"Cuando era joven, me decían: 'Ya verás cuando tengas cincuenta años'. Tengo cincuenta años y no he visto nada." Eric Satie
viernes, 3 de abril de 2020
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Hay muchas voces desde los más variados sectores (no tan variados como parece y como ellos se autodefinen) acerca de que no es el momento de hacer críticas al gobierno; por dos razones: una que en estas circunstancias hay que estar unidos y dejar de lado las diferencias, otra, alternativa, que criticar al gobierno es hacerle el juego a la derecha.
Respecto a la primera, recomiendo la lectura, no difícil, de un opúsculo -ahora se llamaría un paper- muy conocido de Kant, ‘¿Qué es la Ilustración? Ahí, el rutinas de Köninsberg defiende, entre otras cosas, que un funcionario del Estado debe hacer siempre un uso crítico de la razón en tanto humano y un no uso en tanto funcionario. Ahora, todos somos funcionarios en lo que respecta al coronavirus. Y así debe ser. En mi caso, para no ir más lejos, no salgo a correr. No estoy de acuerdo con esa prohibición -por ejemplo, en Milán, donde las condiciones de aislamiento son más serias se puede-, pero la respeto al cien por ciento; podría burlarla con relativa facilidad y no lo hago. Sigo, pues, del modo más estricto todas las normas del decreto de alarma. Y, para quienes no cumplen esas normas, soy partidario de sanciones duras, especialmente, tan especiales como son los tempos que vivimos, duras. Sin embargo, como ser más o menos pensante, no cedo ni un milímetro de mi capacidad crítica acerca de lo que se está haciendo en el nivel gubernamental centralizado, el de la ‘autoridad competente’. No sé qué ganaría con mi sacrificio dell’inteletto. Acaso sembrar la desconfianza hacia nuestros gobernantes en una situación en que psicológicamente sería conveniente considerarlos infalibles. Siempre y en cualquier circunstancia rechazaré esa conveniencia.
El otro argumentario (argumentario: cadena argumental repetida por muchos no siempre habiendo reflexionado mucho, o poco, sobre su solidez) me produce sueño psíquico. Criticar al gobierno socialista por su manera de gestionar la pandemia en territorio español no implica, de ningún modo, suponer o plantear que un gobierno del PP lo habría hecho mejor. En mi opinión, lo habría hecho igual o un poco peor. Técnicamente, son igual de cenutrios, o de genios, si se prefiere. Políticamente, han actuado como agentes del R78, afirmación que trataré de fundamentar en sucesivos posts. ESo sí, habré de aceptar que cada aseveración crítica vaya acompañada explícitamente del “peor lo habría hecho un gobierno de derechas”. Estoy acostumbrado, en los 80-90s del siglo pasado, cada vez que atacaba el plan ZEN tenía, antes, durante y después, que manifestar mi desacuerdo total y rotundo con ETA. Entonces y ahora, me temo que sin ningún resultado.
lunes, 7 de enero de 2019
Capital ficticio y crisis capitalista
Capital
- Marx decía que el capital es una relación social. Con un poco más de detalle, yo lo defino como una institución social: un conjunto de prácticas sociales normativizadas, cada una de las cuales incluye relaciones concretas entre personas y entre personas y cosas, cuyo objetivo primordial es producir beneficios para aquellos que utilizan su dinero como capital: los capitalistas.
- El capital, en mi concepción, no es ese canónico ‘valor que genera nuevo valor’. El valor nuevo sólo lo crea el trabajo, tanto el trabajo pasado como el vivo. Y lo genera consumiendo (y, de algún modo, destruyendo) un valor igual al que se incorpora a las mercancías producidas. Son los trabajadores, trabajando, los únicos creadores de valor, y, por tanto, del plusvalor apropiado por el capitalista. El capital es un sistema social de redistribución del valor creado por el trabajo.
- El capital siempre se apoya en el mercado para generar beneficio (sea en las sociedades mercantiles modernas o en la parte mercantil de las sociedades antiguas). Lo hace por medio de intercambios mercantiles desiguales; que, como todo intercambio mercantil, son de suma cero. El plusvalor que consigue el dueño del capital tiene una contrapartida, un minusvalor idéntico, en perjuicio de un tercero involucrado en el proceso de Capital. Ese tercero es siempre, directa o indirectamente, en primera o última instancia, un trabajador.
- El esquema que Marx utilizó para el préstamo con interés, D - D’, es inconsistente, el dinero no pare dinero, siempre tiene que haber algo entre medias, el proceso del Capital. Sin embargo, o paradójicamente, por ello, el préstamo con interés –en sentido amplio, incluyendo, las acciones, y asimilando dividendos con intereses– es el modelo básico de todo capital.
- El esquema D - D’, que Marx utilizó para el préstamo con interés, refleja lo que llamo lógica del Capital. En ella lo que importa es conseguir un beneficio, y el procedimieno, lo que hay entre D y D’, es totalmente secundario. Siempre que, como dije, se halle institucionalizado. Si yo compro una navaja por D para llevar a cabo atracos callejeros no estoy invirtiendo en capital, por mucho D’ que saque. Aunque sobre esto habría mucho que hablar.
- Superpuesta a esa lógica del beneficio particular, habría una especie de teleológica, de fin de los fines: que el capitalista obtenga ganancias, es una astucia de la razón del Capital para conseguir su objetivo último: acrecentarse, en un sentido nietzschiano, de voluntad de poder. Estoy hablando de la acumulación de capital, compuesta de dos momentos funcionales: a) el valor del capital respecto al valor total se incrementar: concentración, b) el capital, globalmente acrecentado por los beneficios, se concentra en cada vez menos manos: centralización.
- Para Marx y seguidores ortodoxos, el capital ficticio se identifica con el capital financiero. Pero hay ahí un error categorial. El capital financiero, entendido como dinero que se adelanta y que ha de ser devuelto con un plus en calidad de remuneración por el hecho de adelantarlo, coincide extensionalmente con capital sin más adjetivaciones. La diferencia relevante es la que se da entre capital real y ficticio.
- El capital ficticio, es un tipo de capital, un subconjunto, que se caracteriza porque no genera beneficio; esto es, consiste en deudas que no se pagan, activos no rentables.
- El capital ficticio se inicia con un préstamo y acaba con un impago. Un esquema D - … Es decir, el capital ficticio, tarde o temprano, por mucho que se intente estirar su vencimiento, acaba desapareciendo sin rendir beneficios para el propietario del dinero D. Y, la mayor parte de las veces, éste no recupera ni el principal.
- Podría determinarse el rol económico del capital ficticio respondiendo a tres preguntas ¿Cuándo?, ¿cómo? y ¿para qué?
- Cuando.
