viernes, 22 de mayo de 2026

 

Segundo asunto, del que escribiré después: La guerra de Ucrania. Desarrollos y perspectivas.

 Antes de tratar el asunto de Ucrania, un par de cosillas respecto al lowfare, aprovechando el caso Zapatero y lo que comenté ayer. El concepto, en crudo, de lawfare es la utilización de los juzgados, del poder judicial y de sus representantes, jueces y, de facto, fiscales y policías para incidir en la aplicación de las leyes al servicio de una causa política. Asumido esto, y sintiendo tener que ser tan amplio, y quizá ampuloso, debo decir que, bajo el capitalismo y la democracia burguesa -un sistema político cuyo principal fin es propiciar la acumulación de capital-, el lowfare es inmanente, una herramienta más para el buen funcionamiento de la estructura; y, yendo más lejos, la misma división de poderes, un principio irreprochable, se pone al servicio del objetivo esencial. Como es sabido, la justicia no actúa igual con el pobre que con el rico.

Sin embargo, lo anterior, aun cierto, es demasiado general, si todo es lawfare, no hay lawfare. Por ello, conviene especificar el concepto general. Así, lo que llamamos, o lo que, en rigor, debería llamarse en las sociedades contemporáneas lawfaren, es, además por supuesto de cualquier sanción por motivos políticos -todo preso político es víctima de lawfare-, es aquel en que se retuerce la legalidad para acusar o sancionar a una persona predeterminada con el objeto, no con el efecto a veces inevitable, de favorecer a un bando o partido político. La línea es estrecha, pero, en general, trazable y aplicable a cada caso concreto.

Por ejemplo, es obvio que la chalada persecución del juez Peinado a Begoña Gómez sólo pretende utilizar unas leyes para, interpretándolas obscenamente, dañar a Pedro Sánchez y socavar su gobierno en beneficio del PP. Eso es lawfare de libro. Pero, ¿qué pasa con Zp?, o en los casos de Ábalos, o, en plan equidistán, Rato. Políticos importantes que han vulnerado la legalidad existente, empleando su poder. Lo primero es elucidar el delito del que son acusados. Un asesinato, por ejemplo, no es lawfare a no ser que se trate de un montaje judicial descarado, por muy relevante que sea la personalidad del reo. No ocurre lo mismo con el supradelito de corrupción que incluye malversaciones, prevaricaciones, fugas o blanqueos de dinero, tráficos de influencias, etc. Estamos hablando de una práctica funcional a la reproducción y renovación de élites político-económicas en cualquier sociedad capitalista que se precie (y, en eso, España se precia mucho). Que esa práctica sea delictiva o no, es decir, que se cometan, según la estipulación normativa, algunos de esos delitos citados depende de la legislación en cada país y su interpretación por los jueces. Cualquier lobby o actividad lobista debería de ser prohibida en una sociedad decente, no lo es. Puede ser, en cambio, regulada con mayor o menor rigor. Creo que aquí es aceptable un pragmatismo malminorista: cuanto más se regule y con mayor capacidad disuasoria penal, mejor. Preferible, en este supuesto, un parche a nada.

Resumiendo, con una concepción un poco amplia de lowfare -sin llegar, en la práctica, a la conclusión teórica de que el lowfare es consustancial al capitalismo- en el affaire ZP existe algo de ello, porque, aceptando la honestidad del juez, para qué éste iniciase procedimiento judicial tuvo que tener conocimiento de los hechos, ya bastante cocinados, de fiscalía anticorrupción y, por supuesto, el celo de la UDEF. La investigación, a instancias exteriores se podría haber arrinconado como pasa con otras muchas. Y todos, absolutamente todos, aquí incluyo al juez Calama, son plenamente conscientes de las repercusiones negativas para el PSOE y Sánchez de la imputación, incluso aunque acabase en un futuro incierto exculpando a ZP. Es decir, hay elementos de lawfare. No obstante, considero que, por mínima higiene moral, el poder judicial debe esclarecer el asunto según Derecho. No me vale ese vergonzoso ‘y tú más’. Si se prueban lo hechos en un proceso justo, y, dadas las circunstancias, parece que va a ser así por partida doble, que el proceso penal va a ser justo y que va a a condenar a ZP por algunos de los ilícito en cuestión, bien hecho estará. En el escaso terreno que nos deja la precaria situación política que habitamos, no hay lawfare (aunque lo haya).

PS. En orden a un proceso justo, soy partidario de extender hasta donde sea posible la intervención de un jurado público, con un escabinato razonable, que no diluya ni manipule la 'voluntad popular', en las vistas penales.


jueves, 21 de mayo de 2026

 

Dos asuntos (por orden, muy, inverso de importancia)

Caso Zapatero. Aquí se observa una reacción habitual ya tópica, por parte del PP/Vox – aprovechar carroñeramente la corrupción, no presunta, dada por hecha sin mayores miramientos, del rival para conseguir réditos electorales; por supuesto, sin mirarse al espejo. También, dentro de los esperado, el PSOE - ‘pongo la mano en el fuego por la honorabilidad de futanito’ y los progres, izquierda más bien poco dominada, blancos, cultos, clase media, a la izquierda del PSOE -¡lawfare1, ‘bueno quizá no tanto, es que con el PSOE ya se sabe’-. Aburrimiento inmenso.

Pero hay algo más en lo que respecta a la progresía que hace de lo de Zapatero algo particular. ZP era una especie de coartada del PSOE para los pobres, que servía para justificar gobiernos, generales, autonómicos y municipales, de coalición de izquierda y, en general, medidas malmenoristas. Y es que ZP, creían, representaba la posibilidad de una posición socialdemócrata en el poder, o con mucho poder, limpia, moral, alejada de la hipocresía y el cinismo de los Felipes o, incluso, Pedros, por no hablar de las andanzas de los roldanes o cerdanes, alguien que asumía con total plausibilidad los postulados de una izquierda moderada, pero izquierda. Todo esto ya se ha ido al garete, los progres están mohínos.

Ellos saben, y a veces confirman ese conocimiento con artículos en su prensa, que una de las bases, en el Estado español, la principal, del capitalismo real contemporáneo es la corrupción por parte del Estado y su capacidad inacabable para generar riquezas. En este sentido, la labor de los lobbies o de los cabilderos unipersonales, en buena medida, políticos jubilados, juega un rol primordial. Se intenta disimular el hecho con medidas jurídicas que no atacan esa corrupción generalizada de yo ‘hago de intermediario con quien tiene la facultad de hacer el chanchullo que te beneficia y tú me das una comisioncita’, unas medidas que dependen de la relación de fuerzas y de la habilidad o torpeza del comisionista. Y, que, por cierto, suelen dejar que el hacedor de la corrupción, en este caso el gobierno que concede la subvención a Plus Ultra sin deber hacerlo, salga de rositas.

Pues sí, señores progres, existe el lawfare (aunque aquí parece que el juez es un tipo honesto, los policías que le mostraron los indicios, reales, ya si eso; ¿siempre lo hacen?), ¡qué escándalo!, aquí se juega, y el capitalismo de amiguetes existe y es el capitalismo, lo de amiguetes es un rasgo, no un especificador (como si hubiese otro capitalismo, en el terreno de las élites). Los progres están mohínos, pero se les pasará, les va mucho en ello..


Segundo asunto, del que escribiré después: La guerra de Ucrania. Desarrollos y perspectivas.



lunes, 18 de mayo de 2026

 


Para no tener, al menos a priori, que inventarme categorías nuevas, examinaré someramente los resultados de las elecciones andaluzas, primero desde lo que da en llamarse derecha y luego en la sedicente izquierda o progresismo.

Respecto a los primeros, no hay mucho nuevo qué decir, ya que se ha repetido, con alguna peculiaridad, el panorama mostrado en las anteriores autonómicas de Extremadura, Castilla-León y Aragón. La suma de PP y Vox -más ese extraño engendro que es SALF, que se resiste a desaparecer y del que no creo que nadie piense que sus votantes (militantes, debe tener 10 o 12) sean otra cosa que tontifascistas- crece muy ligeramente. Da la impresión de que la derecha ha tocado techo, lo que no es nada tranquilizador porque representan bastante más de la mitad de votantes, en torno al 60%. El crecimiento de Vox ya procede casi por completo de ‘quitarle’ votos al PP. Por ahí, siguiendo las actuales tendencias históricas, sí podía arrebatarle más, pero, por un lado, los votantes del PP, en su tipo ideal, mantienen unos valores muy reaccionarios, aún franquista en gran medida, el odio a a la izquierda en general y al PSOE en particular se ha consolidado -pocos votantes bailarán entre PSOE y PP- y su ala más derechista, pongamos Ayuso, es más trumpista que Vox (si cabe), mientras que, por el otro lado, Vox es un partido muy mediocre, sin más visión que el ultramontanismo y, últimamente, diezmado por las expulsiones; es decir, no parece una alternativa excesivamente atractiva al PP. 

Así, más de lo ya visto. Moreno tratará de contentar a Vox con la presidencia del Parlamento y unas cuantas cosillas en su ‘programa de gobierno’ y tratará de que Vox le apoye desde fuera del gobierno, sin consejerías. Los de Abascal forzarán al máximo su presencia en el gobierno, y pretenderán competencias en el medio rural y cultura (porque a Interior no van a llegar). Lo de siempre. Si acaso, Moreno, la cara amable del PP, pierde fuerza, tampoco mucha, en relación con  su rival Ayuso, la enragé del PP.

En la ‘izquierda’ se han movido más cosas. El PSOE continúa su decadencia, si bien, como sucede con la derecha, el desarrollo de la situación avanza más lentamente que en el resto de Europa. También es cierto que, en el caso concreto de Andalucía, el PSOE gobernó durante muchos años sin hacerle el menor asco al caciquismo, de modo que aún conserva allí un amplio suelo clientelar. Por otro lado, extrapolar los resultados autonómicos a los estatales, aunque las generales fuera pasado mañana, es fuente de unos buenos chascos. En todo caso, el PSOE resiste, y la transformación del bipartidismo clásico en otro bipartidismo muy escorado a la derecha parece ir aquí más lentamente que en otros países ‘de nuestro entorno’.

Hablando de transformaciones, esa que va del algo a la nada encuentra una buena prueba en Por Andalucía. Tendría que hacer un análisis más fino, pero, a bote pronto, observo un paso más en la desaparición de la 'izquierda a la izquierda de la socialdemocracia' tradicional . Hablando en plata, el PCE-IU acelera su agonía, y los partidos como Podemos o las confluencias, surgidos todos ellos a modo de evolución y, a la vez, traición radical del 15M, se ahogan junto con el que, en realidad, fue su mentor y modelo.  

No sé que dará de sí Adelante Andalucía, pero al menos encarnan una cierta frescura, una identificación con los dominados, un centramiento en la cultura propia andaluza que no parece sectario ni neocolonial; en cualquier caso una posición clara de separación tajante con la izquierda de siempre (aunque, curiosamente, en su seno están los trotskos que, ya se sabe, son pura tradición), buen humor y relajación. Sin ser especialmente riguroso, creo que son buena gente y, ya por eso, si fuera andaluz, los habría votado.


jueves, 14 de mayo de 2026

 

Elecciones en Reino Unido y laborismo.

