miércoles, 25 de marzo de 2026

 


Continúa.

Como manda la enrabietada realidad, empiezo con las aparentemente muy relevantes novedades en la guerra entre USA/Israel contra Irán. Luego trataré de recoger el hilo de los posts anteriores.

  • Ayer por la noche había planeado comenzar este post con el acrónimo TACO, pero no sé a ciencia cierta qué pensar. Trump declaró, con su ridículo lenguaje, que habían tenido unas “conversaciones muy buenas” con un altísimo cargo iraní para “una completa y total resolución de hostilidades" en Medio Oriente”, y que suspendía momentáneamente el ataque a las centrales energéticas persas. Una hora más tarde, el portavoz de exteriores iraní negaba las conversaciones -a lo sumo habría alguna nota indirecta- ,y el supuesto negociador con USA, el presidente del parlamento, Qalibaf, ha afirmado que lo de Trump es puro fake y que, en este caso,  uno de sus objetivos es “manipular los mercados financieros”. 
  • Los media occidentales dejan pasar esto como un elemento propagandístico más -para los media lo suyo es veracidad y lo de los enemigos, propaganda, sea Irán o Ucrania; cada vez más, analizando los datos que me llegan, tiendo a considerar lo contrario, o, a lo sumo, que las noticias de las grandes cadenas occidentales no son menos mentirosas que los media del enemigo-. Sin embargo, me parece que la afirmación de Qalibaf apunta a algo más importante, a las entrañas del capitalismo actual. Tan sólo un ejemplo; minutos antes de la declaración ‘pacificadora’ de Trump comenzó una compra desatada de acciones del SP500 de Wall Street, que subió hasta los 2.000 millones de dólares; inmediatamente después del desmentido de Irán (aquí no había, o había mucho menor, información ‘privilegiada’) se vendieron títulos por a 1.000 millones. Luego, alguien se extraña de que los millonarios sean cada vez más millonarios; mil millones a la buchaca.
  • Por lo que he leído, hay dos explicaciones de la actitud de Trump de parar un ataque inmediato que haría mucho daño a Irán, pero también, directa y directamente, a los mandamases de capitalismo global, aterrados ante la posibilidad de un barril de crudo a 200 $ o a 100$ el gas natural por MW.h. La primera explicación es que Trump por fin ha comprendido -hasta donde él puede llegar a comprender- el daño que le está haciendo a la economía USA y al resto del mundo capitalista proamericano, y quiere salir de la como sea, pero con la cabeza alta, lo que, para él, es una victoria total en ese mundo imaginario que habita y que pretende hacernos creer. Para los que vivimos en este mundo no fantasmático, esa victoria es cualquier cosa que no sea una derrota total y evidente.
  • La segunda explicación es que con la prórroga se concede un lapso de tiempo que necesita para llevar a Irán la cantidad suficiente de marines que posibilite una invasión por tierra, supongo que limitada a la costa de Ormuz o a la ocupación de la isla de Jarg, el centro logístico de comercio iraní de petróleo. Sobre el papel, tiene su lógica, pero ya sabemos que el papel lo aguanta todo. No creo que Trump, por muy enajenado de la prosaica realidad en que vive, se vaya a atrever a usar la infantería, por mucho que la arropen la aviación y los cañones. Aunque se prime la seguridad de los infantes, como supongo que se hizo en la operación de secuestro de Maduro (o esa es la versión oficial de USA) morirán bastantes soldados y no parece que la menguante popularidad interna de Trump se halle en condiciones de asumirlo. No bastaría con quitarse la gorrita para recibir a los ataúdes, USA, y muchísimos yanquis, incluyendo abundante gente del MAGA, se le echaría encima. Trump, y esto sí lo sabe, no está para este desgaste a poco más de seis meses para las midterm.
  • He leído por ahí una tercera explicación que, en principio, me parece un poco conspiranoica, en el sentido que descansa en una visión del mundo según la cual hay unas fuerzas ocultas, o no tan ocultas, que conspiran para hacer valer sus intereses y siempre, por poder y por inteligencia, consiguen lo que quieren. A lo largo de la historia de la humanidad hay multitud de ejemplos en que los más poderosos pierden porque la cagan, porque cometen torpezas, porque toman decisiones nefastas sin que nadie les obligue a ello.
  • Dejando a un lado la omnipotencia y omnisapiencia, creo que de origen teológico, que pregonan algunos, esta interpretación sería bastante economicista, y apuntaría a un objetivo por parte de la oligarquía norteamericana, inconfesable incluso para Trump. Consiste en que USA entra en guerra, no azuzada por Israel o para fortalecer su hegemonía en Oriente Medio, sino para cuasimonopolizar la producción y comercio internacional de crudo y también, aunque algo menos, la de gas natural, y beneficiarse de su inmensa escalada de precios. 
