lunes, 3 de marzo de 2025



020325


Continuacion.

Trump: “ ... No tienes las cartas ahora mismo. Con nosotros, empiezas a tener cartas”.

Zelensky: “No estoy jugando a las cartas. Soy muy serio, señor presidente. Muy serio”.

Trump: “Estás jugando a las cartas. Estás apostando con las vidas de millones de personas. Estás arriesgando la Tercera Guerra Mundial”.

Zelensky: “¿De qué estás hablando?”.

Trump: “Estás arriesgando la Tercera Guerra Mundial ...




¿Por qué, aparentemente sin venir a cuento, Trump saca a colación la (hipotética) Tercera Guerra Mundial? En mi opinión -que me aleja definitivamente de los progres- no se trata de una salida de pata de banco ni una de las opiniones disparatadas de Trump, sino una afirmación que sólo es posible cuando uno se situa, como Trump, fuera del discurso hasta ahora dominante en el ámbito de la política internacional. Ese discurso es, básicamente, el que rige la acción de USA desde la IIGM y, en especial, tras la caída del imperio soviético y de la bipolaridad, la variante que alcanza su acabada expresión teórica en la teoría neocons del ‘nuevo siglo americano’ y de ‘America first’ y de su plasmación práctica en todas la presidencias de USA, de Clinton a Biden, pasando por el mandato de 2016 del mismo Trump. La guerra de Ucrania es, junto al genocidio palestino, la manifestación más relevante de esa estrategia. Constituye el desenlace casi inevitable de la política hegemonizante de la OTAN manejada por USA, en n proceso que comenzó con la expansión hacía el este, pese a las garantías dadas a Gorbachov y que habría de culminar con la adhesión de Georgia y Ucrania, todo ello en una lógica de debilitar a Rusia y deponer el nacionalismo de Putin, colocando a alguien así como Yeltsin.


Así, el montaje del Euromaidan y la destitución de Yanukóvich, eventos en que algo tuvo que ver la CIA, y el aval europeo tanto a los acuerdos de Minsk como a su incumplimiento, son los hitos que condujeron a la previsible invasión rusa. La OTAN, por personalizar en ella la política de USA y su fiel y subordinada UE, sabía perfectamente que la Rusia de Putin no podía aceptar el siguiente paso: la integración de Ucrania en la OTAN y que su única salida, vetada toda solución diplomática, era la guerra -de hecho, boicoteó, mediante las mentiras de Boris Johnson, un acuerdo de paz ya casi asumido por Ucrania en Turquía dos meses después de la invasión rusa-; la OTAN estaba convencida de que la resistencia ucraniana, sostenida por sus integrantes y las sanciones económicas occidentales serían suficientes para acabar con Putin, en el seno de un supuesto malestar interno en Rusia. La idea subyacente era balcanizar Rusia, neutralizando su poder nuclear, sin el cual el predominio militar de USA era absoluto, incontestable incluso para China, y, en consecuencia se culminaba la unipolaridad económica y política hegemonizada por USA. El objetivo final de los neocons, de Bush a Biden.

Para desgracia de la OTAN, y descrédito de sus servicios de inteligencia, Putin no cayó, incluso reforzó su poder interno, y las sanciones económicas se convirtieron en un disparo en el pié pie para Europa. La contraofensiva de Ucrania en el 2023 fracasó y la escena bélica se situó en un marco cómodo para Rusia, que iba ganando territorio y avanzando, lenta pero inexorablemente, hasta una victoria militar plasmada en un Tratado de Paz que reconociera la independencia del este ucraniano y rechazara definitivamente la entrada de Ucrania en la OTAN. Ese tratado, en lo esencial, se va a firmar, hagan lo que hagan la UE, la GB del Brexit o Zelensky.

La política de la OTAN no ha podido ser mas equivocada, y peligrosa; todo ello, creo, por incapacidad intelectual de reconocer errores y leer los cambios sociopolíticos, siguiendo, cual asno con anteojeras, el camino trazado desde décadas atrás, sin comprender que ya no correspondía a la relación real de fuerzas. La OTAN volcada en su apoyo al ejército ucraniano, no ha conseguido evitar, en los términos y con los límites en que se ha movido, la más que probable derrota de Ucrania, y las sanciones, aparte de hundir, sobre todo, Alemania y de dar aire a un enemigo del Planeta como es el fracking, han impulsado el proceso que más debe temer USA: el acercamiento, tendente a una coalición permanente, entre Rusia y China (además del potenciamiento de Rusia y de los BRICs). Como señalé arriba, una bipolarización a corto plazo con Rusia/China por un lado y USA por otro es nefasta para ésta y sólo puede conducir, bien a la guerra nuclear total, bien a la subalternización de USA.


