Contra el economicismo.
En nombre de un supuesto realismo estamos viendo la presencia en los media de numerosos analistas que se burlan, en general de manera tácita, de quienes afirman que la guerra de Iran se dirige a un cambio de dirigencia institucional en ese país o a la obtención de una hegemonía incontestada en el Oriente Medio. Por lo visto, "es la economía, es el petroleo, ¡estúpido!". A ese sesgo lo llamo ’economicismo’. Los economicistas son una curiosa amalgama de marxistas ortodoxos, muy ortodoxos, que creen que lo político y lo cultural son apenas superestructuras epifenoménicas de la estructura económica subyacente, y de economistas que abonan aquella teoría que cité en anteriores posts de la economía, y la Economía, separadas de la política y (que deben ser) independiuentes de ella
Volviendo a lo de siempre, lo político y lo económico son abstracciones analíticas, necesarias en fases primeras de la teoría social, pero en la realidad mundana no existen; aquí solo hay un conjunto de procesos y actividades humanas en que lo político, lo ideológico y lo económico están férreamente soldados.
En la guerra de Iran es indudable una dimensión política, geopolítica, innegable. Es un hito más en la pugna por la hegemonía política en Oriente Medio. Dejando un lado la, hoy por hoy tontería de la bomba atómica iraniana, USA, y su delegada en la zona, Israel, quieren dominar todo Oriente Medio no ya sin oposición, sino con todos sus Estados actuando a modo de siervos. Ese es un de los objetivos principales de los neocons, que utilizaron hábilmente los atentados del 11S (por eso algunos conspiranoicos hablan de autoataque) para conseguirlo. Primero Irak, después Siria y ahora el mayor demonio del ‘eje del mal’.
Y, por qué Oriente próximo; pues evidentemente porque bajo sus arenas se halla cerca del 50% de la producción de petróleo; y de las reservas. También posee una buena parte, aunque menor del gas natural. Es, entonces una guerra con una causa real económica, una contienda por el control de los combustibles fósiles en una coyuntura en que USA sabe que su actual opulencia está generada por el fracking y este se halla muy próxima a su decadencia. Económica: USA necesita combustibles -lo que en la apuesta negacionista del cambio climático de Trump, significa carbón, petróleo y gas natural,- para sus ejércitos e industrias militares y tecnológicas,. Política:necesita sus ejércitos y corporaciones para apoderarse de los recursos, ya a la baja, de todo el resto del mundo. De paso, consigue que China, su rival estratégico, su némesis del fin de los tiempos, se debilite. El poder político y el poder económico se coimplican, no hay uno sin otro. Kant vendría a decir que no se requiere la categoría de causa, sino la de acción recíproca. Otros hablampos de dialéctica.
Política, economía, falta un tercero igual de cooperante: la ideología que sitú a a las instancias anteriores en un relato legitimador y autoreproductor del status quo. Se trata de la visión favorita de la USA trumpiana (más neocon que MAGA, por cierto) y de los defensores de la guerra de países considerados democráticos (no incluyo a Israel, un Estado fascista obsesionado con su seguridad frente a vecinos hostiles): en realidad, la guerra se hace para acabar con un ‘régimen’ teocrático que no concede libertad a su población y que discrimina brutalmente a las mujeres. Así dicho, tienen razón en su crítica, lo que ocurre es que los más entusiastas de esta versión liberadora, Trump y las extremas derechas, y derechas extremas mundiales no hacen sino impulsar en sus países el proceso liberticida y el recorte de los derechos conseguidos por el movimiento feminista. Esto es, se rasca un poco y se obtiene islamofobia y reversión de los flujos migratorios hacia los países, aun, ricos.
Sin embargo, esta narrativa absolutamente falsa -no en cuanto a las maldades del Estado iraní, sino en que la guerra va a terminar con ellas- cala en las conciencias de la agente. Los media ocultan la realidad y machacan con esta interpretación creando inmensas cámaras de eco. No hay más que ver a progres echando pestes de los clérigos iraníes y alegrandose con su caída. Como si esto viniese ahora a cuento. Como hacían justificando la tortura hace 20 años, porque contra ETA 'todo valía'.
El economicismo, como todo intento de destacar un aspecto de lo social, siempre viene a ocultar el resto y, en ultima instancia, a privilegiar los intereses de sus ejecutores, y financiadores, frente al resto.
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