancionan a occidente por su apoyo a Israel, suben los precios,y reducen la producción el petróleo en tanto que cuasimonopolio y bloquean las exportaciones. El precio del petróleo mundial se multiplicó por cinco y sus efectos, teniendo en cuenta los costes de la energía en los precios finales de casi todos los productos, fue una considerable inflación en los países capitalistas occidentales. La famosa crisis del crudo que acabo con la no menos famosa Edad de oro del capitalismo. Y que creó las bases para una nueva etapa del capitalismo, el neoliberalismo.

La restricción petrolífera de la OPEP ocasiona una fuerte inflación en occidente, en USA se pasa del 5,9% de 1969, una inflación ya alta, como se vio en el post anterior, al 11,1 de 1974. En Europa occidental, la inflación sube más aún, en torno al 15%. Se aplican fuertes medidas de austeridad y contención de precios, con unas tasas de interés que tratan de contrarrestar la bajada de valor del dólar, propiciando una leve caída de la inflación que toca suelo en 1978. Pero este año se produce en Irán la caída del sah, y con ella la inestabilidad en la región; Irán apenas exporta y a ello se le suma la guerra entre Irak, otro gran productor de petróleo, e Irán en 1980. Es la llamada segunda crisis del petróleo, en cuyo curso el crudo casi triplica su precio. La inflación llega al 14% en USA. La actitud del OPEP, fundamentalmente de los países arábigos, tanto para acabar la primera crisis -acabando con el recorte de la producción de crudo-, como en la segunda -contrarestando la caida de producción de Irak e Irán con aumentos de las suyas- contribuyeron poderosamente al descenso de la inflación. A cambio de ello, estrecharón su alianza con USA y su tolerancia, verborrea aparte, con el Estado sioinista. Podrán ser condenables (por algunos) los ataques de Irán en la guerra presente a bases yanquis, y también a refinerías, en los países del Golfo, pero en absoluto arbitrarios

La receta tradicional, o perezosa, del keynesianismo mainstream de la época, cuando la inflación tiene su origen en un calentamiento de la economía, en que la oferta va llegando a su máximo y la demanda sigue creciendo, es la subida de tipos que atempera la demanda. Pero la inflación en estos años viene motivada, sobre todo, por el estrangulamiento de la oferta, no por el ímpetu de la demanda. Las subidas de tipos, en especial la brutal de 1980, cerca del 20% en USA, en efecto, provocan la disminución de la ya castigada demanda, pero los precios se mantienen altos durante un tiempo, dando lugar a un fenómeno, entonces nuevo: la estanflación: estancamiento con inflación (mejor sería hablar de recesión con inflación: el GDP disminuye hasta un 2% en 1982. Y es que una inflación por falta de oferta sólo se soluciona forzando una crisis, como ahora.

En efecto, la terapia de choque de Paul Volcker, presidente de la FED desde 1979, provoco una fuerte recesión, pero acabó con la inflación, que tanto en USA como en Europa (no digamos Alemania), se consideraba el principal problema económico. Sin embargo, quedaba inexplicada la estanflación de la década de 1970. Su análisis supuso un fundamento teórico-ideológico para lo que supuso el cambio de las políticas económicas en el occidente capitalista desde el fin de la IIGM por las políticas llamadas neoliberales. De todo ello me ocupare en el siguiente, o siguientes, posts.


sábado, 18 de abril de 2026

 

La guerra de Irán parece estar a medio camino entre el impasse y la circularidad del eterno retorno. Ofrezco mi sumarísimo resumen hasta la fecha. 

  • A USA no se le ha perdido nada en Irán, una mala relación añeja no lleva a una guerra.
  • Obama consiguió más con el JCPOA -acuerdo con Irán para usar la energía atómica sólo para producir electricidad (empujado por Israel y ya en sí una pasada comparativa respecto a otros países)- de lo que va a conseguir nunca Trump, a no ser que, en efecto, destruya todo el país persa.
  • Trump solo le mueven dos objetivos en su acción de gobierno. Mantenerse en el poder, aumentándolo, si se le deja, hasta la autocracia, y enriquecerse, él y sus allegados, con total desprecio a la moralidad cívica y la legalidad.  
  • Trump opto por la guerra contra Irán, contra toda su administración -CIA, Gabbard, Vance, Rubio, general Caine- porque Israel le engañó haciéndole creer que los dos objetivos del punto anterior conseguirían, guerra mediante, un cumplimiento estratosférico.
  • A Trump le convenció Netanyahu de que la guerra de Irán duraría menos de una semana, que Irán se rendiría y que el Reza Pahlavi o algún tipo similar, proyanqui y al servicio de Trum, tomaría el poder en Irán.
  • Israel quiere, en el marco de su política de lograr la hege moonía total y definitiva en el Oriente Medio, la destrucción de Irán, hacer de él un Estado fallido incapaz de recuperarse y hacerle, de nuevo, frente. 
  • La resistencia del régimen iraní al asesinato de su cúpula dirigente, y de miles de civiles, y el contraataque impensado por USA/Israel de Irán, tan potente e inteligente, convirtiendo de facto el estrecho de Ormuz en un rehén de Irán frente a todo el mundo, han conseguido que USA pierda la guerra, en los términos en los que la inició. Dan igual todas las tonterías delirantes que Trumpo escriba en su social truth o en las declaraciones antes de subir a un helicóptero. No son más que muestras de desesperación
  • Israel lo intentó. Nice try. Tendrá por el momento que tragar con Irán y dedicarse a guerrear contra Hezbolah, a bombardear y a promover una guerra civil en Líbano. Otra vez será.
  • USA, el Estado norteamericano, ya gravemente deteriorado y desprestigiado, habrá de darse mucha prisa para quitar a Trump, derrocar a su camarilla, de la que, supongo Vance y Rubio saltarán como ratas, conservar lo que se pueda de MAGA y aplicar un texto imperialista y reaccionario, pero coherente con la situación, como es la Estrategia de Seguridad Nacional.
  • La teoría de que Israel está chantajeando a USA, sin entrar en detalles, explicaría muchas cosas. A falta de datos incontestables, prefiero la perplejidad -¿como pueden ser tan torpes?-  a la conspiranoia.