'No miremos el pasado, la historia, el contexto', dijeron Biden y sus aliados -curiosamente, lo mismo que el 7 de septiembre de 2023, del drama palestino- Ucrania ha sido invadida sin mediar provocación. ¿Por qué? Porque Putin es malvado,-USA siempre introduce un componente teológico en sus conflictos coloniales-. Esa maldad intrínseca se materializa en su carácter imperialista sin límites. A la manera de los malos-malísimos de James Bond, Putin quiere conquistar el mundo; empieza por Ucrania y seguirá con Polonia y los países Bálticos. Hasta dominar Europa entera y, después, saltar el charco. Ridículo, infantil, rudimentario; y, a la vez, creído, eso sí, al modo pascaliano, por gente que se supone instruida e inteligente, como Macron y Starmer. El problema es que se lo creen, azuzados por un personaje patético que me recuerda a la enorme peli de Rossellini ‘El general de la Rovere’, Zelensky. Hasta tal punto creen los atlantistas en los nefandos propósitos de Putin que han estado a punto de enviar tropas, nacionales o de la OTAN, para unir sus fuerzas al ejército ucraniano. No descarto que la victoria electoral de Kemala Harris hubiese conducido a ese escenario. Y, ciertamente, la situación bélica se podría haber revertido y haber situado a Rusia en la tesitura de perder la guerra. Algo que Putin no se puede permitir, él es consciente que la derrota conllevaría muy probablemente el fin de su país. Una cuestión existencial, que se dice ahora. Putin amenazó entonces con usar sus armas nucleares y estoy seguro que no habría dudado en hacerlo. De ahí las alusiones de Trump a la IIIGM y su exasperación ante un Zelensky que, llevado por una comprensible desesperación que no revoca su irresponsabilidad, intenta llevar a sus aliados en esa dirección.

Continuará.


sábado, 1 de marzo de 2025



010325


Imposible no hablar del insólito encuentro de ayer entre Trump, con el apoyo, torpe pero efectivo, de Vance en el papel de lanzador, y Zelensky. Más significativo que la jugosa cháchara de Trump en estas últimas semanas. Aunque sus mensajes son, también, reversibles, recuérdese que negó tranquilamente haber dicho lo que había declarado a los media pocos días antes, su posición se va tornando clara y, por qué no decirlo, con aires de coherencia.

Yo imagino que a puerta cerrada nuestros líderes tienen conversación tan tensas y violentas como la mencionada. Pero todo queda en el interior de los salones. Ante la prensa, escenifican una relación cordial con, a lo sumo, discretas y resolubles discrepancias. El mensaje es claro: todo en Órden. No recuerdo precedentes en que el más poderoso de los dos interlocutores, aquí Trump, abronque en público al más débil y, de paso, tire por tierra sin ambigüedad el discurso (antes) hegemónico vigente durante muchas décadas atrás. Dejo a un lado la vulgaridad y chulería de Trump -lo que no quiere decir que estas formas no sean profundamente relevantes, y susceptibles de análisis- , cada vez más populista-fascista, para centrarme en unos contenidos y una cosmovisión que, desde luego podía haber expresado con otros modos.

A modo, previamente, de recordatorio. Estados Unidos es una potencia económica en decadencia. China lo es en ascenso. Aunque el PIB de ambos gigantes sea similar, la influencia comercial de USA decrece (y más, a medio plazo, con la política arancelaria de Trump), mientras que la de China aumenta. Para mantener su papel hegemónico mundial, USA cuenta con un poderío militar, que, por el momento, es el principal garante del dólar como casi única divisa internacional, de tal modo que el poder financiero contrarresta la menguante economía productiva.