 

El declive del movimiento socialista que reflejan las elecciones municipales y autonómicas británicas del pasado fin de semana es la manifestación visible del proceso histórico vivido por la izquierda socialdemócrata en general, con algunas importantes particularidades del socialismo británico, que han diferenciado históricamente de sus homólogos europeos. La principal peculiaridad es la muy limitada influencia del comunismo de inspiración leninista, al principio desde dentro, más tarde desde fuera.

Me refiero al debate interno entre el marxismo reformista y el marxismo revolucionario en el interior de los partidos de la II Internacional, y, posteriormente, a su relació  on los pujantes partidos comunistas, leninistas y, después, estalinistas vinculados (o subordinados) a la URSS. En Gran Bretaña nunca hubo un comunismo fuerte que hiciera la menor sombra al Labour Party o condicionase sus políticas. La mayor influencia marxista procedió de la tendencia Militant, así conocido por publicar el periódico del mismo nombre, un grupo trotskysta partidario del entrismo en organizaciones políticas poderosas para modificar sus políticas en un sentido izquierdista; durante los años 1970-1990, más o menos, la corriente Militant tuvo un cierto peso en el Labour aunque insuficiente para cambiar su línea programática principal.

En los orígenes de los laboristas nos hallamos con el ‘socialismo fabiano’ del matrimonio Webb, finales de XIX y, con anterioridad, mediados de siglo, del cartismo, movimientos ambos de origen pequeñoburgués y posiciones políticas muy tibias. El partido laborista surgió de una especie de fusión entre éstos y las Trade Unions, los famosos sindicatos británicos, ya consolidados en los años 1830s, y con un creciente peso en la vida económica inglés, peso que a principios del XX era enormemente relevante.

Es aquí pertinente  una breve digresión que sacar de la teoría un pensamiento leninista que me parece muy preciso y muy lúcido (lúcido, Lenin, no yo, que me limito a adherirme su tesis a toro pasado), el que afirma que la clase obrera es espontáneamente reformista; curiosamente, Lenin utiliza, en lugar de ‘reformista’, ‘tradeunionista’, y la define como “la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc” (Qué hacer, 1902). La situación material de la clase obrera, mejor, de los trabajadores asalariados, en tanto que tal, los lleva a agruparse para defender sus intereses económico -laborales: mejor retribución y mejores condiciones de trabajo. Al agruparse y luchar se autoconstituyen como clase y forman el movimiento obrero. Esa agrupación espontánea y derivada directamente de sus necesidades como trabajadores toma el nombre de sindicato. Luego formarán partidos; cómo y con quien los forman es otra historia que aquí no cabe. El sindicato se queda ahí. Otra cosa es que los partidos políticos asuman el control de tal o cual sindicato y le confieran su ideología programática o estratégica, caso de los sindicatos comunistas o socialistas. También, el caso, del anarcosindicalismo, donde los sindicatos se crean o se reconfiguran con una concepción estratégica anarquista. Pero en ambos casos es la cosmovisión sociopolítica quien se agrega al sindicato -de nuevo, con Lenin-, no su ‘esencia’, el sindicalismo sin más, sin calificativos.

El Labour Party, pues, sale de la fusión de dos tipos de reformismo, el político y el económico. No tuvo que liberarse del marxismo, como sí ocurrió con las socialdemocracias europeas tras la II GM, que, infiltradas por la CIA, se vieron compelidas a reflejar explícitamente, en el terreno cultural -del político y económico, ni hablo- su abandono de todo resto de marxismo o de revolucionarismo y su adhesión al capitalismo y a la hegemonía geopolítica estadounidense. Me vienen a la cabeza los congresos de Bad Godesberg del SPD y Madrid 1979, del PSOE; me consta que los demás partidos socialistas y socialdemócratas europeos vinieron a hacer lo mismo: abjurar del marxismo. El Labour, no, porque nunca fue marxista y siempre otanista.

Este inciso histórico viene al caso para remarcar que los laboristas siempre fueron gradualistas-reformistas, que esa es su ‘esencia’ histórica. Favorecer la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores hasta donde se pueda, sin fijar qué es ese ‘hasta donde se pueda’, es decir, sin plantearse un cambio en las relaciones de producción.  Esa visión sólo cambió, de facto, con el neoliberalismo, con el descrédito de toda forma de keynesianismo y la adopción, tras la ‘guerra’ y derrota de las tradeunions a manos de Margaret Thatcher, del socioliberalismo, un neoliberalismo ‘compasivo’, bajo la forma del ‘New Labour’ de Tony Blair, Anthony Giddens y … Peter Mandelson; una ‘tercera vía’, donde la ‘segunda vía’ era el laborismo de siempre. El triunfo ideológico que supuso el nuevo laborismo no se extendió a todo el partido, y menos aún, a sus simpatizantes y votantes, aunque sí a su dirección y oligo-burocracia. Muchos afiliados y votantes continuaron manteniendo la vieja mentalidad socialista-obrerista. Desde entonces, el Labour Party tiene dos almas.

El predominio de los blairistas, con Gordon Brown continuando la labor del jefe, llegó a su fin en las elecciones del 2010, con la crisis del 2008 detrás. Brown cae, consecuencia de la desafección de las clases medias y bajas británicas cuya condición material se había deteriorado -más aún que con Thatcher- antes y, sobre todo después, de la Gran Recesión; empieza un periodo de gobiernos conservadores que, con o sin Brexit, no hicieron nada para frenar la decadencia del Reino (Unido). El nuevo secretario general del Labour, que, supuestamente, corregiría el derechismo de Brown, Ed Miliband, fue un político gris de partido (pese a su brillante padre) que no era ni chicha ni limoná, ni blairista ni mínimamente izquierdoso, pasó sin pena ni gloria, dejando a los tories en el gobierno. El Brexit supuso una enorme conmoción en las islas, unas campañas masivas en las que la manipulación desatada se mezclaba, al menos, con polémicas de fondo. En ese marco se consolidó el liderazgo de Jeremy Corbyn, un veterano militante del ala izquierda del Labour. Además de despertar aquella soterrada alma laborista obrera y luchadora, Corbyn consiguió el apoyo militante de una gran cantidad de jóvenes hasta entonces escépticos con el bipartidismo británico. Ese aluvión juvenil se corresponde, mutatis mutandis, con los movimientos del 15M (y Podemos) en el Estado español, el Occupy Wall Street en América y otras experiencias menos numerosas en los países de Europa.

Pero Corbyn perdió por muy estrecho margen en las elecciones de 2017, derrotado por Teresa May y, con algo más de distancia, en las de 2019, ganadas por Boris Johnson. Por tanto, su propuesta política, que iba más allá del centro-izquierda en un marco bipartidista clásico, no se llevó a cabo. En que consistía o a dónde hubiese llegado, es otra historia. Sin embargo, el fracaso de Corbyn es matizable. En las dos elecciones generales obtuvo más votos de los que el Labour había sacado nunca desde la primera de Blair, y, además, fue víctima a lo largo de su mandato de todo tipo de maniobras por parte de la muy influyente derecha blairista delpartido, culminando con la campaña manipulada y falsaria que le acusaba de antisemitismo y que acabó con su dimisión y el nombramiento de Keir Starmer en 1920.

La debacle de Boris Johnson debida, entre otros motivos, a las actuaciones del gobierno durante la COVID y especialmente por su vergonzosa actuación personal respecto a la pandemia (las fiestecitas), más las pedestres medidas económicas adoptadas por su sucesora Lizz Truss, llevaron al Partido Conservador a un descrédito tal que, unido a los muchos votos que le ‘quitó’ el ya pujante partido Reformista de Farage, dieron un triunfo aplastante a Starmer en el 2024. No nos engañemos, sacó muchos menos votos que Corbyn en la elecciones anteriores y buena parte de ellos lo fueron más contra los conservardores que por simpatía hacia Starmer y los suyos.

La política de Starmer como secretario general del Labour ha sido desde el primero momento autoritaria y, sobre todo, represiva, inició una caza de brujas apoyándose fundamentalmente en el pecado de un antisemitismo que se atribuía a casi todos sus rivales internos y a la izquierda del partido, en general, que acabó con la expulsión de Corbyn; y de todo lo que representaba en el partido.

Al tiempo, el Starmer primer ministro se ha caracterizado por la típica política antisocial de la tercera vía laborista: austeridad y desmantelamiento del Estado del Bienestar con la excusa de las no menos típicas, y tópicas, deuda pública y déficits fiscales; por añadidura, con algunas torpezas inmensas, como los ataques a los minusválidos, el apoyo al lobby israelí, confundiendo deliberadamente antisionismo con antisemitismo y propugnando la bochornosa ley contra ‘el terrorismo antisemita’. En política exterior, seguidismo lacayuno a USA; a Biden e, incluso a Trump, incluyendo el apoyo al genocidio Palestino perpetrado por Israel.

Visto lo visto en estos dos años la mayoría de la población inglesa ha marcado el rumbo político en estas elecciones municipales, y autonómicas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Unas elecciones que conviene interpretar en clave general, más influidas que nunca por la situación global del Reino Unido. La derecha se inclina hacia la extrema derecha, como indican los muy pobres resultados de los tories, que ven sus votos irse a Reform UK y, en el espacio de la izquierda, desmoronamiento del Labour Party y desplazamiento hacia la izquierda nacionalista en las autonomías y hacia el muy hábilmente llevado por Zac Polanski Green Party. Visto lo visto, pero visto a su manera, Starmer se niega a renunciar al cargo, del mismo modo que se niega a modificar sus políticas. Parte del partido se le ha rebelado y exige su cese, pero parece que no es una parte suficiente, por ejemplo, bastante menos de la mitad de los parlamentarios, la aristocracia laborista, pide su relevo. Además, el partido no tiene ya ningún líder mínimamente popular, si acaso Andy Burnham, alcalde de Manchester, que no puede aspirar a premier hasta que no vuelva a la Cámara de los Comunes, y eso lleva tiempo. Y aún renunciando Starmer, la política de su sucesor será muy continuista; creo que el laborismo no va a remontar de manera relevante en las elecciones generales del 2029; aunque, en el actual caos geopolítico y económico mundial pueden pasar muchas cosas a lo largo de dos años.

Resumiendo, el, fin de la época Corbyn, forzado en buena medida por Starmer y su grupo de notables, significó la amputación de la izquierda clásica laborista, a la que, aplicando unos estándares universales, llamo centro-izquierda, de modo que en estos momentos el Labour Party sólo incluye dos espacios, el centro y  el centro-derecha; de ellos habrá de salir el sucesor de Starmer, si éste no logra su propósito, a lo Pedro Sanchez de subsistir como sea, contra viento y marea y sin la menor idea ni intención renovadora. Lo que no creo posible es el restablecimiento de un ala de centro-izquierda en el Labour, máxime cuando buena parte de la base sindicalista e izquierdosa que quedaba se ha ido del partido, siguiendo a Zara Sultana y otros destacados personajes izquierdosos, y, sobre todo, cuando el partido Verde ha sabido no quedarse en el ecologismo (esperemos que no arrincone el problema fundamental de nuestra época, y quizá de todas) y hacer suya una política progresista-reformista institucional. Más o menos, la de Corbyn. Por si fuera improbable reconstruir algo así como una izquierda y evitar el desplazamiento a la derecha del Labour que lo conduce, creo, a la nada, el Your Party de Corbyn y Sultana si sigue adelante -algo nada seguro- y establece coaliciones razonables con los Verdes fija otro clavo en el ataúd laborista.