  • Es cierto que la desaparición, parcial o total, definitiva o durante un tiempo, del petróleo y al gas de Oriente Medio beneficiaría a USA (y a Rusia) a corto plazo y mientras el fracking no entre en un declive rápido. Sin embargo, para casi todo el resto del mundo que no tiene yacimientos ya a muy corto plazo la situación se presenta negra, una estanflación -mejor, una ‘receflación’ (me acabo de inventar el palabro: recesión e inflación simultáneas) de duración indefinida parece inevitable. Y también USA va a tener problemas inminentes; como el gobierno no tope los precios de la gasolina en su territorio, o subvencione a distribuidores y minoristas de gasolina americanos a cargo del presupuesto federal, la inflación es inevitable, y donde más les duele a los MAGA, el coste de llenar el tanque de su ranchera. No me convence esta explicación por mucho que, en ese maremagnum de declaraciones y entradas en su red social, Trump alardeara de lo bien que le vienen a USA las subidas de esos carburantes fósiles.Una variante de la tercera explicación, también conspirativa, sería, conectando con lo que expuse unos párrafos arriba, que Trump buscase enriquecerse más, él y sus allegados, con una información que le permite ganar millones en la Bolsa, dado los sensible del asunto bélico y sus consecuencias económicas.
  • En mi opinión, todas las citadas son concausas, aunque con distinto peso. Si antes del fin de semana se hubieran entablado negociaciones, verdaderas, que no residan únicamente en la cabeza de Trump, e Irán se mantuviera en su posición actual, es probable que Trump, espoleado por Netanyahu, se viera forzado a utilizar a los marines, como también es probable que se inventase cualquier otro pretexto para conceder(se) más tiempo. Mientras tanto, y en lo que se refiere a la variable de la alternativa tercera, hace caja con la Bolsa tanto cuanto pueda.
  • Los israelíes, por su parte, estarían encantados de que Trump cumpliese sus apocalípticas amenazas; va a ser que no, de momento, y tengo la impresión de que nunca en esta guerra. Netanyahu está muy mosqueado con Trump -si sigue así, veremos qué tienen de cierto los, por ahora fakes epsteinianos- y se dedica a machacar Líbano. No sé yo si las FDI pueden permitir tanto frente de guerra. En cualquier caso, y en ausencia de esa carta oculta, ahora es USA quien tiene la iniciativa militar-política- y Netanyahu tiene que asumirlo, esperar y manejarse en función de USA.
  • Por último, el ‘régimen de los ayatolás’, como llaman por estos lares al gobierno soberano de Irán, verifica que sus meditados durante décadas y muy racionales y realistas planteamientos político-militares se van cumpliendo. Ante la brutal asimetría de fuerzas entre el ejército persa y los ejércitos de USA e Israel, y sabiendo que esta guerra era muy improbablemente evitable, han renunciado a una armada y una fuerza aérea más potentes para centrar sus esfuerzos en misiles subterráneos y, últimamente, drones. Potencia de fuego dirigida a Israel, a las bases americanas en la zona y, sobre todo, a los centros económicos sensibles de esos emiratos y monarquías tiránicas que producen un tercio del crudo mundial y un quinto del gas natural (del que también se obtiene la urea para fertilizantes, sin los que la producción agrícola caería en picado, provocando tremendas hambrunas)
  • Y, por añadidura, antes de destruir pozos y refinerías, el bloqueo del estrecho de Ormuz que impide que más de la mitad del crudo obtenido en Oriente medio pueda ser exportado a países que carecen de él. Y hablando del estrecho, en sentido contrario había un tráfico no desdeñable de agua potable para Kuwait, Qatar, los EAU e, incluso, Arabia Saudí. Si Irán no permite el paso y bombardea las desalinizadoras en esos países, complicado no pasar mucha sed (al menos, los trabajadores, los emires, en el peor de los casos, pueden saciarse con champán). Así que estos tradicionales aliados de USA desde los 1970s no deben estar muy contentos con su protector y seguro que se lo hacen saber en secreto; más presión para Trump.
  • Irán ya ha puesto la economía mundial patas arriba y puede ponerla mucho más, máxime teniendo en cuenta las amenazas endógenas que se ciernen sobre la economía capitalista en trance de agonizar, sumida en sus propias contradicciones. Es decir, la capacidad de presión de Irán sobre la potencia imperial, USA, y las subordinadas, Europa, Japón, Corea del Sur, es enorme y todos sabemos que llegado el caso va a llevarla al límite. Israel y USA pueden lanzar muchos misiles contra Irán, pero la capacidad de resistir del Estado y de la población  persas es insólita, y, mientras, van lanzando misiles y drones casi con cuentagotas, les queda muchos y muy buenos. La situación me recuerda -hace siglos, fui aficionado al boxeo- al Mohammed Alí ya maduro que en los primeros rounds se dedicaba, ya no podía bailar, a intentar esquivar los, y a recibir muchos, golpes del rival, de modo que, cuando éste se hallaba ya exhausto de tanto pegar, Alí le propinaba un par de ganchos y al suelo. No es imposible una situación en que USA se quite en medio y caigan oleadas de misiles iraníes en territorio israelí sin que apenas le queden al Estado sionista misiles antimisiles.
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lunes, 23 de marzo de 2026