El poder militar es, en última instancia, poder atómico. Una unión estratégica Chino-rusa equilibra holgadamente la capacidad nuclear de USA, aun contando con su fiel Gran Bretaña. Si ese equilibrio en armas atómicas impide la guerra entre China, con el apoyo ruso, y USA, es evidente que el muy desigual desarrollo económico lleva a la pérdida de la hegemonía USA y a un mundo unipolar en el que es una potencia subalterna. Una, improbable, asociación de USA con Rusia, aseguraría la hegemonía indefinida de USA; no se requiere tanto, basta con la neutralidad de Rusia para que el mundo bipolar China y USA, que es básicamente, el actual, se mantenga en medio de conflictos controlados. El triunfo conjunto del MAGA, del MEGA de Le Pen, Abascal y compañía, el MLAGA (siendo LA, Latinoamérica), etc, lleva a un mundo totalitario invivible, pero, en mi opinión aleja, aunque sea a corto-medio plazo, la amenaza de guerra total. Al menos durante algún tiempo, porque la creciente falta de insumos naturales aboca a algo parecido a una guerra nuclear total. Sin contar con el cambio climático. Sí, un levantamiento de los trabajadores en todos el mundo, en la senda de una democracia socialista, invertiría el panorama. Pero…

Creo que, dentro del marco histórico de posibilidades expuesto en el párrafo anterior, Trump ha optado por ese mundo sin guerra, si bien basándose en un supuesto por completo equivocado: como consecuencia de su fe en las virtualidades de la economía norteamericana, al pensar que ésta se hallaría en condiciones (con su ‘sabia’ política) de resistir el empuje económico chino y más tarde, subordinarlo (contando, claro, con su desarme relativo, y la ‘neutralidad’ rusa). De esta manera se llegaría a la unipolaridad hegemónica de USA sin grandes conflictos armados. Sin embargo, USA tiene una economía desindustrializada, con un brazo atado al cuerpo por la política migratoria de Trump, con un déficit comercial crónico y una deuda superior al 100% del PIB; no puede sino decaer o vivir efímeramente de la depredación de otras La creencia de Trump, un ultranacionalista y supremacista no del hombre blanco a secas, sino del hombre blanco americano y cristiano, en el potencial de USA capaz de ‘hacer América grande de nuevo, es la falla fatal de su proyecto estratégico. Continuará.


miércoles, 26 de febrero de 2025

 

260225



Parece que hay que estar contento porque Die Linke obtuvo cerca de un 9% del voto alemán. De cara a gobernar no le vale absolutamente de nada, nadie la necesita, no entra en ninguna de as combinaciones de partidos que vayan a conformar el gobierno (que ya se sabe, será la coalición CDU/CSU con SPD). Pero, en cualquier caso, se desvanece el fantasma de la disolución que habría supuesto sacar menos del 5%, con la consecuente desaparición del Bundestag y un proceso imparable de disolución. Así que Podemos, Sumar e IU se han alegrado mucho.

Pues no, esa alegria es puro malminorismo, aunque supongo que muchos me replicarían que significa no caer en el ‘cuanto peor, mejor’. En algún momento escribiré sobre tan denostada máxima y sus detractores. Por ahora, me trae sin cuidado. Pues no, no hay que complacerse con el éxito de Die Linke, sino disgustarse con el hecho de considerarlo un partido de izquierda. Entre los diversos principios, criterios y posicionamientos de una organización de izquierda no vale que el 78, el85 o el 93% sean de izquierdas, deben serlo todos, o, cuando menos, los que no lo sean tampoco han de ser de derechas. Pero es que, sobre todo, hay asuntos tan sumamente relevantes y centrales que si no se asumen en su totalidad no cabe hablar de un política globalmente de izquierda. Una organización izquierdista, hoy en día, no puede ser partidaria del colonialismo, ni del apartheid ni del genocidio. Pues esa es la posición de Die Linke cuando acepta posiciones sionistas en su seno y cuando esconde la aniquilación del pueblo palestino (por no hablar de las posiciones más que ambiguas que sostiene respecto al armamentismo y a la OTAN en Ucrania). Un partido que apoya, por muy pasivamente que sea, por mucho que se limite a mirar hacia otro lado, un genocidio, no puede ser de izquierda. Exctamente en la misma medida que otro partido, BSW, propalestino pero nacionalista, es decir, antiinternacionalista y anti lo que la derecha llama woke: antirracista y antiderechos de las minorías sociales. Tanto monta Die Linke como BSW. Pura vieja izquierda todos ellos, incapaces de generar un (hipotético) movimiento popular con capacidad para oponerse a la fascistización del mundo.