- A nivel micro, el capital ficticio, tal como lo he definido, es trivial. Ya sabemos que unos préstamos se devuelven y otros no, y que lo que gana uno, el deudor que no paga, es lo que pierde otro, el acreedor que no cobra.
- Lo que nos interesa aquí es el nivel macro, el conjunto de los capitales ficticios, y, en concreto, el papel que juega dentro de la dinámica global del capitalismo y de su evolución histórica. Para que el capital ficticio tenga una relevancia teórica hay que ligarlo, por un lado, con la problemática de las crisis periódicas generadas por el desarrollo histórico estándar del capitalismo y, por otro, con la de su evolución en el largo plazo. Eso que llamé ‘la fenomenología del capital ficticio’.
- La Economía marxista califica a las crisis periódicas –más o menos, las de los ciclos de negocio de Mitchell– de crisis de ‘superproducción’ o ‘sobreacumulación’. Siendo ambas expresiones correctas, creo que sería más iluminador llamarlas ‘crisis de sobregeneración de capital ficticio’.
- La idea es que, en el curso de la fase expansiva del ciclo del capital, se va creando capital ficticio de tal modo que, al alcanzar una, digamos, masa crítica, se interrumpe la acumulación y se da paso a una desacumulación. La caracterización más precisa, al menos desde la lógica del Capital, de las crisis-recesiones-depresiones es que son periodos en que se da una disminución neta de capital. Se sigue creando, en pequeña escala, capital incierto (probablemente, en su mayor parte ficticio) y se destruye, en gran escala, capital anterior que ya se revela ficticio.
- Veámoslo brevemente. Aunque siempre existen capitales ficticios, incluso en los mejores momentos de expansión, éstos empiezan a crecer y acumularse al final del ciclo. Los análisis de Minsky acerca de la inestabilidad financiera son aquí muy útiles, en especial cuando describe el paso de empresas cubiertas a empresas especulativas y, el de éstas, a empresas Ponzi, que marca el punto de inflexión en que la dinámica de los mercados reales –incapaces de alimentar a los financieros– da lugar a que la proporción de capital ficticio respecto al real comienza a crecer. Es el inicio de la creación sistémica de capital ficticio, del prolongar artificialmente la vida pagando préstamos con préstamos cada vez más exigentes.
- El proceso de realización in extremis del capital real, dicho de otro modo, de la minimización del capital ficticio, adquiere un carácter relevante para el conjunto del mercado en el periodo final de la fase expansiva, cuando el sobreendeudamiento da lugar a una deflación de deuda que precipita la crisis, al deprimir la demanda real.
- Respecto a la evolución del capitalismo en el largo plazo, me refiero aquí a la famosa ‘ley tendencial a la baja de la tasa de ganancia’. En mi opinión, quitando lo de ‘tendencial’, es una tesis básicamente correcta. ‘Básicamente’ significa aceptar dos enunciados: a) el incremento de la composición orgánica de capital origina, por sí misma (cæteris paribus), un descenso de la tasa de ganancia media de una economía; b) a largo, o a muy largo plazo, esta fuerza ha de acabar imponiéndose a aquellas otras que la contrarrestan.
- Así, por muy purgante que sea una crisis, la recuperación ulterior se inicia, salvo excepciones, con más deuda pendiente y con una composición de capital constante/trabajo mayor que la del ciclo anterior; en consecuencia, con una mayor dificultad para mantener las tasas de ganancia a costa de elevar las de plusvalor. Nos hallamos ante un problema de límites; tarde o temprano, las tasas de ganancia medias no permitirían reiniciar un ciclo de crecimiento y la reproducción ampliada del sistema productivo, base de la acumulación de capital, se encontrará con obstáculos insalvables.
- Pues bien, creo que ya estamos muy cerca de ellos. En una perspectiva histórica, la creación masiva de capital ficticio surge en la fase actual del capitalismo neoliberal globalizado como un factor estratégico. Y lo hace a través de uno de los fenómenos básicos de esta etapa: la financiarización.
- La financiarización es el espacio de existencia del capital ficticio en nuestros días y lo que le confiere el rol central que ocupa en la dinámica de las sociedades capitalistas. Me centraré en ella.
- La financiarización, más allá de definiciones típicas, como ‘la primacía del capital financiero sobre el anterior hegemón, el capital industrial’, nos interesa aquí en su condición de conjunto de mecanismos de generación de capital ficticio.
- La financiarización se inicia a finales de los 1970s para afrontar una situación preocupante para el capitalismo: una superabundancia de liquidez en busca de beneficios, unas tasas de ganancia (TG) declinantes y una inflación elevada. La obsesión monetarista de la época en frenar la inflación impone subir drásticamente las tasas de interés, con la consecuencia de disuadir la inversión productiva (tipos de interés altos y tasa de ganancia bajas no es la mejor circunstancia para invertir en acciones).
- En estas circunstancias, la financiarización nace de la pretensión de que los mercados financieros ofrezcan una colocación con rendimientos satisfactorios a esas cantidades enormes de dinero (por ejemplo, los eurodólares europeos y japoneses y de la OPEP) que ya no puede proporcionar la economía productiva. Se trata de bypassearla. Por supuesto, es una pretensión ilusa, una mera huida hacia adelante, que, por añadidura, detrae recursos a esa misma economía productiva, la única que, aunque sea en última instancia, puede generar valor para pagar las deudas.
- El fundamento de la financiarización es la generalización de las prácticas especulativas en los mercados financieros y el aprovisionamiento de dinero en préstamo para llevarlas a cabo. Como es sabido, especular en bolsa o similar es comprar barato y vender caro aprovechándose de las expectativas del resto de inversores (en gran parte, especuladores) y de los movimientos de-oferta demanda de activos financieros causados por esas expectativas.
- El precio del capital, el precio de los títulos de deuda que lo representan, se constituye capitalizando el flujo de dinero que va recibiendo el capitalista, hasta que la deuda se salda en los términos acordados contractualmente. Y el interés es el precio del valor de uso del capital: el tipo de interés, el beneficio por cada unidad de moneda prestada.
- El inconveniente de esto tan bonito es que el capital se invierte en el presente y sus frutos se perciben en el futuro. Y, como todo futuro, es azaroso. Siempre existe la posibilidad de que el capital fracase, se muestre como ficticio. También, aunque finalmente sea capital real porque devenga beneficios, que éstos no cubran las expectativas del dueño del dinero.
- Inevitablemente, hay una incertidumbre subjetiva y un riesgo objetivo. La incertidumbre no se disipa, y el riesgo no se resuelve hasta el momento del reintegro. Es entonces cuando el inversor sabe, y lo goza o lo sufre, si era un capital real o una ficción de capital.