Finalizo; en mi opinión, que deberé argumentar en otro post, es precisamente la ausencia histórica en el Reino Unido de una izquierda mínimamente fuerte a la izquierda de la socialdemocracia y sus sindicatos lo que ha impedido una crítica del reformismo, entendido como coartada ante la sumisión al capitalismo y la hegemonía yanqui post II GM, de modo que el Labour Party no ha sufrido el desprestigio que ha llevado a la semidesaparición del socialismo en varios países de Europa (en especial, aquellos con fuertes partidos comunistas, los cuales, por cierto, también se han visto reducidos a la nada o la casi nada). Para el trabajador medio o el progresista británicos, el laborismo de los McDonald, los Atlee o los Wilson era su horizonte político, sin alternativas, aunque fuesen más nominales que otra cosa, a su izquierda.

Un horizonte que se quebró con la ascensión de Blair, pero que, como hemos visto,  dejó más o menos incólume el ala izquierda; aquella que propició el liderazgo de Corbyun, que contempló su caída y que quedó desmoralizada, entre otras cosas, por cómo tuvo lugar. Parte de ellos, me refiero a militantes y, sobre todo a votantes, se han identificado con los verdes, otra parte sigue las aventuras de Corbyn y una tercera, en el entorno de un deterioro tremendo de las condiciones de vida de las clases medias-bajas, se han desplazado hacia el Reform UK, que les posibilita, sin calentarse la cabeza, expresar su malestar; eso sí bajo la forma de odio y resentimiento. A corto plazo, creo que, cualquiera que sea quien sustituya a ese cadáver político y moral que es Starmer, bien de centro-derecha, Burnham, o bien de derecha, Wes Streeting, no frenará el derrumbe del partido. Habrá, sigo creyendo (lo más probable, sin certeza alguna), un breve periodo de bipartidismo Reform UK frente a  Green Party, y, más a medio plazo, el Reino Unido se sumará a la tendencia general europea, en este caso, otro nuevo bipartidismo, el polo en torno al Reform y el polo en torno a una fusión ad hoc entre los restos de los conservadores, los laboristas y los liberal-demócratas.


sábado, 2 de mayo de 2026

 

Es evidente que el Estado de Israel, combinado con el espacio sionista en general, constituye uno de los mayores peligros, si no el mayor, de la paz mundial y de la libertad de expresión allá donde haya algo parecido. También es evidente que existe un antisemitismo ‘puro’ desde hace dos mil años que no se ha apagado con el gas Zyclon y un antisemitismo deviniente que convierte el antisionismo, la oposición a una corriente política, en antisemitismo, odio a los judíos o a lo que se considera etnia judía. Este último, desgraciadamente, está en alza, en buena medida azuzado por el antisemitismo puro, pero también por una falta de comprensión, una confusión, sociopolítica ,que se estimula desde los propios medios político-culturales sionistas.

La locura bélica, yo creo que en última instancia autodestructiva, de Israel -no sólo, me temo, del Estado, sino de la mayor parte de su población, y del sionismo nacional-etnicista y supremacista extendido sobre todo en Occidente- está obrando esa identificación ‘antisionismo igual a antisemitismo’. De momento, le viene bien a Israel, y también a USA y todos sus Estados subordinados (los de la UE, por ejemplo), pero la ceguera política de estos les impide entender que, dentro del concreto proceso histórico actual, esto se puede volver en su contra a medio plazo. Con el crecimiento irresistido del supremacismo ario, por ejemplo.


viernes, 1 de mayo de 2026

 

La FED, el BCE y el BoE (Bank of England) han mantenido esta senana sus tipos de interés. Esto revela algunas cosas. La fundamental, creo, es que ni Powell, ni Lagarde, ni como se llame el gobernador del BoE tienen, precisamente, una idea muy clara de por donde va la economía internacional ni hacia dónde se dirige. Su inflaciofobía natural les pide subir tasas, parte de la izquierda y Trump les exigen bajarlas. Y es que, claro, estamos ante el fantasma de la estanflación, si tiras por un lado, sueltas por el otro. Un dilema clásico. Volcker, gobernador a finales de los 1970s de la FED, enfrentado al problema, lo tuvo muy claro: subió el tipo básico al 20% (cuando la inflación no llegaba al 15%) provocando una muy severa recesión; y se acabó lo que se daba. Al fin y al cabo, él no se iba a quedar en el paro sin apenas ingresos.

Eran otros tiempos y la economía tenía ante sí la ‘recuperación’, via entrada en un neoliberalismo sin complejos. En estos momentos, la economía internacional está de mírame y no me toques, forzar una recesión puede tener unos efectos incalculables, la Gran Depresión de los años 30s del siglo pasado podría quedarse muy pequeñita en comparación. Sobre todo si consideramos los factores financieros, la burbuja de activos de entonces es muchísimo menor que lo que se cuece ahora en las bolsas. Por eso, y porque se han quedado en una Economía muy desprestigiable, nuestros insignes banqueros no saben qué hacer; como decía el otro, lo urgente, entonces, es no hacer nada.

En cualquier caso, tratar de contener una inflación de (disminución de) ofertacomo la actual, no de (exceso de) demanda, subiendo tipos es un disparate. Incluso impulsa la inflación al elevar los costes financieros de creadores de precios (hipotecas comerciales, créditos industriales). El llamado shock de Volcker no es que pretendiese oponerse a la inflación con la subida de tasas, aunque ello conllevara la recesión. No es ese el orden, Volcker quería parar la inflación con recesión, con la caída de la demanda agregada que supone una recesión, de modo que el objetivo real del ascenso del interés fue forzar la recesión, no un efecto colateral e indeseado,

La situación actual, desde otra perspectiva, no deja de ser un anticipo de lo que nos espera, la tremenda contracción de la demanda que, aunque ya se está produciendo, no alcanza ni de lejos la gravedad que van a tener en los próximos decenios las caídas de obtención de recursos naturales, de materias primas y energéticas. Es, así, un buen simulacro sobre el que habría que tomar medidas radicales para que las sociedades aumentasen su resiliencia a la altura de las amenazas. No se hará nada, los grandes emperadores de la industria y las finanzas van por otro lado.

A modo de ejemplo de cómo funciona el ya viejo capitalismo de las grandes corporaciones accionariales, adjunto dos gráficos, el de la evolución este año del índice SP&500 de Wall Street y el precio del petróleo Brent.







Como puede verse, debería haber una correlación inversa entre subida del crudo y bajada del índice. No sólo no la hay, sino que en abril han subido ambos. Desde luego, cuando Trump anunciaba un alto el fuego-lo que podría indicar que bajarían los precios- la bolsa se disparaba, entonces sí, pero en un brevísimo plazo, el suficiente para que Trump y sus amigos comprasen un cuarto de hora antes del anuncio y al siguiente de amenaza de destrucción de la ‘civilización’ persa, vender un cuarto de hora antes. Y eso por no hablar de los derivados a futuro. Simple estafa financiera para hacerse aún más ricos. Y que conste que no son paranoias, basta con mirar los gráficos a un día.

Lo importante es, pues, ver como la burbuja de activos financieros de renta variable sigue ganando volumen, impasible a las multiples amenazas de recesión que se ciernen sobre la economía 'real'. 


miércoles, 22 de abril de 2026

 

  • Anoche terminaba la tregua entre USA e Irán con la misma conclusión que los apocalípticos ultimatums de Trump: TACO; esta vez con la prolongación del alto el fuego por parte norteamericana durante un tiempo indefinido, “hasta que se presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea el resultado". En cualquier caso, se trata de una tregua bastante peculiar. USA la hace y la deshace, mientras Irán se autositúa en un rol reactivo. Que USA proclama la tregua y deja de bombardear territorio iraní, los iraníes dejan de contraatacar, algo que, de hecho, es su práctica habitual: USA ataca e Irán  contraatacay y, dado que Irán considera, con buen criterio, que su bloqueo del estrecho de Ormuz es una acción bélica, responde al alto el fuego eliminando ese bloqueo. Que USA rompe la tregua, pero sólo un poquito, bloqueando todos los barcos persas, Irán renueva su bloqueo anterior, en lo que se demuestra, de nuevo acertadamente, una indiferencia total hacia lo que la política demente de Trump llame ‘una tregua’. Irán dice: “Bloqueán Ormuz, nosostros también, no nos disparan misiles, nosotros tampoco’.
  • El asunto de la inserción de Israel en la guerra es muy distinto. La diferencia que media entre querer salir de la guerra sin grave descrédito, pero no saber cómo, y querer continuar con la guerra, tanto mejor cuanto más dure y más destructiva sea. Serio problema para Trump que, de algún modo tiene que saber que el sionismo y sus prácticas pierden, vertiginosamente, apoyo entre la opinión pública interna. Las tensiones entre Trump y Netanyahu comienzan a patentizarse. Trump seguramente conseguirá que, por el momento, las FDI no bombardeen Irán, pero no que interrumpan su actividad terrorista en Líbano.
  • La situación de Trump y sus acólitos belicistas en la guerra de Irán -en realidad, Hegseth y pare de contar, el resto son agentes sionistas, como su yerno y su compigolfi (Witcoff, no Epstein, que ya murió, no seamos malpensados)- es cada vez más desesperada, con un MAGA más que fracturado, todos los sondeos en el interior en contra y casi todo el mundo exterior también en contra de la guerra, lo digan con la boca más pequeña o más grande, una crisis económica mundial, incluyendo a USA, se halla a las puertas, y muy poquitos media van a echarle la culpa a otro que no sea el presidente anaranjado. Es esa situación de acorralamiento creciente que le va cerrando toda salida. Trump, en su situación, creo que se asemeja a personajes shakesperianos, lo que me preocupa. Puede estar tentado de emplear armas atómicas tácticas, al fin y al cabo tiene el botón rojo, o sea, el maletín nuclear. Que la reacción mundial, incluida, de nuevo, la de los norteamericanos, se propagara mas rápidamente que la radiación y con más fuerza que la explosión es algo que un tipo como Trump con una deterioro mental, con una desconexión tan profunda con la realidad, probablemente ignore y rechace. Mi esperanza es que, llegados a tal extremo, haya alguien, algún militar, que en la cadena operativa para poner en marcha las ojivas nucleares, piense ‘hasta aquí hemos llegado’, y actue en consecuencia.
  • La responsabilidad de la dirigencia persa en estos momentos es inmensa, histórica. Está ahora en sus manos negociadoras modular el proceso de decadencia de la hegemonía mundial estadounidense. Por lo demostrado hasta ahora, son conscientes de ello y muestran una capacidad táctica admirable. No deben dejarse cegar por lo que a todas luces es tanto su victoria como la derrota de un enemigo -que es USA, no se olvide que también lo es Israel-, deben saber los límites de la humillación y quedarse justamente u centímetro antes. A modo de ejemplo, habrían de no tratar de imponer su propuesta de 10 puntos, en algunos puntos es maximalista y podrían ceder. Mientras que el asunto de la nuclearización es claro: Irán es un país soberano como cualquier otro, si renuncia al armamento nuclear lo sería por su adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear (del que, por otro lado, uno puede no estar, como Pakistan e India, e Israel, o salirse, como Corea del Norte), nunca por una imposición ad hoc como fue el JpOAC de Obama. Y, ñpor supuesto todo el derecho del mundo aenriquecer uranio aplicable a plantas nucleares de producción eléctrica.
  • Por el momento, no es posible acabar con el imperialismo yanqui, pero sí debilitarlo, y debilitarlo bastante. Trump es la sinrazón, sí; y también la sinrazón de la astucia histórica.  


martes, 21 de abril de 2026

 

Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 12

 

Con los superávits comerciales de USA que siguieron a la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1%  de Bretton Woods sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, porque muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó la guerra de Corea en 1950, donde el gasto de USA, una enorme cantidad de dinero para sus tropas, se adquirió, precisamente, en Japón (que así compensaba en parte la pérdida del mercado chino, con el que contaban Japón  y USA,  estrangulado por la guerra civil entre el Kuomingtang de  Chiang Kai-shek y el PCCh de Mao) .

