Continúa
- Volvamos a la USA trumpista. El ataque a Irán en las circunstancias en que se produce es, repito, una decisión del gobierno de Netanyahu, correcta desde sus intereses. Muy errónea para Trump, que es quien se va a llevar los pales. Ve ya encima las elecciones de midterm y todo lo que hace se le vuelve en contra, recula continuamente (Trump Always Chicken Out) y, casi siempre, cuando ya es tarde, cuando ya ha perdido millones de votos, entonces intenta recuperarlos, con alguna de sus torpezas, y vuelve a perder más votos. Sin embargo, aunque suele hacerlo todo mal, con excepciones, como el penoso (para mí, no para él) caso de Venezuela, hay acciones y acciones.
- Los aranceles, por ejemplo, eran un elemento dentro del plan de reconstruir el tejido industrial americano devastado por la deslocalización a países del tercer mundo; y ello, manteniendo la fortaleza del dolar y su condición de divisa internacional preponderante. Subir los aranceles a lo bestia y con el objetivo añadido de sacar másculo, era una medida muy a lo Trump, es decir: idiota y contraproducente, pero a su muy simple mente, a la de sus economistas y a la de sus seguidores MAGA les pareció una buena idea. Y el citado fin al que se dirigía ese medios arancelarios era, al menos, razonable.
- A diferencia de los aranceles, la provocación de guerras que involucran a USA, entre las que la de Irán es la más relevante iniciada por él, no es un mal medio para un buen objetivo, es una traición y, para más inri, una traición que se va a mostrar, ya lo está haciendo, desastrosa para USA. En sus campañas electorales Trump no habló de aranceles, mientras que se hartó de criticar a Obama y a Biden, a veces hasta a Bush hijo, por haber entablado y mantenido conflictos bélicos fuera de las fronteras de USA. Él iba a ser un presidente pacificador, iba a acabar con las guerras; recuérdese el año pasado y su patética obsesión por conseguir el Nobel de la Paz. Estas manifestaciones de su candidatura presidencial no perseguían halagar a la gente de MAGA porque fuesen pacifistas, que no lo son en absoluto, sino porque eran, como siempre ha sido una gran parte de la derecha de USA, aislacionistas. Su enunciado paradigmático es “¿Qué se me ha perdido a mí en x? Siendo x Irak, Afganistán, Vietnam, Irán, incluso Ucrania, países que no saben dónde se hallan y que son incapaces de deletrear.
- Esto nos lleva de nuevo al principio, ¿Qué pasa con Israel? Sabemos que, desde la Guerra de los Seis Días de 1967, USA ha apoyado total e incondicionalmente a Israel, que medio engañó, medio compró, a Arafat para que firmase los acuerdos de Oslo y para que la OLP llevase a cabo una tarea de cipayos en los territorios formalmente palestinos, que siguió armando al Estado sionista en (y para) su actividad genocida y expoliadora. Sabemos que el lobby sionista norteamericano es muy poderoso, que posee dinero más que suficiente para sobornar a multitud de políticos americanos, demócratas o republicanos. Pero creo que Trump ha ido demasiado lejos, y eso que Biden le dejó el listón muy alto. Si fuesen coherentes, los MAGA deberían de cambiar su gorrita por otra en que se leyera ‘Israel First – America Second’. Pero el movimientoi MAGA, en general y cada vez con menos excepciones, no están dispuestos a cambiar su gorra de American First. No así los integrantes del lobby sionista, que deberían llevar grabado el eslogan en el pecho.
- Hasta tal punto la sumisión de Trump a los intereses de Israel, contra los bastante evidentes de USA, en su actitud contra Irán son incomprensibles que, no ya los conspiranoicos que hablan de ciertas fotos comprometedoras del presidente en manos de Netanyahu y proporcionadas por Epstein, colaborador de los servicios secretos sionistas, también muy respetables analistas de la política exterior de USA afirman no comprender cómo Trump ha subordinado los intereses de USA a los de Israel en un asunto que estaba muy claro desde cualquier punto de vista que se tomase. Algunos se aventuran a suponer que el Mossad conoce a la perfección la peculiar psico(pato)logía de Trump, que saben cómo manipularle y que algún agente suyo tiene acceso preferencial al despacho oval. No puedo admitirlo como explicación unicausal, creo que es multifactorial, pero que ese íltimo elemento es uno de los factores y no el menos eficiente.
- La guerra de Irán ha exacerbado las contradicciones internas dentro del bloque político-social que llevó a Trump a la presidencia. Durante la campaña electoral y tras la victoria de Trump ya estaba claro que éste tenía que jugar a dos bandas, que tenía que tener suficientemente satisfechas a las dos ‘almas’ del trumpismo, la abiertamente ideológica y la pragmática, sin que ello signifique que esta última no tenga ideología, la tiene, y bastante más peligrosa que la de la primera. En términos más claros, la corriente MAGA y la de los ‘techbros’ de Silicon Valley. Dos corrientes en buena medida opuestas y muy difícilmente compatibles en casi nada.
- El bando MAGA, al que por mentalidad y por tamaño de fortuna pertenece Trump, es, en líneas generales, el del conservadurismo norteamericano, la derecha y extrema derecha de lo que antes fue el partido Republicano: nativismo, supremacismo blanco, racismo, literalismo constitucionales, tendencias aislacionistas, etc., en el plano ideológico, con profusión de evangelistas renacidos y sionistas cristianos. En cuanto al enfoque sociológico, trabajadores, jornaleros y pequeños empresarios agrarios o de poblaciones reducidas y medias, obreros parados o en riesgo de serlo a consecuencia de la desindustrialización americana y de la inmigración obligada a trabajar por salarios ínfimos; asimismo, un conjunto muy diferenciado de aquel, empresarios, personas con fortunas considerables, que no suelen llegan a los milmillonarios que forman el otro bando, y que pertenecen a la ‘vieja economía’, como el sector inmobiliario en el que se halla Trump.
- El ala alternativa al MAGA, que denominé ‘los techbros’ tomando la parte por el todo. Y es que los hombres (porque son casi todos del género masculino) de las enormes compañías tecnológicas y de las startups pronto absorbidas por aquellas, son quienes están a la cabeza de la ideología sobre la que se pretende construir el futuro: aceleracionistas, transhumanistas, anarcocapitalistas, neofeudalistas. Pero no son los únicos de este bando, también están en él las grandes corporaciones de energías fósiles y de armamento, así como el alto mundo financiero de Wall Street y NASDAQ, bancos de inversión, fondos de pensiones o de alto riesgo, banca en la sombra. No tan futuristas como los techbros, que planean vivir eternamente y en Marte, suelen estar cercanos al neoliberalismo más crudo y, por tanto, al globalismo. Rasgos éstos muy relevantes en tanto que se asocian con la política internacional neocon.
Continuará.
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