sábado, 11 de abril de 2026


  • Antes de seguir con la problemática de USA en la guerra de Irán dentro del marco de su estrategia general, trataré de la de Irán, más breve y más clara, creo. A modo de punto previo, considero que el Islam, más allá de la primera propagación político-religiosa de los siglos VII-IX, cuyas particulares circunstancias históricas la explican, sin necesidad de recurrir a una supuesta consustancialidad, no es una religión especialmente expansionista, como puede ser el cristianismo (tampoco el judaísmo lo es). La belicosidad en los últimos dos siglos de países o comunidades mahometanas es de tipo defensivo, de resistencia frente al colonialismo y lo mismo se puede decir del llamado terrorismo islamista (por no entrar en las maquinaciones de la CIA o el Mossad). Pero es que, además, la fracción chiita, a la que pertenece Irán, es especialmente remisa a esos fenómenos demonizados por los media occidentales; tienen suspendida sine die la yihad (guerra santa) y todos los atentados terroristas, del 11-S al 11-M, han sido perpetrados por sunnitas Nada más ajeno a la teocracia chiita de Irán que pretender la conquista, no ya del mundo, de nada allende sus fronteras.
  • ¿Qué pretende, estratégicamente, a largo plazo, el sistema político iraní? En primer lugar, mantenerse indefinidamente en el poder, claro (como cualquier otro sistema). Para ello, se vale de las leyes que consagran la sharía chiita, el adoctrinamiento de la población en la ideología dominante y, por supuesto, la represión. Aceptando esto, debo decir, aunque escandalice a algunos que se alimentan culturalmente de El País, que Irán es un Estado bastante más democrático que sus vecinos de la península de Arabia, y, no menos que Marruecos, Egipto o Turquía. En cuanto a su política exterior, Irán está fuertemente comprometido con la causa palestina, lo que, unido a las pretensiones expansionistas y hegemonistas del Estado israelí, lo sitúan en una clara enemistad con éste. Con sus vecinos árabes, los emiratos y monarquías feudales, desea una buena relación de respeto mutuo y colaboración en asuntos de petróleo y gas, pero saben que, en la actualidad y en aspectos geoestratégicos, estos países vienen a ser una sucursal de USA. Y, odios ideologizados y funcionales aparte -USA como el gran satán, tan útil a los ayatolas-, el problema principal es que, en la región, Estados Unidos es una sucursal de Israel, y no al revés. De este modo, dado que estratégicamente, Irán es un enemigo existencial en el discurso sionista, Irán, defensiva y, por tanto, tácticamente, ve en Israel un enemigo existencial. A Irán le bastaría con que Israel no necesitara destruir a Irán, pero es consciente de que tal cosa es imposible y, por tanto, se prepara para una guerra inacabable que, para Israel, es antagónica. 
  • En esta línea, los vecinos del oeste, ambos hostiles, poseen armamento nuclear, los árabes en tanto que desde los años 70s del siglo pasado contrataron su seguridad a USA, y los israelíes el suyo propio. Hacia el Este, se halla Pakistán, que, si bien no es un país enemigo, se halla bastante subordinado a USA, también con armas nucleares. No es incomprensible, pues, que Irán pretenda desarrollar energía atómica con fines militares, máxime observando lo bien que el va a, por ejemplo, Corea del Norte, a quien nadie le chista. Por lo demás, la acción exterior de Irán se dirige a potenciar el papel internacional de los BRIC ampliados, a los que pertenece, y a favorecer la sustitución del actual hegemón mundial, USA, por China.
  • ¿Cuáles son las razonables expectativas de Irán tras casi dos meses de agresión bélica israelí-estadounidense? Haciendo la salvedad -claro, así cualquiera- de Israel, de que  consiga o no zafarse de la presión americana para zanjar de momento, da la guerra, y no atacar a Líbano, Irán puede conseguir en la negociación la renuncia formal de USA a emprender nuevas guerras, el fin de las sanciones internacionales impuestas por Trump, y una novedosa, el control aduanero iraní sobre el estrecho de Ormuz, lo que le confiere un pingüe beneficio económico y, sobre todo, una capacidad de presión formidable sobre el conjunto de la economía mundial. Además de, por supuesto, el régimen iraní fortalecido y la necesidad de Irán de conseguir armas nucleares confirmada por los hechos. En el debe de Irán hay que incluir, claro, el gran número de víctimas y la destrucción de infraestructuras y edificios. Pero eso ya podía descontarse como inevitable desde el momento que Netanyahu convenció a Trump a atacar Irán; de modo que el saldo, por el momento, es muy favorable a Irán. 
  • La guerra sigue, por el momento sólo hay un alto el fuego que no se cumple y unas negociaciones abocadas al fracaso si no hay algún golpe de efecto. Irán, por ahora, mueve bien sus activos; sabe que USA quiere salir de la guerra sin una percepción generalizada de derrota (aunque haya sido una derrota) y sabe que el obstáculo es Israel. Lograr un distanciamiento, incluso una simple fricción entre USA e Israel sería otro gran éxito para Irán. Cosas de la táctica y la estrategia. Continuemos con USA y su circense decadencia.


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