El mecanismo no era muy complicado, y permitía cohonestar las dos necesidades de una divisa internacional, un dólar fuerte producto de los superávits comerciales y una inversión en países ya desarrollados (Alemania, Japón) o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dólares entrantes y salientes se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. Por supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir títulos de deuda y acciones u obligaciones particulares regaba de dinero las finanzas, comisiones, costes de gestión, etc. Wall Street prosperaba.

Si bien todo parecía ir correctamente, pasaban inadvertidos unos procesos subterráneos que estaban próximos a emerger y hacer patentes las contradicciones. Los gastos de USA, en gran medida de nproductos extranjeros importados, y la disminución de sus exportaciones, generaron los twin déficits, los déficits gemelos simultáneos fiscal y comercial, la deuda aumentba, se imprimía moneda sin las restricciones auríferas anteriores (el dólar baja en relación con el oro y éste compite con la moneda USA como depósito de valor) . El dólar sufre presiones desvalorizadoras, su condición de divisa mundial se tambalea (la salva sobre todo la ausencia de alternativas). La inflación aflora, aunque lenta y suavemente..

Entonces sucede algo que cambia la dirección de los acontecimientos. En el marco histórico de la descolonización, de la irrupción de los países del tercer mundo no alineados que no quieren depender neocolonialmente de ninguna de las dos grandes potencias imperialistas, y, paradójicamente, de la colonización brutal de Palestina por el Estado sionista, tiene lugar en 1973 la guerra de Yom Kipur entre una coalición árabe e Israel. Los países árabes productores de petróleo, con el apoyo del conjunto de la OPEP, sancionan a occidente por su apoyo a Israel, suben los precios,y reducen la producción el petróleo en tanto que cuasimonopolio y bloquean las exportaciones. El precio del petróleo mundial se multiplicó por cinco y sus efectos, teniendo en cuenta los costes de la energía en los precios finales de casi todos los productos, fue una considerable inflación en los países capitalistas occidentales. La famosa crisis del crudo que acabo con la no menos famosa Edad de oro del capitalismo. Y que creó las bases para una nueva etapa del capitalismo, el neoliberalismo.

La restricción petrolífera de la OPEP ocasiona una fuerte inflación en occidente, en USA se pasa del 5,9% de 1969, una inflación ya alta, como se vio en el post anterior, al 11,1 de 1974. En Europa occidental, la inflación sube más aún, en torno al 15%. Se aplican fuertes medidas de austeridad y contención de precios, con unas tasas de interés que tratan de contrarrestar la bajada de valor del dólar, propiciando una leve caída de la inflación que toca suelo en 1978. Pero este año se produce en Irán la caída del sah, y con ella la inestabilidad en la región; Irán apenas exporta y a ello se le suma la guerra entre Irak, otro gran productor de petróleo, e Irán en 1980. Es la llamada segunda crisis del petróleo, en cuyo curso el crudo casi triplica su precio. La inflación llega al 14% en USA. La actitud del OPEP, fundamentalmente de los países arábigos, tanto para acabar la primera crisis -acabando con el recorte de la producción de crudo-, como en la segunda -contrarestando la caida de producción de Irak e Irán con aumentos de las suyas- contribuyeron poderosamente al descenso de la inflación. A cambio de ello, estrecharón su alianza con USA y su tolerancia, verborrea aparte, con el Estado sioinista. Podrán ser condenables (por algunos) los ataques de Irán en la guerra presente a bases yanquis, y también a refinerías, en los países del Golfo, pero en absoluto arbitrarios

La receta tradicional, o perezosa, del keynesianismo mainstream de la época, cuando la inflación tiene su origen en un calentamiento de la economía, en que la oferta va llegando a su máximo y la demanda sigue creciendo, es la subida de tipos que atempera la demanda. Pero la inflación en estos años viene motivada, sobre todo, por el estrangulamiento de la oferta, no por el ímpetu de la demanda. Las subidas de tipos, en especial la brutal de 1980, cerca del 20% en USA, en efecto, provocan la disminución de la ya castigada demanda, pero los precios se mantienen altos durante un tiempo, dando lugar a un fenómeno, entonces nuevo: la estanflación: estancamiento con inflación (mejor sería hablar de recesión con inflación: el GDP disminuye hasta un 2% en 1982. Y es que una inflación por falta de oferta sólo se soluciona forzando una crisis, como ahora.

En efecto, la terapia de choque de Paul Volcker, presidente de la FED desde 1979, provoco una fuerte recesión, pero acabó con la inflación, que tanto en USA como en Europa (no digamos Alemania), se consideraba el principal problema económico. Sin embargo, quedaba inexplicada la estanflación de la década de 1970. Su análisis supuso un fundamento teórico-ideológico para lo que supuso el cambio de las políticas económicas en el occidente capitalista desde el fin de la IIGM por las políticas llamadas neoliberales. De todo ello me ocupare en el siguiente, o siguientes, posts.


sábado, 18 de abril de 2026

 

La guerra de Irán parece estar a medio camino entre el impasse y la circularidad del eterno retorno. Ofrezco mi sumarísimo resumen hasta la fecha. 

  • A USA no se le ha perdido nada en Irán, una mala relación añeja no lleva a una guerra.
  • Obama consiguió más con el JCPOA -acuerdo con Irán para usar la energía atómica sólo para producir electricidad (empujado por Israel y ya en sí una pasada comparativa respecto a otros países)- de lo que va a conseguir nunca Trump, a no ser que, en efecto, destruya todo el país persa.
  • Trump solo le mueven dos objetivos en su acción de gobierno. Mantenerse en el poder, aumentándolo, si se le deja, hasta la autocracia, y enriquecerse, él y sus allegados, con total desprecio a la moralidad cívica y la legalidad.  
  • Trump opto por la guerra contra Irán, contra toda su administración -CIA, Gabbard, Vance, Rubio, general Caine- porque Israel le engañó haciéndole creer que los dos objetivos del punto anterior conseguirían, guerra mediante, un cumplimiento estratosférico.
  • A Trump le convenció Netanyahu de que la guerra de Irán duraría menos de una semana, que Irán se rendiría y que el Reza Pahlavi o algún tipo similar, proyanqui y al servicio de Trum, tomaría el poder en Irán.
  • Israel quiere, en el marco de su política de lograr la hege moonía total y definitiva en el Oriente Medio, la destrucción de Irán, hacer de él un Estado fallido incapaz de recuperarse y hacerle, de nuevo, frente. 
  • La resistencia del régimen iraní al asesinato de su cúpula dirigente, y de miles de civiles, y el contraataque impensado por USA/Israel de Irán, tan potente e inteligente, convirtiendo de facto el estrecho de Ormuz en un rehén de Irán frente a todo el mundo, han conseguido que USA pierda la guerra, en los términos en los que la inició. Dan igual todas las tonterías delirantes que Trumpo escriba en su social truth o en las declaraciones antes de subir a un helicóptero. No son más que muestras de desesperación
  • Israel lo intentó. Nice try. Tendrá por el momento que tragar con Irán y dedicarse a guerrear contra Hezbolah, a bombardear y a promover una guerra civil en Líbano. Otra vez será.
  • USA, el Estado norteamericano, ya gravemente deteriorado y desprestigiado, habrá de darse mucha prisa para quitar a Trump, derrocar a su camarilla, de la que, supongo Vance y Rubio saltarán como ratas, conservar lo que se pueda de MAGA y aplicar un texto imperialista y reaccionario, pero coherente con la situación, como es la Estrategia de Seguridad Nacional.
  • La teoría de que Israel está chantajeando a USA, sin entrar en detalles, explicaría muchas cosas. A falta de datos incontestables, prefiero la perplejidad -¿como pueden ser tan torpes?-  a la conspiranoia.