- El beneficio, o perjuicio, especulativo surge de la diferencia entre lo que el capitalista invierte y lo que recibe, menos el beneficio que realmente genera ese capital (el interés del bono, el dividendo de la acción). Si compro por 5, vendo por 10 y el capital ha generado un plusvalor de 3, mi ganancia especulativa es 2.
- Se compra cuando se piensa que un título está subvalorado y se vende cuando se cree sobrevalorado. Ocurre que comprarlo lo revalora y venderlo lo deprecia. No entraré en las tripas de todo esto, que es más un asunto de psicología de masas que de Economía.
- La lógica del Capital, decía antes, es la de la acumulación continua, que consta de dos componentes complementarios: concentración y centralización.
- Respecto a la primera, la financiarización es claramente funcional, ya que crea capital. Que gran parte de él sea ficticio es algo que se sospecha, se supone o, incluso se sabe (y se calla). Pero en el presente sigue siendo capital a secas. Todo préstamo es un activo con un pasivo, real, o inventado, como el (llamado) dinero bancario. Pero esto es lo que cuenta. Todo dinero prestado es capital y como cada vez hay más dinero prestado, hay más capital.
- Caso distinto es la centralización. Puesto que lo que se paga por un título es la capitalización de un flujo futuro que se prevé, se espera, se desea, se teme, etc., la especulación parecería reducirse a unas transferencias más o menos aleatorias de valor, real o supuesto, entre capitalistas. Nos hallaríamos ante eso que se llama capitalismo de casino, un juego en el que un día se gana y otro se pierde porque los jugadores actúan a ciegas. Sin embargo, la centralización exige una redistribución de valor que, a medio y largo plazo, va siempre en el sentido de agrupamiento de capitales ¿Cómo, entonces?
- Concentración y centralización son el resultado de la competencia mercantil en un marco de poderes desiguales. La concentración de capital es el resultado de los intercambios sistémicamente desiguales entre capitalistas y trabajadores (lo que llamamos ‘explotación’); la centralización, el de los intercambios desiguales, históricamente determinados, entre capitalistas.
- Esto último explica que la financiarización también favorezca la centralización del capital por los grandes capitalistas. Distinguiré, entre ellos, dos tipos funcionales beneficiados por ella. Los bancos, por un lado, y los grandes inversores financieros –entre los que se incluyen también casi todas las corporaciones industriales–, por otro.
- Los bancos crean cantidades ingentes de dinero bancario para prestarlo a inversores y obtienen beneficios de las diferencias entre tipos de su activo y su pasivo, y, sobre todo, de las comisiones. Para mejorar los márgenes de tipos, los bancos se centran en los créditos a particulares o a pequeñas empresas que no pueden financiarse en los mercados de capitales. El caso más representativo es el crédito al consumo con garantía inmobiliaria, que permite elevar los tipos hipotecarios más o menos al ritmo de la subida de terrenos y viviendas, esto es, muy por encima de las tasas de interés ‘normales’, basadas aproximadamente en las TG empresariales. Además, el riesgo ‘desaparece’ con la garantía inmobiliaria. Con todo esto se permiten conceder créditos a tipos altos a ninjas.
- Las comisiones han sido la fuente de ganancias preferida por la banca en los tiempos de financiarización. Se trata de aprovechar el continuo crecimiento de los mercados financieros para ofrecer servicios de intermediación (algunos lo llaman intermediación de la desintermediación previa). Cuantas más intermediaciones hagan, más ganan. Se benefician de situaciones de bajo riesgo con tipos de interés bajos o colaterales en proceso de burbuja. Aquí entran los instrumentos de ingeniería para titulizar préstamos ad nauseam en los que no puedo detenerme.
- Decía antes que, sobre el papel la especulación financiera es equivalente a un casino. No es cierto; aquí hay inversores ciegos, pero también los hay tuertos; o, a lo Orwell, unos están más ciegos que otros. Los grandes señores o instituciones, fondos, financieros se autoconfiguran el escenario idóneo para especular provechosamente. La palanca son las técnicas de manipulación de los mercados que les proporcionan sus informaciones privilegiadas y la capacidad operativa que les confiere la enorme cantidad de capital que manejan. Trucan las bolas y ganan siempre. Son los tuertos.
- Y es que no encontramos con que el hecho de que el motor del mercado es una competencia hobbesiana de todos contra todos da lugar a una continua pugna de poderes. Pugna donde prevalecen los más fuertes, haciéndose con ello aún más fuertes; y aún más ricos.
- Contra lo que muchos creen, o parecen creer, la financiarización no puede durar indefinidamente. La cuantía de los préstamos se incrementa ad infinitum, y además exponencialmente, por aquello de la magia del interés compuesto. Para que esto suceda hace falta mucha liquidez. El ahorro clásico juega aquí un papel menor, la financiarización se del apalancamiento con dinero bancario: un dinero que los prestamistas no tienen, sino que han pedido prestado a unas instituciones, los bancos, que, a su vez, se lo han inventado o, mejor, se lo han tomado prestado a los depositantes sin un consentimiento explícito de estos (o sea, una estafa).
Neoliberalismo
- Finalmente, la economía real llama al orden: hace falta una crisis que limpie el paisaje de basura ficticia. Como siempre. Pero de manera distinta. La financiarización ha creado tal volumen de deuda incobrable en su huida desesperada hacia adelante que la destrucción que se exigiría es inasumible. Inasumible para los que tienen poder para no asumir lo que no les interesa. El hecho es que, precisamente por el avance en la centralización del capital, gran parte de los deudores que no pueden pagar pertenecen al 1%, y gran parte de los acreedores que no van a cobrar, también. El resto son pequeñas empresas que quiebran y particulares a quienes se desahucia sin piedad. Castigados por dejarse engañar o, peor, ¡por codiciosos!
- Es el momento para la aparición, como deus ex machina, del Estado neoliberal. Se acabó (de momento) el laissez faire. No es que antes no estuviera en escena. Lo estaba, por pasiva, descuidando sus supuestas funciones de supervisión, y por activa, con unos bancos centrales extremadamente generosos en su función de prestamista de último recurso y muy comprensivos a la hora de diferenciar iliquidez e insolvencia, manteniendo así unos tipos de interés artificialmente bajos. El Estado había sido un agente favorecedor de la financiarización, pero con el pinchazo en serie de burbujas, ya no basta con ese papel discreto. Ahora toma el protagonismo enarbolando la siniestra consigna del ‘too big to fall’ y se lanza a rescatar a las grandes instituciones financieras, en quiebra técnica; prácticamente todos, con un pasivo hipertrofiado y un activo irreal e irrealizable. En esta situación, el capital ficticio es fácilmente identificable en los bancos, y en los estados financieros de muchas empresas: la suma de unos activos incobrables y unos pasivos impagables.
