sábado, 2 de mayo de 2026

 

Es evidente que el Estado de Israel, combinado con el espacio sionista en general, constituye uno de los mayores peligros, si no el mayor, de la paz mundial y de la libertad de expresión allá donde haya algo parecido. También es evidente que existe un antisemitismo ‘puro’ desde hace dos mil años que no se ha apagado con el gas Zyclon y un antisemitismo deviniente que convierte el antisionismo, la oposición a una corriente política, en antisemitismo, odio a los judíos o a lo que se considera etnia judía. Este último, desgraciadamente, está en alza, en buena medida azuzado por el antisemitismo puro, pero también por una falta de comprensión, una confusión, sociopolítica ,que se estimula desde los propios medios político-culturales sionistas.

La locura bélica, yo creo que en última instancia autodestructiva, de Israel -no sólo, me temo, del Estado, sino de la mayor parte de su población, y del sionismo nacional-etnicista y supremacista extendido sobre todo en Occidente- está obrando esa identificación ‘antisionismo igual a antisemitismo’. De momento, le viene bien a Israel, y también a USA y todos sus Estados subordinados (los de la UE, por ejemplo), pero la ceguera política de estos les impide entender que, dentro del concreto proceso histórico actual, esto se puede volver en su contra a medio plazo. Con el crecimiento irresistido del supremacismo ario, por ejemplo.


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