miércoles, 18 de febrero de 2026

 

Patrón monetario.

Hemos visto que, en lo que concierne al ser-dinero, el valor de pago (cambio) de una moneda no es el que tiene como cosa material, sino el que figura grabado o escrito en ella, esto es, el valor nominal. Pero, que ese valor en sí no conste como dinero, no quiere decir que carezca de él. Todo lo que se produce o se extrae tiene, en cuanto resultado del trabajo humano, algo de valor. O, según otros, ese valor consiste en que alguien podría querer esa cosa por la utilidad que le proporciona y estar dispuesto a intercambiarla por otra cosa que se posee y es un poquitito menos útil; mi formación marxista me hace defender el valor trabajo, con todos los matices que pueda ponerlo.

Según afirman historiadores de la antigüedad, hubo sociedades en que a los trabajadores se les pagaba con cantidades de sal -de ahí lo de ‘salarios’-. Con esa sal, los trabajadores compraban el resto de mercancías que precisaban, esto es, la sal era dinero. Sin embargo, también la utilizaban para sazonar sus comidas, de modo que la sal era una mercancía más. La sal pues era dinero y mercancía, es decir: dinero mercancía. Y, por supuesto, no tenía un valor nominal, su único valor era el real, el mismo si echabas un gramo en el potaje que si pagabas tomates con él.

La inviabilidad de la moneda-mercancía, por no cumplir las características mencionadas en el post anterior: poco peso, poco tamaño y un valor nominal inscripto que puede ser muy superior al real, condujo, en economías mercantiles menos elementales, a la adopción de la moneda basada en patrón. Ello significaba que se adoptaba una mercancía, generalmente escasa y preciada, como el oro, en calidad de patrón monetario, de modo que un kilo de oro tenía un valor idéntico a una cantidad determinada de cada una del resto de mercancías, luego el oro era dinero, pero, paradójicamente, no se solía utilizar como tal; lo que se hacía era fabricar monedas con un valor nominal equivalente a una cantidad exacta de oro. Es decir, con un kilo de oro compro diez vacas, pero no las pago con lingotes, sino con unas 100 monedas cuyo valor nominal es 10 gramos de oreo, o con un pagaré en el que constase ‘páguese al poseedor un kilo de oro’.  

Claro, para eso había que confiar en que el emisor de la moneda que uno usaba tenía esa cantidad de oro y, esto es fundamenta, estaba dispuesto a trocarla en cualquier momento por esas monedas. De ahí procede un término muy corriente, el de dinero fiduciario, que, en épocas de patrón mercancía, reposaba en la fe en el Estado, en un banquero, en un prestamista, etc.

El patrón oro rigió la economía dineraria en los siglos del despliegue del capitalismo, XV a XIX, especialmente en el comercio internacional y en la recaudación de impuestos. Este sistema tenía varios fallos, de los que dos de ellos atacan a su fundamentación-

- El dinero existente en un país o en un grupo de países con comercio relevante entre ellos, lo que llamamos base monetaria global, dependía de un elemento azaroso, el descubrimiento de nuevas minas de meta, oro o plata, y la productividad de las existentes (muchas se agotaban). Siendo el oro y la plata mercancías, si había más cantidad, bajaba su valor, por aquello de la oferta y la demanda. Un ejemplo: las continuas remesas desde América y Africa de estos metales a Europa a partir de inicios del XVI provocaron una inflación (subida de precios) enorme, ya que, para una cantidad de producción que se elevaba lentamente, el dinero crecía muy rápidamente, de modo que la proporción producción / dinero disminuía, una misma producción de mercancías costaba más dinero. 

- Las continuas trampas de los acumuladores de oro, monarcas, tecas, banqueros, en relación con la cantidad de moneda fiduciaria. Hay multitud de procedimientos, pero, al fin y a la postre, cada vez se daba menos oro por unidad de moneda. Con el desarrollo industrial acelerado de la segunda mitad del XIX, los tenedores de oro, básicamente ya los Estados, emitieron mucha más moneda de la que podía respaldar el oro que tenían, lo que originó frecuentes crisis económicas.

La situación, que describiré con un mayor detalle en el próximo post, sobre el desarrollo de la economía diseñada en Bretton Woods, acabó cuando se acabó la farsa del patrón oro. A partir de ese momento, el dinero pasó a ser lo que, en realidad siempre había sido: una función y un objeto, la moneda involucrada, que se ejecutaba en las sociedades porque había un poder que así lo determinaba. Ese poder, bajo la forma del Estado, decide que tal cosa es dinero y que -bajo pena de sanción- todos deben aceptarlo como pago de mercancías, sea el propio Estado o un particular quien compre las mercancías, y que todos deben entregar parte del dinero de su propiedad al Estado en concepto de impuestos. Si el Poder quiere atarse a la autonorma del patrón oro, puede hacerlo, y si quiere transgredir esa norma, como ha hecho a lo largo de la historia, lo hace. No hay más, es posible que en tiempos remotos mercados rudimentarios funcionase de otra manera. Desde hace milenios, no. La última palabra la tienen quienes ejercen el poder real.

Inflación.