lunes, 13 de abril de 2026



  • De momento, las negociaciones se han interrumpido, lo que no quiere decir que se hayan roto (ni lo contrario), la tregua sigue fácticamente, no hay ataques iraníes a intereses de USA, ni de esta a Irán, lo que no quiere decir que se vayan a reanudar a corto plazo (ni lo contrario). Está claro que, para Irán, sus diez puntos, que no se conocen (ni lo contrario), eran una mera base para negociar, y USA acepto negociar; luego, negociadores internacionales tan profesionales y experimentados como Vance, Witcoff y Kuschner, propusieron sin más su plan de 15 puntos y, como la distancia entre las dos propuestas era tan sideral, se marcharon. O sea, que estamos como hace unos días, a la espera de que Trump clame con un nuevo ultimátum que vaya más allá de borrar de la faz de la tierra la civilización persa, sea eso lo que sea, o de llevar a los iraníes a la ‘edad de piedra”. Propongo para el próximo comunicado en su red social  ‘llevarlos al pleistoceno’, y así hasta legar al big bang.
  • El Objetivo Estratégico de Israel está claro -expandirse hasta constituir el Gran Israel, subyugar o eliminar a todos quienes le hagan sombra y se le opongan, destruir Irán, ser el gran hegemón de los demás países incluidos en un territorio que abarca desde Afganistán hasta el Mediterráneo, incluyendo y Arabia, claro, y … ¿Turquía? 
  • También son palmarios los objetivos de Irán, éstos tácticos porque no apelan a ningún designio histórico o celestial, sino a recuperar una cierta normalidad que no le sea manifiestamente hostilen en el área, a desarrollarse y fortalecerse. Para eso, tiene que ganar una guerra que se le ha impuesto, una guerra que, para ellos, no consiste en doblegar o someter al enemigo, sino en que se reconozca su derecho a ser un país soberano, sin injerencias de la CIA o el Mossad, de decidir su propio armamento y sus propios aliados; no parecen oretensiones extravagantes. Ahora, y tácticamnte, controlar el estrecho de Ormuz y poner una elevada tarifa a los barcos que lo atraviesen; algo que, ciertamente, en la medida en que quede un residuo de Derecho Internacional, debe ser negociado. No obstante, recuerdo que antes de la agresión de Israel/USA no existía tal circunstancia, el estrecho estaba abierto al comercio mundial para cualquier país.  La crisis mundial que va a provocar, que está comenzando a provocar ya, el cierre de Ormuz, cortesía de Trump y Netanyahu.
  • Los objetivos de USA también son nítidos, los dos. Uno, ponerse al servicio de Israel. El segundo, que cambia cada segundo en función de la(s) neurona(s) de Trump, unas veces es impedir el acceso de Irán a la energía atómica, a lo que ahora se añade, desenmascarando al anterior, incluir los misiles y drones y el apoyo a Hezbolá y demás, es decir se trata de impedir que Irán sea una potencia militar con capacidad para defenderse de los yanquis y sus amigos sionistas. Otras veces, la meta de la guerra es cambiar el actual régimen de los ayatolas por otro formalmente demoliberal aliado, es decir, subordinado. Con el Pahlevi junior, o con quien sea, qué más le da a Trump y los suyos lo que lleven sobre la cabeza las mujeres iraníes o cómo se denomine la policía política; mientras sigan torturando, todo bien. Bueno, supongo que de todo esto y de otras cuantas cosas más -como aumentar la fortuna familiar y de unos cuantos amiguetes, mediante comunicados  dramáticos y su efecto en la bolsa- le convenció Netanyahu. Se trata de deseos que realizan intereses yanquis, sin duda, mejor tener Irán bajo las botas que levantisco. 
  • El grave inconveniente es que, como le hicieron saber todos los asesores oficiales de USA que no estuviesen infiltrados por el sionismo, eso no se iba a conseguir, como tampoco USA puede, pongamos por caso, derrotar a China en el terreno económico. Ya les gustaría, pero no. Sin embargo, Trump, un hipernarcisista estúpido, imbuido de su omnipotencia, creyó que Irán caería con un par de bombardeos, muy asustados por sus amenazas de internet. Es decir, como les sucede a los políticos endiosados e ineptos, confundió deseos con objetivos. Cuando se emprende una guerra de elección, y para USA la de Irán es totalmente discrecional, hay que estar, y con buenos motivos racionales y factuales, no con fantasías, convencido de lograr los objetivos propuestos. Para USA esta guerra es un despropósito del que ya no va a poderse recuperar; ni aunque caiga Trump. Y todo esto sin necesidad de aludir al Trump pacifista y aislacionista, al Trump del MAGA, que consiguió ganar las elecciones presidenciales, o a ese documento que se pretendía fundamental (estratégico), la Estrategia de Seguridad, que dictaría los criterios geopolíticos de USA en el futuro.
  • Algunos críticos de Trump afirman que se inventó una guerra, innecesaria a todas luces, para que la opinión pública se olvidara de su implicación en el caso Epstein. No es esa mi opinión, aunque desde luego no le vino mal en ese sentido. Trump, repito,  inició la guerra engañado (o ‘muy presionado’, léase ‘chantajeado’) por Israel y convencido, quizá también por Netanyahu, además de por su propio cretinismo, de que iba a ser una operación de una semana similar a la de Venezuela, lo que le daría más prestigio. No obstante, lo de Epstein es gracioso, porque ahora esas u otras voces críticas dicen que Trump ha sacado el tema Epstein -por medio de la inverosímil rueda de prensa de Melania- para que la opinión pública se olvide de la guerra. Nos metemos en un bucle. En cualquier caso, son ya muchos los frentes que auguran la muerte política del ser anaranjado, o … algo así como una guerra civil.
  • La última ocurrencia, visto el citado caos que ya mencioné, donde nadie sabe si hay negociaciones o no, donde nadie sabe si hay alto el fuego o no, Trump amenaza con un nuevo ultimátum, vaya, qué sorpresa. Ahora dice que si los iraníes no abren Ormuz a todos los barcos sin excepción bloqueará a aquellos que estos días permite pasar Irán,  incluidos los propios iraníes, claro. Poco después -Trump ya no es que sea TACO, es que no sabe lo que dice-, ‘matiza’ que el bloqueo se aplicará únicamente a los barcos que salgan de puestos persas, o sea, que a un barco con petróleo hacia China que salga de Kuwait le permitirá continuar, pero si sale de territorio iraní, aunque se dirija también a China, será pirateado por la USA Army. No creo que esta medida le guste a China; ni al mundo, pues el no tan poco petróleo que se exportaba por el estrecho -Irán dejaba pasar, previo pago, barcos que se dirigieran a países no hostiles- queda suprimido. Trump, como casi siempre, disparándose en el pie. 