lunes, 24 de febrero de 2025

 


240225


O la cosa estaba muy clara, o los encuestadores han hecho un magnifico trabajo en Alemania; no como aquí. Todo ha salido como se preveía, y ahora ya tenemos todos los datos a corto plazo para un análisis geopolítico de la dinámica global, moldeada principalmente por el triunfo de Trump. A bote pronto, y en relación a ello, parece que la nueva política exterior de USA asusta no poco a Europa: un notable aumento de votantes en Alemania que agua ligeramente los excelentes resultados de una AFD que va a tope con muy escasos abstencionistas potenciales votantes. Hoy por hoy.

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En casi todas las portadas de los principales periódicos españoles: “Zelenski, dispuesto a dimitir si eso asegura Ucrania el ingreso en la OTAN”. No sé si es un fake o, lo más probable, una declaración desesperada de Zelensky para salir en los papeles y fingir una relevancia de la que carece. El presidente ucraniano es un cadáver político, su dimisión (o golpe interno) caerán en breve como fruta madura, a no ser que trague con todo lo que le digan Trump, incluyendo el asunto de las tierras raras y demás minerales escasos, y Putin. A cambio de apenas nada, un elemento primordial para los rusos: la (no) pertenencia indefinida a la OTAN. Ridículo. Y aún más ridículo, el especio que le prestan los medios del establishment de la UE. Es como si se resistieran a aceptar la realidad y vivieran en una en la que ganaba Kamala y su geoestrategia neocons, donde Europa seguía siendo una aliada subalterna pero necesaria.

sábado, 22 de febrero de 2025

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Siguen las escaramuzas, dentro del amplio espacio político que ocupa Trump en USA, entre el totalitarismo transhumanista, personificado por Musk (con los demás technobros, en un segundo plano, ojo avizor), y el MAGA propiamente dicho, un populismo parafascista, uno de cuyos principales ideólogos y estrategas, si no el principal, es Steve Bannon. Ambos,, Musk y Bannon, han efectuado recientemente ante un público numeroso el saludo nazi, y, sin embargo, eso no los unifica, por el contrario marca sus intereses y su cosmovisión. Ambos escenifican ese falsamente romano saludo como una provocación táctica perfectamente medida. Y, sin embargo, expresan, con ella, cosas muy distintas. En el caso de Musk, es una especie de broma que pretende asimilar el fascismo con el antifascismo. Para él, todo eso pertenece a otro mundo, y su jugueteo tiene sentido en tanto que muestra ostentosa de la libertad de expresión; hace ese ademán porque le apetece, y pari passu, sale en los media; a modo de un personaje dostoieskiano, todo le esta permitido (porque él es dios). Quizá Musk es nazi, pero no lo sabe, el fascismo (para él) es una reedición del pasado y su mente está en el futuro. Mientras tanto, hace y deshace con el DOGE, intentando persuadir a Trump de las maravillas del Estado como empresa ultracapitalista.

Lo de Bannon es algo muy distinto. Aunque lo disfrace de provocación a los normies, al establishment, Bannon saluda igual que los nazis porque es nazi. En los años 1930s había en USA un movimiento nazi que incorporaba millones -sí, millones- de adeptos. Entroncaban con el populismo a la americana surgido a finales del XIX y que fue uno de los componentes importantes del anarcosindicalismo de los wobblies o del radicalismo roosveltiano de un Huey Long. Ese movimiento se opuso firmemente a la entrada en la IIGM e, incluso, postulaba un acuerdo estratégico con Hitler. El mayor mito norteamericano de la época, Charles Lindbergh, coqueteó con ellos. Interesante al respecto la distopía de Philiph Roth, ‘La conjura contra América’. Pues bién, yo creo que Bannon tira de esa tradición americana -soterrada, pero no extinta, tras el triunfo de los aliados contra el III Reich-, medio emergida con el maccarthysmo, el Tea Party y … MAGA. Sigo pensando que son incompatibles el ultraelitismo nerd de los unos y el populismo  fascista redneck de los otros.

viernes, 21 de febrero de 2025

 