lunes, 13 de abril de 2026



  • De momento, las negociaciones se han interrumpido, lo que no quiere decir que se hayan roto (ni lo contrario), la tregua sigue fácticamente, no hay ataques iraníes a intereses de USA, ni de esta a Irán, lo que no quiere decir que se vayan a reanudar a corto plazo (ni lo contrario). Está claro que, para Irán, sus diez puntos, que no se conocen (ni lo contrario), eran una mera base para negociar, y USA acepto negociar; luego, negociadores internacionales tan profesionales y experimentados como Vance, Witcoff y Kuschner, propusieron sin más su plan de 15 puntos y, como la distancia entre las dos propuestas era tan sideral, se marcharon. O sea, que estamos como hace unos días, a la espera de que Trump clame con un nuevo ultimátum que vaya más allá de borrar de la faz de la tierra la civilización persa, sea eso lo que sea, o de llevar a los iraníes a la ‘edad de piedra”. Propongo para el próximo comunicado en su red social  ‘llevarlos al pleistoceno’, y así hasta legar al big bang.
  • El Objetivo Estratégico de Israel está claro -expandirse hasta constituir el Gran Israel, subyugar o eliminar a todos quienes le hagan sombra y se le opongan, destruir Irán, ser el gran hegemón de los demás países incluidos en un territorio que abarca desde Afganistán hasta el Mediterráneo, incluyendo y Arabia, claro, y … ¿Turquía? 
  • También son palmarios los objetivos de Irán, éstos tácticos porque no apelan a ningún designio histórico o celestial, sino a recuperar una cierta normalidad que no le sea manifiestamente hostilen en el área, a desarrollarse y fortalecerse. Para eso, tiene que ganar una guerra que se le ha impuesto, una guerra que, para ellos, no consiste en doblegar o someter al enemigo, sino en que se reconozca su derecho a ser un país soberano, sin injerencias de la CIA o el Mossad, de decidir su propio armamento y sus propios aliados; no parecen oretensiones extravagantes. Ahora, y tácticamnte, controlar el estrecho de Ormuz y poner una elevada tarifa a los barcos que lo atraviesen; algo que, ciertamente, en la medida en que quede un residuo de Derecho Internacional, debe ser negociado. No obstante, recuerdo que antes de la agresión de Israel/USA no existía tal circunstancia, el estrecho estaba abierto al comercio mundial para cualquier país.  La crisis mundial que va a provocar, que está comenzando a provocar ya, el cierre de Ormuz, cortesía de Trump y Netanyahu.
  • Los objetivos de USA también son nítidos, los dos. Uno, ponerse al servicio de Israel. El segundo, que cambia cada segundo en función de la(s) neurona(s) de Trump, unas veces es impedir el acceso de Irán a la energía atómica, a lo que ahora se añade, desenmascarando al anterior, incluir los misiles y drones y el apoyo a Hezbolá y demás, es decir se trata de impedir que Irán sea una potencia militar con capacidad para defenderse de los yanquis y sus amigos sionistas. Otras veces, la meta de la guerra es cambiar el actual régimen de los ayatolas por otro formalmente demoliberal aliado, es decir, subordinado. Con el Pahlevi junior, o con quien sea, qué más le da a Trump y los suyos lo que lleven sobre la cabeza las mujeres iraníes o cómo se denomine la policía política; mientras sigan torturando, todo bien. Bueno, supongo que de todo esto y de otras cuantas cosas más -como aumentar la fortuna familiar y de unos cuantos amiguetes, mediante comunicados  dramáticos y su efecto en la bolsa- le convenció Netanyahu. Se trata de deseos que realizan intereses yanquis, sin duda, mejor tener Irán bajo las botas que levantisco. 
  • El grave inconveniente es que, como le hicieron saber todos los asesores oficiales de USA que no estuviesen infiltrados por el sionismo, eso no se iba a conseguir, como tampoco USA puede, pongamos por caso, derrotar a China en el terreno económico. Ya les gustaría, pero no. Sin embargo, Trump, un hipernarcisista estúpido, imbuido de su omnipotencia, creyó que Irán caería con un par de bombardeos, muy asustados por sus amenazas de internet. Es decir, como les sucede a los políticos endiosados e ineptos, confundió deseos con objetivos. Cuando se emprende una guerra de elección, y para USA la de Irán es totalmente discrecional, hay que estar, y con buenos motivos racionales y factuales, no con fantasías, convencido de lograr los objetivos propuestos. Para USA esta guerra es un despropósito del que ya no va a poderse recuperar; ni aunque caiga Trump. Y todo esto sin necesidad de aludir al Trump pacifista y aislacionista, al Trump del MAGA, que consiguió ganar las elecciones presidenciales, o a ese documento que se pretendía fundamental (estratégico), la Estrategia de Seguridad, que dictaría los criterios geopolíticos de USA en el futuro.
  • Algunos críticos de Trump afirman que se inventó una guerra, innecesaria a todas luces, para que la opinión pública se olvidara de su implicación en el caso Epstein. No es esa mi opinión, aunque desde luego no le vino mal en ese sentido. Trump, repito,  inició la guerra engañado (o ‘muy presionado’, léase ‘chantajeado’) por Israel y convencido, quizá también por Netanyahu, además de por su propio cretinismo, de que iba a ser una operación de una semana similar a la de Venezuela, lo que le daría más prestigio. No obstante, lo de Epstein es gracioso, porque ahora esas u otras voces críticas dicen que Trump ha sacado el tema Epstein -por medio de la inverosímil rueda de prensa de Melania- para que la opinión pública se olvide de la guerra. Nos metemos en un bucle. En cualquier caso, son ya muchos los frentes que auguran la muerte política del ser anaranjado, o … algo así como una guerra civil.
  • La última ocurrencia, visto el citado caos que ya mencioné, donde nadie sabe si hay negociaciones o no, donde nadie sabe si hay alto el fuego o no, Trump amenaza con un nuevo ultimátum, vaya, qué sorpresa. Ahora dice que si los iraníes no abren Ormuz a todos los barcos sin excepción bloqueará a aquellos que estos días permite pasar Irán,  incluidos los propios iraníes, claro. Poco después -Trump ya no es que sea TACO, es que no sabe lo que dice-, ‘matiza’ que el bloqueo se aplicará únicamente a los barcos que salgan de puestos persas, o sea, que a un barco con petróleo hacia China que salga de Kuwait le permitirá continuar, pero si sale de territorio iraní, aunque se dirija también a China, será pirateado por la USA Army. No creo que esta medida le guste a China; ni al mundo, pues el no tan poco petróleo que se exportaba por el estrecho -Irán dejaba pasar, previo pago, barcos que se dirigieran a países no hostiles- queda suprimido. Trump, como casi siempre, disparándose en el pie. 


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Breve comentario acerca de las elecciones en Hungría. El muy abultado triunfo de Magyar es, más bien, la muy abultada derrota de Orban. Se ve que la población huúngara estaba harta de el y de que Hungría fuese una chincheta en la prácticamente unánime política de la UE. El nuevo presidente es un perro fiel de la oligarquía corrupta del Estado hungaro; como lo era Orban, si bien es muy probable que se haya producido un leve desplazamiento en esa oligarquíc a favor de los intereses de la UE y en detrimento de los fieles a Putin; pero en lo que se refiere a la (des)igualdad, al neoliberalismo a tope, a la xenofobia antiinmigrante, etc., poco cambio se va a experimentar. La mayor parte de la población hungara está muy contenta y me parece razonable, pero deberían saber-supongo que muchos lo saben- que sus condiciones materiales de vida no van a mejorar, incluso a empeorar un poco, porque imagino que ahora habrán de prescindir del petróleo y gas rusos, y emplear unos combustibles fósiles bastante más caros. Pero no todo, en absoluto, se mueve en torno a esas condiciones.

En el terreno internacional es donde el cambio es más relevante. Magyar y su partido, Tisza, están integrados en el grupo del Partido Popular Europeo, o sea el núcleo duro de Weber y von der Leyen. Y del PP español. Putin ha perdido, pues, muchísima influencia en la UE cuyo eje alemán, y sionista, se fortalece. Lo que más me llama la atención, y me parece digno de encomio, es como los húngaros se han alejad también de la USA de Trump. No se olvide que la semana pasada estuvo allí Vance pidiendo el voto para Orban. Asimismo, es un varapalo para el, por otra parte, variado, movimiento de extrema derecha europeo, donde Orban era, más para unos que para otros, un referente y una figura clásica en todos sus saraos. Habrá que ver la reacción de Trump y, si se hace mínimamente pública la de su equipo inmediato y su entorno, analizar lo qué esta pasando allí . Y a lo mejor Abascal se ve obligado a pensar un poco, aunque para esa exótica actividad ya tiene a Buxadé. 

 

sábado, 11 de abril de 2026


  • Antes de seguir con la problemática de USA en la guerra de Irán dentro del marco de su estrategia general, trataré de la de Irán, más breve y más clara, creo. A modo de punto previo, considero que el Islam, más allá de la primera propagación político-religiosa de los siglos VII-IX, cuyas particulares circunstancias históricas la explican, sin necesidad de recurrir a una supuesta consustancialidad, no es una religión especialmente expansionista, como puede ser el cristianismo (tampoco el judaísmo lo es). La belicosidad en los últimos dos siglos de países o comunidades mahometanas es de tipo defensivo, de resistencia frente al colonialismo y lo mismo se puede decir del llamado terrorismo islamista (por no entrar en las maquinaciones de la CIA o el Mossad). Pero es que, además, la fracción chiita, a la que pertenece Irán, es especialmente remisa a esos fenómenos demonizados por los media occidentales; tienen suspendida sine die la yihad (guerra santa) y todos los atentados terroristas, del 11-S al 11-M, han sido perpetrados por sunnitas Nada más ajeno a la teocracia chiita de Irán que pretender la conquista, no ya del mundo, de nada allende sus fronteras.
  • ¿Qué pretende, estratégicamente, a largo plazo, el sistema político iraní? En primer lugar, mantenerse indefinidamente en el poder, claro (como cualquier otro sistema). Para ello, se vale de las leyes que consagran la sharía chiita, el adoctrinamiento de la población en la ideología dominante y, por supuesto, la represión. Aceptando esto, debo decir, aunque escandalice a algunos que se alimentan culturalmente de El País, que Irán es un Estado bastante más democrático que sus vecinos de la península de Arabia, y, no menos que Marruecos, Egipto o Turquía. En cuanto a su política exterior, Irán está fuertemente comprometido con la causa palestina, lo que, unido a las pretensiones expansionistas y hegemonistas del Estado israelí, lo sitúan en una clara enemistad con éste. Con sus vecinos árabes, los emiratos y monarquías feudales, desea una buena relación de respeto mutuo y colaboración en asuntos de petróleo y gas, pero saben que, en la actualidad y en aspectos geoestratégicos, estos países vienen a ser una sucursal de USA. Y, odios ideologizados y funcionales aparte -USA como el gran satán, tan útil a los ayatolas-, el problema principal es que, en la región, Estados Unidos es una sucursal de Israel, y no al revés. De este modo, dado que estratégicamente, Irán es un enemigo existencial en el discurso sionista, Irán, defensiva y, por tanto, tácticamente, ve en Israel un enemigo existencial. A Irán le bastaría con que Israel no necesitara destruir a Irán, pero es consciente de que tal cosa es imposible y, por tanto, se prepara para una guerra inacabable que, para Israel, es antagónica. 
  • En esta línea, los vecinos del oeste, ambos hostiles, poseen armamento nuclear, los árabes en tanto que desde los años 70s del siglo pasado contrataron su seguridad a USA, y los israelíes el suyo propio. Hacia el Este, se halla Pakistán, que, si bien no es un país enemigo, se halla bastante subordinado a USA, también con armas nucleares. No es incomprensible, pues, que Irán pretenda desarrollar energía atómica con fines militares, máxime observando lo bien que el va a, por ejemplo, Corea del Norte, a quien nadie le chista. Por lo demás, la acción exterior de Irán se dirige a potenciar el papel internacional de los BRIC ampliados, a los que pertenece, y a favorecer la sustitución del actual hegemón mundial, USA, por China.
  • ¿Cuáles son las razonables expectativas de Irán tras casi dos meses de agresión bélica israelí-estadounidense? Haciendo la salvedad -claro, así cualquiera- de Israel, de que  consiga o no zafarse de la presión americana para zanjar de momento, da la guerra, y no atacar a Líbano, Irán puede conseguir en la negociación la renuncia formal de USA a emprender nuevas guerras, el fin de las sanciones internacionales impuestas por Trump, y una novedosa, el control aduanero iraní sobre el estrecho de Ormuz, lo que le confiere un pingüe beneficio económico y, sobre todo, una capacidad de presión formidable sobre el conjunto de la economía mundial. Además de, por supuesto, el régimen iraní fortalecido y la necesidad de Irán de conseguir armas nucleares confirmada por los hechos. En el debe de Irán hay que incluir, claro, el gran número de víctimas y la destrucción de infraestructuras y edificios. Pero eso ya podía descontarse como inevitable desde el momento que Netanyahu convenció a Trump a atacar Irán; de modo que el saldo, por el momento, es muy favorable a Irán. 
  • La guerra sigue, por el momento sólo hay un alto el fuego que no se cumple y unas negociaciones abocadas al fracaso si no hay algún golpe de efecto. Irán, por ahora, mueve bien sus activos; sabe que USA quiere salir de la guerra sin una percepción generalizada de derrota (aunque haya sido una derrota) y sabe que el obstáculo es Israel. Lograr un distanciamiento, incluso una simple fricción entre USA e Israel sería otro gran éxito para Irán. Cosas de la táctica y la estrategia. Continuemos con USA y su circense decadencia.


viernes, 10 de abril de 2026

 

