miércoles, 8 de abril de 2026

 


Grandes líneas del proceso histórico contemporáneo. 11.


La arquitectura de la posguerra para el ‘mundo libre’ fue diseñada e implementada de facto por USA, y siempre priorizando sus intereses. En el interior se trataba de asegurar un nivel de vida digno a los norteamericanos en general, lo que, asociado a la propaganda masiva -o al miedo, como sucedió con el macartismo, la ‘caza de brujas anticomunista’ entre 1950 y 1955-, alejaba toda veleidad subversiva. Asimismo, se respetaba e impulsaba el cuasimonopolio mundial de las industrias armamentistas de USA, reforzando el poder de ese complejo industrial-militar denunciado por Eisenhower. La incipiente desindustrialización se compensaba con el gran desarrollo del sector servicios y, en particular, del financiero. En el exterior se consolidaba el dominio político-militar de USA en su área de influencia, el primer mundo y parte del tercero. Un dominio sostenido por la supremacía militar y la institucionalidad internacional promovida por USA siempre basada en el principio de no unirse a ninguna organización internacional en la que no se tengamos el poder de veto, bien explícito, como en el Consejo de Seguridad de la ONU, bien factual, casos del FMI, el Banco Mundial o la OTAN.

Pero, si bien la supremacía política y militar se ha mantenido hasta ahora, extendiéndose a todo el planeta cuando cayó la URSS, el modelo económico no tardó en mostrar sus fisuras. El problema comenzó con el incremento progresivo de gastos del gobierno USA, derivados, por y lado, de su pretensión de controlar nuevos y antiguos Estados para que no cayeran en las garras del comunismo: Guerras de Corea y Vietnam, y, por otro, de los programas sociales demésticos que acabasen con la pobreza y mejoraran, en general, el nivel de vida; así la Nueva Frontera de Kennedy y la Gran Sociedad de Johnson. USA, pues, gasta mucho y, por otro lado, países como Alemania y otros europeos, y Japón y otros del este asiático, han desarrollado, en buena medida gracias a USA, una potente industria exportadora; la que ha perdido USA, que importa más y exporta menos.  De esta forma su saldo comercial se torna negativo.

A mediados de los 1960s, USA es ya una economía con déficit comercial. Esta habría sido la parte buena del dilema de Triffin, que se vio arriba, para el país cuya moneda es la divisa internacional, ya que salen dólares de USA de modoque los demás países pueden comerciar y acumular valor con ella. La parte mala de la alternativa es que USA se va quedando sin dinero, y tiene, por ello, que emitir moneda, o recuperar la moneda del exterior emitiendo bonos, y, en consecuencia, la deuda aumenta. La emisión de moneda que todo el mundo sabe que, contraviniendo los acuerdos de Bretton Woods, no está respaldada por oro, y una deuda creciente debilitan la confianza en el dólar, el cual tiende a debilitarse y se arriesga a dejar de ser la moneda hegemónica. De finales de los 1960s es esa anécdota de Gaulle amenazando con enviar un buque de guerra francés lleno de dólares a USA y devolverlo a Francia cargado de oro. 

La inflación en USA en 1970 había alcanzado una tasa cercana al 5%, alta per se y, lo peor, subía sin parar, las deudas se acumulaban, y el gobierno se hallaba maniatado -digamos, un poco maniatado- por las directrices de paridad fija dolar/oro de Bretton Woods. Finalmente, Nixon adoptó a mediados de 1971 una medida que, en mi opinión, es una de las más importantes, si no la que más, de la Economía Política: la inconvertibilidad del dólar en oro. Desaparece, entonces, total y definitivamente, algo que siempre había sido una ficción, pero una ficción asumida y actuante, el dinero mercancía. Ya no había un elemento (supuestamente) objetivo. Ahora el dólar, como el resto de las novelas, flotaba, es decir, estaba en manos de la oferta/demanda del mercado, un país muy exportador experimentaba fuertes presiones para elevar el valor, relativo, de su divisa, y uno importador, viceversa. Si un país, por la razón que fuera, no quería devaluar su moneda, tenía que comprarla en los mercados internacionales -más demanda, más precio- pero se quedaba sin divisa extranjera. Y, de nuevo, viceversa. Si a los defícits/superávits comerciales le añadimos los déficits/superávits fiscales, cada vez más frecuentes en la época, la economía dineraria se complicó mucho, contribuyendo al crecimiento del sector financiero, y a la financiarización, que ha caracterizado desde entonces a la economía mundial. 

El tándem Tesoro-FED se sintieron libres para emitir más moneda, y más deuda. Esto habría favorecido la inflación. Sin embargo, Nixon, que no era, precisamente, ningún rojo, trató de frenar el proceso inflacionista imponiendo controles de precios, lo que ahora cualquier socialdemócrata, no hablemos de los liberales, considera una aberración. Debo decir que Nixon también congeló salarios. En cualquier caso, existía una posibilidad de intervencionismo estatal en la economía que no hay ahora. El método funcionó bastante bien, pero creó escasez en algunos productos y, sobre todo, se granjeó la enemistad de los empresarios. O sea, duró poco. Y lo peor estaba por llegar.


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