jueves, 14 de julio de 2016




                                                                                                         Texto en PDF



Echar al PP. El resto no es silencio


Ha sido éste un país azotado por el caciquismo desde tiempos inmemoriales; un capitalismo renqueante desde sus inicios, ya bien entrado el siglo XIX, tuvo que establece una convivencia perversa con el Antiguo Régimen en ausencia de una revolución burguesa en condiciones, esa que habían llevado a cabo con más o menos efusión de sangre los países europeos occidentales. Si a ello añadimos un catolicismo de pícaros, tan alejado del laborioso y ultrarresponsabilizado protestantismo que, enseñó Weber, había jugado un papel fundamental en la configuración de la mentalidad burguesa, tenemos lo que tenemos: una sociedad muy deficientemente socializada, es decir poco y mal politizada y con un sentido muy laxo de la moral cívica.

Por motivos similares, la modernización cultural, entendiendo por tal la difusión y asimilación del pensamiento ilustrado, nunca llegó a realizarse en España más que muy parcialmente y de manera desigual en los distintos territorios. Éstos y otras muchos factores históricos que aquí obviaré conducen a un fastidioso efecto: la derecha española es la más reaccionaria de Europa Occidental. Si añadimos, más recientemente, la derrota en la Guerra Civil de los esfuerzos civilizadores de la II República, los cuarenta años de franquismo y la muy respetuosa Transición, no ha de extrañarnos que cuando piden la opinión política al espécimen típico del barrio de Salamanca nos parezca estar oyendo al cura Merino redivivo. Aun soslayando los aspectos políticos y éticos, a todos nos produce, 
por mera estética, una enorme vergüenza ajena y un no más pequeño pesar propio constatar que tenemos como gobernantes a personas de la laya de Rajoy, Cospedal, Barberá, Hernando, Fernández Díaz y un interminable etcétera. Es natural que lo que pida el cuerpo, antes de que entre en acción cualquier componente racional, sea, primero, no ver nunca más a esta parada de monstruos; segundo, que, cuando menos, no sigan mandando.

Pero aquí se intenta hablar de política. Que el objetivo de expulsar del gobierno a un determinado partido prime sobre cualquier otro no tiene necesariamente que ser erróneo. Siempre y cuando surja de un análisis previo y no de una emocionalidad desatada, por muy comprensible que sea. En las siguientes líneas examinaré críticamente la posición, no sé si mayoritaria pero en cualquier muy extendida, de la opinión pública y publicada de centro e izquierda, que clama por ese pacto asimétrico PSOE - C's - Podemos que es, vimos en un post anterior, el único que puede asegurar un gobierno con algún viso de estabilidad en el que no esté el PP. Veamos, a modo de muestras de la opinión publicada los artículos de Antonio Gutierrez, “La coalición necesaria”, en El País y de Vicenç Navarro “El comportamiento antidemocrático del Estado ...”, en Público [
Nota bene: como no esta clara la legislación española en lo que respecta a enlaces a medios nacionales, no pongo los links; es fácil encontrar ambos artículos en Google. Sólo enlazaré en el blog a publicaciones extranjeras, que no está el horno para bollos].

Gutierrez, ex secretario general de CCOO y ex diputado socialista, comienza con una declaración de principios:”Adocenar el debate político con pedestres falacias, como la que cacarea que es más democrático el Gobierno de la lista más votada que el de quienes sean capaces de dialogar y coaligarse conjugando muchos más escaños, es impropio de una democracia avanzada.” Prescindamos piadosamente de valoraciones literarias y aceptemos esta premisa. Poco después, otra regla general: “Por higiene democrática habrá que emplearse a fondo para que no puedan esgrimirse los votos obtenidos como redentores de las fechorías cometidas.”Aquí, ya empiezan a confundirse ideas. Los votos obtenidos por el PP no le redimen de sus responsabilidades penales o civiles, faltaría más, todavía queda algo de Estado de Derecho. Sin embargo sí 'limpian' (hablando de higiene) las responsabilidades políticas, en tanto no entren en colisión con las penales, como las penas accesorias de inhabilitación política. O las limpiaría en el caso de que el PP hubiese obtenido mayoría absoluta. No se confunda lo lícito – un valor moral-histórico, necesariamente subjetivo, y, en consecuencia, votable – con lo legal. Expone Gutiérrez después la corrupción generalizada del PP y su gobierno en estos años, nada que objetar, aunque canta mucho el silencio sobre el PSOE, y acaba lamentando que PSOE, Podemos y C's no se pusieran de acuerdo para formar un gobierno de coalición tras el 20D y postula el inexcusable objetivo de hacerlo ahora. El alegato final es conmovedor: “No es pedir demasiado que [los tres partidos] hagan política trascendiendo los confines de sus respectivos intereses de partido; seguramente cosecharán después los réditos de haber ennoblecido la política”.

