- Israel es un Estado militarizado para el que la guerra, e incluyo la limpieza étnica dentro del significante 'guerra', es su estado inherente. Todos los grandes imperios consiguieron sus colonias mediante la violencia armada, mediante sus tropas que masacraban o sometían y explotaban brutalmente a los indígenas. Sin embargo, hay dos diferencias sustanciales. La primera es, en el caso de Israel, que metrópoli y colonia ocupan el mismo territorio; España, Inglaterra, Portugal libraban campañas militares tremendas en sus colonias, pero en Madrid, Londres o Lisboa estaban muy tranquilos, la destrucción, las brutalidades, les quedaban a miles de kilómetros, Ellos vivían su vida, y hasta hacían alguna revolución doméstica, caso de Inglaterra. La segunda es más determinante, la colonización llevada a cabo por los sionistas, a sangre y fuego como todas, se inicia a mediados del siglo XX, a diferencia de las demás, que son los cuatro o cinco siglos anteriores. En estos tiempos hay, en primer lugar, una opinión pública, por muy manipulada que esté, que vota en casi todos los países (en China, no, ni en Arabia Saudi, pero sí en Rusia, en India y en USA; formalmente, la población tiene el poder político), y esa opinión pública tiene a su alcance los hechos que suceden, por ejemplo, en Gaza, y, de nuevo, por muy filtrados e interpretados por los media con que se propaguen. Israel no puede asesinar hoy en día a miles de personas con la impunidad absoluta de los Imperios clásicos. Esa es la tragedia de Israel y los límites, parciales, de su vocación colonial y bélica. He leído ayer un artículo de Caitlin Johnstone cuyo título me parece que refleja en muy pocas palabras uno de los (muchísimos) problemas de supervivencia que se le acumulan a la humanidad en el presente: “El mundo puede tener paz o Israel, pero no las dos cosas”.
- En estos momentos, mediodía del 10 de abril, la situación es confusa. Issrael acepta de mala gana la tregua-negociación entre USA e Irán, pero afirma que el Líbano no tiene nada que ver con ella, porque no se incluye en los puntos de partida a negociar, así que machaca con cañones y misiles a Líbano. USA esta de acuerdo con Israel en la no inclusión del Líbano o Hezbolah en el alto el fuego, pero a continuación, Pakistán, el mediador, se pone en contacto con Trump y este le pide a Netanyahu que dese sus ataques. Netanyahu, as usual, le engaña y sigue bombardeando Beirut, eso sí, un poco menos, y establece unas fantasmales negociaciones con el gobierno oficial del Líbano, que, de hecho, pinta muy poco, incapaz de meter en cintura a Hezbolah; normal, esta guerrilla, afincada en territorio libanés -básicamente porque son libaneses- aliada con Irán es más potente que el ejército oficial del Líbano. Los países árabes sunnitas del Golfo ya no saben ni qué decir. Un caos total donde, como siempre, y siento decirlo, Irán es el único Estado con una visión clara y racional: mientras no se aclaren las cosas, no disparará contra las bases de USA en la zona, pero Ormuz sigue cerrado, que, en última instancia, es lo que cuenta para todos excepto para Israel.
- En resumen, el Estado sionista, con un presidente, Netanyahu, que es plenamente consciente y se identifica con el fatum supuestamente bíblico, tiene un claro objetivo: el Gran Israel, que surge de la visión teleológica, y, por tanto, teológica, en que ha devenido el sionismo (en sus inicios, fue algo más laico, aunque siempre ultranacionalista e imperialista). El sionismo, o, según él y casi todos los habitantes judíos de Palestina, el pueblo judío es la materialización del Bien y ha de sostener una guerra eterna con el Mal, hasta erradicarlo del cosmos.
- El Estado norteamericano también se apoya en una tradición teleológica, el 'Destino manifiesto', que viene a ser el cumplimiento de una función divina de hacer el mundo a imagen y semejanza de USA, es decir, libre, justo, democrático, etc. O sea, una justificación, o más bien, un imperativo y una sacralización de su imperialismo. Pero, claro, la historia de USA es ya larga y a lo largo de ella se han dado, y se dan, muchas interpretaciones acerca de qué es eso del destino manifiesto y su aplicación práctica. Tema complejísimo, interesantísimo y que, por razones obvias, voy a eludir. Tan sólo señalar que, por lo que se refiere a la cosmovisión de gran parte de su población y de sus políticos profesionales, USA es una nación con una fuerte componente teocrática. Sin embargo, el cosmopolitismo del destino manifiesto ha pugnado siempre con una tendencia al aislamiento, tampoco carente de legitimación divina, según la cual USA es un país superior cuya acción política debe encaminarse a mantener esa superioridad, blindándose con su enorme poder de cualquier parasitismo o influencia negativa del resto del mundo.
- Esta polémica adquirió vigencia con la caída del imperio soviético. En el periodo 1945-1990, la Guerra Fría con la URSS había impuesto una política no aislacionista, USA debía cuidar de su área de influencia, más de medio mundo, para impedir cualquier tentación de desplazamientos hacia el bloque enemigo. La doctrina Trump se había convertido en existencia, un brusco desequilibrio de fuerzas podía conducir a la guerra atómica. El nuevo panorama de finales del XX, con USA como única gran potencia, obligada a una remodelación de su papel en el mundo, una vez desaparecida la Guerra Fría, se saldó con el triunfo de la posición de USA como hegemón indiscutido en el mundo, la llamada teoría neocons, surgida del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense de la que ya he hablado en posts anteriores. Hasta que llegó Trump con el MAGA y casi todo el GOP (Great Old Party: los Republicanos).
No hay comentarios:
Publicar un comentario