Continua.


  • Últimamente, se habla mucho del efecto Dunning-Kruger. Simplificando, consiste en que la persona muy inteligente tiende a considerarse menos inteligente de lo que es, mientras que a la poco inteligente le sucede justamente lo contrario. Trump es un ejemplo de manual de ese sesgo cognitivo. Es un tarugo total, además de enciclopédicamente ignorante, y se cree un genio. Así, aceptó sin preocupación alguna que los milmillonarios financiaran su campaña, y de paso alguna mordidita para casa, y al mismo tiempo que la gente de MAGA pusiera el voto multitudinario que le permitiría ganar los comicios. Sin saber, supongo, quien fue Napoleón III, se consideraba perfectamente capacitado para ser el bonaparte de las dos partes potencialmente conflictivas de su minirégimen.
  • Hasta ahora no le ha ido mal en ese sentido. Ha conseguido aumentar notablemente su fortuna, y ve satisfecha su necesidad de adulación; a su vez, los milmillonarios son más milmillonarios y, tras el fracaso de Musk con el DOGE, creo que, de momento, se conforman con eso, con que Trump vaya destruyendo todo tipo de regulaciones que les impiden robar más. Tienen paciencia y pueden esperar a que Vance, un hombre de Peter Thiel, sea el próximo presidente. Por su parte, los de MAGA no han mejorado materialmente en nada, con la estanflación a la vuelta de la esquina. Pero como se alimentan de ideología y de odio a todo lo que no son ellos, disfrutan, por ejemplo, del POTUS llamando a los demócratas moderados 'terroristas de extrema izquierda' y prohibiendo organizaciones que no existen, como los antifa. Al menos, hasta que la estanflación vuelva la esquina y comprueben en sus carnes que el Estado de Trump es el inverso de Robin Hood, despoja a los pobres para entregar el botín a los ricos.
  • El panorama anterior, no demasiado negativo para Trump, sobre todo con el éxito de Venezuela, estalla en pedazos con la guerra de Irak, cuando menos en los que se refiere al MAGA. Démosle de nuevo una pequeña vuela al ascenso a la presidencia de Trump en 2024. En su campaña electoral, Trump contaba con el dinero de los milmillonarios; de muchos de ellos, no de todos. Sin dinero, no hay nada qué hacer en USA. Pero los demócratas no son, precisamente, pobres; cuentan con los millones de profesionales ricos de las grandes ciudades, donantes en su gran mayoría del partido Demócrata. En términos económicos, pues, había un equilibrio, milloncejo más, milloncejo menos.
  •  Sin embargo, por mucho que influya el dinero, que influye mucho, al final son las personas quienes votan. Se veía claramente que el desvanecimiento permanente de Genocide Biden y la muy mala candidata Kemala Harris, ambos de la derecha demócrata, no suscitaban el menor entusiasmo y auguraban una fuerte abstención entre los votantes azules. Por el contrario, el MAGA típico sí estaba lleno de fuerza y de optimismo hacia la probable vuelta de Trump, un candidato que les decía lo que querían oír y como les gustaba oírlo: las verdades del barquero, simples y casi insignificantes de tan superficiales. Eran muchos y con una gran capacidad de viralizar su vehemencia contagiándosela a muchos otros. Sin olvidar, desde luego, la labor de los grandes medios y la casi total toma del internet más ramplón por la extrema derecha.
  • Creo que el mensaje que impregna todas las propuestas de Trump durante su campaña de cuatro años y que más captó emocionalmente a su base MAGA fue: "Hasta ahora USA, sobre todo por culpa de los Demócratas, pero también de los Republicanos de antes, ha ejercido un papel en el bienestar mundial, en su desarrollo, en su seguridad, lleno de generosidad y de altruismo, pero hemos terminado hechos unos pagafantas. El mundo ni nos lo paga ni los lo agradece, se limita a vivir bien a nuestra costa. Esa situación, que se prolonga dese la IIGM tiene que acabar. Ya nadie ha de ser el gorrón de USA. Esta debe pensar, muy preferentemente en sí misma, en sus propios intereses -América First- y volver a ser lo que fue antes de convertirse en una especie de hermanitas de la caridad -Make America Great Again-. Se acabó la política internacional basada en normas, normas cuyo principal efecto era maniatar a USA y en instituciones multinacionales, ONU y demás, que sangraban económicamente a USA a cambio de diluirla entre los demás países como uno más.”
  • Aplicando a Trump caritativamente alguna coherencia dentro de su caos mental, hay que reconocer que el famoso documento ‘Estrategia de Seguridad Nacional’ del noviembre pasado plasmaba, con su aparente repliegue a los límites del ‘hemisferio occidental’, esa visión global moderadamente antiglobalista. E, incluso, la institución generalizada y caprichosa de aranceles, desde una interpretación muy generosa, vendría a ser una especie de farol o de shock mundial -en el sentido de la ‘doctrina del shock’ de Klein- que le permitiría ulteriormente a Trump negociar bilateralmente, país a país, la relación comercial con la muy poderosa USA, lo que también encajaría en la visión del punto anterior:” soy más fuerte que tú, no voy a permitir que me robes por más tiempo, ahora te robo yo a ti. Tengo derecho, es una compensación”.
  • Resulta evidente que Israel es la gran excepción al este panorama general, y que esta excepción se ha puesto de manifiesto más que nunca con ocasión de la actual guerra contra Irán, ya que hasta ahora se trataba de una pasividad, contemplar impávida el genocidio con armas proporcionadas por USA, y ahora de una acción protagónica. El grave problema es que Trump ha llevado la 'relación especial' entre USA e Israel a un punto en que se han sobrepasado todos los límites tácitos anteriores y eso ha llevado a cuestionar ese exceso no sólo por la esperada reacción de los rivales, sino por facciones de MAGA; incluso a levantar el tabú sobre el porqué de esa relación que se ha tornado imposición de una parte.
  • Se sabe ya que el jefe del Estado Mayor, el general Caine, desaconsejó el ataque, al igual que distintas Agencias de Inteligencia americanas -de una de ellas era director el recién dimitido Joe Kent, perteneciente al ala más derechista de MAGA- le hicieron saber a Trump que en estos momentos Irán no representaba ninguna amenaza para USA, y, menos aún, que iba a lanzar inminentemente un ataque, como fue convencido por Israel. J. D. Vance está más desaparecido que Jamenei hijo, o, como mínimo, mirando hacia otro lado, Rubio, de quien se dice que es un neocon infiltrado, delató a Trump al, supuestamente, escapársele que se adelantaron a Israel sólo porque sabían que esta iba a atacar ya (luego se retracto como von der Leyen; no cuela, son muy astutos, llevan muchos años en lo suyo). Únicamente descerebrados patéticos, tipo Hegseth, celebraron abiertamente la decisión del POTUS.
  • El desarrollo de la guerra, en estas tres semanas, difícilmente puede ser más desastroso para Trump; no tanto para Israel, aunque tampoco puede echar las campanas al vuelo. Empecemos con la debacle trumpiana. Pese a que no sabía lo que quería ni lo que hacía, Trump confiaba en una campaña rápida y creyó que el golpe tremendo que eliminó a gran parte de la cúpula de poder de Irán, incluyendo su vértice, el ayatolah Jomenei (padre) junto con un par de bombardeos masivos los días siguientes, harían caer el régimen y él podría proclamar una gran victoria (no era esa la idea de Netanyahu, en cualquier caso, no sucedió). Para sorpresa  de Trump (y de nadie más) el régimen no se rindió y los iraníes no salieron a la calle para demolerlo. Todo lo contrario, el Estado teocrático se reforzó, renovó inmediatamente a los gobernantes asesinados y puso en marcha un plan largamente preparado, a sabiendas que, tarde ol temprano, el dúo Israel/USA lo iban a atacar. Asimismo, la cobarde agresión de los aliados, basada en su poderío aéreo y misilístico, sin arriesgar una sólo vida, reconstituyó un nacionalismo generalizado, ya no se trataba de cuestionar un régimen sin duda deleznable, sino de defender a una patria atacada. Bueno, quizá eso contentó a Israel, para quien, como se ha dicho, no se trata de cambiar de sistema político, ni de élites, sino de aniquilar completamente a la nación iraní y a su pueblo.


