sábado, 21 de marzo de 2026


Continúa

  • Volvamos a la USA trumpista. El ataque a Irán en las circunstancias en que se produce es, repito, una decisión del gobierno de Netanyahu, correcta desde sus intereses. Muy errónea para Trump,  que es quien se va a llevar los pales. Ve ya encima las elecciones de midterm y todo lo que hace se le vuelve en contra, recula continuamente (Trump Always Chicken Out) y, casi siempre, cuando ya es tarde, cuando ya ha perdido millones de votos, entonces intenta recuperarlos, con alguna de sus torpezas, y vuelve a perder más votos. Sin embargo, aunque suele hacerlo todo mal, con excepciones, como el penoso (para mí, no para él) caso de Venezuela, hay acciones y acciones.
  •  Los aranceles, por ejemplo, eran un elemento dentro del plan de reconstruir el tejido industrial americano devastado por la deslocalización a países del tercer mundo; y ello, manteniendo la fortaleza del dolar y su condición de divisa internacional preponderante. Subir los aranceles a lo bestia y con el objetivo añadido de sacar másculo, era una medida muy a lo Trump, es decir: idiota y contraproducente, pero a su muy simple mente, a la de sus economistas y a la de sus seguidores MAGA les pareció una buena idea. Y  el citado fin al que se dirigía ese medios arancelarios era,  al menos, razonable. 
  • A diferencia de los aranceles, la provocación de guerras que involucran a USA, entre las que la de Irán es la más relevante iniciada por él, no es un mal medio para un buen objetivo, es una traición y, para más inri, una traición que se va a mostrar, ya lo está haciendo, desastrosa para USA. En sus campañas electorales Trump no habló de aranceles, mientras que se hartó de criticar a Obama y a Biden, a veces hasta a Bush hijo, por haber entablado y mantenido conflictos bélicos fuera de las fronteras de USA. Él iba a ser un presidente pacificador, iba a acabar con las guerras; recuérdese el año pasado y su patética obsesión por conseguir el Nobel de la Paz. Estas manifestaciones de su candidatura presidencial no perseguían halagar a la gente de MAGA porque fuesen pacifistas, que no lo son en absoluto, sino porque eran, como siempre ha sido una gran parte de la derecha de USA, aislacionistas. Su enunciado paradigmático es “¿Qué se me ha perdido a mí en x? Siendo x Irak, Afganistán, Vietnam, Irán, incluso Ucrania, países que no saben dónde se hallan y que son incapaces de deletrear.
  • Esto nos lleva de nuevo al principio, ¿Qué pasa con Israel? Sabemos que, desde la Guerra de los Seis Días de 1967, USA ha apoyado total e incondicionalmente a Israel, que medio engañó, medio compró, a Arafat para que firmase los acuerdos de Oslo y para que la OLP llevase a cabo una tarea de cipayos en los territorios formalmente palestinos, que siguió armando al Estado sionista en (y para) su actividad genocida y expoliadora. Sabemos que el lobby sionista norteamericano es muy poderoso, que posee dinero más que suficiente para sobornar a multitud de políticos americanos, demócratas o republicanos. Pero creo que Trump ha ido demasiado lejos, y eso que Biden le dejó el listón muy alto. Si fuesen coherentes, los MAGA deberían de cambiar su gorrita por otra en que se leyera ‘Israel First – America Second’. Pero el movimientoi MAGA, en general y cada vez con menos excepciones, no están dispuestos a cambiar su gorra de American First. No así los integrantes del lobby sionista, que deberían llevar grabado el eslogan en el pecho. 
  • Hasta tal punto la sumisión de Trump a los intereses de Israel, contra los bastante evidentes de USA, en su actitud contra Irán son incomprensibles que, no ya los conspiranoicos que hablan de ciertas fotos comprometedoras del presidente en manos de Netanyahu y proporcionadas por Epstein, colaborador de los servicios secretos sionistas, también muy respetables analistas de la política exterior de USA afirman no comprender cómo Trump ha subordinado los intereses de USA a los de Israel en un asunto que estaba muy claro desde cualquier punto de vista que se tomase. Algunos se aventuran a suponer que el Mossad conoce a la perfección la peculiar psico(pato)logía de Trump, que saben cómo manipularle y que algún agente suyo tiene acceso preferencial al despacho oval. No puedo admitirlo como explicación unicausal, creo que es multifactorial, pero que ese íltimo elemento es uno de los factores y no el menos eficiente.
  • La guerra de Irán ha exacerbado las contradicciones internas dentro del bloque político-social que llevó a Trump a la presidencia. Durante la campaña electoral y tras la victoria de Trump ya estaba claro que éste tenía que jugar a dos bandas, que tenía que tener suficientemente satisfechas a las dos ‘almas’ del trumpismo, la abiertamente ideológica y la pragmática, sin que ello signifique que esta última no tenga ideología, la tiene, y bastante más peligrosa que la de la primera. En términos más claros, la corriente MAGA y la de los ‘techbros’ de Silicon Valley. Dos corrientes en buena medida opuestas y muy difícilmente compatibles en casi nada.
  • El bando MAGA, al que por mentalidad y por tamaño de fortuna pertenece Trump, es, en líneas generales, el del conservadurismo norteamericano, la derecha y extrema derecha de lo que antes fue el partido Republicano: nativismo, supremacismo blanco, racismo, literalismo constitucionales, tendencias aislacionistas, etc., en el plano ideológico, con profusión de evangelistas renacidos y sionistas cristianos. En cuanto al enfoque sociológico, trabajadores, jornaleros y pequeños empresarios agrarios  o de poblaciones reducidas y medias, obreros parados o en riesgo de serlo a consecuencia de la desindustrialización americana y de la inmigración obligada a trabajar por salarios ínfimos; asimismo, un conjunto muy diferenciado de aquel, empresarios, personas con fortunas considerables, que no suelen llegan a los milmillonarios que forman el otro bando, y que pertenecen a la ‘vieja economía’, como el  sector inmobiliario en el que se halla Trump.
  • El ala alternativa al MAGA, que denominé ‘los techbros’ tomando la parte por el todo.  Y es que los hombres (porque son casi todos del género masculino) de las enormes compañías tecnológicas y de las startups pronto absorbidas por aquellas, son quienes están a la cabeza de la ideología sobre la que se pretende construir el futuro: aceleracionistas, transhumanistas, anarcocapitalistas, neofeudalistas. Pero no son los únicos de este bando, también están en él las grandes corporaciones de energías fósiles y de armamento, así como el alto mundo financiero de Wall Street y NASDAQ, bancos de inversión, fondos de pensiones o de alto riesgo, banca en la sombra. No tan futuristas como los techbros, que planean vivir eternamente y en Marte, suelen estar cercanos al neoliberalismo más crudo y, por tanto, al globalismo. Rasgos éstos muy relevantes en tanto que se asocian con la política internacional neocon. 