Vayamos con Navarro. La mayor parte de su artículo trata de una caracterización del electorado español, en general, no sólo el votante de PP, como un colectivo con muy poca cultura política, una cultura política, además, preñada de franquismo y que es mantenida y reproducida por unos media manipuladores y hegemónicamente derechistas. Aunque hay un poco de brocha gorda, explicable por la naturaleza periodística del texto, concuerdo con ello. Luego, pasa a interpretar los resultados de UP; discrepo en bastantes conclusiones, pero no voy a abordar ahora este asunto; (de hecho tengo un post pendiente al respecto). Lo que aquí viene al caso es un breve punto final titulado '¿Qué hay que hacer ahora?, que comienza con una chocante admonición: “La autocrítica es necesaria pero sería mejor que se hiciera en el momento en que el proceso de investidura terminara”. Hacemos como si no lo hubiésemos leído y seguimos. “Un gobierno de progreso es posible con el apoyo del PSOE, UP y las confluencias, y de los nacionalistas vascos y catalanes”, dice Navarro, que ni siquiera se toma la molestia de descartarlo ante su evidente irrealizabilidad. Así que lo suyo sería “una alianza PSOE, UP y C’s, alianza que sería distinta de la coalición PSOE, C’s y UP que el PSOE consideró (el orden de los factores altera el producto). El PSOE y UP podrían acordar un pacto e invitar a C’s a que se sumara a él con medidas que no cuestionaran la esencia de dicho pacto PSOE-UP ...” Después de esta sutil teorización de la no aplicabilidad de la propiedad conmutativa a los acuerdos políticos, Navarro concluye con una no menos sutil muestra de astucia táctica: “Es más que probable que el PSOE no aceptara tal alianza, pues, en realidad, nunca quiso aliarse con Podemos. Pero es importante mostrar a la ciudadanía española que fue el PSOE el que nunca quiso aliarse con las izquierdas”.

Ambos artículos coinciden en que la coalición PSOE-UP-Podemos es deseable. No tanto en que sea posible, algo que Navarro pone, sagazmente, en duda. Ambos artículos también coinciden entre sí, y con la inmensa mayoría de los que se publican en medios de alta audiencia, en la suma pobreza de sus análisis (mayor en uno que en otro, digámoslo).

Reitero que la crítica a estos artículos, más que a su propuesta de gobierno se dirige al tipo de discurso político en que se basan, al aparato conceptual que sostienen, con los que tengo la impresión coincide una proporción nada desdeñable de la opinión pública no derechista. La llamada de Navarro y Gutiérrez al acuerdo tripartito que excluye al PP es un simple brindis al sol. En mi post anterior ya señalé que quienes mandan sobre los partidos y los gobiernos, quienes deciden las cosas importantes, el complejo político-corporativo de poder trasnacional, ya han establecido lo fundamental: no a unas terceras elecciones y un gobierno lo mas fuerte y fiable posible, lo que, ajustándose a los resultados electorales significa, que se formará un gobierno liderado por el PP y con el apoyo activo o pasivo (abstención) de C's y PSOE. Éste es el máximo margen de autonomía que se concede, porque, para los poderes reales, el gobierno ideal sería uno de coalición PP-PSOE; con o sin C's, eso es secundario. Y este será, me temo, el próximo gobierno que tendremos.

Sin tener, creo, una clara conciencia de ello, el reclamo de' cualquier cosa antes de que gobierne el PP', sabiendo ya que esa cualquier cosa es el tripartito PSOE-UP-C's, supone apoyar inconscientemente una recomposición del bipartidismo, y, en consecuencia, un reforzamiento del Régimen del 78, el cual, aunque no ha entrado ni de lejos en una fase de crisis orgánica como sostenían algunos, sí se halla en un estado peligroso por el debilitamiento de una de sus patas. 


Pasado el tiempo, se hacen patentes ciertos hechos, su naturaleza real, que en su momento aparentaban otra cosa. Es el caso de C's . Se presentaron como la nueva derecha y la nueva política. La nueva derecha en el sentido de recambio del PP como fuerza política predominante en el campo de la derecha ante lo que algunos, y en especial los poderes económico, pensaban era el fin o el principio del fin del PP, devorado por los cada vez más escandalosos episodios de corrupción. Se ha visto que el PP resiste en el terreno electoral y, por tanto – siendo, al igual que el PSOE un partido básicamente clientelista –, mantiene su cohesión orgánica. La etiqueta de 'nueva política' aplicada a C's fue siempre más falsa que un dólar murciano. Aun, reduciendo a una mínima significación el concepto de nueva política, digamos: acabar con la corrupción generalizada (y ya sistémica), ni tan siquiera le es atribuible ese rasgo a C's, un partido hecho con los mismos mimbres humanos que el PP, si acaso, más jóvenes y ligeramente menos reaccionarios. Con bastante poco poder institucional en ayuntamientos y comunidades autónomas, ya empiezan a aparecer con profusión pequeños escándalos aquí y allá de cargos suyos. Lo de 'nueva política' fue el eslogan con que C's pretendía conseguir el segundo objetivo para que fue creado, con un monto de dinero de las cúspides económicas españolas que no se veía desde la operación Roca-Garrigues, la neutralización, ya fuera parcial, de Podemos. En las actuales circunstancias y visto sus derroteros, el único papel que le quedaría jugar a C's en un gobierno de pacto con PSOE y UP sería aliarse con el PSOE frente a UP para seguir políticas económicas neoliberales y amenazar con romper el acuerdo si se pretenden tomar medidas de política cultural o institucional demasiado 'atrevidas', inasumibles para el grueso de la derecha española, del tipo de lo que fue matrimonio homosexual y lo que ahora podrían ser orientaciones animalistas o laicistas (aunque para proteger a la ICAR se basta el PSOE). En todo caso, y haga lo que haga, C's ha sido un nice try y, a no ser que se produzca una convulsión sociopolítica, tiene los días contados.