Esta madrugada termina el ultimatum de 48 horas que Trump, en esa montaña rusa que es su toma de decisiones, da a Irán para liberar el estrecho de Ormuz, que tantos desvelos le esta costando. Según amenaza, al cabo de ese plazo, el ejército de USA destruirá los más importantes centros energéticos persas. El gobierno iraní avisa que, en ese caso, tomará represalias importantes, también centradas en la energía. Para saber quién va de farol o qué capacidad real tiene cada uno de cumplir sus amenazas no tengo más remedio que esperar a los hechos consumados. Continuaré, pues, mañana o pasado.

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sábado, 21 de marzo de 2026


Continúa

  • Volvamos a la USA trumpista. El ataque a Irán en las circunstancias en que se produce es, repito, una decisión del gobierno de Netanyahu, correcta desde sus intereses. Muy errónea para Trump,  que es quien se va a llevar los pales. Ve ya encima las elecciones de midterm y todo lo que hace se le vuelve en contra, recula continuamente (Trump Always Chicken Out) y, casi siempre, cuando ya es tarde, cuando ya ha perdido millones de votos, entonces intenta recuperarlos, con alguna de sus torpezas, y vuelve a perder más votos. Sin embargo, aunque suele hacerlo todo mal, con excepciones, como el penoso (para mí, no para él) caso de Venezuela, hay acciones y acciones.
  •  Los aranceles, por ejemplo, eran un elemento dentro del plan de reconstruir el tejido industrial americano devastado por la deslocalización a países del tercer mundo; y ello, manteniendo la fortaleza del dolar y su condición de divisa internacional preponderante. Subir los aranceles a lo bestia y con el objetivo añadido de sacar másculo, era una medida muy a lo Trump, es decir: idiota y contraproducente, pero a su muy simple mente, a la de sus economistas y a la de sus seguidores MAGA les pareció una buena idea. Y  el citado fin al que se dirigía ese medios arancelarios era,  al menos, razonable. 
  • A diferencia de los aranceles, la provocación de guerras que involucran a USA, entre las que la de Irán es la más relevante iniciada por él, no es un mal medio para un buen objetivo, es una traición y, para más inri, una traición que se va a mostrar, ya lo está haciendo, desastrosa para USA. En sus campañas electorales Trump no habló de aranceles, mientras que se hartó de criticar a Obama y a Biden, a veces hasta a Bush hijo, por haber entablado y mantenido conflictos bélicos fuera de las fronteras de USA. Él iba a ser un presidente pacificador, iba a acabar con las guerras; recuérdese el año pasado y su patética obsesión por conseguir el Nobel de la Paz. Estas manifestaciones de su candidatura presidencial no perseguían halagar a la gente de MAGA porque fuesen pacifistas, que no lo son en absoluto, sino porque eran, como siempre ha sido una gran parte de la derecha de USA, aislacionistas. Su enunciado paradigmático es “¿Qué se me ha perdido a mí en x? Siendo x Irak, Afganistán, Vietnam, Irán, incluso Ucrania, países que no saben dónde se hallan y que son incapaces de deletrear.
  • Esto nos lleva de nuevo al principio, ¿Qué pasa con Israel? Sabemos que, desde la Guerra de los Seis Días de 1967, USA ha apoyado total e incondicionalmente a Israel, que medio engañó, medio compró, a Arafat para que firmase los acuerdos de Oslo y para que la OLP llevase a cabo una tarea de cipayos en los territorios formalmente palestinos, que siguió armando al Estado sionista en (y para) su actividad genocida y expoliadora. Sabemos que el lobby sionista norteamericano es muy poderoso, que posee dinero más que suficiente para sobornar a multitud de políticos americanos, demócratas o republicanos. Pero creo que Trump ha ido demasiado lejos, y eso que Biden le dejó el listón muy alto. Si fuesen coherentes, los MAGA deberían de cambiar su gorrita por otra en que se leyera ‘Israel First – America Second’. Pero el movimientoi MAGA, en general y cada vez con menos excepciones, no están dispuestos a cambiar su gorra de American First. No así los integrantes del lobby sionista, que deberían llevar grabado el eslogan en el pecho. 
  • Hasta tal punto la sumisión de Trump a los intereses de Israel, contra los bastante evidentes de USA, en su actitud contra Irán son incomprensibles que, no ya los conspiranoicos que hablan de ciertas fotos comprometedoras del presidente en manos de Netanyahu y proporcionadas por Epstein, colaborador de los servicios secretos sionistas, también muy respetables analistas de la política exterior de USA afirman no comprender cómo Trump ha subordinado los intereses de USA a los de Israel en un asunto que estaba muy claro desde cualquier punto de vista que se tomase. Algunos se aventuran a suponer que el Mossad conoce a la perfección la peculiar psico(pato)logía de Trump, que saben cómo manipularle y que algún agente suyo tiene acceso preferencial al despacho oval. No puedo admitirlo como explicación unicausal, creo que es multifactorial, pero que ese íltimo elemento es uno de los factores y no el menos eficiente.
  • La guerra de Irán ha exacerbado las contradicciones internas dentro del bloque político-social que llevó a Trump a la presidencia. Durante la campaña electoral y tras la victoria de Trump ya estaba claro que éste tenía que jugar a dos bandas, que tenía que tener suficientemente satisfechas a las dos ‘almas’ del trumpismo, la abiertamente ideológica y la pragmática, sin que ello signifique que esta última no tenga ideología, la tiene, y bastante más peligrosa que la de la primera. En términos más claros, la corriente MAGA y la de los ‘techbros’ de Silicon Valley. Dos corrientes en buena medida opuestas y muy difícilmente compatibles en casi nada.
  • El bando MAGA, al que por mentalidad y por tamaño de fortuna pertenece Trump, es, en líneas generales, el del conservadurismo norteamericano, la derecha y extrema derecha de lo que antes fue el partido Republicano: nativismo, supremacismo blanco, racismo, literalismo constitucionales, tendencias aislacionistas, etc., en el plano ideológico, con profusión de evangelistas renacidos y sionistas cristianos. En cuanto al enfoque sociológico, trabajadores, jornaleros y pequeños empresarios agrarios  o de poblaciones reducidas y medias, obreros parados o en riesgo de serlo a consecuencia de la desindustrialización americana y de la inmigración obligada a trabajar por salarios ínfimos; asimismo, un conjunto muy diferenciado de aquel, empresarios, personas con fortunas considerables, que no suelen llegan a los milmillonarios que forman el otro bando, y que pertenecen a la ‘vieja economía’, como el  sector inmobiliario en el que se halla Trump.
  • El ala alternativa al MAGA, que denominé ‘los techbros’ tomando la parte por el todo.  Y es que los hombres (porque son casi todos del género masculino) de las enormes compañías tecnológicas y de las startups pronto absorbidas por aquellas, son quienes están a la cabeza de la ideología sobre la que se pretende construir el futuro: aceleracionistas, transhumanistas, anarcocapitalistas, neofeudalistas. Pero no son los únicos de este bando, también están en él las grandes corporaciones de energías fósiles y de armamento, así como el alto mundo financiero de Wall Street y NASDAQ, bancos de inversión, fondos de pensiones o de alto riesgo, banca en la sombra. No tan futuristas como los techbros, que planean vivir eternamente y en Marte, suelen estar cercanos al neoliberalismo más crudo y, por tanto, al globalismo. Rasgos éstos muy relevantes en tanto que se asocian con la política internacional neocon. 