- La acción de la financiariación mundializada en un marco político y cultural neoliberales constituyen el régimen de acumulación de capital propio de nuestra época, la del ocaso del capitalismo, tal como lo hemos conocido. Lo que, me temo, no implica su sustitución por el socialismo.
viernes, 22 de diciembre de 2017
21D. Cataluña
1. El eje soberanismo-españolismo se ha mostrado absolutamente predominante y no hay razones, excepto un colapso económico catastrófico, para que no vaya a seguir siéndolo durante mucho tiempo. Es totalmente natural, porque ante un conflicto político nítido y enormemente potente, el eje izquierda derecha esta difuminado. La derecha es cada vez más de derecha y la izquierda también; quiero decir, también más de derecha.
6. Descartado que las elecciones vayan a resolver nada, queda la lucha política en la calle y en las instituciones. Una lucha que, obviamente, no tiene por contendientes a los dos bloques, sino al bloque independentista y al Estado Español. No obstante, ¡caveat Ciutadans!
lunes, 13 de noviembre de 2017
Los catalanes hacen cosas y son
muy españoles y mucho presos
No hace falta ser Laclau o alguno de sus aventajados discípulos para saber de la importancia de manejar con eficacia el lenguaje publicado, y, más concretamente, de las asignaciones de significados a significantes. A raíz del encarcelamiento ‘preventivo’, primero de los Jordis y, más tarde, de ocho consellers del gobierno de la Generalitat de Catalunya, se ha emprendido una nueva batalla mediática por las palabras que, como sucede últimamente, es una blitzkrieg al mayor provecho de un Régimen, el del 78, en plena renovación autoritaria. El litigio semántico consiste en impugnar la caracterización de presos políticos a todos estos catalanes acusados de rebelión que, por la inercia del sentido común, se les concedió en un primer momento. Inmediatamente, los media se encargaron de expandir consignas -- con su argumentario incluido --, de rechazo de tal caracterización, consignas emanadas de los think tanks de los partidos del régimen y sucursales para que dirigentes, militantes y simpatizantes los repitan como loritos sin entrar en ningún momento a cuestionarlos, y, en muchos casos, sin siquiera comprenderlos. Ya sabemos que un argumentario es la antítesis de un argumento: elaborado por otros y no sometido a crítica.
Para las capas más superficiales y subpolitizadas, y para cuñados en general, se inventó un retruécano que produce vergüenza ajena: no son presos políticos, son políticos presos. Claro, y Díaz Ferrán es un empresario preso, pero no le entrullaron por ser empresario, sino por robar. Y Marcelino Camacho fue un metalúrgico preso, y además un preso político. Esos jugueteos de sustantivos y adjetivos son pueriles, pero se ve que a algunos les parecen el no va más de la sutileza intelectual. Pasemos a algo serio, la segunda linea de pertrechamiento polémico que consiste en la negación de que los Jordis y los consellers sean presos políticos. Antes de continuar, propondré una definición que creo bastante amplia y poco objetable de preso político: ‘aquella persona privada de su libertad por haber cometido – presuntamente, o según una sentencia judicial – un delito de índole política’, siendo un delito de índole política 'toda transgresión del Código Penal positivo cuya intencionalidad y objetivo es cambiar, en mayor o menor grado, la organización sociopolítica vigente”. Esta concepción es moralmente neutra, que haya presos políticos no es en principio ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y los presupuestos valorativos. Puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con que condenen a prisión a tal o cual persona sin que ello me haga dudar de que será un preso político. Así, que me pareciese muy bien que encarcelaran a Tejero o a Rodriguez Galindo, no impidió considerarlos presos políticos. Otro ejemplo: Roldan no fue un preso político, pero Vera y Barrionuevo, sí, por mucha repulsión que nos susciten los GAL.
Desde esta visión genérica, en la que sin la menor sombra de duda tienen cabida los Jordis y los consellers, cuestionaré los planteamientos que rechazan su consideración de presos políticos. En concreto me referiré a los dos más utilizados, empezando por el más simple y menos cargado de ideología, aunque más de tontería. Consiste en reducir los presos políticos a los llamados 'presos de conciencia', los encarcelados por 'sus ideas'. Se construye entonces un argumento que me retrotrae nostalgicamente a mis muy lejanos estudios de Lógica, porque está pidiendo a gritos ser formalizdo como silogismo. Así que – perdón si me pongo un poco estupendo – tenemos:
- Premisa mayor: Todos los presos políticos son aquellos a quienes se priva de libertad por tener determinadas ideas
- Premisa menor: Ninguno de aquellos de los que hablamos (los Jordis et alii) está en la carcel por sus ideas (el escrito de acusación de la fiscalía no dice nada de ideas)
- Conclusión: Ninguno de aquellos de los que hablamos (los Jordis et alii) son presos políticos
Un camestres pura sangre. Es sabido que para que la conclusión sea verdadera debe deducirse de dos premisas ciertas. Aquí, la premisa menor es cierta y la conclusión es correcta formalmente, esto es se infiere de las premisas. El problema es la premisa principal. Si fuera falsa, la conclusión también lo sería. Pero es que ni siquiera es falsa; es inverificable, lo que, en Lógica, equivale a carente de sentido. En efecto, a nadie se le puede enchironar, y tampoco recompensar, por lo que piensa porque es imposible conocer lo que piensa. Es el famoso problema filosófico de las ‘otras mentes’, de honda raigambre epistemológica, y en el que, tranquilos, no voy a entrar. Grosso modo, a nadie se le empapela por pensar que el comunismo es el horizonte de la liberación humana, el delito sería decirlo, y lo sería porque se supone una intención propagandística y proselitista orientada a subvertir el orden (aunque sea todo a niveles micro). El delito no es, pues, pensar, sino actuar, en este caso: decir. Si los presos políticos lo fueran en virtud de sus más o menos deletéreas ideas no habría ningún preso político ni en la más férrea dictadura. Así que cuando nuestros compatriotas españoles y mucho españoles sentencian con gravedad “En este país nadie va a la cárcel por sus ideas”, habría que hacerles notar que, en efecto, ni en éste ni en ninguno.