Continuará.

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Ya seguiré con el análisis de esos tan manoseados antiguo y nuevo orden, entre los que, según Carney “Este acuerdo [el que se da en torno al viejo orden] ya no funciona. Seré directo. Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. Es un asunto muy complejo sobre el que las clases dominantes de las potencias subalternas a USA -véanse las declaraciones de Carney o de von del Leyen- no hacen sino arrojar confusión, en parte deliberada y en parte por pura incomprensión. 


Hoy y mañana escribiré unas cuantas líneas acerca de la guerra de Irán y de lo que se va sabiendo, o es factible inferir, en el marco de su desarrollo. 

  • Sigo creyendo que la guerra, la decisión de atacar a Irán, la tomó Israel aprovechando la megalomanía patológica y la estupidez de Trump, que lo hace influenciable por todo aquel o aquello que sepa pulsar sus pueriles e ignaros botoncitos emocionales. Los argumentos que corroboran esta afirmación son numerosos.
  • Netanyahu es inteligente y tiene visión estratégica. Trump, ni lo uno ni lo otro, ni tampoco parte de su camarilla inmediata; luego me referiré a ella. 
  • Israel tiene claro que pretende con esta agresión: acabar con Irán, cuanto más quede destruido mejor. Aunque se conformaría -y creo que sólo tácticamente- con sustituir al régimen de los ayatolás por otro favorable al tándem USA/Israel; por ejemplo, con el sha Palevi o similar.
  • USA, la USA de Trump, no tenía en estos momentos interés alguno en la guerra. La situación de debilidad de Irán, tras la cuasicaída del Eje de la Resistencia, le confería una ventaja total a USA en la mesa de negociaciones de Omar. Las garantías de parar el programa de desarrollo nuclear que iba a aceptar Irán eran casi definitivas.
  • El gobierno de USA no se había planteado ni con Obama, ni con Biden ni con el primer Bush demandas sobre que Irán suspendiera dotarse de misiles o dejará de apoyar a lo que queda del Eje, Hizbulá, Hamás y los hutíes. Menos aún forzar un cambio de régimen por la fuerza. La introducción en las negociaciones de esos tres puntos de arriba fue una excusa para iniciar la agresión, ya que eran claramente inaceptables para el régimen teocrático. Pese a ello, ya lo dijo Rubio, Israel, que probablemente le había impuesto incluir esos puntos a USA, puso fecha inmediata al ataque, sabiendo que, de facto, movía los hilos de la marioneta Trump.
  • Empezaron los bombardeos. Israel sabía lo que buscaba, en plena coherencia con la ideología sionista actual. Trump, as usual, ni idea. Si hubiera conocido y sabido elaborar la información que le proporcionaba la inteligencia yanquí, habría entendido que la guerra iba a ser un clavo más en su previsible ataúd. Es muy probable, no obstante, que parte de la información recibida de la CIA estuviera muy sesgada por la influencia del Mossad. De todos es sabido la unidad de acción entre ambas agencias, aunque ignoro sus diferencias y la relación real de fuerzas entre ellas, puesto que es obvio que dentro de la CIA hay mucho sionista; por arriba, por abajo y por el medio.
  • Cuando Trump se contradice continuamente acerca de qué fines persigue no trata, creo, o no solamente, de engañar a la opinión pública. Es que, en realidad, no lo sabe. Lo único que tiene claro es que la guerra debe acabar con una victoria suya; en que consiste esa victoria, depende de la hora o del último con quien haya hablado. Por eso, algunos seguidores suyos y muchos detractores opinan que lo que debería hacer, ya mismo, es decretar la victoria de USA, con independencia de la situación bélica, y retirar a la US Army. 