Continuará.

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Ya seguiré con el análisis de esos tan manoseados antiguo y nuevo orden, entre los que, según Carney “Este acuerdo [el que se da en torno al viejo orden] ya no funciona. Seré directo. Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. Es un asunto muy complejo sobre el que las clases dominantes de las potencias subalternas a USA -véanse las declaraciones de Carney o de von del Leyen- no hacen sino arrojar confusión, en parte deliberada y en parte por pura incomprensión. 


Hoy y mañana escribiré unas cuantas líneas acerca de la guerra de Irán y de lo que se va sabiendo, o es factible inferir, en el marco de su desarrollo. 

  • Sigo creyendo que la guerra, la decisión de atacar a Irán, la tomó Israel aprovechando la megalomanía patológica y la estupidez de Trump, que lo hace influenciable por todo aquel o aquello que sepa pulsar sus pueriles e ignaros botoncitos emocionales. Los argumentos que corroboran esta afirmación son numerosos.
  • Netanyahu es inteligente y tiene visión estratégica. Trump, ni lo uno ni lo otro, ni tampoco parte de su camarilla inmediata; luego me referiré a ella. 
  • Israel tiene claro que pretende con esta agresión: acabar con Irán, cuanto más quede destruido mejor. Aunque se conformaría -y creo que sólo tácticamente- con sustituir al régimen de los ayatolás por otro favorable al tándem USA/Israel; por ejemplo, con el sha Palevi o similar.
  • USA, la USA de Trump, no tenía en estos momentos interés alguno en la guerra. La situación de debilidad de Irán, tras la cuasicaída del Eje de la Resistencia, le confería una ventaja total a USA en la mesa de negociaciones de Omar. Las garantías de parar el programa de desarrollo nuclear que iba a aceptar Irán eran casi definitivas.
  • El gobierno de USA no se había planteado ni con Obama, ni con Biden ni con el primer Bush demandas sobre que Irán suspendiera dotarse de misiles o dejará de apoyar a lo que queda del Eje, Hizbulá, Hamás y los hutíes. Menos aún forzar un cambio de régimen por la fuerza. La introducción en las negociaciones de esos tres puntos de arriba fue una excusa para iniciar la agresión, ya que eran claramente inaceptables para el régimen teocrático. Pese a ello, ya lo dijo Rubio, Israel, que probablemente le había impuesto incluir esos puntos a USA, puso fecha inmediata al ataque, sabiendo que, de facto, movía los hilos de la marioneta Trump.
  • Empezaron los bombardeos. Israel sabía lo que buscaba, en plena coherencia con la ideología sionista actual. Trump, as usual, ni idea. Si hubiera conocido y sabido elaborar la información que le proporcionaba la inteligencia yanquí, habría entendido que la guerra iba a ser un clavo más en su previsible ataúd. Es muy probable, no obstante, que parte de la información recibida de la CIA estuviera muy sesgada por la influencia del Mossad. De todos es sabido la unidad de acción entre ambas agencias, aunque ignoro sus diferencias y la relación real de fuerzas entre ellas, puesto que es obvio que dentro de la CIA hay mucho sionista; por arriba, por abajo y por el medio.
  • Cuando Trump se contradice continuamente acerca de qué fines persigue no trata, creo, o no solamente, de engañar a la opinión pública. Es que, en realidad, no lo sabe. Lo único que tiene claro es que la guerra debe acabar con una victoria suya; en que consiste esa victoria, depende de la hora o del último con quien haya hablado. Por eso, algunos seguidores suyos y muchos detractores opinan que lo que debería hacer, ya mismo, es decretar la victoria de USA, con independencia de la situación bélica, y retirar a la US Army. 
  • Para Israel y para Irán, la guerra se inscribe en un conflicto existencial. La no pequeña diferencia de este episodio bélico es que, si vence Israel, Irán, desaparece a la manera de Libia o Siria, es decir como naciones con Estados fallidos. En cambio, si Irán gana, Israel se resiente de manera relevante, pero no desaparece. Por eso, la muerte de Netanyahu, la mitad de su gobierno y la cúpula de las FDI habrían llevado muy probablemente a Israel a suspender, aunque fuese de manera provisional, mientras que no es el caso de Irán, que asiste al asesinato de sus líderes, los sustituye y redobla la resistencia. 
  • La supervivencia del Estado sionista de Israel acabe como acabe la guerra no implica su su fatum trágico. Israel debe desaparecer si la Humanidad subsiste y sigue siendo humana.
  • Entrar en la cabeza de Trump es harto complicado, y mejor no intentarlo. No obstante, parece que ese batiburrillo informe de neuronas consideró -concedámoselo: con razón- que la neutralización de Venezuela había sido un gran éxito personal (lo de personal, tratándose de él, es redundante; bueno, y lo de éxito). Intentó repetir la jugada ,esta vez asesinando al líder, en lugar de secuestrarlo. Hasta ahí, bien. El gran problema es que no encontró una Delcy Rodriguez. Hace unos días, manifestó, con ese humor psicopático sin gracia que gasta, que no había podido hallar un equivalente a Delcy que, sin destruir el régimen autoritario, pusiese Irán a sus pies, porque había matado a todos los candidatos. Probablemente, hasta se lo creía. En el mundo real sucede que el Estado de Irán no tiene nada que ver con el madurista en descomposición, por mucha oposición al Estado islámico que halla (aproximadamente el 10% de lo que Trump cree y la prensa occidental relata).
  • La estrategia de Irán es inteligente y realista, dada la asimetría entre las fuerzas en liza. En el sentido de Clausewitz es, de hecho, eminentemente política. (a diferencia de Trump que, siguiendo la recomendación de Franco, no se mete en política; demasiado para sus entendederas, aunque se la dibujen). Irán ataca las bases americanas en los países del Golfo, que se creían muy protegidos por USA y ahora ven que son bombardeados y USA no los defiende, más aún, que los mismos yanquis han forzado la situación que origina los ataques. De paso, a Irán se le ‘escapan’ algunos drones que impacta en hoteles de veinticinco estrellas de Dubai o Abu Dabi, causando un daño irreparable a esa especialización en turismo de millonarios que iba a complementar los menguantes ingresos petroleros. Y, por encima de todo, el bloqueo del estrecho de Ormuz que, no se olvide, se aplica sólo a países aliados con Israel y USA. Cuando a un europeo le cobren 2,5€/l por echar gasolina a su coche, a no ser que esté excesivamente indoctrinado, no le va a culpar a Irán sino a los gilipollas que la atacaron ilegal e innecesariamente.
  • Israel va a buscar desesperadamente que USA no abandone los bombardeos, que destruya Irán, sus infraestructuras militares y civiles, sus universidades, sus mezquitas sus lugares sagrados, su cultura, que no quede piedra sobre piedra. Y si, cosa poco probable, incursionan los marines y matan a decenas de miles de guardias revolucionarios, tanto mejor. Además de consideraciones estratégicas, es probable que, a fuerza de asesinar y destruir durante décadas, le hayan cogido el gusto. Y, con el dolor de mi corazón, no hablo en exclusiva de los oligarcas sionistas, también del israelí medio. 