Todos sabemos que es una subida de los precios, que se mide según el Indice de Precios al Consumo (IPC) anual. Ello significa que cuando el IPC aumenta respecto al años anterior, el conjunto de los precios -aunque el IPC se hace, inevitablemente claro, sobre un subconjunto pequeño del total de mercancías, lo que puede darf lugar a todo tipo de manipulaciones- aumenta en promedio y el dinero, la moneda se deprecia. Si el kg. de manzanas estaban a 3€ y ahora a 5, el dinero ha pasado de valer 5 a valer 3€. La inflación está causada, bien por una aumento de la demanda, donde los consumidores de bienes o de equipos productivos aumentan poderosamente su capacidad productiva y los productores no pueden ampliar la oferta tanto como lo hace la demanda de compra, de modo que la competencia entre demandantes eleva los precios (en esa visión tan enternecedoramente clásica que toma el juego oferta-demanda como una especie de subasta), bien por estancamiento o retroceso de la demanda: menos bienes para más dinero. Con frecuencia, esta última, la inflación generada por la (falta de) oferta ha tendido a subestimarse, lo que es un grave error. 

La deflación es lo contrario de la inflación. Por eso, a la hora de comparar PIB se suelen deflactar los precios de cada año, es decir, se les aplica negativamente la inflación, para que la mercancía, las patatas, lo coches, cuesten lo mismo que un año de referencia. Porque, en última instancia, las mercancías importan más que el dinero; nadie se alimenta con monedas de dos euros. 

A los largo de la historia han tenido lugar muchos episodios de inflación alta y continuada, y hasta de hiperinflaciones de un billon % como en Alemania trás la IGM. Lo típico de ir a un bar, pedir una caña y pagar por adelantado, porque en el tiempo en que te la tomas ha subido al doble. Numerosas encuestas y trabajos muestran que, sesgos ideológicos aparte y en ausencia de catástrofes económicas o políticas coyunturales, la inflación es el factor más importante de la mayoría de la población, en especial de la menos acomodada, a la hora de ir a votar.

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Hoy, 18 de febrero, tendrá lugar la tan publicitada conversación entre el primer espada, Gabriél Rufián y el meritorio Emilio Delgado acerca de como van a salvar a la izquierda. Y el sábado, la reunión de miembros de esa plataforma electoral llamada Sumar que, parece ser, va a renovarse. De nombre y poco más, porque tampoco hay mucho chopped que repartir. Por cierto, Yolanda Díaz no va ni al primero, normal, ni al segundo, insólito. A buen entendedor … a no ser que, emulando a su amado Pedro Sánchez, se sitúe fuera de la melé, al modo de aquellos cuatro días de reflexión de Sánchez, para que unos cuantos cientos de pelotas engorden su narcisismo al grito de: "No te vayas, no te vayaha cicho, citi s, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario/a” 

Y más por cierto, Delgado, convertido en figura mediática, ha dicho, cito de memoria, que hay que visibilizar a los invisibilizados (por la gente de LGTBI, racializados, etc.), sin por ello dejar de visibilizar a los visibles, (blancos, heterosexuales españoles y mucho españoles). Luego, ha rectificado, porque, afirma, no se ha expresado bien. No creo que sea una cuestión de claridad verbal, más bien una cierta idea, inconsciente por muy arraigada, de parte de la izquierda, sobre lo que representa otra parte de la izquierda, esa a la que las derechas llaman ‘woke’. En un próximo post, tras los grandes eventos de esta semana, analizaré un poquito a la izquierda patria; y a la otra.


Ayer decayó la propuesta parlamentaria de Vox de prohibir el niqab y el burka. Por lo visto, Junts per Catalunya votó en contra y la cosa no salió, pero tiene preparada alguna propuesta parecida, más suave, supongo. En cualquier caso, no querían votar lo mismo que Vox (lo que no sucede al revés, y se verá pronto si Junts sigue con su idea de proponer una ley distinta/similar a la de Vox). Junts avanza hacia restaurar lo que fue Convergencia, ya sólo les falta un Pujol, y me temo que el pobre Puigdemont no es el adecuado. No se olvide que Pujol era un tipo muy derechista, corrupto, pero, eso sí, antifascista. 

Respecto a la prohibición del burka de Vox, es lógica y coherente, se trata de atizar la islamofobia y la antiinmigración, de publicitar la teoría del reemplazo. Nada nuevo,  tampoco el emplear una ley penal, punitiva (no punitivista, eso es otra cosa). Aunque toda ley se apoya en ese Derecho Penal que consiste en norma/castigo de su transgresión, tiene un suplemento que es el Derecho simbólico, cuya función es la de refrendar los valores que suponen la norma prescrita, 

A lo largo del siglo XXI, en mis incontables paseos por todo Madrid, no he visto más que a una mujer con niqab; reconozco que me dio mal rollo, pero eso no es ningún argumento. De hecho, me acerque e iba con un tipo muy bien vestido que hablaba supongo árabe; me dio la impresión de que eran turistas. Otra vez vi una figura similar a lo lejos no puedo asegurar qué vestimenta llevaba. Es decir, se trata, como con casi todas las leyes que son más simbólicas que sancionadoras, de una ley inaplicable por falta de autor. Nadie lleva en España el niqab; un 0,000.001 no es nadie. Sin enmbargo, Vox entiende que asociar el niqab, como si lo llevaran todas las mujeres mahometanas en España, con la yihad islámica y con la presencia de moros todos ellos delincuentes.

Hace años , cuando la prohibición en Francia del chador en la escuela y el burkini en las playas, escribí bastante sobre esto. No vuelvo a ello, es un material enorme; sin embargo, he cogido de ahí una imagen que, además que me parece graciosa, me ha gustado, precisamente por su ambigüedad. Que cada cual la interprete a su gusto.


  Si es que van como van y luego pasa lo que pasa





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