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Breve comentario acerca de las elecciones en Hungría. El muy abultado triunfo de Magyar es, más bien, la muy abultada derrota de Orban. Se ve que la población huúngara estaba harta de el y de que Hungría fuese una chincheta en la prácticamente unánime política de la UE. El nuevo presidente es un perro fiel de la oligarquía corrupta del Estado hungaro; como lo era Orban, si bien es muy probable que se haya producido un leve desplazamiento en esa oligarquíc a favor de los intereses de la UE y en detrimento de los fieles a Putin; pero en lo que se refiere a la (des)igualdad, al neoliberalismo a tope, a la xenofobia antiinmigrante, etc., poco cambio se va a experimentar. La mayor parte de la población hungara está muy contenta y me parece razonable, pero deberían saber-supongo que muchos lo saben- que sus condiciones materiales de vida no van a mejorar, incluso a empeorar un poco, porque imagino que ahora habrán de prescindir del petróleo y gas rusos, y emplear unos combustibles fósiles bastante más caros. Pero no todo, en absoluto, se mueve en torno a esas condiciones.

En el terreno internacional es donde el cambio es más relevante. Magyar y su partido, Tisza, están integrados en el grupo del Partido Popular Europeo, o sea el núcleo duro de Weber y von der Leyen. Y del PP español. Putin ha perdido, pues, muchísima influencia en la UE cuyo eje alemán, y sionista, se fortalece. Lo que más me llama la atención, y me parece digno de encomio, es como los húngaros se han alejad también de la USA de Trump. No se olvide que la semana pasada estuvo allí Vance pidiendo el voto para Orban. Asimismo, es un varapalo para el, por otra parte, variado, movimiento de extrema derecha europeo, donde Orban era, más para unos que para otros, un referente y una figura clásica en todos sus saraos. Habrá que ver la reacción de Trump y, si se hace mínimamente pública la de su equipo inmediato y su entorno, analizar lo qué esta pasando allí . Y a lo mejor Abascal se ve obligado a pensar un poco, aunque para esa exótica actividad ya tiene a Buxadé.