  • Para Israel y para Irán, la guerra se inscribe en un conflicto existencial. La no pequeña diferencia de este episodio bélico es que, si vence Israel, Irán, desaparece a la manera de Libia o Siria, es decir como naciones con Estados fallidos. En cambio, si Irán gana, Israel se resiente de manera relevante, pero no desaparece. Por eso, la muerte de Netanyahu, la mitad de su gobierno y la cúpula de las FDI habrían llevado muy probablemente a Israel a suspender, aunque fuese de manera provisional, mientras que no es el caso de Irán, que asiste al asesinato de sus líderes, los sustituye y redobla la resistencia. 
  • La supervivencia del Estado sionista de Israel acabe como acabe la guerra no implica su su fatum trágico. Israel debe desaparecer si la Humanidad subsiste y sigue siendo humana.
  • Entrar en la cabeza de Trump es harto complicado, y mejor no intentarlo. No obstante, parece que ese batiburrillo informe de neuronas consideró -concedámoselo: con razón- que la neutralización de Venezuela había sido un gran éxito personal (lo de personal, tratándose de él, es redundante; bueno, y lo de éxito). Intentó repetir la jugada ,esta vez asesinando al líder, en lugar de secuestrarlo. Hasta ahí, bien. El gran problema es que no encontró una Delcy Rodriguez. Hace unos días, manifestó, con ese humor psicopático sin gracia que gasta, que no había podido hallar un equivalente a Delcy que, sin destruir el régimen autoritario, pusiese Irán a sus pies, porque había matado a todos los candidatos. Probablemente, hasta se lo creía. En el mundo real sucede que el Estado de Irán no tiene nada que ver con el madurista en descomposición, por mucha oposición al Estado islámico que halla (aproximadamente el 10% de lo que Trump cree y la prensa occidental relata).
  • La estrategia de Irán es inteligente y realista, dada la asimetría entre las fuerzas en liza. En el sentido de Clausewitz es, de hecho, eminentemente política. (a diferencia de Trump que, siguiendo la recomendación de Franco, no se mete en política; demasiado para sus entendederas, aunque se la dibujen). Irán ataca las bases americanas en los países del Golfo, que se creían muy protegidos por USA y ahora ven que son bombardeados y USA no los defiende, más aún, que los mismos yanquis han forzado la situación que origina los ataques. De paso, a Irán se le ‘escapan’ algunos drones que impacta en hoteles de veinticinco estrellas de Dubai o Abu Dabi, causando un daño irreparable a esa especialización en turismo de millonarios que iba a complementar los menguantes ingresos petroleros. Y, por encima de todo, el bloqueo del estrecho de Ormuz que, no se olvide, se aplica sólo a países aliados con Israel y USA. Cuando a un europeo le cobren 2,5€/l por echar gasolina a su coche, a no ser que esté excesivamente indoctrinado, no le va a culpar a Irán sino a los gilipollas que la atacaron ilegal e innecesariamente.
  • Israel va a buscar desesperadamente que USA no abandone los bombardeos, que destruya Irán, sus infraestructuras militares y civiles, sus universidades, sus mezquitas sus lugares sagrados, su cultura, que no quede piedra sobre piedra. Y si, cosa poco probable, incursionan los marines y matan a decenas de miles de guardias revolucionarios, tanto mejor. Además de consideraciones estratégicas, es probable que, a fuerza de asesinar y destruir durante décadas, le hayan cogido el gusto. Y, con el dolor de mi corazón, no hablo en exclusiva de los oligarcas sionistas, también del israelí medio. 


domingo, 15 de marzo de 2026

 