El PSOE sería, evidentemente, el gran beneficiado con un gobierno de este tipo, y con él, el Régimen y el partido orgánico PPSOE que mencioné en un post anterior, quienes restañarían su estabilidad y asegurarían su vigencia. Es obvio que Pedro Sánchez presidiría el gobierno y que su partido (¡el tándem González-Díaz!) tendría mayoría en él y controlaría los ministerios principales, los económicos e Interior. El peligro para ellos procedería del crash a que tarde o temprano, casi con seguridad en esta legislatura, está condenada una economía como la española, tan plena de desequilibrios y sin apenas instrumentos de política económica no ya para detenerlo, apenas para paliarlo (instrumentos, para más inri, que utiliza al dictado de lo que disponga Alemania. No obstante, ese peligro se disipa, porque, llegado el crash y dada su magnitud, se formaría un gobierno de emergencia PP-PSOE, con lo que este último se libraría del desmoronamiento, al menos mientras resistiera el Régimen.

Finalmente, UP sería un rehén del gobierno, sin apenas autonomía; de hecho, su único margen de decisión residiría en seguir apoyando a un gobierno austericida y quemarse con él o dejar de hacerlo y tener que afrontar la acusación de que, con ello, le ha abierto las puertas de la Moncloa al PP; es decir volver al punto de partida con un muy intenso desgaste. En cambio, la alternativa tripartita PP-PSOE-C's, le confiere automáticamente a Podemos ser el partido de la oposición, por mucho que el PSOE pretendiese escenificar, con la aquiescencia del PP, que estaría dispuesto a hacerle concesiones de cara a la galería, una imposible situación de ambivalencia en la que el PSOE es a la vez soporte y oposición al gobierno. Liderar la oposición en tiempos difíciles, en los que el gobierno toma medidas muy impopulares, es una especie de chollo: tu te creces con el extenso catálogo de críticas al gobierno por sus políticas antisociales y el enemigo se desgasta. Y, por añadidura a todo esto, Podemos se coloca en una situación de centralidad que le viene como anillo al dedo para el relato ese que tanto le preocupa a Errejón: Podemos, lo nuevo, frente al bloque unido de lo viejo.

Queda la objeción de que para las clases populares no es lo mismo un gobierno del PSOE que del PP. Eso sería cierto, y sólo en parte, si comparásemos ambos gobiernos en situación de mayoría absoluta, pero ahora en cualquiera de las dos opciones posibles el gobierno que se constituya será enormemente débil. Así, se supone que el gobierno PSOE revocaría parte de la legislación ultrareaccionaria aprobada por el PP en estos años, suposición un tanto ingenua. Ahí la moderación del PSOE y el papel de marcaje que jugaría C's darían lugar a que solo se dieran retoques más bien cosméticos. Y, en la opción de gobierno PP, sería el PSOE quien, para lavar su imagen colaboracionista, forzaría al PP a matizar e incluso derogar los puntos más hirientes de la ley Mordaza y las reformas laborales del 2010 y 2012; la LOMCE iría al cubo de la basura en cualquier escenarios sin que nadie la defendiera. De dos gobiernos tan frágiles e inestables, y que, en muchos aspectos fundamentales, son el mismo excremento, no son esperables grandes diferencias. Y no olvidemos que, a partir de septiembre, los auténticos ministros económicos serán los hombres de negro de la Troika. 

No es adecuado atacar este planteamiento con la tópica acusación de que se esta siguiendo el principio de 'cuanto peor, mejor'. En primer lugar, tan genérico ataque es erróneo en sí. El problema de la afirmación mencionada no es que sea falsa, es que se tome como principio, esto es, como algo universalmente aplicable. Igual sucedería con 'cuanto, mejor, mejor'. Son ambas proposiciones contingentes que dependen de las circunstancias, y su uso como guía de acción depende de un análisis político riguroso previo. Aquello de Lenin sobre que el alma del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta. Sí, hay veces que, cuanto peor, mejor. En segundo lugar, no es éste el caso. Aquí y ahora, en la España del Régimen del 78 cada vez más cerrado sobre sí mismo y a las puertas de una vuelta de tuerca a las condiciones de vida de las clases subalternas en forma de ajuste a la talla 36, las diferencias entre un gobierno minoritario del PP y otro del PSOE son mínimas, como he tratado de argumentar arriba. 

Acabo de leer una declaración de Teresa Rodriguez en una entrevista del diario.es del 13 de Julio. En ella, afirma:“ Nosotros tenemos que hacer todos los esfuerzos para evitar una legislatura de Rajoy porque la gente puede acostumbrarse a la precariedad. Y cuando eso ocurra será muy difícil deshacer el entuerto. Hay que evitar ese proceso cueste lo que cueste y no bajar los brazos hasta encontrar una alternativa al Gobierno de Rajoy”. Que la máxima voz de los Anticapitalistas en Podemos diga algo así, alimenta hasta la obesidad mi escepticismo. O hemos bajado mucho el nivel – la gente puede acostumbrarse a la precariedad (?) – o hemos asimilado eso de Errejón de que hasta ahora, y durante 200 años, hemos dicho la verdad y así nos ha ido.





















jueves, 7 de julio de 2016


                                                                Texto en PDF                                                                

Tampoco salen las ideas


La única posibilidad de un gobierno sin el PP en esta legislatura sería aquel que saliera de algún tipo de acuerdo entre PSOE, UP y C's, que, no hay alternativa posible, llevaría a Pedro Sanchez a la Moncloa. Para la investidura de ese gobierno, PSOE y UP tendrían que votar a favor, y C's podría abstenerse, a no ser que los nacionalistas votaran en contra, en cuyo caso C'S tendría que votar a favor. Sea como fuere, C's absteniéndose o votando a favor permitiría el gobierno del PSOE.