domingo, 15 de marzo de 2026

 


En el post anterior, apuntaba que la irrupción de los neocons tomó cuerpo en la política exterior de USA desde el mandato presidencial de Bush hijo, iniciado el año 2000, y que su teoría se basaba en los documentos emitidos por la plataforma ‘Project for the New American Century’. Las propuestas neocons no configuraron una política internacional que permita hablar de un nuevo orden mundial, aunque, en parte, lo es, y aunque así se presentaron. Sin embargo, la disrupción del statu quo mundial causada por el desmoronamiento de la URSS y del bloque del ‘socialismo real, había de conducir, dentro de una continuidad esencial, a nuevos planteamientos; en concreto cómo sustituir la bipolaridad anterior -desaparecida una de las dos patitas del ‘bi’- por lo que de facto suponía una unipolaridad encarnada en USA. 

Los pensadores y políticos del Project eran republicanos, neoliberales y globalistas dentro del partido colorado; acusaban a Clinton de centrarse demasiado en la política interior en detrimento de la exterior, de que su liberalismo internacional era, al menos retóricamente, demasiado ‘igualitario’ y apocado con países aliados y rivales Frente a ello, o, más bien, frente al vacío de Clinton,  proponían una política exterior ‘neoreaganiana’, que presentara ante el mundo la clara voluntad de USA de ser el hegemón universal y que no dudara en exhibir la superioridad de su ejercita para intervenir, si era necesario, contra los Estados ‘canallas’ y en ‘defensa de la democracia’. 

Hablo, no de crear un nuevo orden, sino de modificarlo, porque lo que se propuso fue implementar un único hegemón que no rompía la estructura anterior del Primer Mundo, sino que la extendía a todo el planeta. El principio fundamental, el orden basado en normas, que ya existía antes, como eslogan y como pseudorealidad, no se cuestionaba se respetaba. La ONU, y, en general, las grandes organizaciones internacionales, OIC, CJI, CPI, etc., así como los principios de Derecho Internacional emanados de la Carta de la ONU de 1945, seguían informando aquella estructura. Distinto es que, de facto, como reveló Carney ex post, quien tenía el poder máximo, USA se saltara todo esto a la torera cuando lo considerase necesario. Así la invasión de Irak del 2003. No obstante, el equipo de Bush hijo, por lo menos, lo intentó: acudió al Congreso y obtuvo su autorización, y después los presentó al Consejo de Seguridad de la ONU; ante el veto de Francia y Rusia, y sólo entonces, soslayó a la ONU y atacó por su cuenta; y la de Blair.

O sea, que el mundo capitalista asumía la vigencia de un orden internacional basado en reglas que desde 1945 se respetaba, formalmente, hasta que se dejaba de respetar, realmente. Había transgresiones, siempre en función de las relaciones de fuerza entre países y, principalmente del País Elegido por Dios frente al resto de la ‘comunidad internacional’. Sin embargo, esas transgresiones no eran sistemáticas y siempre estaban sostenidas por algún subrelato ad hoc que las presentaba como una excepción justificable. Por ejemplo, las famosas armas de destrucción masiva en poder de Sadam Bussein. Se vulneraba ‘un poco’ el orden, y después, conseguidos los objetivos (es un decir, en el caso de Irak o Afganistán), se volvía al redil lo antes posible. Lo de Ucrania se vendía como legítima defensa, lo de Gaza era una respuesta militar, no una guerra, a una provocación terrorista. Y así, todo controlado.

El gran relato funcionaba legitimando una visión del mundo falsa, que necesitaba ser reproducida por todos, de bocas hacia fuera; lo que pensaran unos y otros, daba igual, el traje del emperador era sublime. En esas, llegó el segundo mandato de Trump, y el establishment mundial, para ser más preciso, el de los aliados de USA de toda la vida, trepidó. Nuestras élites políticas se apresuraron a proclamar la defunción del viejo orden ‘basado en reglas’, algunos a lamentarlo y otros a saludar el nuevo orden. Entre los primeros, Carney, que, le dio la vuelta a esa norma no escrita que impide hablar mal de los muertos se despachó a gusto, dentro de lo que cabe, mientras las plañideras redoblaron sus llantos. “¿Cómo dice eso? Con lo bueno que era”. 