El otro criterio para separar a los presos políticos de los no-políticos es mucho más sutil y contiene una carga de profundidad ideológica impresionante. Se basa, no en la naturaleza de los hechos, sino en la naturaleza del Estado que impone las privaciones de libertad, y asevera que en las democracias no existen presos políticos. Quizá la formulación más cruda se la he leído al conocido y ya jubilado catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez-Royo; pese a que, en general, se ha mostrado muy crítico con las prácticas jurídicas mediante las cuales los muy unificados poderes de Estado han pretendido solucionar su contencioso con Cataluña, Pérez-Royo publicó un articulo en eldiario.es del ocho de noviembre que comenzaba con el siguiente, y, para mí, asombroso párrafo:“En España no es que no haya presos políticos, sino que no puede haberlos. Presos políticos y democracia son términos incompatibles.” Dejemos a un lado la muy discutible caracterización del Estado español como democrático, que él mismo advierte, al añadir a modo de excusatio non petita: “ … no creo que pueda existir la más mínima duda de que España es un Estado democrático. Así se reconoce de manera generalizada. Más todavía: no ocupa un mal lugar en los rankings de los países democráticos confeccionados por los centros y organismos internacionales más reputados en este terreno”. Da igual, aceptemos, al modo de aquel anuncio del pulpo y el animal de compañía, a España como democracia. Lo que interesa aquí es la idea de que las actividades no legales, por más que vayan encaminadas a alterar el orden sociopolítico establecido, si este es democrático, no son políticas. La legalidad marca el límite de la política. Y que esa legalidad se halle legitimada por darse en un marco político democrático es pura trivialidad – ¿que Estado no se autodesigna democrático desde hace setenta años? Suele objetarse que las constituciones democráticas establecen cauces para promover legalmente cambios sustanciales, pero en la realidad – como se ha visto con el caso catalán – los constituyentes acostumbran a blindarla por la vía de los hechos, por ejemplo exigiendo mayorías que, prevén, no se van a dar nunca. Todos los sistemas políticos tiende a conservarse y ello implica que se protegen frente a aquello que pone en peligro su estabilidad. La sedicente Democracia de los países modernos – que no es sino una oligarquía de clase con elecciones controladas – se revela, entonces, un espacio totalitario, omniabarcante. Niega la Política, porque niega un exterior a ella, cuando toda política es, precisamente, ese juego conflictivo de poderes entre interior y exterior (Rancière hablaría – y yo estoy de acuerdo con él – de Policía y de Política).
A esta luz cobra sentido tanto empeño en evitar el adjetivo ‘político’ aplicado a reclusos. Porque si, como hemos visto, en una democracia no puede haber – ex definitione, como enuncia sin rubor Pérez-Royo – presos políticos, a la inversa, si hay presos políticos, no hay democracia. Se constata la tosquedad de un discurso meramente ideológico al que se le ven todas las costuras. Todo es declarativo, – ‘esto es una Democracia’, ‘esos no son presos políticos’ –, y de su eficacia performativa se encargan unos medios que, como aparatos ideológicos de estado que son, han de detentar una condición de monopolio sin oponente relevante (igual que existen el ejército, la policía nacional y la guardia civil, pero no constituyen tres, sino un único aparato represivo del Estado monopolizador de la violencia, existen el ABC, el Mundo y El País, todos ellos manifestaciones diversas – pretendidas muestras de pluralismo – de un mismo poder de Estado-Sistema construyendo hegemonía cultural).
Sin embargo, el ubicuo rechazo a denominar a los consellers presos políticos no genera lo que debería ser su consecuencia inmediata, tildarlos de ‘presos comunes’. Nadie propone eso porque lo que se propone, insinuada y oblicuamente, es algo más grave: convertir el preso-no-político-pero-tampoco-común en una no-persona, o con más exactitud en una persona que es en sí, por su empecinamiento en atacar lo político – el ordenamiento jurídico-estatal –, impolítico. Un sujeto a quien aplicar un derecho penal de autor, (o de ‘enemigo’ como con sutileza jurídica precisó Günter Jacobs,quien acuñó el término y su concepto de un modo crítico, pero que con el tiempo y el 11S acabó cogiéndole el gusto). Porque no se hace el mal, se es él mal. La cosa viene de lejos. Por ejemplo, Kant, tan querido a los Fernandez-Liria y amiguetes, que lo proponen para máximo inspirador teológico-teórico de Podemos, como alternativa a Laclau y a Marx. El rutinario de Königsberg contempla dos tipos de miembros de la especie humana, aquellos que viven en estado de naturaleza y quienes se hallan en un estado ciudadano-legal. Cuando éstos delinquen se les debe castigar según el acto ilegal cometido, porque hay un contrato tácito (no muy libre, ciertamente) de aceptar la ley y el castigo derivado de su transgresión. Incluso si la infracción es perpetrada por un extranjero, no sujeto a ese ‘contrato’ nacional, se le ha de juzgar y sancionar de igual modo porque se supone que, en su país, es también un ciudadano, y la ciudadanía es universal. A diferencia de éstos, quien explícita y patentemente se enfrenta al ordenamiento jurídico, en esa lógica kantiana (no sólo, Hobbes, por ejemplo, dice algo parecido, a su manera) no comete un delito, sino que pasa a estado de naturaleza. El delito es él mismo. El delito, entonces, es ser catalán independentista, todos ellos son delincuentes por el hecho de ser quienes son; si no han cometido delitos todavía, sedición, rebelión, burla y befa de la Sagrada Constitución, los cometerán más pronto que tarde; lo llevan en la sangre.
Por ahí van los tiros de una campaña tan excesiva por lo que parece una sutileza semántica que están desarrollando los voceros del Régimen. Porque han creado un imaginario idílico en el que no caben los presos políticos y han establecido la implicación ‘si hay presos políticos no hay Democracia’. De paso, pretenden matar dos pájaros de un tiro. Al margen del procés, es evidente que el Estado español en manos de la derecha, y sin apenas oposición de la llamada izquierda, está llevando a cabo un recorte de libertades claramente involucionista. En esas condiciones es natural que se hable con mayor o menor rigor y, a veces, con manifiesta exageración, de una vuelta hacia el franquismo. La idea de nuestras élites es aprovechar el shock catalán para reforzar el consenso metiendo en el mismo saco al franquismo y a los presos políticos. Y para el buen fin de esta tan burda y reaccionaria maniobra de adecentamiento del putrefacto Regimen del 78 han aportado su colaboración algunos encarcelados por el franquismo. Arrogándose una representatividad de la que carecen, el ínclito Julián Ariza y unos cuantos más han proclamado ante todo micrófono que se les acercaba a la boca que ellos sí que eran presos políticos y que aquello sí que era una dictadura, no lo de ahora, una Democracia y unos golpistas justamente entre rejas. Alberto Garzón, que cada día desciende un pasito camino del séptimo círculo dantesco, pena de chico, afirma que se le hace difícil pensar en Junqueras como preso político, que él tiene en la cabeza a Marcos Ana. Hombre, si marcos Ana es el modelo, si hay que haber estado treinta años en la cárcel para ser un preso político, nadie más lo ha sido en este país.