  • Israel es un Estado militarizado para el que la guerra, e incluyo la limpieza étnica dentro del significante 'guerra', es su estado inherente. Todos los grandes imperios consiguieron sus colonias mediante la violencia armada, mediante sus tropas que masacraban o sometían y explotaban brutalmente a los indígenas. Sin embargo, hay dos diferencias sustanciales. La primera es, en el caso de Israel, que metrópoli y colonia ocupan el mismo territorio; España, Inglaterra, Portugal libraban campañas militares tremendas en sus colonias, pero en Madrid, Londres o Lisboa estaban muy tranquilos, la destrucción, las brutalidades, les quedaban a miles de kilómetros, Ellos vivían su vida, y hasta hacían alguna revolución doméstica, caso de Inglaterra. La segunda es más determinante, la colonización llevada a cabo por los sionistas, a sangre y fuego como todas, se inicia a mediados del siglo XX, a diferencia de las demás, que son los cuatro o cinco siglos anteriores. En estos tiempos hay, en primer lugar, una opinión pública, por muy manipulada que esté, que vota en casi todos los países (en China, no, ni en Arabia Saudi, pero sí en Rusia, en India y en USA; formalmente, la población tiene el poder político), y esa opinión pública tiene a su alcance los hechos que suceden, por ejemplo, en Gaza, y, de nuevo, por muy filtrados e interpretados por los media con que se propaguen. Israel no puede asesinar hoy en día a miles de personas con la impunidad absoluta de los Imperios clásicos. Esa es la tragedia de Israel y los límites, parciales, de su vocación colonial y bélica. He leído ayer un artículo de Caitlin Johnstone cuyo título me parece que refleja en muy pocas palabras uno de los (muchísimos) problemas de supervivencia que se le acumulan a la humanidad en el presente: “El mundo puede tener paz o Israel, pero no las dos cosas”.
  • En estos momentos, mediodía del 10 de abril, la situación es confusa. Issrael acepta de mala gana la tregua-negociación entre USA e Irán, pero afirma que el Líbano no tiene nada que ver con ella, porque no se incluye en los puntos de partida a negociar, así que machaca con cañones y misiles a Líbano. USA esta de acuerdo con Israel en la no inclusión del Líbano o Hezbolah en el alto el fuego, pero a continuación, Pakistán, el mediador, se pone en contacto con Trump y este le pide a Netanyahu que dese sus ataques. Netanyahu, as usual, le engaña y sigue bombardeando Beirut, eso sí, un poco menos, y establece unas fantasmales negociaciones con el gobierno oficial del Líbano, que, de hecho, pinta muy poco, incapaz de meter en cintura a Hezbolah; normal, esta guerrilla, afincada en territorio libanés -básicamente porque son libaneses- aliada con Irán es más potente que el ejército oficial del Líbano. Los países árabes sunnitas del Golfo ya no saben ni qué decir. Un caos total donde, como siempre, y siento decirlo, Irán es el único Estado con una visión clara y racional: mientras no se aclaren las cosas, no disparará contra las bases de USA en la zona, pero Ormuz sigue cerrado, que, en última instancia, es lo que cuenta para todos excepto para Israel.
  • En resumen, el Estado sionista, con un presidente, Netanyahu, que es plenamente consciente y se identifica con el fatum supuestamente bíblico, tiene un claro objetivo: el Gran Israel, que surge de la visión teleológica, y, por tanto, teológica, en que ha devenido el sionismo (en sus inicios, fue algo más laico, aunque siempre ultranacionalista e imperialista). El sionismo, o, según él y casi todos los habitantes judíos de Palestina, el pueblo judío es la materialización del Bien y ha de sostener una guerra eterna con el Mal, hasta erradicarlo del cosmos. 
  • El Estado norteamericano también se apoya en una tradición teleológica, el 'Destino manifiesto', que viene a ser el cumplimiento de una función divina de hacer el mundo a imagen y semejanza de USA, es decir, libre, justo, democrático, etc. O sea, una justificación, o más bien, un imperativo y una sacralización de su imperialismo. Pero, claro, la historia de USA es ya larga y a lo largo de ella se han dado, y se dan, muchas interpretaciones acerca de qué es eso del destino manifiesto y su aplicación práctica. Tema complejísimo, interesantísimo y que, por razones obvias, voy a eludir. Tan sólo señalar que, por lo que se refiere a la cosmovisión de gran parte de su población y de sus políticos profesionales, USA es una nación con una fuerte componente teocrática. Sin embargo, el cosmopolitismo del destino manifiesto ha pugnado siempre con una tendencia al aislamiento, tampoco carente de legitimación divina, según la cual USA es un país superior cuya acción política debe encaminarse a mantener esa superioridad, blindándose con su enorme poder de cualquier parasitismo o influencia negativa del resto del mundo. 
  • Esta polémica adquirió vigencia con la caída del imperio soviético. En el periodo 1945-1990, la Guerra Fría con la URSS había impuesto una política no aislacionista, USA debía cuidar de su área de influencia, más de medio mundo, para impedir cualquier tentación de desplazamientos hacia el bloque enemigo. La doctrina Trump se había convertido en existencia, un brusco desequilibrio de fuerzas podía conducir a la guerra atómica. El nuevo panorama de finales del XX, con USA como única gran potencia, obligada a una remodelación de su papel en el mundo, una vez desaparecida  la Guerra Fría, se saldó con el triunfo de la posición de USA como hegemón indiscutido en el mundo, la llamada teoría neocons, surgida del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense de la que ya he hablado en posts anteriores. Hasta que llegó Trump con el MAGA y casi todo el GOP (Great Old Party: los Republicanos).


jueves, 9 de abril de 2026

 

  • Por lo que se ve la tregua entre USA e Irán, ha nacido muerta o muy moribunda. Desde el principio, era obvio que los puntos de partida reales de una y otra parte estaban muy alejadas, si bien, lo cierto es que fue USA quien aceptó el punto de partida de Irán, plasmado en esos diez puntos hechos públicos por el mediador, Pakistán. Creo que Irán estaba dispuesta a ser flexible, sólo moderadamente dada la evolución de la guerra, y que USA básicamente iba a intentar salir del enredo exigiendo al menos una declaración de Irán respecto a su desnuclearización y su renuncia a conseguir un arsenal nuclear. Un elemento significativo es que las negociaciones las iba a dirigir, supongo, que para eso es vicepresidente, Vance, aunque también participarían Witkoff y Kuschner, digo yo que en representación de Israel. Una muy complicada negociación, de la que, sin embargo, no puede descartarse un acuerdo que tenga alguna eficiencia. Eso, si el conflicto sólo tuviera dos protagonistas USA e Irán.
  • La defunción prematura del alto el fuego tiene un nombre: el Israel de Netanyahu, aunque, visto lo visto, me temo que, en lo esencial, no hay otro Israel: el problema no es ya quien manda, es el propio Estado sionista. Netanyahu afirma que nadie los consultó para suspender las hostilidades, cierto, y que, no obstante, Israel aceptó parar los ataques contra Irán, también cierto. Su siguiente afirmación, que, de momento, hace también suya Washington, es que el acuerdo de tregua no incluía detener el bombardeo y la invasión de Líbano. Ambos mienten. El primer punto de los 10 dice: “Cese total de cualquier agresión contra Irán y los grupos de resistencia aliados”. El noveno: “Extensión del principio de no agresión a todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia”. Es decir. El brutal bombardeo de Israel sobre el sur del Líbano y Beirut, con ¡160! Misiles y cientos de muertos, convierte el acuerdo en papel mojado. Irán, plenamente consciente de ello, golpea donde más le duele a USA, manteniendo cerrado el estrecho de Ormuz.
  • Matizo lo que afirmé en el post anterior, cuando el TACO Trump aceptó el alto el fuego: "Irán ha ganado la guerra". Fui demasiado impresionista, a lo sumo debí señalar que Irán estaba ganando la guerra. Un análisis mínimamente riguroso exige hablar de tácticas y estrategias, o de batallas, campañas o guerras, flexibilizando los conceptos y siempre relacionándolos e insertándolos en lo político. Era totalmente previsible que Israel no se iba a limitar a criticar el acuerdo, sino que iba a sabotearlo; que es lo que ha hecho, con su escalada contra Hezbolah, en la (sub) guerra del Líbano, que ahora quiere convertir en guerra sin prefijo, separándola de la de Irán, para anexionarse definitivamente parte de ese país. 
  • Veamos esos conceptos de guerra, estrategia, etc., aplicados a Israel. Su estrategia última, su sentido como Estado, es la del sionismo histórico, asentarse en el territorio palestino, arrebatando las tierras, la tierra, de quienes llevaban muchos siglos allí, y librarse de ellos mediante una sistemática limpieza étnica. A esta estrategia se ha añadido cada vez con menor ocultación una expansión territorial, cuya culminación sería el Gran Israel, un Estado étnico judío, racista y supremacista, como el actual, pero mucho más extenso. Un estado que, sobre la base de la superioridad homicida de sus FDI, poseería un territorio ‘nacional’ (eso es lo que dicen que dice la Biblia del 'pueblo judío') desde el Nilo al Éufrates, un Estado que abarcase Líbano, Siria, Jordania y parte de Irak. Una expansión violenta acompañada de matanzas masivas y grandes deportaciones a territorios aislados y controlados, tipo bantustán; o sea, campos de encierro y, ocasionalmente, campos de exterminio. En esa visión estratégica maximalista, Israel sería el hegemón de todo Oriente medio; Irán e Irak, convertidos en Estados fallidos, con una economía desarbolada, en manos de facciones en constante disputa, mientras que Arabia saudita y los países del Golfo Pérsico, se mantendrían subordinados políticamente a Israel, una especie de semicolonias o Estados tributarios de Israel, sin autonomía geoestratégica alguna.
  • El Estado sionista actual tiene una visión estratégica de carácter teológico, que sólo puede cumplirse con una Guerra en la que ellos son el Bien y el Islám, el Mal. Desde los años 20 del siglo pasado y, principalmente, desde que se constituyó como Estado en 1948, Israel ha estado en guerra permanentemente y así seguirá hasta que desparezca o consiga su objetivo bíblico, el Gran Israel. No se trata de una camarilla demente fanatizada, ni de un psicópata asesino, Netanyahu, es toda una sociedad militarizada e imbuida de su misión divina. Piénsese que la reciente agresión bélica a Irán contó con la aprobación de cerca del 90% de la población judía de Israel. Para Israel, la guerra es existencial, y cada campaña de esa guerra, sean las guerras del 48, la de los Seis Días, la del Yom Kippur, la que se libra diariamente en cada intifada, la destrucción de Gaza, la aniquilación progresiva de la población de Cisjordania, la destrucción de Hezbolah, con Líbano incluido, etc., todos esos eventos son episodios de ese continuum bélico. Creo que es Mersheimer quien dice que la israelita es una sociedad adicta a la guerra.
  • Para Israel, todo lo que se asemeje a paz, aunque sea bajo la forma de tregua o alto el fuego. es rechazable. Recuérdese que tuvo que ser Trump, con su pintoresco Plan de Paz para Gaza, que reflejaba de hecho una rendición de Hamás, quien impuso a Netanyahu el fin de la masacre cotidiana en Gaza (ahora continúa, pero con menos víctimas palestinas y el conflicto ignorado por los media). Los sionistas aceptaron a regañadientes, al igual que lo hicieron el verano pasado con el fin de la llamada guerra de los 12 días con Irán. Poco después, el complejo sionista norteamericano-israelí, en parte, forzó y, en parte, engañó (no sé en qué proporción y si alguna vez lo sabremos) a Trump para lanzar la actual guerra y por eso ahora no quiere pararla. Pero la situación ha cambiado, Trump es consciente -aunque no tengo idea de que significa ‘ser consciente’ en su mente descompuesta – de que se equivocó y quiere salir del atolladero como sea. No creo que se encuentre ahora tan proclive a escoger los datos y argumentos de Netanyahu o Kuschner frente a los que le proporcionaban los militares y los servicios de inteligencia. Es probable que Israel ceda y espere, no pasivamente, desde luego, sino intentando manipular a Trump tanto cuanto le sea posible, al fin y al cabo, sólo son dos semanas, que ni creo que se agoten porque la probabilidad de acuerdo que vaya más allá de la palabrería es infinitesimal. Mañana seguiré con los objetivos tácticos y estratégicos de USA e Irán.


miércoles, 8 de abril de 2026

 


Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 11.