Continuara. De momento con la posición de Carney


miércoles, 11 de marzo de 2026

 

Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 8


La idea de USA, valerse de dos escuderos, Alemania y Japón que, tanto en el plano político como en el económico, lo obedecieran sin objeciones, funcionó muy bien durante algún tiempo. Ello le permitió seguir con superávits comerciales, pero sin poner en peligro el dólar como moneda universal en las relaciones internacionales. Con el impulso del capital americano, en dólares, claro, trasmitido desde USA estos dos países experimentaron una (re)industrialización vertiginosa; respetándose, claro el famoso complejo militar-industrial en tierras yanquis, y ,en general, buscando una complementaridad no competitiva entre las industrias de sus auxiliares y la propia. Pronto, Alemania y Japón lograron saldos positivos en su balanza comercial. 

Como parte del comercio de estos países se liquidaba en marcos o yenes, -sin llegar a amenazar la hegemonía del dóla, la presión sobre éste, la demanda de dólares, disminuía y con ella las tendencias a una revaluación, por otro lado, imposible, ya que USA, siguiendo los dictados de Bretton Woods, no podía imprimir dinero al tener una paridad fija con el oro y, este, ya se ha dicho apenas entraba en USA. 

Con los superávits comerciales tras la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1%  establecida en Bretton Wodds sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó a medias el norme gasto de USA en la guerra de Corea en 1950 y de paso se le dio un mercado a Japón que cubría las necesidades de diversos artículos de las tropas de USA en Corea. De este modo,  Japón compensaba en parte la pérdida del mercado chino con el que había contado USA. 

El mecanismo no era muy complicado, en síntesis, USA recibía dinero neto del extranjero por su comercio con superávit e invertía ese dinero, siempre en dólares, en préstamos o inversiones empresariales en países desarrollados o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dinero entrante y saliente se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. NOTA. Si salía demasiado dinero el Tesoro emitía bonos que, comprados por el extranjero, devolvía el dinero a USA. Si entraba demasiado dinero, la FED compraba bonos USA en el extranjero y les suministraba dólares. P0r supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir titulos de deuda y acciones u obligaciones particulares suponían un pingüe negocio para los financieros. Wall Street prosperaba.

Todo parecía ir correctamente.


NOTA. 

Un bono soberano es un tipo de título de deuda emitido por el Tesoro un país en su propia moneda con vencimiento a plazo fijo. Los bonos suelen amortizarse a medio plazo, en torno a un par de años. Otros tipos son las letras, a corto plazo y las obligaciones, a largo. Comprando o vendiendo bonos, los Bancos Centrales pueden regular la cantidad de su moneda: si compra, bonos a la 'sociedad civil', hay más dinero para hogares y empresas, si vende, hay menos. Normalmente, el Tesoro emite los títulos, fijándose en los tipos de interés de emisiones anteriores similares, 

En lo que se llama mercado primario, el Tesoro hace una subasta y los bonos todos -emisión cubierta- o parte de los ofrecidos -emisión no cubierta- son comprados por bancos, fondos, etc. Posteriormente, esos compradores, si así lo desean, los ponen a la venta en el mercado secundario, donde pueden ser adquiridos por cualquiera. Los bonos en cuestión pueden compra/venderse en los mercados secundarios hasta el momento de su vencimiento.


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Está muy alborotado el gallinero de los comentaristas políticos progres por las afirmaciones del Ursula von der Leyen en el discurso de ayer a los embajadores de los distintos países de la UE en la propia UE. Antonio Costa, el presidente del Consejo de la UE, le salió al paso con una declaración inocua, típica de la UE, Pedro Sánchez se mesó los cabellos y los demás líderes europeos eludieron el asunto, considerando que von der Leyen no tiene competencias en política internacional, que eso es cosa de Kaja  Kallas (estamos salvados) y del Consejo. 

Hace poco más de un mes, también se alborotaron mucho con el discurso de Mark Carney, primer ministro de Canada en el Forum de Davos. Adelanto mi posición; que quede clara antes de argumentarla. Esa progresía desde el socialliberalismo hasta una sedicente izquierda, con algunos residuos de l ‘centro’ o ‘derecha civilizada’, oscilan entre la hipocresía y la estupidez.  Se escandalizan por algo que ha sido bastante evidente dese hace ochenta años, como espero que se colija con nitidez en esa especie de historia geopolítico-económica que estoy publicando por fascículos. Tal evidencia es que, después de la IIGM y con la excepción del periodo de existencia de la URSS y de la acción de algunas fuerzas anticoloniales, USA ha dominado el mundo con mano de hierro en defensa de sus intereses como Estado, ha declarado multitud de guerras, , el segundo biertas o con proxies, ha impuesto los relatos que le ha convenido para justificar su hegemonía en el orden internacional. Nadie en los antiguos Primer y Segundo Mundo, con la excepción de Rusia a partir de la segunda década del XXI, lo ha tosido.

Es el ‘American Century’ (en realidad medio siglo XX) que rompe definitivamente, hasta la fecha, con las tendencias aislacionistas yanquis conservando el ultranacionalismo. De hecho, en los albores del siglo, tras la caída de la URSS, aparece un think tank llamado ‘Project for the New American Century” en el que se sientan los principios de la política neocon de los Kristol, Wolfowitz, Rumsfeld y compañía, la política que llevó adelante USA desde  Bush junior hasta el segundo mandato de Trump. Para no extenderme, el principio rector de este lobby cultural, expresado de tropecientas formas, era: "configurar al nuevo siglo para que sea favorable a los principios e intereses estadounidense”.

En todo caso, en el viejo y en el nuevo siglo yanquí, el relato es el mismo: la política internacional, sean cuales sean las potencias predominantes, se ha de conducir según  el famoso ‘orden internacional basado en normas’. Normas del Derecho internacional y normas emanadas de las instituciones internacionales a nivel global, específicamente, la ONU y sus diversas Agencias. Por su parte la actividad exterior yanki se justificaba porque pretendía representar y extender la democracia y las libertades, en consonancia con la Carta de la ONU. Todo muy bonito para cimentar el dominio de USA sobre el mundo. 