Dejemos ya la tediosas aritmética. Sería lícito pensar: “si en la pasada legislatura casi se llega a tal acuerdo, ¿por que no repetirlo, con éxito ahora?, máxime cuando Podemos va a pasar de la guerra de movimientos a la de posiciones, con lo que se mostrará mucho más 'razonable que la pasada primavera”. Sería – condicional – lícito, si fuese cierta la versión de los hechos que ha difundido el PSOE con extrema pesadez, y que tan bien le ha ido como elemento central de su argumentario en la campaña electoral. Ese acuerdo nunca fue viable, fue tan sólo un elemento propagandístico de precampaña. El pacto entre PSOE y Podemos, recuérdese, lo fue sobre un programa, no se trató de un acuerdo de gobierno de coalición – como después pretendió Iglesias, autoasignándose la vicepresidencia – . Los planteamientos de los firmantes eran disímiles y difícilmente avenibles. Por parte del PSOE había un desesperado intento de supervivencia política de Sánchez, sabedor de que si no era capaz de formar un gobierno o, al menos, de marear la perdiz, ganar tiempo, y salir aceptablemente indemne de cara a nuevas elecciones se le echaría encima todo el aparato del partido. De hecho, si tal cosa no sucedió, no fue por la habilidad de Sánchez sino por las dudas y falta de coraje del núcleo duro Díaz-González. En cualquier caso, este núcleo limitaba, como veremos, la libertad de movimientos de Sánchez, un político a la page, carente de ideas, de principios y de escrúpulos y sobrado de ambición.

En cuanto a C's, su intención, que Rivera no ocultó en ningún momento, fue hacer un primer movimiento hacia la meta de una grosse koalition a tres bandas, en la que imagino que él creía poderse atribuir un rol de centralidad, de bisagra entre PSOE y PP, con un poder muy por encima de su número de escaños. Con o sin referendum de autodeterminación asumido por Podemos, C's jamás habría propiciado un gobierno, no ya en el que estuviera Podemos, sino incluso meramente permitido por éstos con su abstención. A Ciudadanos no le pusieron piso los grandes poderes económicos para que hiciera eso, y Rivera lo tiene muy claro. Por otro lado, Podemos, y no seré yo quien se lo reproche, fue también de farol, sabiendo que su propuesta era imposible de aceptar por los jefes de Sánchez, lo que debilitaría a éste en lo que era su objetivo semiinconfeso: repetición de elecciones y sorpasso.

Con unos resultados bastante parecidos al 20D el panorama que se abre tras el 20J no debería variar mucho. Sin embargo, hay un hecho distintivo y fundamental. Hay que tener un gobierno operativo, no provisional y sometido a un nuevo proceso electoral, para después del verano. No se pueden repetir las elecciones en noviembre o diciembre, que sería la fecha marcada por los plazos legales. La CE y el BCE permitieron, y probablemente pactaron con el PP, una relajación del control fiscal de cara a las elecciones; el gobierno, con su proverbial ineptitud, lo hizo todo mal menos la propaganda (aunque engañar a los españoles es como pegar a un bebé) y el déficit ha crecido muy por encima de lo acordado. El Estado se enfrenta en septiembre a una multa por incumplimiento de objetivos que puede llegar a dos mil millones de euros y, lo más grave, a un plan adicional de ajuste inmediato que rondará los ocho millones de disminución de gasto en año y medio. Como dijo Nancy Pelosi al 'caer' Wall Street en 2008, “the party´s over”, y, si hasta ahora esto ha sido un guateque … Hace falta, ya mismo, un gobierno fuerte y fiable para los próximos años que sea capaz de tomar medidas muy duras y aguantar la presión de la calle. Y esto no lo deciden las comisiones de negociación de los partidos, esos muchachos risueños con sus cuadernitos en la mano que entran y salen de salones rococó; esto son consideraciones estratégicas de poderes que están muy por encima de nuestras Cortes y sus leones de piedra. En ese gobierno ha de estar el PP y, dentro, o fuera pero apoyándole con una seudooposición de boquilla, el PSOE. Algunos aseveran que eso será su suicidio; error: el suicidio es un acto libre. C's podrá pillar alguna migaja, aunque para tener relevancia real habrá de esperar bastante, más o menos como Vladimiro y Estragón. Por supuesto, Podemos vetado hasta que aparezca otra 'ventana de oportunidad' y se hayan ganado la confianza de aquellos cuya confianza hay que ganar.

Ójala me equivoque en todo.




En la próxima entrega, cambiaré de enfoque y me mojaré un poco más. Para ello examinaré los artículos de Vicenç Navarro y Antonio Gutierrez que citaba en el post anterior y pondré en cuestión aquello de que la gente ha votado para echar al PP, no tanto porque sea inverificable y producto de una inducción abusiva (yo y tres que conozco piensan tal, luego todos piensan tal tal), sino por que se inserta en discursos que devuelven a una lógica política, digamos, pre15M.

miércoles, 6 de julio de 2016

Aunque tenía pensado, continuando las anotaciones en torno a los resultados electorales del 26, analizar que ha pasado con Podemos, intercalo un post para exponer una serie de opiniones en relación con  la formación o no del próximo gobierno a partir de, festival de tópicos, que 'el pueblo español ha hablado', y de 'lo que ha dicho con sus votos'.