Los medios españolistas, en su absoluta desvergüenza, que no ven inconveniente alguno en defender una cosa un día y la contraria al siguiente, si así de cambiantes son los intereses de sus amos, ahora está muy contentos porque Carme Forcadell ha ‘aceptado’ el 155 ante el juez del Supremo. No opinaré aquí acerca de la conveniencia ética o política de explicitar, como parece ser que hizo Forcadell, a diferencia de la declaración de los consellers una semana antes, el acatamiento de la Constitución del 78, el reconocimiento de la licitud del 155 y la renuncia a promover vías unilaterales para la independencia de Cataluña. Y no lo hizo, precisamente, por convicción, sino porque alguien le había hecho saber que iba a conseguir un tratamiento mucho más benevolente por parte del juez. El hecho relevante es que se puso en escena un montaje de retractación y sumisión futura bastante parecido a los actos de fe de la Inquisición, lo que confirma la tesis que sostengo acerca del derecho penal de enemigo, no ya distinto del derecho penal democrático y garantista, donde sólo se juzgan delitos pasados, no casos de conciencia ni propósitos de enmienda. Que la canallesca mesetaria haya anunciado jubilosamente la deposición de Forcadell como un acto de abjuración del independentismo unilateral (el único posible) pone de manifiesto una vez más que todo aquí es político: las actividades por las que han sido puestos ante la justicia española una serie de personas, la conducta de los fiscales y jueces de la Audiencia y el Supremo, incluyendo, por suspuesto, la libertad condicional de unos y la prisión provisional de otros y el manejo por los distintos aparatos culturales – de uno y otro bando – de todos estos hechos. Y lo más importante, la conciencia general: todos sabemos que los Jordis y los consellers son presos políticos, lo saben quienes dicen lo contrario sabiendo que mienten, lo sabe hasta Amnistía Internacional (vaya papelón que están haciendo en este asunto).
No hace falta ser Laclau o alguno de sus aventajados discípulos para saber de la importancia de manejar con eficacia el lenguaje publicado, y, más concretamente, de las asignaciones de significados a significantes. A raíz del encarcelamiento ‘preventivo’, primero de los Jordis y, más tarde, de ocho consellers del gobierno de la Generalitat de Catalunya, se ha emprendido una nueva batalla mediática por las palabras que, como sucede últimamente, es una blitzkrieg al mayor provecho de un Régimen, el del 78, en plena renovación autoritaria. El litigio semántico consiste en impugnar la caracterización de presos políticos a todos estos catalanes acusados de rebelión que, por la inercia del sentido común, se les concedió en un primer momento. Inmediatamente, los media se encargaron de expandir consignas -- con su argumentario incluido --, de rechazo de tal caracterización, consignas emanadas de los think tanks de los partidos del régimen y sucursales para que dirigentes, militantes y simpatizantes los repitan como loritos sin entrar en ningún momento a cuestionarlos, y, en muchos casos, sin siquiera comprenderlos. Ya sabemos que un argumentario es la antítesis de un argumento: elaborado por otros y no sometido a crítica.
Para las capas más superficiales y subpolitizadas, y para cuñados en general, se inventó un retruécano que produce vergüenza ajena: no son presos políticos, son políticos presos. Claro, y Díaz Ferrán es un empresario preso, pero no le entrullaron por ser empresario, sino por robar. Y Marcelino Camacho fue un metalúrgico preso, y además un preso político. Esos jugueteos de sustantivos y adjetivos son pueriles, pero se ve que a algunos les parecen el no va más de la sutileza intelectual. Pasemos a algo serio, la segunda linea de pertrechamiento polémico que consiste en la negación de que los Jordis y los consellers sean presos políticos. Antes de continuar, propondré una definición que creo bastante amplia y poco objetable de preso político: ‘aquella persona privada de su libertad por haber cometido – presuntamente, o según una sentencia judicial – un delito de índole política’, siendo un delito de índole política 'toda transgresión del Código Penal positivo cuya intencionalidad y objetivo es cambiar, en mayor o menor grado, la organización sociopolítica vigente”. Esta concepción es moralmente neutra, que haya presos políticos no es en principio ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y los presupuestos valorativos. Puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con que condenen a prisión a tal o cual persona sin que ello me haga dudar de que será un preso político. Así, que me pareciese muy bien que encarcelaran a Tejero o a Rodriguez Galindo, no impidió considerarlos presos políticos. Otro ejemplo: Roldan no fue un preso político, pero Vera y Barrionuevo, sí, por mucha repulsión que nos susciten los GAL.
Desde esta visión genérica, en la que sin la menor sombra de duda tienen cabida los Jordis y los consellers, cuestionaré los planteamientos que rechazan su consideración de presos políticos. En concreto me referiré a los dos más utilizados, empezando por el más simple y menos cargado de ideología, aunque más de tontería. Consiste en reducir los presos políticos a los llamados 'presos de conciencia', los encarcelados por 'sus ideas'. Se construye entonces un argumento que me retrotrae nostalgicamente a mis muy lejanos estudios de Lógica, porque está pidiendo a gritos ser formalizdo como silogismo. Así que – perdón si me pongo un poco estupendo – tenemos:
- Premisa mayor: Todos los presos políticos son aquellos a quienes se priva de libertad por tener determinadas ideas
- Premisa menor: Ninguno de aquellos de los que hablamos (los Jordis et alii) está en la carcel por sus ideas (el escrito de acusación de la fiscalía no dice nada de ideas)
- Conclusión: Ninguno de aquellos de los que hablamos (los Jordis et alii) son presos políticos
La cosa no es tan sencilla y llevaría muchas páginas desarrollarlo y argumentarlo. Pero no creo ir descaminado. Piénsese en las analogías con el tratamiento legal a los terroristas, presos no-políticos por antonomasia. Gente autoexcluída, voluntariamente situada en un estado de naturaleza prepolítica a lo Kant y, por tanto, sin los derechos de que gozan los ciudadanos de la polis. En las democracias, solo hay presos comunes, aquellos que han perjudicado a particulares, les han matado, le han robado, etc. Quienes se enfrentan al todo, al Estado, no cometen delitos comunes, pero tampoco políticos – nada político es delictivo en Democracia–, están presos en cuanto enemigos ontológicos; presos sin adjetivos.