En el post anterior, apuntaba que la irrupción de los neocons tomó cuerpo en la política exterior de USA desde el mandato presidencial de Bush hijo, iniciado el año 2000, y que su teoría se basaba en los documentos emitidos por la plataforma ‘Project for the New American Century’. Las propuestas neocons no configuraron una política internacional que permita hablar de un nuevo orden mundial, aunque, en parte, lo es, y aunque así se presentaron. Sin embargo, la disrupción del statu quo mundial causada por el desmoronamiento de la URSS y del bloque del ‘socialismo real, había de conducir, dentro de una continuidad esencial, a nuevos planteamientos; en concreto cómo sustituir la bipolaridad anterior -desaparecida una de las dos patitas del ‘bi’- por lo que de facto suponía una unipolaridad encarnada en USA. 

Los pensadores y políticos del Project eran republicanos, neoliberales y globalistas dentro del partido colorado; acusaban a Clinton de centrarse demasiado en la política interior en detrimento de la exterior, de que su liberalismo internacional era, al menos retóricamente, demasiado ‘igualitario’ y apocado con países aliados y rivales Frente a ello, o, más bien, frente al vacío de Clinton,  proponían una política exterior ‘neoreaganiana’, que presentara ante el mundo la clara voluntad de USA de ser el hegemón universal y que no dudara en exhibir la superioridad de su ejercita para intervenir, si era necesario, contra los Estados ‘canallas’ y en ‘defensa de la democracia’. 

Hablo, no de crear un nuevo orden, sino de modificarlo, porque lo que se propuso fue implementar un único hegemón que no rompía la estructura anterior del Primer Mundo, sino que la extendía a todo el planeta. El principio fundamental, el orden basado en normas, que ya existía antes, como eslogan y como pseudorealidad, no se cuestionaba se respetaba. La ONU, y, en general, las grandes organizaciones internacionales, OIC, CJI, CPI, etc., así como los principios de Derecho Internacional emanados de la Carta de la ONU de 1945, seguían informando aquella estructura. Distinto es que, de facto, como reveló Carney ex post, quien tenía el poder máximo, USA se saltara todo esto a la torera cuando lo considerase necesario. Así la invasión de Irak del 2003. No obstante, el equipo de Bush hijo, por lo menos, lo intentó: acudió al Congreso y obtuvo su autorización, y después los presentó al Consejo de Seguridad de la ONU; ante el veto de Francia y Rusia, y sólo entonces, soslayó a la ONU y atacó por su cuenta; y la de Blair.

O sea, que el mundo capitalista asumía la vigencia de un orden internacional basado en reglas que desde 1945 se respetaba, formalmente, hasta que se dejaba de respetar, realmente. Había transgresiones, siempre en función de las relaciones de fuerza entre países y, principalmente del País Elegido por Dios frente al resto de la ‘comunidad internacional’. Sin embargo, esas transgresiones no eran sistemáticas y siempre estaban sostenidas por algún subrelato ad hoc que las presentaba como una excepción justificable. Por ejemplo, las famosas armas de destrucción masiva en poder de Sadam Bussein. Se vulneraba ‘un poco’ el orden, y después, conseguidos los objetivos (es un decir, en el caso de Irak o Afganistán), se volvía al redil lo antes posible. Lo de Ucrania se vendía como legítima defensa, lo de Gaza era una respuesta militar, no una guerra, a una provocación terrorista. Y así, todo controlado.

El gran relato funcionaba legitimando una visión del mundo falsa, que necesitaba ser reproducida por todos, de bocas hacia fuera; lo que pensaran unos y otros, daba igual, el traje del emperador era sublime. En esas, llegó el segundo mandato de Trump, y el establishment mundial, para ser más preciso, el de los aliados de USA de toda la vida, trepidó. Nuestras élites políticas se apresuraron a proclamar la defunción del viejo orden ‘basado en reglas’, algunos a lamentarlo y otros a saludar el nuevo orden. Entre los primeros, Carney, que, le dio la vuelta a esa norma no escrita que impide hablar mal de los muertos se despachó a gusto, dentro de lo que cabe, mientras las plañideras redoblaron sus llantos. “¿Cómo dice eso? Con lo bueno que era”. 

Continuara. De momento con la posición de Carney


miércoles, 11 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 8


La idea de USA, valerse de dos escuderos, Alemania y Japón que, tanto en el plano político como en el económico, lo obedecieran sin objeciones, funcionó muy bien durante algún tiempo. Ello le permitió seguir con superávits comerciales, pero sin poner en peligro el dólar como moneda universal en las relaciones internacionales. Con el impulso del capital americano, en dólares, claro, trasmitido desde USA estos dos países experimentaron una (re)industrialización vertiginosa; respetándose, claro el famoso complejo militar-industrial en tierras yanquis, y ,en general, buscando una complementaridad no competitiva entre las industrias de sus auxiliares y la propia. Pronto, Alemania y Japón lograron saldos positivos en su balanza comercial. 