Mi querido y nunca bien ponderado amigo Perico Calvo ha enlazado en su blog con dos artículos, uno de Antonio Gutierrez, en El País, y otro de Vicenç Navarro, en público, abogando por trabajar para un gobierno en el que no esté el PP; el mismo Perico parece también apoyar este empeño. No estoy muy de acuerdo con estos planteamientos y en las próximas líneas trataré de explicarme.



No salen las cifras


Recordemos la configuración del nuevo Congreso: PP (137 diputados), PSOE (85), UP y coligados (71), C's (32), ERC (9), CDC (8), PNV (5), Bildu (2), CC (1). A primera vista, se observa que no hay ninguna agrupación natural que conforme una mayoría, 176 votos. Bueno, indaguemos agrupaciones 'menos naturales'. Partiré de un metodología que considero mucho más elucidadora que la dichosa 'transversalidad', tan ambigua en sí que ya en boca de todos pierde cualquier significación; utilizaré lo que llamo multiaxialidad, es decir una serie de ejes que reflejan posiciones frente a las variados disensos y conflictos que atraviesan cualquier sociedad. Reduciré al máximo esos ejes para simplificar y porque con tres nos valen para este ámbito. Contemplo entonces: a) el eje derecha-izquierda; b) El eje centralismo soberanismo de comunidades no estatales y c) Vieja – nueva política, o, si se prefiere más crudo, viejas élites y aspirantes a la renovación de la dirigencia política (a la manera de Pareto). EN las contradiciones interaxiales, lo ejes tienen distinto peso que van desde la incompatibilidad hasta el acuerdo con cesiones. Creo que en este momento, la problemática de Cataluña hace que el eje de la configuración territorial es el dominante, porque es el que se plantea con mayor radicalidad, hasta el punto que está en discusión la sacrosanta unidad de España. El eje izquierda-derecha está muy descafeinado, funciona a un nivel mítico-emocional más que otra cosa. Nadie pone en cuestión el capitalismo, ni siquiera, jeremiadas aparte, el neoliberalismo; en estos momentos, con la deriva previsible de Podemos y la insignificancia de la IU de Garzón (hay otras IU, pero difuntas, las pobres) el intervalo discurre entre el liberalismo doctrinario y psicopático del PP y de C's y el liberalismo compasivo de Podemos. La socialdemocracia queda lejos, si acaso Garzón …


El agrupamiento más natural es PP ciudadanos, ambos son ultracentralistas y neoliberales sin fisuras. Quedaría la oposición de lo nuevo vs. lo emergente, pero además de que es el conflicto menos potente, es que aquí es pura farfolla. C's solo tiene de nuevo la fecha de creación. No se constituyó frente al Régimen del 78 impugnado por el 15M, sino para neutralizar a Podemos y para ofrecer una alternativa de partido – o subpartido de derechas del Partido Orgánico del Régimen – a un PP devorado por la corrupción (luego se ha visto que apenas le pasa factura, pero hace apenas dos años aún no se sabía; a Aznar no se le echó por ladrón, sino por asesino). La suma PP + C's es de 169 votos, pongamos 170 con CC. Le faltan seis para la mayoría absoluta que se precisa, y en el mercado cortesano, tan sólo el PNV parece accesible. Ciertamente, hay una tensión respecto al eje territorial, pero, a diferencia de CDC, creo que es salvable. El PNV no está por plantear ahora, y quiza nunca (recuérdese que tiene lo que CDC quería y, al no conseguirlo, se echó al monte independentista: la autonomía fiscal). Hay serios inconvenientes: para C's no es un socio cómodo a nivel de imagen y las concesiones del PNV están limitadas por las próximas elecciones en Euzkadi. Y creo que acabarían tragando unos y otros; el problema es que no basta con 175 votos hace falta uno más si el resto del parlamento vota en contra. Y todos dicen que sí.


Por la 'izquierda', pese a las proclamas de PI, la cosa es aún más complicada. Como no ha habido sorpasso, el PSOE aceptaría de buena gana los votos de Podemos para hacer presidente a Sanchez. Ya tenemos, 156. Para tener mayoría, sumamos CDC, ERC y PNV (Bildu es tabú), 22. En total, 178. Ganamos; sí quebrando los dos ejes más importantes y, fundamentalmente, el autonómico. El PNV le valía al PP y le vale al PSOE, pero ¿ERC?, incluso ¿CDC? En ninguna cabeza — exceptuando,quizá, la bien esculpida de Pedro Sanchez – cabe que el PSOE de Díaz, González, Varas, Borrell y un interminable etcétera vayan a aceptar la centésima parte de lo que le exigirían los catalanes para votarles positivo.


La opción que queda 'para echar al PP' es la que barajan Navarro, Gutierrez y unos cuantos más: la fórmula PSOE + UP + C's, 188 escaños. La famosa alternativa que, según Sánchez repitió con una frecuencia de cinco minutos a lo largo de la campaña, había impedido Pablo Manuel Iglesias. Mañana expondré por qué creo que es una alianza contra natura, donde la contradicción social manda. Para ello habrá que entrar en cuestiones de política que en este post se han visto subordinadas a la aritmética.

lunes, 4 de julio de 2016




Unas cuantas anotaciones en torno a los resultados de las elecciones de 26J (2). 