La arquitectura de la posguerra para el ‘mundo libre’ fue diseñada e implementada de facto por USA, y siempre priorizando sus intereses. En el interior se trataba de asegurar un nivel de vida digno a los norteamericanos en general, lo que, asociado a la propaganda masiva -o al miedo, como sucedió con el macartismo, la ‘caza de brujas anticomunista’ entre 1950 y 1955-, alejaba toda veleidad subversiva. Asimismo, se respetaba e impulsaba el cuasimonopolio mundial de las industrias armamentistas de USA, reforzando el poder de ese complejo industrial-militar denunciado por Eisenhower. La incipiente desindustrialización se compensaba con el gran desarrollo del sector servicios y, en particular, del financiero. En el exterior se consolidaba el dominio político-militar de USA en su área de influencia, el primer mundo y parte del tercero. Un dominio sostenido por la supremacía militar y la institucionalidad internacional promovida por USA siempre basada en el principio de no unirse a ninguna organización internacional en la que no se tengamos el poder de veto, bien explícito, como en el Consejo de Seguridad de la ONU, bien factual, casos del FMI, el Banco Mundial o la OTAN.

Pero, si bien la supremacía política y militar se ha mantenido hasta ahora, extendiéndose a todo el planeta cuando cayó la URSS, el modelo económico no tardó en mostrar sus fisuras. El problema comenzó con el incremento progresivo de gastos del gobierno USA, derivados, por y lado, de su pretensión de controlar nuevos y antiguos Estados para que no cayeran en las garras del comunismo: Guerras de Corea y Vietnam, y, por otro, de los programas sociales demésticos que acabasen con la pobreza y mejoraran, en general, el nivel de vida; así la Nueva Frontera de Kennedy y la Gran Sociedad de Johnson. USA, pues, gasta mucho y, por otro lado, países como Alemania y otros europeos, y Japón y otros del este asiático, han desarrollado, en buena medida gracias a USA, una potente industria exportadora; la que ha perdido USA, que importa más y exporta menos.  De esta forma su saldo comercial se torna negativo.

A mediados de los 1960s, USA es ya una economía con déficit comercial. Esta habría sido la parte buena del dilema de Triffin, que se vio arriba, para el país cuya moneda es la divisa internacional, ya que salen dólares de USA de modoque los demás países pueden comerciar y acumular valor con ella. La parte mala de la alternativa es que USA se va quedando sin dinero, y tiene, por ello, que emitir moneda, o recuperar la moneda del exterior emitiendo bonos, y, en consecuencia, la deuda aumenta. La emisión de moneda que todo el mundo sabe que, contraviniendo los acuerdos de Bretton Woods, no está respaldada por oro, y una deuda creciente debilitan la confianza en el dólar, el cual tiende a debilitarse y se arriesga a dejar de ser la moneda hegemónica. De finales de los 1960s es esa anécdota de Gaulle amenazando con enviar un buque de guerra francés lleno de dólares a USA y devolverlo a Francia cargado de oro. 

La inflación en USA en 1970 había alcanzado una tasa cercana al 5%, alta per se y, lo peor, subía sin parar, las deudas se acumulaban, y el gobierno se hallaba maniatado -digamos, un poco maniatado- por las directrices de paridad fija dolar/oro de Bretton Woods. Finalmente, Nixon adoptó a mediados de 1971 una medida que, en mi opinión, es una de las más importantes, si no la que más, de la Economía Política: la inconvertibilidad del dólar en oro. Desaparece, entonces, total y definitivamente, algo que siempre había sido una ficción, pero una ficción asumida y actuante, el dinero mercancía. Ya no había un elemento (supuestamente) objetivo. Ahora el dólar, como el resto de las novelas, flotaba, es decir, estaba en manos de la oferta/demanda del mercado, un país muy exportador experimentaba fuertes presiones para elevar el valor, relativo, de su divisa, y uno importador, viceversa. Si un país, por la razón que fuera, no quería devaluar su moneda, tenía que comprarla en los mercados internacionales -más demanda, más precio- pero se quedaba sin divisa extranjera. Y, de nuevo, viceversa. Si a los defícits/superávits comerciales le añadimos los déficits/superávits fiscales, cada vez más frecuentes en la época, la economía dineraria se complicó mucho, contribuyendo al crecimiento del sector financiero, y a la financiarización, que ha caracterizado desde entonces a la economía mundial. 

El tándem Tesoro-FED se sintieron libres para emitir más moneda, y más deuda. Esto habría favorecido la inflación. Sin embargo, Nixon, que no era, precisamente, ningún rojo, trató de frenar el proceso inflacionista imponiendo controles de precios, lo que ahora cualquier socialdemócrata, no hablemos de los liberales, considera una aberración. Debo decir que Nixon también congeló salarios. En cualquier caso, existía una posibilidad de intervencionismo estatal en la economía que no hay ahora. El método funcionó bastante bien, pero creó escasez en algunos productos y, sobre todo, se granjeó la enemistad de los empresarios. O sea, duró poco. Y lo peor estaba por llegar.


 

  • Que Trump se encuentra en una situación desesperada es algo que todos sabemos. Que Trump vive fuera de la realidad, debido a una psicopatología agravada por el hecho de que su círculo, variado y variable, de influencers le hace creer, recurriendo incluso a videos creados por IA, que ese delirio fantasmático es, para él, la realidad ‘real’, también lo sabemos. Sin embargo, pese a que a Trump le gustaría jugar indefinidamente con su pantomima de altibajos, ahora ataco y aniquilo hasta la historia de Persia, ahora concedo una tregua, etc., lo de esta madrugada es lo que los anglosajones llaman ‘tipping point’, un punto de inflexion y, al tiempo, un punto de no retorno.
  • Las negociaciones, de dos semanas (porque algún intervalo había que poner) mediadas por Pakistan se inician bajo un supuesto tácito: Irán, en los términos que el tandem Trump/Netanyahu la emprendieron, ha ganado la guerra. A Trump se le podrá engañar, pero la gente de su administración, si es que hay alguno mínimamente sensato y sobre todo al deep state, el Pentágono, la CIA, etc., saben que USA ha sido derrotada, y, por activa o por pasiva, tienen que tomar las riendas. Otro asunto es Netanyahu, un criminal realista y con buena visión táctica (que no estratégica, pero es que ahí su posición esta condenada por el devenir histórico).
Sigo luego



lunes, 6 de abril de 2026

 


  • Debo reconocer que me siento bastante confuso. No son muchas la veces que esa diferencia, tan cara a la epistemología, entre explicar y entender se me hace patente con nitidez. Puedo explicar algo -bien o mal, eso aquí da igual- sin entenderlo. Es lo que me sucede ahora con Trump y su entorno, y el entorno del entorno, hasta llegar a las élites. Digo, refiriéndome a dos momentos fundamentales del gobierno de Trump: los aranceles y la guerra de Irán son dos estupideces monumentales que califican a Trump como un estúpido absoluto y a su camarilla bien de imbecilidad, o de absoluta ignorancia en el caso de los economistas, bien de adulación enfermiza. O una mezcla de ambas, con diversas ponderaciones. Por ejemplo, creo que Vance o Rubio, son, básicamente, unos aduladores, mientras que Hegseth es un 50% de una cosa y un 50% de la otra, resultado de su condición de infinitamente imbécil e infinitamente adulador. Bessent, secretario del Tesoro, un 33% estúpido, un 33% ignorante y un 33% pelota. Y así sucesivamente.
  • Todas estas aseveraciones son el fruto de un análisis racional, y, sin embargo, no comprendo cómo pueden estar así las cosas. ‘No me cabe en la cabeza’ es una expresión idiomática (con un sentido figurado usual en el lenguaje ordinario) que describe muy bien esa sensación, emocional, sin dejar de ser racional. ¿Cómo es posible que estén donde están esa galería de frikis? La conclusión sobre mi zozobra es que no es sino pura ideología, plena de prejuicios y emociones de las que nunca podré desprenderme, porque son mi conciencia, mi autoconciencia y mi exoconciencia. Y esto vale para cada quisque.
  • Por poner un ejemplo, me cuesta un gran esfuerzo cognitivo aceptar que las informaciones del New York Times, o del Guardian, o de le Monde o del País son tan carentes de credibilidad, si no más, que el Ettela’t o el Hamshahri, prensa iraní oficialista. Y, sin embargo, leo las declaraciones del ministro de Asuntos exteriores iraní junto a las de Rubio (de Trump y Hegseth, ni hablo), las primeras me parecen infinitamente más sensatas Pero me cuesta superar el etnocentrismo y esa profunda y desagradable percepción de quiénes debieran ser los míos y quienes los otros; el mundo geográfico-histórico al que pertenezco como un fatum.
  • Más. He escuchado, brevemente, al CEO de J. P. Morgan, Jamie Dimon, uno de los mal altos ejecutivos del mundo, en una entrevista en la FOX. Exhibe, exactamente, el mismo nivel analítico y comunicativo que Trump. Habla de los buenos y los malos, los suyos son los buenos, Irán es malo, y como es malo es una amenaza, aunque no tengan armas nucleares, si no es ahora, ya las tendrán, porque es malo yla guerra de Irán está bien porque mata a los malos (ni se contempla perderla) y los iraníes son gente mala porque asesinan a los norteamericanos (que son buenos, mejor, que son los buenos) desde hace 47 años, sobre todo el 7 de octubre, que asesinaron a varios estadounidenses. Todo esto es literal. Un niño de ocho años se sentiría avergonzado. De nuevo, el dilema, esta vez con superejecutivos en lugar de políticos. profesionales: o son retrasados mentales o su cinismo es estratosférico, en lo que dicen y en cómo lo dicen. En ningún cuerno del dilema puede augurarse nada bueno para los de abajo.
  • Anteayer el New York Times, el faro del periodismo demoliberal, el más prestigiado periódico mundial, publico un reportaje en el que se hacía un juego de palabras en torno a la eventualidad de que USA abandonase la OTAN, decía el Título “¿Una Organización del Tratado de Norteamérica sin Norteamérica? Y es que, para el yanqui progre cultifilisteo, NATO es el acrónimo de North America Treaty Organisation’, lo de ‘North Atlantic Treaty Organisation’ debe ser cosa de europeos. Y si eso lo hace el New York Times, ¿qué no hará el New York Post? Pasados los tiempos heroicos, y idealizadores y muy falsos, de la prensa al estilo de ‘ El hombre que mató a Liberty Balance’. El periodista justo, comprometido con los hechos, némesis y desenmascarador de los grandes poderes,; bonito si el papel de los grandes media, occidentales u orientales, es manufacturar consenso, que diría Chomsky.