Como parte del comercio de estos países se liquidaba en marcos o yenes, -sin llegar a amenazar la hegemonía del dóla, la presión sobre éste, la demanda de dólares, disminuía y con ella las tendencias a una revaluación, por otro lado, imposible, ya que USA, siguiendo los dictados de Bretton Woods, no podía imprimir dinero al tener una paridad fija con el oro y, este, ya se ha dicho apenas entraba en USA. 

Con los superávits comerciales tras la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1%  establecida en Bretton Wodds sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó a medias el norme gasto de USA en la guerra de Corea en 1950 y de paso se le dio un mercado a Japón que cubría las necesidades de diversos artículos de las tropas de USA en Corea. De este modo,  Japón compensaba en parte la pérdida del mercado chino con el que había contado USA. 

El mecanismo no era muy complicado, en síntesis, USA recibía dinero neto del extranjero por su comercio con superávit e invertía ese dinero, siempre en dólares, en préstamos o inversiones empresariales en países desarrollados o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dinero entrante y saliente se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. NOTA. Si salía demasiado dinero el Tesoro emitía bonos que, comprados por el extranjero, devolvía el dinero a USA. Si entraba demasiado dinero, la FED compraba bonos USA en el extranjero y les suministraba dólares. P0r supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir titulos de deuda y acciones u obligaciones particulares suponían un pingüe negocio para los financieros. Wall Street prosperaba.

Todo parecía ir correctamente.


NOTA. 

Un bono soberano es un tipo de título de deuda emitido por el Tesoro un país en su propia moneda con vencimiento a plazo fijo. Los bonos suelen amortizarse a medio plazo, en torno a un par de años. Otros tipos son las letras, a corto plazo y las obligaciones, a largo. Comprando o vendiendo bonos, los Bancos Centrales pueden regular la cantidad de su moneda: si compra, bonos a la 'sociedad civil', hay más dinero para hogares y empresas, si vende, hay menos. Normalmente, el Tesoro emite los títulos, fijándose en los tipos de interés de emisiones anteriores similares, 

En lo que se llama mercado primario, el Tesoro hace una subasta y los bonos todos -emisión cubierta- o parte de los ofrecidos -emisión no cubierta- son comprados por bancos, fondos, etc. Posteriormente, esos compradores, si así lo desean, los ponen a la venta en el mercado secundario, donde pueden ser adquiridos por cualquiera. Los bonos en cuestión pueden compra/venderse en los mercados secundarios hasta el momento de su vencimiento.


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Está muy alborotado el gallinero de los comentaristas políticos progres por las afirmaciones del Ursula von der Leyen en el discurso de ayer a los embajadores de los distintos países de la UE en la propia UE. Antonio Costa, el presidente del Consejo de la UE, le salió al paso con una declaración inocua, típica de la UE, Pedro Sánchez se mesó los cabellos y los demás líderes europeos eludieron el asunto, considerando que von der Leyen no tiene competencias en política internacional, que eso es cosa de Kaja  Kallas (estamos salvados) y del Consejo. 

Hace poco más de un mes, también se alborotaron mucho con el discurso de Mark Carney, primer ministro de Canada en el Forum de Davos. Adelanto mi posición; que quede clara antes de argumentarla. Esa progresía desde el socialliberalismo hasta una sedicente izquierda, con algunos residuos de l ‘centro’ o ‘derecha civilizada’, oscilan entre la hipocresía y la estupidez.  Se escandalizan por algo que ha sido bastante evidente dese hace ochenta años, como espero que se colija con nitidez en esa especie de historia geopolítico-económica que estoy publicando por fascículos. Tal evidencia es que, después de la IIGM y con la excepción del periodo de existencia de la URSS y de la acción de algunas fuerzas anticoloniales, USA ha dominado el mundo con mano de hierro en defensa de sus intereses como Estado, ha declarado multitud de guerras, , el segundo biertas o con proxies, ha impuesto los relatos que le ha convenido para justificar su hegemonía en el orden internacional. Nadie en los antiguos Primer y Segundo Mundo, con la excepción de Rusia a partir de la segunda década del XXI, lo ha tosido.

Es el ‘American Century’ (en realidad medio siglo XX) que rompe definitivamente, hasta la fecha, con las tendencias aislacionistas yanquis conservando el ultranacionalismo. De hecho, en los albores del siglo, tras la caída de la URSS, aparece un think tank llamado ‘Project for the New American Century” en el que se sientan los principios de la política neocon de los Kristol, Wolfowitz, Rumsfeld y compañía, la política que llevó adelante USA desde  Bush junior hasta el segundo mandato de Trump. Para no extenderme, el principio rector de este lobby cultural, expresado de tropecientas formas, era: "configurar al nuevo siglo para que sea favorable a los principios e intereses estadounidense”.