Debo decir que me parece repugnante, políticamente, la actitud de los que se han prestado a esto. Yo fui un preso antifranquista y no me imagino a nadie que me represente menos que Ariza hablando en nombre de todos nosotros. Se me olvidaba decir que fui un antifranquista que no sacó ninguna ventaja material posterior por el hecho de haberlo sido; y no quiero seguir por ahí. Menos mal que hay gente decente como los de la Comuna, que, ademas de luchar porque se haga justicia, ya más con los represores que con los represaliados del franquismo, y no por conseguir alguna indemnizacioncilla, sacaron un comunicado de solidaridad con los Jordis y los consellers, denominándolos, explícitamente y varias veces, ‘presos políticos’.
sábado, 30 de septiembre de 2017
La de mañana es una fecha que señalará un hito en la historia contemporánea de Cataluña y, por tanto, de la España actual. Suceda lo que suceda, es el inicio de una nueva fase en el proceso del encaje o desencaje de Cataluña en el Estado español. Por supuesto, el desarrollo de la jornada determinará en gran medida los derroteros siguientes. Creo que no me equivoco si vaticino que el desencuentro es ya irreparable al menos en varias generaciones y que antes de llegar a una improbable conciliación Cataluña dejará de formar parte de lo que se siga llamando España (suponiendo una mínima estabilidad política a nivel mundial y que el cambio climático no eleve las aguas del Mediterraneo hasta el Montseny). Que la derecha española haya actuado como lo ha hecho va de suyo, es lo que se espera de una de las derechas más reaccionarias de Europa, una derecha que quiere construir una nación imposible y que no puede hacerlo, desde su concepción del mundo, sino echando mano de dictaduras o fascismos. Creo que la historia del siglo XX no arroja muchas dudas al respecto.
jueves, 27 de julio de 2017
4568 firmas avalan el acta de defunción de (lo que algunos pensaron que podía ser) Podemos, tras la condena a muerte dictada por Pablo Iglesias y Echenique y ejecutada por el verdugo de Castilla la Mancha, un tal García Molina.
sábado, 10 de junio de 2017
Nuestra Señora de las Condecoraciones.
Cómo el himen se hizo pueblo
Como es sabido el Ayuntamiento de Cadiz resolvió conceder la medalla de oro de la ciudad a la Virgen del Rosario con un consenso insólito en el que sólo fallaba, y tibiamente, Ganar Cadiz en Común, la candidatura organizada por IU, que tuvo el impío atrevimiento de abstenerse. PCSSP (Por Cadiz Si se Puede: Podemos), PP, PSOE y C’s abandonaron momentáneamente sus diferencias ante un caso de fuerza mayor: el siempre vivo Volkgeist andalusí. La medalla de oro es una distinción que se concede a personas o instituciones que han contribuido a la mejora de la ciudad. La Virgen del Rosario no es una persona; quizá lo fue, pero en cualquier caso la concesión no se ha hecho a título póstumo. Tampoco una institución, por mucho que se retuerza el término. Entonces, ¿what the fuck?
La extrañeza ante una actuación tal por parte del ayuntamiento de capital de provincia que se supone más rojo de España – el alcalde, a los dos cuernos que conlleva el ser de Podemos, le añade el rabo de pertenecer a los Anticapitalistas – movió a la prensa local a interrogar al respecto a PCSSP, quien adujo: “Se trata de una propuesta que se ha entregado en el Ayuntamiento y viene avalada por más de 6.000 firmas. Proviene de particulares, asociaciones de vecinos, entidades ciudadanas y colegios profesionales. Es, por lo tanto, por el componente popular y el apoyo ciudadano que tiene esta propuesta. Por ello se apoya, nada que ver con el supuesto componente religioso, sino por el componente popular”. Ya en esta mera respuesta hay una cierta manipulación que revela una mala conciencia. Las firmas son siempre individuales, los firmantes podrían ser miembros de un sin fin de instituciones muy arraigadas y aun santificadas, pero el número es de personas, seis mil en una población de más de cien mil habitantes. No es muy impresionante. Si se juega a mezclar churras con merinas y pensamos en seis mil asociaciones con una media de cien afiliados, son seiscientas mil firmas. Eso ya acojona más; un quinientos por ciento de los gaditanos quieren homenajear a su supermadre protectora y munífica.
Veamos lo que nos cuentan, los tres argumentarios que he leído, expuestos por el Director, el Listillo y Teresa Rodríguez, alguien, Teresa, por quien no oculto mi afecto político ni mi opinión de que no está donde debería estar.
Iglesias
Admito que cuando me enteré no entendía nada y tuve que llamar a Kichi para que me lo explicara. Para alguien de Madrid suena raro y no encajaría en otros ayuntamientos que gobernamos. Pero él me convenció. Me habló del carácter de dignidad popular que significaba esa Virgen y que en una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo que nos podría parecer desde fuera. Yo creo que Kichi lo ha manejado de una manera muy laica en el sentido de que se trata una muestra de respeto a los sentimientos populares demostrando que hay que convivir con distintos pareceres y tradiciones. Los urbanitas de izquierda tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo.
Monedero
No es lo mismo que los humildes celebren a la Virgen, en su mundo sin grandes esperanzas, a que la celebren los que cierran a los humildes sus esperanzas … Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja más tiempo para los poderosos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste más o menos, hay que respetarlo … Hoy, Kichi, es Alcalde de Cádiz y de todos los gaditanos. Y de la misma manera que está bien que no impulse nada que nos quite la responsabilidad de nuestros actos, hace bien en escuchar al pueblo en el momento concreto en el que vive el pueblo, que es el ahora. Porque en un mundo emancipado es verdad que o no habrá ni dioses ni vírgenes o habrá miles. Pero mientras tanto, gobernamos para el pueblo que está ahí. Y gobernamos sabiendo que no es lo mismo el poderoso que el humilde, aunque coincidan en algunos sitios. Kichi no es el alcalde de mañana. Es el alcalde de hoy. Y qué bueno que lo tiene claro
Teresa Rodriguez
No somos diferentes al pueblo al que pretendemos representar. No somos sectarios ... la Patrona es un símbolo de la ciudad que por cierto trasciende lo religioso y que tiene que ver con nuestra propia identidad … [ celebraciones religiosas como la Semana Santa o la Patrona de una ciudad] no son hechos puramente religiosos, no es la jerarquía de la Iglesia, es una tradición que trasciende lo religioso. Tiene que ver con cómo el pueblo siente y respira. Y nosotros no somos diferentes del pueblo al que queremos representar … El laicismo que predica Podemos no es colonial, no nos dicen desde Madrid cómo tenemos que sentir nuestros afectos y nuestras identidades en el sur de España.
El argumento más fuerte para justificar el despropósito de Kichi – ni me molesto por justificar, a mi vez, esa calificación de despropósito, si alguien no lo ve con claridad cartesiana, no tengo nada que contarle – se encuentra ya en la nota de prensa del ayuntamiento gaditano y es desarrollado por los líderes podemitas Se trata del carácter popular de la devoción, en este caso, de la virgen del Rosario, como podría ser la del Rocío, el Jesús del Gran Poder o cualquier otro fetiche católico, de modo que un homenaje tal que condecorarla se convierte en una petición popular asumida por unas autoridades que ‘escuchan al pueblo y gobiernan para él’ (Monedero). Se trata de una ‘tradición arraigada en el pueblo’ que ‘no va unida al conservadurismo’ porque es una virgen ‘que significa (?) un carácter de dignidad popular’ (PIT). Es ‘un símbolo de la ciudad’ que ‘tiene qué ver con nuestra identidad’ y ‘trasciende lo religioso’ (Tere).