210225
 

Feo asunto, éste de Monedero, que no por formar parte de un evidente campaña de PSOE-Sumar contra Podemos, deja de ser feo. A la espera de novedades al respecto, no sé si se quedará en agua de borrajas o engordará hasta hacer un serio desaguisado en el tímido intento de los de Iglesias de hegemonizar ‘la izquierda a la izquierda del PSOE’. Pero, ya ahora, sí da pie a alguna reflexión. Aunque nunca he estado en el meollo, en el círculo pseudopolítico de los que saben ‘cómo se mueven las cosas’ (de su microcírculo político, claro), tenía la idea, tomada de aquí y allá, de que Monedero era un babosillo que se aprovechaba de su capital académico y, después político, para ir más allá de la clara voluntad de muchas chicas de su entorno acerca de lo que hacer y permitir con su cuerpo. Pero lo relevante de esos hechos y su conocimiento es que entonces -no estoy hablando del siglo XVI, me refiero a primeros y mediados de los 2010s- aquello parecía normal o, cuando más, carente de importancia alguna. No estaba bien, desde luego, y menos aún, en un progre, pero bueno, peccata minuta, humanus sum, etc.

La universidad española es una institución notablemente patriarcal, y con tintes de misoginia. Por ejemplo, pese a que no tengo datos (lo que puede hacer que éstos se vuelvan en mi contra), habiendo muchas mujeres en el ámbito docente universitario, sospecho que la proporción de hombres respecto al total es mucho mayor en el nivel de cátedra que en el de profesorado titular. Todes hemos oído chismorreos acerca de affaires sexuales entre becarias o doctorandas y profesores, aprovechándose éstos de que son más viejos pero tienen un muy superior capital académico-cultural, de modo que producen admiración, hasta adoración, en algún caso, o facilitan posibilidades de promoción, en otros.

Infortunada pero no sorprendentemente, una visión similar se hallaba muy extendida entre los machos de izquierda y también entre una buena cantidad de mujeres, nominalmene feministas, para las que la imagen y el rendimiento electoral de su partido estaba muy por encima de un sobeteo ocasional (como si hubiesen sobeteos ocasionales).

Que el movimiento feminista ha impulsado un proceso emancipatorio para todas las mujeres es un hecho que queda patente en estos casos. En apenas diez años, todos esos machirulos con laureles académicos se tentaran bien la ropa antes de iniciar sus penosas aproximaciones a jovencitas a las que sacan treinta años. Y ese ‘penosas’ es tanto un calificativo como un especificativo. La relaciones iguales basadas en el amor o el deseo, aunque sean interetarias, me parecen muy bien; pero tienen que ser totalmente libres y consentidas. Exactamente lo mismo debe aplicarse a los líderes de izquierda sedicentemente feministas (o pro-feministas, una cuestión suculenta).

¿Cultura de cancelación? No, y sin que invalide un análisis ulterior que debería realizar, por poner dos ejemplos, Errejón y Monedero pueden seguir escribiendo o podcasteando su teoría o sus opiniones políticas, incluso sexuales, pero no formar parte activa de partido emancipador alguno: su práctica está aquejada de tóxicidad. Irremediablemente. Sin posibilidad de rehabilitación. No es un asunto de exclusión o de discriminación; es un asunto de selección.

No estaría mal un mea culpa de Podemos, en su justo alcance y sin aceptar fakes ni descalificaciones globales, por supuesto.


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Continúo. He oido las declaraciones de Montero y de Belarra (un poco verborreicas, por cierto) en el medio oficial de Podemos, canal Red. Desde luego, no han siquiera esbozado esa autocrítica que reclamaba en el texto de arriba. Me parece un error y una recurrencia en el arraigado vicio de los partidos de no realizar la menor actuación que salpique algo mínimamente su imagen, aunque a medio y largo plazo seguramente fuese a mostrarse necesario y positivo. Según las lideresas, Podemos lo ha hecho todo bien. Pues no, ni lo hizo bien en el 2015 ni lo ha hecho bien con posterioridad. Ni lo hace bien ahora, enarbolando un argumentario que, como pasa con todos los argumentarios, no resiste argumentos ni datos. 

Analicemos, pues, lo ocurrido. Parece que en los albores de Podemos una o más chicas pusieron en conocimiento de la dirección del partido que Monedero, fundador de Podemos y entonces alto cargo, había ejercido contra ellas actos que ahora se consideran, acertadamente, violencia sexual. No tengo ni idea de que hizo Podemos o quien lo hizo; supongo que Clara Serra, responsable a la sazón de feminismo, y el propio Iglesias contarán algo más. En cualquier caso, el resultado fue que Monedero dimitió de su cargo de Secretario de programas. Necesario, pero insuficiente. Veamos.