En todo caso, en el viejo y en el nuevo siglo yanquí, el relato es el mismo: la política internacional, sean cuales sean las potencias predominantes, se ha de conducir según  el famoso ‘orden internacional basado en normas’. Normas del Derecho internacional y normas emanadas de las instituciones internacionales a nivel global, específicamente, la ONU y sus diversas Agencias. Por su parte la actividad exterior yanki se justificaba porque pretendía representar y extender la democracia y las libertades, en consonancia con la Carta de la ONU. Todo muy bonito para cimentar el dominio de USA sobre el mundo. 

Entonces aparece Trump y rompe la baraja. Ese 'viejo' orden, que los neocons no confrontaban porque como veremos, era más falso que el alma de judas, pero eficaz como legitimación, se empieza a deteriorar de facto por, simplificando, la impetuosa irrupción de China en la escena mundial. Por poner un ejemplo, cuando se fundó el Proyecto para el nuevo siglo’, incluso durante los sucesos del 11M, China era un país considerado poco más que ‘en vías de desarrollo’, subordinado económicamente a los grandes centros de poder económico, con mucho potencial, sí, con impresionantes tasas de incremento del PIB, sí, pero muy lejos de constituir una amenaza al imperio yanqui. Ya Obama comenzó a preocuparse y ocuparse. Por lo visto, sin gran éxito. En estos momentos, China es la gran potencia económica mundial real -olvidémonos del absurdo PIB nominal-, tiene un ejército impresionante, cercano ya al norteamericano y una capacidad nuclear importante que, si acaba asociando su defensa a la de Rusia, es muy superior a la del botoncito rojo del POTUS.

Me enrollo demasiado, así que mañana continuaré con lo que trato de contar, el complicado tránsito entre el nuevo y el viejo orden, la pugna entre neocons y ‘salvajes’ representados por un cachito de Trump que, como no se entera de la menor sutileza intelectual, dice una cosa un día y su contrario el siguiente. Y la desbandada de los lacayos de USA, para ser preciso cómo trata cada uno de ajustarse a los nuevos requerimientos de sumisión al hegemón vigente.



lunes, 9 de marzo de 2026

 

Contra el economicismo.


En nombre de un supuesto realismo estamos viendo la presencia en los media de numerosos analistas que se burlan, en general de manera tácita, de quienes afirman que la guerra de Iran se dirige a un cambio de dirigencia institucional en ese país o a la obtención de una hegemonía incontestada en el Oriente Medio. Por lo visto, "es la economía, es el petroleo, ¡estúpido!". A ese sesgo lo llamo ’economicismo’. Los economicistas son una curiosa amalgama de marxistas ortodoxos, muy ortodoxos, que creen que lo político y lo cultural son apenas superestructuras epifenoménicas de la estructura económica subyacente, y de economistas que abonan aquella teoría que cité en anteriores posts de la economía, y la Economía, separadas de la política y (que deben ser) independiuentes de ella

Volviendo a lo de siempre, lo político y lo económico son abstracciones analíticas, necesarias en fases primeras de la teoría social, pero en la realidad mundana no existen; aquí solo hay un conjunto de procesos y actividades humanas en que lo político, lo ideológico y lo económico están férreamente soldados. 

En la guerra de Iran es indudable una dimensión política, geopolítica, innegable. Es un hito más en la pugna por la hegemonía política en Oriente Medio. Dejando un lado la, hoy por hoy tontería de la bomba atómica iraniana, USA, y su delegada en la zona, Israel, quieren  dominar todo Oriente Medio no ya sin oposición, sino con todos sus Estados actuando a modo de siervos. Ese es un de los objetivos principales de los neocons, que utilizaron hábilmente los atentados del 11S (por eso algunos conspiranoicos hablan de autoataque) para conseguirlo. Primero Irak, después Siria y ahora el mayor demonio del ‘eje del mal’. 

Y, por qué Oriente próximo; pues evidentemente porque bajo sus arenas se halla cerca del 50% de la producción de petróleo; y de las reservas. También posee una buena parte, aunque menor del gas natural. Es, entonces una guerra con una causa real económica, una contienda por el control de los combustibles fósiles en una coyuntura en que USA sabe que su actual opulencia está generada por el fracking y este se halla muy próxima a su decadencia. Económica: USA necesita combustibles -lo que en la apuesta negacionista del cambio climático de Trump, significa carbón, petróleo y gas natural,- para sus ejércitos e industrias militares y tecnológicas,. Política:necesita sus ejércitos y corporaciones para apoderarse de los recursos, ya a la baja, de todo el resto del mundo. De paso, consigue que China, su rival estratégico, su némesis del fin de los tiempos, se debilite. El poder político y el poder económico se coimplican, no hay uno sin otro. Kant vendría a decir que no se requiere la categoría de causa, sino la de acción recíproca. Otros hablampos de dialéctica.