Estableceré dos ejes categoriales para analizar los resultados de las elecciones del 26J en relación con las del 20D y en lo que respecta a los cuatro grandes partidos estatales. El primero viene dado por el par , donde el PP y C's son derecha y PSOE y UP, izquierda. El segundo criterio es , PP y PSOE a un lado y C's y UP al ogro. Los nombres son descriptivos, no valorativos, desde luego creo que muy dificultosamente puede ser considerado el PSOE un partido de izquierda y C's como un partido que hace una política diferente de la vieja; de hecho el criterio nuevo viejo, más que como un descriptor de práctica política, lo empleo como un calificativo de las élites, viejas: PPSOE (Régimen del 78), nuevas: Podemos y C's (renovación o transformación del Régimen). 

La derecha obtuvo en el 20D, redondeando 10,75M de votos y el 26J, 11M. La izquierda, 11,68M y 10,47M, respectivamente. La vieja política 12,78M y 13,33  frente a 9,6M y 8,2M la nueva. El reforzamiento de la derecha y de la vieja política revela un claro y relevante desplazamiento a la derecha del comportamiento electoral,  máxime cuando los resultados absolutos y relativos de los partidos de implantación no estatal han sido muy similares en los dos comicios. El bipartidismo, la vieja política, se refuerza con los buenos resultados del PP y los aceptables del PSOE, comparados con muy malos de C's y los malos de UP. Las cifras también indican que el PP se ha llevado los votos que perdió C's y que ha dado la vuelta a la tendencia abstencionista, sacando más votos en el 26J que en el 20D, algo notable que habla del pavor a la aventura de un gobierno de Podemos. Por la izquierda, que es de lo que trataré aquí, la hipótesis que sostendré es que la pérdida de votos procede muy mayoritariamente de UP y que esos votos perdidos no han ido en cantidad relevante a ninguna otra candidatura, son votantes de Podemos y de UP-IU en el 20D que ahora se han abstenido. Sería muy interesante saber con certeza la proporción de los abstencionistas de uno y otro origen. Sin disponer de ella y teniendo en cuenta su muy desigual cantidad, 5,2M de Podemos y 0,93 de UP-IU y los resultados comparados en lugares como Asturias y, sobre todo, Madrid, donde las simpatías por Garzón del mundo IU eran menores, creo que una segunda hipótesis, ésta sin duda más aventurada que la primera, es suponer que la proporción de abstencionistas de IU estaría en torno al 25-35% del total, correspondiendo el resto a ex-votantes de Podemos. Con esta premisa pasamos a las explicaciones del fracaso, no catastrófico pero fracaso de UP en las elecciones  que se dan dentro de su entorno, mi posición al respecto y, lo que más interesa, que panorama político se abre, con los resultados de UP y con las conclusiones de sus notables 

Todo es mentira menos alguna cosa

Antes de ello, me detendré en la negación de la mayor sostenida por un amplio espectro de votantes de UP: no ha habido tal fracaso, sino un éxito adulterado por un pucherazo en el escrutinio. Particularmente, no creo que se hayan producido irregularidades sistemáticas y relevantes para el resultado final, aunque tampoco lo descarto por completo. De un ministro, el encargado de gestionar el proceso electoral, que pone las instituciones del Estado al servicio de la persecución de los enemigos políticos de su gobierno, se puede esperar cualquier cosa. El Sr. Fernandez Díaz habría sido un buen mando intermedio de la Gestapo si no fuera porque  allí en el proceso de  selección se tenía en cuenta el cociente de inteligencia. El problema de todo esto es que impugnar formalmente las elecciones pidiendo una validación controlada de las mismas constituye un órdago que, en caso de que al final se mostrara que han sido aceptablemente limpias, se volvería de modo terrible contra los denunciantes. Participar en unas elecciones implica confiar en la legalidad de las actuaciones institucionales, a no ser que expresamente se manifieste una intención peculiar, caso, por ejemplo, de algunos grupos de izquierda muy dura que presentaban candidaturas, según ellos, para denunciar en su campaña la farsa electoral. Cuando se acepta la legitimidad del sistema político vigente, y UP lo acepta, habría que estar muy seguro de la manipulación de las actas o de su cómputo y disponer de pruebas claras y suficientes para exigir una validación. Me temo que no es el caso. Lo que no impide renunciar a algo que se esta haciendo sotto voce y creo acertado: cotejar los datos que se tienen con los ofrecidos por Interior y, en caso de que se registrasen anomalías con el suficiente calado, se hiciera público y se pasase a la ofensiva, ya con una base sólida. 


Ese montaje del gran capital para impedir el seguro triunfo de la izquierda auténtica en el 2525


Es sabido que para IU – y cuando hablo de IU no me refiero sólo a la dirección, ni siquiera a la militancia activa, sino también a una gran mayoría de votantes: IU es el partido con mayor densidad, solidez y homogeneidad ideológica del Estado –  la irrupción del 15M se vivió de modo similar, con algunas excepciones, a que hubieran desembarcado una nave de marcianos sobre el oso y el madroño. No entendieron nada y, en todo caso, se activó un tic levemente hostil a lo que veían. Pero no les preocupó mucho porque, como diría Niemöller, la cosa no iba con ellos. La aparición de de Podemos ya fue más grave porque les disputaba la clientela electoral y la hegemonía en el espacio político a la izquierda del PSOE. Disputa por decir algo, más bien somanta, en pocos meses les habían sorpassado y de un modo abrumador. Acontecimientos bastante fastidiosos para un colectivo convencido de que la historia, hegeliano marxista ella, jugaba a su favor, y siempre, con algún que otro sobresalto, en el sentido del progreso que culminaría naturalmente en la sociedad socialista. Ahora que el PSOE parecía hundirse, ¿quienes eran estos advenedizos? Con algunas encomiables excepciones se avanzaron dos tesis alternativas Podemos era un grupo infantiloide de intelectuales pequeñoburgueses fruto de una indignación efímera, o Podemos era un montaje anti IU del Ibex35,asustado por su crecimiento. Un enemigo, en ambos casos, alguien que, deliberadamente o cumpliendo un destino, quería acabar con ellos. 

