lunes, 18 de mayo de 2026

 


Para no tener, al menos a priori, que inventarme categorías nuevas, examinaré someramente los resultados de las elecciones andaluzas, primero desde lo que da en llamarse derecha y luego en la sedicente izquierda o progresismo.

Respecto a los primeros, no hay mucho nuevo qué decir, ya que se ha repetido, con alguna peculiaridad, el panorama mostrado en las anteriores autonómicas de Extremadura, Castilla-León y Aragón. La suma de PP y Vox -más ese extraño engendro que es SALF, que se resiste a desaparecer y del que no creo que nadie piense que sus votantes (militantes, debe tener 10 o 12) sean otra cosa que tontifascistas- crece muy ligeramente. Da la impresión de que la derecha ha tocado techo, lo que no es nada tranquilizador porque representan bastante más de la mitad de votantes, en torno al 60%. El crecimiento de Vox ya procede casi por completo de ‘quitarle’ votos al PP. Por ahí, siguiendo las actuales tendencias históricas, sí podía arrebatarle más, pero, por un lado, los votantes del PP, en su tipo ideal, mantienen unos valores muy reaccionarios, aún franquista en gran medida, el odio a a la izquierda en general y al PSOE en particular se ha consolidado -pocos votantes bailarán entre PSOE y PP- y su ala más derechista, pongamos Ayuso, es más trumpista que Vox (si cabe), mientras que, por el otro lado, Vox es un partido muy mediocre, sin más visión que el ultramontanismo y, últimamente, diezmado por las expulsiones; es decir, no parece una alternativa excesivamente atractiva al PP. 

Así, más de lo ya visto. Moreno tratará de contentar a Vox con la presidencia del Parlamento y unas cuantas cosillas en su ‘programa de gobierno’ y tratará de que Vox le apoye desde fuera del gobierno, sin consejerías. Los de Abascal forzarán al máximo su presencia en el gobierno, y pretenderán competencias en el medio rural y cultura (porque a Interior no van a llegar). Lo de siempre. Si acaso, Moreno, la cara amable del PP, pierde fuerza, tampoco mucha, en relación con  su rival Ayuso, la enragé del PP.

En la ‘izquierda’ se han movido más cosas. El PSOE continúa su decadencia, si bien, como sucede con la derecha, el desarrollo de la situación avanza más lentamente que en el resto de Europa. También es cierto que, en el caso concreto de Andalucía, el PSOE gobernó durante muchos años sin hacerle el menor asco al caciquismo, de modo que aún conserva allí un amplio suelo clientelar. Por otro lado, extrapolar los resultados autonómicos a los estatales, aunque las generales fuera pasado mañana, es fuente de unos buenos chascos. En todo caso, el PSOE resiste, y la transformación del bipartidismo clásico en otro bipartidismo muy escorado a la derecha parece ir aquí más lentamente que en otros países ‘de nuestro entorno’.

Hablando de transformaciones, esa que va del algo a la nada encuentra una buena prueba en Por Andalucía. Tendría que hacer un análisis más fino, pero, a bote pronto, observo un paso más en la desaparición de la 'izquierda a la izquierda de la socialdemocracia' tradicional . Hablando en plata, el PCE-IU acelera su agonía, y los partidos como Podemos o las confluencias, surgidos todos ellos a modo de evolución y, a la vez, traición radical del 15M, se ahogan junto con el que, en realidad, fue su mentor y modelo.  

No sé que dará de sí Adelante Andalucía, pero al menos encarnan una cierta frescura, una identificación con los dominados, un centramiento en la cultura propia andaluza que no parece sectario ni neocolonial; en cualquier caso una posición clara de separación tajante con la izquierda de siempre (aunque, curiosamente, en su seno están los trotskos que, ya se sabe, son pura tradición), buen humor y relajación. Sin ser especialmente riguroso, creo que son buena gente y, ya por eso, si fuera andaluz, los habría votado.


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