Política, economía, falta un tercero igual de cooperante: la ideología que sitú a a las instancias anteriores en un relato legitimador y autoreproductor del status quo.  Se trata de la visión favorita de la USA trumpiana  (más neocon que MAGA, por cierto) y de los defensores de la guerra de  países considerados democráticos (no incluyo a Israel, un Estado fascista obsesionado con su seguridad frente a vecinos hostiles): en realidad, la guerra se hace para acabar con un ‘régimen’ teocrático que no concede libertad a su población y que discrimina brutalmente a las mujeres. Así dicho, tienen razón en su crítica, lo que ocurre es que los más entusiastas de esta versión liberadora, Trump y las extremas derechas, y derechas extremas mundiales no hacen sino impulsar en sus países el proceso liberticida y el recorte de los derechos conseguidos por el movimiento feminista. Esto es, se rasca un poco y se obtiene islamofobia y reversión de los flujos migratorios hacia los países, aun, ricos.

 Sin embargo, esta narrativa absolutamente falsa -no en cuanto a las maldades del Estado iraní, sino en que la guerra va a terminar con ellas- cala en las conciencias de la agente. Los media ocultan la realidad y machacan con esta interpretación creando inmensas cámaras de eco. No hay más que ver a progres echando pestes de los clérigos iraníes y alegrandose con su caída. Como si esto viniese ahora a cuento. Como hacían justificando la tortura hace 20 años, porque contra ETA 'todo valía'. 

El economicismo, como todo intento de destacar un único aspecto de lo social, siempre viene a ocultar el resto y, en ultima instancia, a privilegiar los intereses de sus ejecutores, y financiadores, frente al resto.


domingo, 8 de marzo de 2026

 

El espacio de la derecha en USA es un polvorín. En lo que concierne a la participación institucional, ese espacio ha sido monopolizado por el partido Republicano que, al igual que el Demócrata siempre ha sido bastante disciplinado, aunque existiese más de una línea ideológica. Como decía Alfonso Guerra, ‘el que se mueve no sale en la foto’, y la foto daba lugar a apetitosas prebendas en las administraciones estatales y federal. Así ha sido durante más de150 años, y así intenta desesperadamente mantenerlo el partido Demócrata: una unión, a veces con rencillas, pero finalmente sólida, entre el aparato del partido y la figura pública de turno que se presenta a presidente. Lo importante es ganar elecciones y sacarles el dinero a los donantes. 

Eso hacían los republicanos, de hecho habían integrado a movimientos internos de extrema derecha, como la Mayoría Moral o el Tea Party y los neocons en la política internacional, sin crear fractura interna relevante. Hasta que apareció Trump con su MAGA y puso todo el partido patas arriba. Los republicanos habían intentado, en el 2014, que un recién llegado al partido muy, por decirlo suavemente, extravagante, fracasara en las primarias. No sólo no fracasó, sino que fue elegido presidente. El antiguo aparato republicano se desmoronó y sus ilustres familias, del tipo de los Bush, quedaron marginadas. Trump se ha hecho con las riendas del partido, el cual ha quedado en manos, sin apenas autonomía de la brutalidad, el caprichoi lass exigencias de adulación acrítica de su amado líder. 

“I am MAGA”, dice Trump, ante los ataques de muchos de sus antes incondicionales  aliados, teóricos y propagandistas del movimiento. En parte, tiene razón, pero ese doble  juego que hasta ahora le había salido bien, hacer una política económica inspirada por los technobros, el complejo militar industrial y Wall Street, es decir casi todos los muchimillonarios, que diría el tio Gilito, orientada a que esos millonarios los sean todavía más, y a la vez tener contentos a los millones de trabajadores de la USA agraria pobre, parados o de subempleados del Rust Bell, precarios que creyeron que Trump iba a hacer America great again. Y es que el MAGA se nutre de ellos  y no de los Elon Musk y compañía, por mucha gorrita que se pongan. En realidad, por encima del eslogan MAGA, que los americanos malhadados llevaban  en sus gorras y camisetas, estaba pensando -y cada vez la ostentan más- en otra consigna que no es meramente publicitarias, que es político: America First. Ya lo gritaban a finales de la decada de 1930 grupos fascistas que apoyaban a Lindbergh y proponían la neutralidad de USA en la guerra contra su querido Hitler.  