Ante casos de este tipo, el primer principio feminista es creer a la víctima. No obstante, se trata de una creencia que no debe constituir un dogma indiscutible, como parecen creer algunas despistadas o con tendencia al fanatismo, sino el establecimiento de una hipótesis: acepto, de momento, que la víctima lo es y que lo que dice es cierto. Acepto igualmente su voluntad de anonimato, si es el caso. A partir de ahí, todo protocolo feminista, escrito o no escrito, dicta que el responsable de llevarlo a cabo ha de ponerse en contacto con el hipotético agresor y con testigos para esclarecer los hechos. Aquí habrá que observar el máximo rigor inquisitivo y la máxima discreción para salvaguardar el anonimato de las victimas ante el partido (incluido el agresor (también el anonimato de éste, hasta que no se llegue a una conclusión) así como refrenar la proclividad a creer a la víctima frente a su agresor que, repito, lo es por una hipótesis que debe ser probada en la medida de lo posible.

Supongamos ahora que lo hechos tal como los ha relatado la víctima se dan por reales y que ésta no quiere ninguna publicidad (el caso de las víctimas de Monedero). ¿Qué habría que hacer?  Lo que se hizo, sí, pero también unas cuantas cosas más. De momento, ante un hecho de tanta gravedad (actuar en contra de lo que postula el partido) el agresor debe ser expulsado de la organización, no solamente de la dirección. No fue el caso de Monedero quien durante mucho tiempo -justamente hasta el 2023 cuando hubo nuevas denuncias y la situación se consideró insostenible- fue militante y voz oficiosa de Podemos, fue director de no se qué fundación del Partido y Pablo Iglesias le dio un programa propio, ‘En la Frontera’ que duró ¡hasta enero del 24!

Monedero, una vez dadas por buenas las acusaciones contra él, debería de haber sido excluido del partido públicamente. Es decir: “Te expulsamos por haber quebrantado tal o cual norma estatutaria que proscribe los actos de violencia sexual perpetrados contra miembros (o no miembros) de Podemos”. El daño a la imagen del partido, las posibles represalias legales por parte de Monedero -creo que, ante una resolución injusta de un partido, institución de Derecho público, se pueden iniciar acciones jurídicas- o, peor, un chantaje de antiguo dirigente que sabe mucho sobre las miserias orgánicas, son factores que quizá hiciesen inevitable una separación pactada que obvia la conducta improcedente el expulsado. Pero no lo disculpan.

Desconozco los protocolos sobre agresión sexual de Podemos, es probable que, pese a sus declaraciones, la dirección las modifique, perfeccionándolas a la luz del caso Monedero. No es ningún lujo. Un partido realmente feministas debe apartar de sí a cualquier machirulo acosador, aunque se trate de un mero ‘tocón’; por mucho que aporten en otros aspectos. Que no es el caso.

domingo, 16 de febrero de 2025

 160225


“Vox sube en las encuestas mientras crecen las purgas y la división internas”. El Pais muestra una supuesta paradoja, que no lo es en absoluto. Tomando, inconscientemente, el criterio leninista de que el Partido se fortalece al depurarse, la cúpula de la organización, claro, y los militantes de base estan muy satisfechos con que el partido se haga homogéneo, rocoso, en torno al gran líder y su especializada, leal y controlada dirección. La autonomía, aun mínima, de sus élites territoriales -los ‘barones del PP y PSOE- y centrales, lo sienten como una debilidad y un derrotero a los ‘reinos de taifas’, tan amants, ellos, de la guerra interna que llaman ‘Reconquista’. Vox bajaría en el casi de que crecieran y se incrementaran las familias internas. Para el País, antipolítica; para mí antipolítica, sí, junto a la antipolítica demoliberal; distintas, pero compartiendo su sentido último, el estado de dominación de clases.

Este hecho, que ya tuvo lugar en el periodo de entreguerras -recuérdense las purgas de Hitler (algunas no muy sutiles), de Mussolini ... o de Franco- se repite ahora, revelando uno de los factores más importantes del élan vital fascista: su hartazgo de los partidos y relaciones políticas liberales, incluyendo parlamentos y elecciones.