  • Más hechos. Hace dos o tres días un F-15 norteamericano fue abatido por los iraníes. Llevaba dos militares, a uno de los cuales los salvaron casi inmediatamente fue r fuerzas del propio ejército yanqui. El otro se creía que no murió y que estaría ocultándose en territorio iraní. Un par de días después, Trump afirma en su red social particular que éste ha sido también rescatado; los iraníes, al menos el domingo 5 a las 10:00 lo niegan. Entro en las cartas de lectores de la noticia en la Vanguardia. Unos tienen una opiniones sobrela guerra de Irán y otros la contraria. Todos creen a Trump y, en consecuencia, consideran de manera tácita que los portavoces de la república de Irán mienten. De nuevo, se devela que todos los que nos hemos socializado en la cultura occidental capitalista tenemos incrustado un etnocentrismo supremacista en lo más profundo de nuestra personalidad. Los que viven del sistema, los ingenuos, los que por sus circunstancias personales están imbuidos de la ideología dominante, hablarán en simplicísimos términos del bien, lo propio, y del mal, lo otro, de lo humano y lo no-humano (o menos-humano), pero, incluso quienes tenemos una cultura crítica empleamos, sí, un lenguaje más sofisticado -a no ser que deseemos manipular a la ‘gente sencilla’-, pero ahí está ese conato que nos lleva a creer a Trump, un embustero patológico, además de criminal de guerra, y no a los portavoces iraníes, esos personajes siniestros (lo unheimlich, lo no familiar, que diría Freud).
  • Tampoco faltan los conspiranoicos y los maquiavélicos que, en este caso se presentan unificados. Son aquellos que piensan que Trump, bajo su apariencia de orate, es un tipo superinteligente, con una capacidad de análisis estratégico prodigiosa, que se hace el tonto, o bien, si es tonto pero quienes lo manejan poseen esa omnisciencia que permitirá conservar sine día la hegemonía de USA en el tablero geopolítico. Si a USA le salen bien las cosas -algo posible, la fuerza bruta a veces se impone, sin que otras fuerzas más sutiles y potenciales actúen- resaltarán su clarividencia, en caso contrario, callarán y a otra cosa. Igual que hacen los media; no sé quién aprendió de quién.


jueves, 2 de abril de 2026

 

Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 10

 

Hemos visto una arquitectura política y económica internacional que funcionó perfectamente y posibilitó lo que se ha llamado ‘La edad de oro del capitalismo’ o ‘Los fabulosos 30 años’, el periodo de casi tres décadas comprendido entre 1945, el final de la IIGM y 1973, la crisis del petróleo que originó una fuerte recesión en casi todos los países. Unos años regidos en lo político por la doctrina Truman -Guerra Fría entre dos bloques y hegemonía absoluta de USA en el bloque occidental capitalista enfrentado al soviético comunista-, y en lo económico directrices de Bretton Woods -Sistema Monetario Internacional, instituciones reguladoras como FMI o BM- . 

Antes de abordar cómo ese estado de cosas aparentemente idílico terminó abruptamente y que mostro de nuevo que las contradicciones socioeconómicas del capitalismo lo conducen a crisis cada vez más difícilmente superables, debo examinar un elemento que jugó un papel fundamental en la evolución de los acontecimientos. Me refiero a lo que entonces se llamaba ‘Tercer Mundo’ o en un registro más eufemístico ‘países en vías de desarrollo’ (se empezó  denominándolos ‘países subdesarrollados’, pero era una expresión muy cruda, y antipropagandística, pues la narrativa oficial afirmaba que las relaciones capitalistas harían más pronto que tarde desarrollados y felices a todos).

La característica principal de estos países tercermundistas tras la IIGM es su condición colonial (NOTA 1), que procede de la implantación del Mercado y el Capìtal en tanto que colonias, esto es, territorio conquistado por un Estado, la metrópolis, en expansión; en concreto, por alguna de las potencias europeas, o que lo fueron durante un dilatado periodo: España, Portugal, Inglaterra, Países Bajos, y, más tarde, Bélgica, Alemania e Italia. Y, por supuesto, ltambién fue colonialismo la expansión al Este de los norteamericanos, que recientemente habían sido una colonia de Inglaterra y que, tras liberarse de ella, imitaron, sin aprensión alguna, a sus antiguos colonizadores y perpetraron el genocidio de las tribus nativas hasta el Océano Pacífico.

El colonialismo no es sino un estado de dominación más, en todos ellos hay una fase de resistencia inicial, una evolución prolongada y compleja de interacción entre dominados (si no han sido exterminados), en este caso colonos y nativos, y dominadores, la metrópolis,; una acción agónica o antagónica que va modificando las relaciones de fuerzas y donde finalmente la oposición se da entre nativos -incluyendo a los colonos, que ya no se consideran tal, sino nativos (stricto sensu, han nacido allí, y sus padres, y sus abuelos; piénsese en la burquesía criolla, que encabezó la independencia de las colonias del Imperio español)); es lo que se conoce como descolonización. Son procesos muy variados con unas realizaciones institucionales también diversas. No entraré en ello. Solo señalar su existencia, que se desarrolló desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad, si bien, las colonizaciones clásicas de importancia se acabaron en la segunda mitad del XX. La de la Argelia francesa y Angola, Mozambique, etc., portuguesas fueron las últimas de las clásicas. Estado sionista de Israel, aparte, claro.

Volvamos al fin de la IIGM. Gran parte de las grandes colonias se habían independizado formalmente de sus metrópolis, y el resto se disponía a hacerlo. Nótese el adjetivo ‘formalmente’. En realidad, la independencia legal, con su Estado propio, su soberanía constitucional, sus fuerzas armadas, etc., oscurecía un nuevo sistema de dependencia, político y, sobre todo, económico, el denominado ‘neocolonialismo’. Consiste en una nueva forma de relación con la antigua metrópoli, en virtud de la cual los países coloniales, 'independizados', pasan a ser neocoloniales; a diferencia de su predecesor, el país neocolonial es independiente en la teoría, pero en la aún mantiene fuertes relaciones de subordinación con el Estado del que se independizó. Por supuesto, esa autonomía relativa depende el propio proceso de descolonización. Si conlleva una guerra de liberación victoriosa la subordinación es menor o inexistente; cuando se hace de manera negociada y la metrópolis conserva agentes entre las burguesías colonial y la suficiente inteligencia política como para ceder en lo accesorio y en lo más aparente, el nuevo país establece intercambios comerciales, desiguales, por supuesto con ellos, aloja empresas con capital metropolitano y, en el campo político, se ubica en su ‘zona de influencia’. Un buen ejemplo de esta descolonización ‘inteligente’ es la que condujo a la Commonwealth del Imperio británico (NOTA 2). Aun en el caso de independencia mediante conflicto armado, las burquesías neocoloniales conserva una relación especia, y con frecuencia subalterna, con las burguesías metropolitanas.

Con esta patita colonial/neocolonial, los países desarrollados de occidente pueden permitirse el lujo de financiar, sin crisis, la Edad de Oro capitalista, esos Estados del Bienestar necesarios para asegurar la paz social, acumular capital y legitimar los regímenes demoliberales. El quid de la cuestión, lo que permite conservar unas tasas de ganancia adecuadas para reproducir la inversión y proporcionar dinero para que los Estados del oeste europeo, anglosajones y del extremo oriente (Japón) construyan infraestructuras, proporcionen servicios de educación y sanidad a las mayorías sociales, propicien unas bajas tasas de desempleo y una capacidad adquisitiva general al alza -la cuadratura del círculo, vaya-, ese desarrollo virtuoso procede del … subdesarrollo de los eufemísticamente llamados paises en vías de desarrollo. Pero no coló, no durante mucho tiempo. 

Entre otros,  los teóricos latinoamericanos de la Escuela de la dependencia, constituida en torno a la CELAC (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), un organismo vinculado a la ONU, mostraron que, si tiene sentido hablar de desarrollo al referirse al tercer mundo, mejor insertarlo en “desarrollo del subdesarrollo’ (André Gunder Frank) , e ‘intercambio desigual’, (Arghiri Emmanuel). Es decir, que el desarrollo de la metrópolis se conseguía a base de impedir el desarrollo de las colonias. Materias primas, alimenticias y energéticas muy baratas, mercados para productos industriales de países del primer mundo. A lo largo de este periodo, muchos paises del tercer mundo comprendieron estas estructuras de desigualdad y, bien se independizaron sin pasar al estado neocolonial, bien fueron rompiendo y emprendiendo alianzas para salir de su condición neocolonial. Así surió, en la conferencia de Bandung, 1955, el Movimiento de Países No Alineados (MPNA), un intento de apartarse de la bipolaridad de la Guerra Fría y rafirmarse económica y políticamente frente a USA y la URSS. Aunque con el tiempo ha ido perdiendo presencia y operatividad, en aquel momento, años 1960s, si constituyó un factor importante en la arena internacional y contribuyó de manera relevante en la crisis del módelo que la había configurado en esos 'maravillosols' veintitantos años. 

En el siguiente post tratare de describir esa crisis, explicar sus determinaciones y caracterizar el mundo que salió de ella.

 

 

NOTA 1.

Los dos tipos de colonias más usuales son las de población o asentamiento, y las de explotación. En las colonizaciones de asentamiento, personas, familias, de clase media o baja, salen de la metrópoli hacia el territorio más o menos conquistados, la colonia. ; allí, se establecen, ocupando tierras y convirtiéndose en colonos. Dado que muchos de esos territorios están poblados por nativos, que no están dispuestos a que les roben sus tierras o a ser esclavizados por los colonos, se hace preciso, en colaboración con los destacamentos de  de la metrópolis allí afincados, proceder a una limpieza étnica que suele derivar en genocidio.Tampoco es algo grave, primero se los deshumaniza y, a continuación, se los asesina; como si fuese caza mayor. El colonialismo de explotación, del que son ejemplo, la colonización de la India por los ingleses y, en plan muy salvaje, o sea, más todavía (léase a Conrad), las del Congo belga, consiste en aprovechar a la población nativa bien sea esclavizándola y extrayendo las riquezas naturales, bien tiranizándola y exprimiendo su aparato productivo previo; lo que no excluye las matanzas masivas, se trata de dejar solo gente que produzca. La migración desde la metrópoli, en este caso, es más bien pequeña, militares y altos puestos de la administración, que dirigen los procesos de pillaje. Por supuesto, hay subtipos y tipos híbridos, cada colonización exige un examen individual.

 

NOTA 2.

Durante el tiempo comprendido entre los siglos XVI y XIX se desarrolló en el mundo occidental un fenómeno específico, el Imperialismo. Sin duda, imperios han existido desde hace miles de años, el babilonio, el chino, el persa, el romano y un larguísimo etcétera, pero cuando en estas líneas se habla de Imperialismo se alude a los imperios que se fueron forjando a lo largo del periodo mencionado y que se basó en el desenvolvimiento del capital, primero comercial y extractivo y ya en el XVIII, industrial. Fenómeno asociado a la evolución desde sociedades señoriales o absolutistas hasta sociedades eminentemente capitalistas, donde la relación que hemos visto entre la metrópoli precapitalista, o ya capitalista, y las colonias juega un rol fundamental. El imperialismo es un mundo en que los distintos imperios compiten entre sí, porque el mundo es finito, y todos quieren todo, o más que los otros. Por eso, la estructura geopolítica mundial de los últimos siglos siempre ha contemplado una Potencia preponderante, el hegemon y varias metrópolis secundarias, declinantes o en un ascenso que amenaza al hegemon. Así en primer lugar fueron hegemónicos los Paises Bajos, que pronto cedieron ante España/Portugal, para ser sustituidos a partir del XVII por Gran Bretaña, que, rivalizando con Francia o Alemania, conservó su carácter de primera potencia hasta la IGM. Desde la IIGM, y compartiéndolo en parte con el imperio soviético, de muy breve duración histórica, ya sabemos quién es, y sigue siendo, aunque en una profunda decadencia, el hegemón.