Dos asuntos (por orden, muy, inverso de importancia)
Caso Zapatero. Aquí se observa una reacción habitual ya
tópica, por parte del PP/Vox – aprovechar carroñeramente la corrupción, no
presunta, dada por hecha sin mayores miramientos, del rival para conseguir
réditos electorales; por supuesto, sin mirarse al espejo. También, dentro de
los esperado, el PSOE - ‘pongo la mano en el fuego por la honorabilidad de
futanito’ y los progres, izquierda más bien poco dominada, blancos, cultos, clase
media, a la izquierda del PSOE -¡lawfare1, ‘bueno quizá no tanto, es que con el
PSOE ya se sabe’-. Aburrimiento inmenso.
Pero hay algo más en lo que respecta a la progresía que hace de lo de Zapatero algo particular. ZP era una especie de coartada del PSOE para los pobres, que servía para justificar gobiernos, generales, autonómicos y municipales, de coalición de izquierda y, en general, medidas malmenoristas. Y es que ZP, creían, representaba la posibilidad de una posición socialdemócrata en el poder, o con mucho poder, limpia, moral, alejada de la hipocresía y el cinismo de los Felipes o, incluso, Pedros, por no hablar de las andanzas de los roldanes o cerdanes, alguien que asumía con total plausibilidad los postulados de una izquierda moderada, pero izquierda. Todo esto ya se ha ido al garete, los progres están mohínos.
Ellos saben, y a veces
confirman ese conocimiento con artículos en su prensa, que una de las bases, en
el Estado español, la principal, del capitalismo real contemporáneo es la
corrupción por parte del Estado y su capacidad inacabable para generar riquezas.
En este sentido, la labor de los lobbies o de los cabilderos unipersonales, en
buena medida, políticos jubilados, juega un rol primordial. Se intenta disimular
el hecho con medidas jurídicas que no atacan esa corrupción generalizada de yo ‘hago
de intermediario con quien tiene la facultad de hacer el chanchullo que te
beneficia y tú me das una comisioncita’, unas medidas que dependen de la
relación de fuerzas y de la habilidad o torpeza del comisionista. Y, que, por
cierto, suelen dejar que el hacedor de la corrupción, en este caso el gobierno
que concede la subvención a Plus Ultra sin deber hacerlo, salga de rositas.
Pues sí, señores progres, existe el lawfare (aunque aquí parece que el juez es un tipo honesto, los policías que le mostraron los indicios, reales, ya si eso; ¿siempre lo hacen?), ¡qué escándalo!, aquí se juega, y el capitalismo de amiguetes existe y es el capitalismo, lo de amiguetes es un rasgo, no un especificador (como si hubiese otro capitalismo, en el terreno de las élites). Los progres están mohínos, pero se les pasará, les va mucho en ello..
Segundo asunto, del que escribiré después: La guerra de Ucrania. Desarrollos y perspectivas.
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