Desde luego, no hubo en IU una actitud monolítica respecto a la nueva situación que inauguraba Podemos, ni en el análisis ni en la práctica. Simplificando, creo que se presentaron dos posiciones en el ámbito teórico-doctrinal y otras dos en el de la acción política. En el terreno de las ideas se encontraba la posición inmovilista-doctrinaria frente a la 'abierta'. En el de la praxis los principistas y los pragmáticos. Estos posicionamientos se combinaban entrecruzadamente dando lugar, de modo muy esquemático, a tres agrupaciones. Una, la de Garzón y adláteres, no todos de la misma catadura ética y política, abierta y principista. Otra la de la  mayoría de la dirección de IU, con sus Lara, Llamazares (aunque estuvieran enfrentados), etc., pragmáticos, por supuesto, y en mi opinión bastante más doctrinarios que abiertos. Por fin un tercer grupo, sin grandes nombres pero fuertemente enquistado en direcciones territoriales, que veía en podemos un rival antagónico con quien era imposible una coincidencia estratégica y aun difícil y peligroso un acuerdo táctico. En mi opinión, esta configuración subjetiva se reflejaba en el espació de lo objetivo, el de los procesos históricos reales y el rol de los diversos agrupamientos sociales, en dos lugares de la estructura política, el de los agentes del bipartidismo (con un huequecito para la izquierda no extinguida), esto es del Régimen del 78, y el de los agentes de impugnación y posible cambio de ese Régimen. 

El drama de esta situación de IU es que, por un lado, los que tenían una ideología, un programa y una línea de acción suficientemente clara eran los inmovilistas. Y la ideología, el programa y la línea pertenecían a la imposible adaptación a lo real de una vieja izquierda subordinada a la Unión Soviética y al comunismo leninista-stalinista que se había convertido tras la caída del bloque soviético en un anacronismo en vías de desaparición. IU era un aparato ligado orgánicamente al Régimen del 78 y un colectivo adherido sentimentalmente a un pasado mitificado y (felizmente), irrecuperable; en un supuesto de continuidad indefinida del Régimen,  IU habría durado como mucho una generación más, transitando entre noches electorales sin cenar por sacar tres diputados y de brindis con cava por conseguir doce. La otra pata del drama es que la nitidez de las  ideas y actitudes de los inmovilistas brilla por su ausencia en los aperturistas. Es comprensible, han tenido que luchar en el terreno político y, sobre todo, burocrático, con los inmovilistas, y se han visto abocados a la imposible tarea de  elaborar líneas nuevas de pensamiento y de acción estando tremendamente lastrados por su fidelidad libidinal y orgánica a lo viejo. 

Varias han sido las 'refundaciones' de IU en los últimos años, todas ellas fallidas, y todas por esto mismo: el boicot activo o pasivo de la vieja guardia y la incapacidad de encontrar salidas políticas teniendo que mantener la fidelidad a dogmas identitarios intocables. Esta experiencia de fracasos da la impresión que ha provocado una especie de huida hacia adelante, de viaje a no se sabe qué lugar, que es, en puridad, la candidatura 'conjunta' con Podemos para IU. Tuvieron una oportunidad, cuando buena parte de la gente del 15M se revolvió contra Podemos, por su deriva autoritaria y oligárquica, y creó las candidaturas municipales de unidad popular, los Ganemos, Mareas, en Común, etc., a las que después se incorporó Podemos, en muchos casos de manera vergonzosa, por manipuladora y ventajista. IU ni las vio venir, pero tras los excelentes resultados en mayo2015 y el hegemonismo de Podemos, los 'aperturistas' tuvieron un rasgo de lucidez: apoyar esos movimientos de base crecidos y llenos de moral para contribuir a la construcción de un proyecto de organización radicalmente abierta y democrática de las capas populares, en el que las bases estuvieran por encima de los aparatos partidarios, cuyo primer objetivo sería montar una candidatura unitaria. Eso fue, intentó ser, Ahora en Común. En mes y medio se lo cargaron. Con algunas meritorias excepciones, la cultura leninista-estalinista clásica de manejar los movimientos y capitalizar sus logros se puso en marcha a toda máquina: los miembros de AeC que no eran de IU – y en los inicios eran muchos – salieron escaldados en pocas semanas. Finalmente, AeC degeneró en una cosa que se llamo Unidad Popular, una especie de careta de IU que ni aportaba nada ni beneficiaba electoralmente a nadie. Se sacaron dos diputados y, es muy probable que, si no se hubiera presentado Garzón, ninguno.

