lunes, 5 de enero de 2026

 04-01-26

Trabajo en construcción, mientras van llegando informaciones.

Observo un asombro generalizado por el ataque combinado del gobierno de Trump contra Venezuela. Por un lado, el bombardeo de varias ciudades, unos bombardeos que, de momento y hasta que lleguen noticias sobre víctimas, parece más bien suave, una forma de decir a los venezolanos: “Estamos aquí y dispuestos a destruiros si nos parece apropiado”, Por el otro lado, y más relevante por lo espectacular, el secuestro del presidente de la nación venezolana y posterior traslado a Nueva York, donde será juzgado por narcoterrorismo, en general, y, en particular, por todo lo que se le ocurra a Pam Biondi (un buen test aquí es ver lo que dice, si dice algo, Mamdani, flamante alcalde de la ciudad en que se tiene secuestrado a Maduro).

Tras el asombro y la indignación, calmo mi torbellino emocional e intento ir analizando racionalmente. Creo que el tan extendido asombro no es tan solo por los hechos en sí, sino por la adecuación entre lo que se dice o se escribe y lo que se hace. Estamos acostumbrados a que los políticos al uso afirmen una cosa, prometan, amenacen, y luego no hagan nada, cuando no hacen lo contrario a lo expresado; actitud cada vez más frecuente entre nuestros hipócritas y mediocres políticos. Pero es que Trump y su camarilla son fascistas, no, o no todavía, el estado norteamericano, ni la mayoría de la población, ni los dos partidos mayoritarios. Trump sí. Y los dirigentes fascistas, generalmente, cumplen lo que dicen, siempre claro, que vaya a favor, o o en contra de las élites económicas que mantienen su poder. 

Así, en este sentido, Trump no ha hecho sino llevar a cabo sus bravatas y, lo que es mucho más importante, iniciar la implantación de la recién aprobada estrategia de seguridad nacional estadounidense. Ese plan que da la vuelta al orden internacional surgido del desmoronamiento de la URSS y de los ‘socialismos reales’ satélites. Un plan que, en lo que concierne al continente americano -allí denominado ‘hemisferio occidental’- es la renovación de la doctrina Monroe, con el ‘corolario’ Trump: cuando hablamos de América, nos referimos a USA y sus semicolonias. 

Un paso más y, exteriorizado sin complejos, del intervencionismo de USA en los demás países américanos. De modo que lo de ‘patio trasero’ o ‘área de influencia’, expresiones que antes utilizaba la izquierda con un sentido crítico, y que no eran aceptadas (las expresiones, no el intervencionismo) ni siquiera por los neocons de Bush/Obama/Biden, ahora las clarifica orgullosamente Trump. Si en nuestro jardín hay una rata, la sacamos de ahí.

Los próximos días no irán dando a conocer el alcance de la operación colonial de USA y las reacciones de los otros, refiriéndome a los que cuentan: China y Rusia,  y, bastante menos, los BRICs -Lula y Medi, sobre todo-. Por supuesto, la UE no cuenta nada. Me da la impresión, es puramente intuitivo, que Rusia, e incluso China, no están por completo en desacuerdo, aunque no lo diran nunca, con el plan estratégico de USA; por los menos, en el corto y medio plazo.


5 - 01- 26

Bajo el infame evento de la agresión de USA a Venezuela, vamos a asistir en los próximos días, semanas y meses, a una actividad febril de esas ‘fuerzas’ que componen la ‘relación de fuerzas’; unas relaciones de fuerzas de las que surgen las estructuras de dominación, más o menos estables. Por supuesto, las estructuras de dominación son múltiples y operan a distintos niveles jerárquicos y territoriales. La que está ahora en cuestión, e involucra a la fuerza de las grandes potencias estatales -USA, China y, parcialmente, Rusia- y a la soberanía del resto de Estados, es la del nuevo orden geopolítico mundial, del que USA ya ha presentado una propuesta: su ‘Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América’ de primeros de diciembre del 2025. La estructura política global.

En todo caso, es evidente que la doctrina geopolítica mundial, la llamada 'neocons`, elaborada por aquellos cachorros de Leo Strauss (y alguno, de Trotsky) tras el derrumbamiento del bloque soviético, esa Pax Americana, seguida por Bush y, con alguna particularidad, por Obama, ya pertenece, irreversiblemente, al pasado. El mundo ha cambiado mucho, el 'orden internacional basado en norma' (las de USA, claro), ha sido arrojado a la 'papelera de la historia'.. Habrá que estar muy atentos -e interpretar los indicios a la manera de la antigua kremlinología- a las reacciones de las otras dos superpotencias mencionadas estas semanas a la crisis venezolana. Y, por supuesto, a la propia evolución de la crisis. 

En plan, de nuevo, conspiranoico, no me sorprendería, a la luz de lo publicado hasta ahora,  que Delsy Rodriguez sea una nueva Adolfo Suarez. Habrá que ver si Diosdado Cabello, también ‘acusado'  a diferencia de Delsy porTrump- Biondi de narcoterrorismo (?), juega el papel de Arias Navarro, transa con Rubio y se echa a un lado. Peores cosas veredes.


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