Por fin, Teresa Rodriguez. Ella nos devuelve a la tragedia, pero no a la padecida por el personaje trágico, sino a la tragedia de un mundo definitivamente naufragado, el mundo de la posibilidad de una regeneración de la izquierda, básicamente el mundo del trotskismo, pero también el del luxemburguismo, el consejismo y otros muchos. La socialdemocracia de Bebel y Kautsky, incluso de Bernstein, no era tan mala idea como denunciaban Lenin y Rosa, simplemente el propio desarrollo del capitalismo y sus contradicciones internas lo desintegró tras los ‘Twenty Fabs’ posteriores a la II GM. Por su parte, el comunismo, surgido anómalamente en Rusia de una revolución que era socialista sin ser apenas anticapitalista, encumbró a un Stalin que puso en marcha uno de los experimentos más siniestros de la historia. Las muy justas críticas que desde esa izquierda radical y no (totalmente) burocrática se dirigieron a ambas posiciones no cuajaron más que en exiguas minorías incapacitadas para cambiar la marcha de las historia. Eso era inevitable, su misión no era, como con frecuencia intentaron ellos, erigirse en una alternativa real a los dos gigantes de la izquierda con sus primos de zumosol incorporados, el establishment capitalista unos y la URSS los otros. Misión imposible. De lo que se trataba era de profundizar en la crítica de la socialdemocracia y el 'socialismo real' desde sus fundamentos políticos, ideológicos y hasta históricos; mucho más allá de traiciones y venalidades, se trataba de indagar qué mecanismos llevaron a esas corrientes que surgieron como emancipadoras a subordinarse a los poderes establecidos cuando no a construir unos sistemas de dominación aún más feroces. Parafraseando a Varguitas, saber en qué momento (y por qué motivos) se jodió el movimiento socialista. Y, al tiempo que esa reflexión colectiva, desarrollar un praxis orientada a ir creando un tejido social que se fuese progresivamente liberándose de las ataduras de las ‘direcciones’ tradicionales de la izquierda, promover, participar y aprender de las luchas de clase en sus variadísimas formas, ayudar a las clases subalternos a autoorganizarse, etc., etc. El objetivo posible, y necesario, era ir preparando una alternativa, no a la socialdemocracia y al estalinismo, sino al derrumbe de ambos, que, además, era previsible que se produjera simultáneamente (como así ha sido). Nada, o casi nada, de eso se hizo – quizá era también una misión imposible – y los críticos fueron barridos por la misma escoba que los criticados.
Ante una resolución digna del franquismo más granado tomada por su camarada alcalde, Anticapitalistas sí estaba en condiciones de hacer lo que Podemos no podía – al fin y al cabo, ¿a quién le importa Anticapitalistas? –, así que se han trasvestido de avestruz. He mirado en su web y ni la menor mención. En Viento Sur, tampoco, aunque, acaso en un alarde de sutileza (jesuítica, of course), publicó el día 8, en plena polémica, un artículo de esos moñas sobre el cristianismo revolucionario, la religión de los pobres y todas esas matracas. Como dicen los magufos: ¿Casualidad? No lo creo.
[[[Nota bene. Alguna vez escribiré algo más matizado sobre esa Iglesia 'que está al lado de los parias de la tierra'; por el momento, lo resumo en plan lapidario: la lucha contra la dominación no puede enarbolar la bandera de la Teología de la Liberación, sino la de la Liberación de la Teología.]]]
Ante una resolución digna del franquismo más granado tomada por su camarada alcalde, Anticapitalistas sí estaba en condiciones de hacer lo que Podemos no podía – al fin y al cabo, ¿a quién le importa Anticapitalistas? –, así que se han trasvestido de avestruz. He mirado en su web y ni la menor mención. En Viento Sur, tampoco, aunque, acaso en un alarde de sutileza (jesuítica, of course), publicó el día 8, en plena polémica, un artículo de esos moñas sobre el cristianismo revolucionario, la religión de los pobres y todas esas matracas. Como dicen los magufos: ¿Casualidad? No lo creo.
[[[Nota bene. Alguna vez escribiré algo más matizado sobre esa Iglesia 'que está al lado de los parias de la tierra'; por el momento, lo resumo en plan lapidario: la lucha contra la dominación no puede enarbolar la bandera de la Teología de la Liberación, sino la de la Liberación de la Teología.]]]
Parece evidente que los chicos – como ahora nos llaman en los bares a los sexagenarios – de la LCR aceptaron, con un encomiable altruismo, vender su alma cuando pasaron bajo las hordas caudinas que cruelmente les impuso el núcleo radiante de Podemos y dejaron de ser el partido 'Izquierda Anticapitalista' para transformarse en la cosa 'Anticapitalistas'. Había que dar chance a los chavales jóvenes, permitirles salir de las catacumbas de la marginalidad. Un alcalde de capital de provincia es bastante más de los que nuestros troskos-pero-modernos podrían haber entrevisto en sus más húmedos sueños de los 80, 90 y 00; hay que preservarlo como oro en paño. Si ya se hicieron los longuis con un asunto de fondo, cuando Kichi apoyó la venta de buques de guerra a Arabia Saudí porque creaban puestos de trabajo, ¿cómo se iban a poner principistas con la zarandaja de la medallita?
Frente al nosotros de Teresa opongo un nosotros, la izquierda que se organiza como partido o similar, que no somos iguales ni somos ‘diferentes del pueblo al que queremos representar’ (por cierto que mal queda eso de ‘queremos representar’). Nosotros somos parte de un pueblo que no es en absoluto homogéneo, un pueblo en cuyo interior hay otras particiones, y muy numerosas, en las que las ideologías más reaccionarias conforman su sentido común; y combatir esas ideologías es una de las tareas que nosotros tenemos que llevar a cabo. Kichi ha sido leal a una cosa y traidor a dos. Ha sido leal al pueblo meapilas; ha traicionado al pueblo laico y traicionado a la causa de la racionalidad y la autonomía moral de las personas.
Finalmente, mencioné un metaanálisis de los análisis de los defensores de Kichi. Siendo sumario, en todos ellos hay una renuncia a ir un poco más abajo de la superficie y del argumentario (la antítesis de la argumentación) que delata la deriva de Podemos hacia el puro tacticismo – otros, más valoradores, lo llamarían oportunismo – , el dar prioridad absoluta a los objetivos inmediatos, aunque sean muy negativos a largo plazo, en una perspectiva estratégica. Perspectiva, que se va perdiendo, si alguna vez se tuvo. Como decía Lord Keynes, 'en el largo plazo todos estaremos muertos'. Alguna mente malvada sospecharía que dejaron de hablar de casta cuando se hicieron casta y que ahora hablan de trama porque aun están fuera del entramado.
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