Plenamente consciente de que IU se hallaba sumida en un proceso agónico y en un estado groggy, Garzón dio, por fin, un golpe en la mesa, se autoimpuso como secretario general, ¿quien habría de hacerle frente?, e impuso el pacto con podemos; todo ello muy democráticamente, con un cómoda mayoría – lejos no obstante de la semiunanimidad aclamatoria típica de los viejos tiempos de comunismo a la soviética – que no ocultaba un componente de chantaje: no necesitaba explicitar que su permanencia como secretario general estaba ligada a la aceptación de su estrategia de pacto con Podemos, y muy poco entusiasmo: dos tercios del censo de IU no votaron el refrendo de dicha estrategia. Si a este punto de partida se le añaden el malestar causado por las listas en el entorno de IU, que en casos como el quinto puesto de Garzón en Madrid fue sentido como una provocación, por la autodefinición de UP como socialdemócrata por Iglesias, por sus loas a Zapatero, por el rebaje del programa, y unas cuantas cosas más que mostraban la preponderancia absoluta de Podemos, no es de extrañar que una fracción considerable de quienes habían votado IU en las elecciones del 20D no se acercaran por las urnas. Es también posible que algunos de ellos votaran al PSOE, pero creo que ese traspaso es cuantitativamente irrelevante. 

Gangrenada por las deudas, sin espacio político, maniatada por la fijación leal a unas concepciones y a unos fastos míticos que tendrían que ser sometidos a una crítica feroz para poder elaborar algo que tuviera que ver con el presente y que condujera a una acción transformadora no fantasmática, las perspectivas de IU son más que oscuras ; que no lleguen al negro de luto depende de la lucidez y audacia de unos pocos y de que los dioses del azar le sean benévolos. Pero esto ya corresponde al panorama político que se abre tras el 26J y lo trataré más adelante. 

jueves, 30 de junio de 2016

Unas cuantas anotaciones en torno a los resultados de las elecciones de 26J (1). 


- El bipartidismo ha sido la forma de organización oligárquica del Régimen postfranquista.

- Antes de seguir: 'Régimen' no es ningún término peyorativo, tan sólo refiere una estructura específica de institucionalidad política de las sociedades, de configuración del Estado, en los diversos tiempos y espacios. La palabra no añade ni quita, por ejemplo, una mayor o menor densidad democrática. Cuando se dice en los media 'el Régimen de Chaves' pero no 'el Régimen de Obama' hay una perversión interesada del lenguaje y de la teoría política, asociando Régimen a personalismo y a falta de arraigo histórico.Pura propaganda.

- Empleando conceptos de Gramsci que, pese a su (creo yo) tergiversaciones togliatiana y neotogliatiana o laclausiana, me parecen que siguen siendo muy útiles para analizar las sociedades capitalistas complejas, el complejo PP-PSOE es el partido orgánico del Régimen. La deslegitimación abierta por el 15M, que gozó de la simpatía de muy amplias capas de la población, fue al tiempo síntoma e impulso de una crisis orgánica en ciernes. PP y PSOE eran la misma mierda. La operación Podemos y, después, la Ciudadanos apuntaban a una finalización del Régimen del 78 y su sustitución por una situación abierta en la que se dirimiera una disputa hegemónica entre las dos fuerzas esenciales en toda sociedad de clases, la que empuja hacia la democracia y la que mantiene y profundiza la oligarquía.

- El cambio a corto plazo que anunciaron las municipales-autonómicas de la primavera pasada y las generales del 20D era un espejismo. El bipartidismo, el statu quo, se mantiene y, dadas las circunstancias, goza de aceptable salud, aunque no, desde luego, de la robustez de antaño. Es más, creo que los resultados de las elecciones suponen una Restauración parcial y efímera. Así, el panorama previsible es un gobierno monocolor del PP con un apoyo del PSOE enormemente teatralizado para que no parezca tal y que permita al PSOE seguir siendo primer partido de la oposición con los privilegios políticos que conlleva tal título. En tales circunstancias el PSOE tiene tiempo y medios para superar su crisis y presentarse a las siguientes elecciones en condiciones de restañar el Régimen, marginando lo que quede de las alternativas y reconstituyendo un bloque hegemónico. Si estuviéramos en tiempos de bonanza económica, lo tendrían muy fácil.

- Poco que decir respecto a la recuperación electoral del PP. La derecha española es seguramente la derecha más reaccionaria y más inculta de Europa Occidental y además ganó una guerra y conserva esa victoria hasta la fecha. Más que de amor a sus banderas, se alimenta de odio a los otros, a la Antiespaña, de modo que por muy mal que lo hagan los suyos, por mucho que roben, siempre serán preferibles a los otros, los representantes del Mal absoluto. Ciudadanos fue un pequeño grano, una veleidad – no todos los que votan al PP son franquistas inconsútiles –, pero en cuanto vieron la cosa peligrosa, volvió la manada al redil.

- La opinión generalizada es que Unidos-Podemos ha fracasado. Si nos ceñimos al ámbito electoral y lo relacionamos con las expectativas, es algo innegable. Convendría ser un poco más alto de miras a la hora de calificar de fracaso lo conseguido en las urnas y situar a Podemos, IU y unos cuantos más en el marco de la dinámica de las clases subalternas españolas. Las derrotas son a veces la precondición de futuras victorias y, sobre todo, es muy frecuente que los vencedores mueran de, o por, su éxito. En el próximo post analizaré como queda la construcción del demos hispánico tras el 26J y, dentro de ese horizonte teórico, que ha pasado con los 1.200.000 votos perdidos y no hallados en templo alguno.

Tercero y, espero que no último, intento. ¿No quería que pasaran años? Toma: cinco.

martes, 21 de junio de 2011

Segundo intento de mantener este blog con entradas no distanciadas por intervalos de años. Dudo que esté en mi naturaleza conseguirlo. Ni siquiera a lo Beckett: probar otra vez, fracasar de nuevo, fracasar mejor.