 El 'primero América' es el principio básico del movimiento populista de extrema derecha que sostiene a Trump. Por supuesto, para ellos esa demanda es lo opuesto al belicismo globalizador hegemonista de los neocons. Por elcontrario, se trata de un movimiento ultranacionalista y supremacista blanco, pero también antielitista (sólo en su retórica, claro) y, lo que aquí es más relevante, aislacionista. USA, según claman, debe preocuparse exclusivamente de sí misma, es autosuficiente frente a todos los demás y superior a ellos. No busca la supremacía, ya es suprema, por esencia, por elección de Dios. 

Por todo lo anterior, la guerra contra Irán es triplemente hiriente: no se les ha perdido nada y se pueden perder vidas americanas, se hace por iniciativa e interés de Israel y, además, Trump había prometido en su campaña electoral que, al revés que sus predecesores, USA no iba a entrar en ninguna guerr porque él era consciente que esas guerras eran de otros y sólo servía para que USA asumiera los costes dinerarios y en vidas humanas. La famosa Estrategia de Seguridad Nacional de primeros de noviembre el año pasado me pareció, en este sentido, un buen documento MAGA en que el móvil central era defender en primer lugar, casi exclusivamente, el beneficio de USA en cualquier acción exterior. “En todo lo que hacemos, Estados Unidos sigue siendo nuestra prioridad”, proclamaba Trump en la introducción. Irán, solo se cita para presumir de haber acabado con su proyecto nuclear (y de que es una ‘fuerza desestabilizadora’ en Oriente Medio, pero eso se viene diciendo esde hace 40 años). Traicionando el espíritu MAGA, USA ahora se pone al servicio de Israel para defender los intereses de Netanyahu, es decir, lo más criminal de un Estado criminal.

Los muy sionistas o los cristianos sionistas del MAGA pueden identificar USA con Israel, pero el resto no, máxime teniendo en cuenta que una porción no desdeñable del movimiento MAGA es, por neonazi, antisemita. No constituye, por tanto, sorpresa alguna que los principales teorizadores del movimiento, Steve Bannon, Tucker Carlson y políticos entusiastas, Marjorie Taylor Greene, se posicionen contra el ataque a Irán. Va a ser muy difícil, más aún en un plazo de ocho meses hasta noviembre, recoser las heridas divisorias del MAGA,; esas grietas vaticinan un desastre electoral. Me temo que las circunstancias actuales y previsiblemente futuras a corto plazo actúan para que Trump le esté dando vueltas a cómo conseguir que no se realicen los comicios midterm o, en su caso, cómo anular los resultados.


sábado, 7 de marzo de 2026

 

Unos breves añadidos o matices a lo que escribí ayer sobre la guerra de Irán.

- Empezando por el PS. Aludí a una conspiranoia que, como todas ellas, son coherentes en ausencia de datos. Sin embargo, después me acorde de algo que la debilita aún más. Ya había escuchado un ligera variante de la misma, según la cual, la posición de Trump respecto a la guerra de Ucrania, nada que ver con la inmersión total en ella de Biden, se debía a que Putin tenía un video o unas fotos, obtenidas también de Epstein, con las que podía fácilmente chantajear a Trump. En concreto, ya puestos a morbosear, se trataba de un documento gráfico que mostraba a Trump haciendo una felación a un esbelto joven. Ni caso, claro. 

- Cuando digo que USA ha estado en manos de Israel en lo que respecta a esta guerra, me refiero al momento y a que Trump podía haber impuesto a Irán -supuestamente en una negociación libre- un compromiso de abandono del desarrollo de armas nucleares, incluso una donación o destrucción de uranio enriquecido que, a los ojos de la opinión mundial interna y externa, habría supuesto una victoria. Por supuesto que Trump esta interesado en derrocar a la antiamericana y antiisraelí camarilla dirigente iraní -lo de la teocracia, la oposición interna y los ayatolahs se la refanfinfla- y colocar en su lugar una que favoreciese los intereses energéticos de USA, que van a cobrar una importancia capital más pronto que tarde, y dejara de ser el rival regional de Israel; que firmase, por ejemplo, los pactos de Abraham. Pero todo ello con calma y en el mejor momento para él.

- El gran problema de Trump es que no puede vender la guerra a sus votantes a no ser que esta dure unos pocos días, se salde con la victoria total que conlleve, ya, el cambio de dirección política en Irán, y no muera apenas ningún soldado yanquí (ya han muerto, reconocidos, seis). Para Trump lo más importante, lo crucial, es no perder las elecciones midterm de noviembre, y perder es que se realicen o que, si tienen lugar, los demócratas recuperen el Senado y la Cámara con una mayoría holgada. Cualquier otro resultado de la guerra distintoi al que he descrito arriba le conduce a la pérdida del Congreso y al fin de su presidencia.