Entonces aparece Trump y rompe la baraja. Ese 'viejo' orden, que los neocons no confrontaban porque como veremos, era más falso que el alma de judas, pero eficaz como legitimación, se empieza a deteriorar de facto por, simplificando, la impetuosa irrupción de China en la escena mundial. Por poner un ejemplo, cuando se fundó el Proyecto para el nuevo siglo’, incluso durante los sucesos del 11M, China era un país considerado poco más que ‘en vías de desarrollo’, subordinado económicamente a los grandes centros de poder económico, con mucho potencial, sí, con impresionantes tasas de incremento del PIB, sí, pero muy lejos de constituir una amenaza al imperio yanqui. Ya Obama comenzó a preocuparse y ocuparse. Por lo visto, sin gran éxito. En estos momentos, China es la gran potencia económica mundial real -olvidémonos del absurdo PIB nominal-, tiene un ejército impresionante, cercano ya al norteamericano y una capacidad nuclear importante que, si acaba asociando su defensa a la de Rusia, es muy superior a la del botoncito rojo del POTUS.

Me enrollo demasiado, así que mañana continuaré con lo que trato de contar, el complicado tránsito entre el nuevo y el viejo orden, la pugna entre neocons y ‘salvajes’ representados por un cachito de Trump que, como no se entera de la menor sutileza intelectual, dice una cosa un día y su contrario el siguiente. Y la desbandada de los lacayos de USA, para ser preciso cómo trata cada uno de ajustarse a los nuevos requerimientos de sumisión al hegemón vigente.



lunes, 9 de marzo de 2026

 

Contra el economicismo.


En nombre de un supuesto realismo estamos viendo la presencia en los media de numerosos analistas que se burlan, en general de manera tácita, de quienes afirman que la guerra de Iran se dirige a un cambio de dirigencia institucional en ese país o a la obtención de una hegemonía incontestada en el Oriente Medio. Por lo visto, "es la economía, es el petroleo, ¡estúpido!". A ese sesgo lo llamo ’economicismo’. Los economicistas son una curiosa amalgama de marxistas ortodoxos, muy ortodoxos, que creen que lo político y lo cultural son apenas superestructuras epifenoménicas de la estructura económica subyacente, y de economistas que abonan aquella teoría que cité en anteriores posts de la economía, y la Economía, separadas de la política y (que deben ser) independiuentes de ella

Volviendo a lo de siempre, lo político y lo económico son abstracciones analíticas, necesarias en fases primeras de la teoría social, pero en la realidad mundana no existen; aquí solo hay un conjunto de procesos y actividades humanas en que lo político, lo ideológico y lo económico están férreamente soldados. 

En la guerra de Iran es indudable una dimensión política, geopolítica, innegable. Es un hito más en la pugna por la hegemonía política en Oriente Medio. Dejando un lado la, hoy por hoy tontería de la bomba atómica iraniana, USA, y su delegada en la zona, Israel, quieren  dominar todo Oriente Medio no ya sin oposición, sino con todos sus Estados actuando a modo de siervos. Ese es un de los objetivos principales de los neocons, que utilizaron hábilmente los atentados del 11S (por eso algunos conspiranoicos hablan de autoataque) para conseguirlo. Primero Irak, después Siria y ahora el mayor demonio del ‘eje del mal’. 

Y, por qué Oriente próximo; pues evidentemente porque bajo sus arenas se halla cerca del 50% de la producción de petróleo; y de las reservas. También posee una buena parte, aunque menor del gas natural. Es, entonces una guerra con una causa real económica, una contienda por el control de los combustibles fósiles en una coyuntura en que USA sabe que su actual opulencia está generada por el fracking y este se halla muy próxima a su decadencia. Económica: USA necesita combustibles -lo que en la apuesta negacionista del cambio climático de Trump, significa carbón, petróleo y gas natural,- para sus ejércitos e industrias militares y tecnológicas,. Política:necesita sus ejércitos y corporaciones para apoderarse de los recursos, ya a la baja, de todo el resto del mundo. De paso, consigue que China, su rival estratégico, su némesis del fin de los tiempos, se debilite. El poder político y el poder económico se coimplican, no hay uno sin otro. Kant vendría a decir que no se requiere la categoría de causa, sino la de acción recíproca. Otros hablampos de dialéctica.

Política, economía, falta un tercero igual de cooperante: la ideología que sitú a a las instancias anteriores en un relato legitimador y autoreproductor del status quo.  Se trata de la visión favorita de la USA trumpiana  (más neocon que MAGA, por cierto) y de los defensores de la guerra de  países considerados democráticos (no incluyo a Israel, un Estado fascista obsesionado con su seguridad frente a vecinos hostiles): en realidad, la guerra se hace para acabar con un ‘régimen’ teocrático que no concede libertad a su población y que discrimina brutalmente a las mujeres. Así dicho, tienen razón en su crítica, lo que ocurre es que los más entusiastas de esta versión liberadora, Trump y las extremas derechas, y derechas extremas mundiales no hacen sino impulsar en sus países el proceso liberticida y el recorte de los derechos conseguidos por el movimiento feminista. Esto es, se rasca un poco y se obtiene islamofobia y reversión de los flujos migratorios hacia los países, aun, ricos.

 Sin embargo, esta narrativa absolutamente falsa -no en cuanto a las maldades del Estado iraní, sino en que la guerra va a terminar con ellas- cala en las conciencias de la agente. Los media ocultan la realidad y machacan con esta interpretación creando inmensas cámaras de eco. No hay más que ver a progres echando pestes de los clérigos iraníes y alegrandose con su caída. Como si esto viniese ahora a cuento. Como hacían justificando la tortura hace 20 años, porque contra ETA 'todo valía'. 

El economicismo, como todo intento de destacar un único aspecto de lo social, siempre viene a ocultar el resto y, en ultima instancia, a privilegiar los intereses de sus ejecutores, y financiadores, frente al resto.