domingo, 29 de enero de 2017




No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. Luego, ya veremos (3 y ult.).

Tenía la intención de proseguir el folletín acerca de la refundación o refundición de Podemos en VA II, marcado por el duelo mortal a frases bélicas entre Iglesias y Errejón, con varios posts más. En éste pensaba analizar los documentos políticos de los dos bandos que cuenta, porque los de Podemos en Movimiento (anticapitalistas) son chicos majos, estoy más de acuerdo con su propuesta que con la de los otros ( lo que no es decir mucho), etcétera, pero no pintan, ni, me temo, pintarán nunca, apenas nada. Ni tan siquiera como bisagra, con su 10% de peso en un partido en que el conflicto interno se juega al todo o nada. Esa era mi intención, y, de hecho, leí los documentos y tomé algunas notas. A medida que los leía me iba aburriendo y desinteresando más al comprobar la escasez de ideas y falta de rigor político que encerraba tanta retórica, pedantería, autobombo y cursilería

Para acabar de hundirme en la indiferencia, estuve el miércoles pasado en el foro mensual de la revista retropostroskosa Viento Sur. El asunto tenía por título ‘Qué Podemos queremos’, y los ponentes era miembros de cada una de las tres corrientes de Podemos más una chica de la Fundación de los Comunes. Soslayaré a esta última y al chaval de anticapis por las razones de irrelevancia práctica ya apuntadas en el párrafo de arriba. La idea era hacer una presentación de cada documento y, a continuación, debatir, con participación del público. El errejonista se llamaba Rodrigo Amirola, y la pablista, Laura Arroyo. No los conocía; es gente más bien de aparato que, digamos, está a un tercer nivel, inmediatamente por debajo de los Bescansa, Moruno, Mayoral y compañía. Ninguno de los dos llegaría a los treinta años. No quiero decir nada en particular con esto, lo que no significa que no signifique algo.


La exposición tendió, en términos matemáticos, a lo soporífero. Ninguno introdujo la menor crítica directa a las propuestas del otro, a lo sumo veladas insinuaciones. Ya en el turno de intervenciones del público, pedí la palabra y les hice unas preguntas muy concretas: que nos contasen al respetable con qué puntos importantes del documento del otro tenían una mayor discrepancia, si creían que había alguna posibilidad de acuerdo respecto a ella y cómo, en qué términos, podría sustanciarse ese hipotético acuerdo. Mi intención no era obtener un esclarecimiento de las disensiones entre pablistas y errejonistas, que quedan bastante patentes en los borradores, sino obtener información del estado emocional y de la asimilación política del debate por parte de este segundo nivel, que constituye la estructura real de la organización Podemos; abandonados los círculos a su desgracia, ellos forman la masa militante del partido. Como era de esperar Arroyo, la primera en intervenir, no dijo ni mu al respecto, siguió a lo suyo y pasó de polemizar. Cuando avisó que había concluido, salté cual diminuto Júpiter tonante y bramé acerca de sí tan difícil era contestar a la única pregunta – stricto sensu, los demás del público que hablaron se marcaron el clásico rollete – que se les había hecho. Sorprendida ante tal inesperado energumenismo, me contestó algo de que ellos tenían un diagnóstico según el cual consideraban que no creían que hubiésemos entrado en un momento de normalización, pero, vamos, que eso no quiere decir que no se pueda lograr un acuerdo en VA II. A continuación, Rodrigo (el errejonista) sí entró directamente en materia y explicó que ellos no creían que hubiésemos entrado en un momento de normalización, pero los otros sí y por eso pedían más resistencia que ofensiva; aunque lo parezca, no contradecía a Laura, porque parece que se trataba de anormalizaciones distintas, una era más anormal que la otra. Contó también que en lo estratégico coincidían todos en que no se puede pensar más allá del capitalismo– y aquí metió a los anticapis, que callaron como putos ante tamaña ofensa; quizá no lo pillaron, quizá estaban dormidos o quizá, en un arrebato de lucidez (y teniendo en cuenta que el 99% del público eran ellos) ¿para qué coño? –. Luego dijo no se qué del orden, el desorden y la meritocracia y concluyo con que el acuerdo de todos era, por supuesto, posible; la razón: que él era optimista.

Me quedé, pues, como estaba en lo que se refiere a la literalidad de mi pregunta, si bien mi propósito oculto estaba conseguido. Constatar que en la militancia profesional de Podemos – estos dos jóvenes trabajan para el partido – el nivel de cultura y de comprensión política no es el que cabría esperar de ‘la generación más formada de nuestra historia’. Pero lo más grave es la actitud de culto al líder, donde la pretensión es intentar ser su clon discursivo, de decir lo que él diría y cómo él lo diría, actitud que no retrotrae, precisamente, al 15M sino, por ejemplo, a aquellos felices e ilusos años, en que Marx, Lenin y Mao/Trotsky hablaban por nuestras bocas. Así, Laura repitió dos veces la absurda alegoría del poltergeist que se le ha ocurrido al cinéfilo Iglesias y Rodrigo empleaba el mismo lenguaje ampuloso y académico de Errejón; ambos, las metáforas guerreras que tanto encandilan al núcleo irradiador.

La penosa conclusión es que, como colectivo, Podemos carece de virtualidad de una elaboración política que sea capaz, ya no de vehiculizar, tan sólo de impulsar un proceso social que cambie algo más que algunas formas. Debajo de Podemos no hay substancia social que pueda generar y sostener una dinámica emancipatoria en conflicto contra los poderes establecidos por el sistema demoliberal-capitalista. Simplemente, hay en el Estado español una crisis de legitimación del régimen político provocada por el malestar general ante el deterioro de las condiciones de vida de gran parte de la población, el cual es atribuido en gran medida (y con razón) a las llamadas políticas de austeridad. Carente de enjundia social y apoyándose en un estado de opinión más emocional que racional de una fracción de la ciudadanía, que no es, ni de lejos, mayoritario, Podemos se ve abocado a ubicarse en el campo de lo que Rancière llama, frente a lo ‘político’, lo ‘policíaco’, esto es, el marco del orden vigente.

Y es que en los programas de Iglesias y de Errejón todo se conserva, se conserva la monarquía, se conserva la pertenencia a la OTAN y a la EU/euro, se conserva el compromiso de pagar la deuda, se conserva la unidad de la patria, se conserva una economía crecimentista. Se conservan, pues, todos los grandes consensos del Régimen del 78. No hay un ápice de propuesta destituyente ni constituyente. Las disensiones entre errejonistas y pablistas  se sitúan en el interior de los referentes de la estructura política que cambió al franquismo para que no cambiara (apenas) nada. Olvidemos las avalanchas discursivas, tan grandilocuentes como anodinas, de los preclaros líderes. Aquí lo que hay es un sistema de gubernamentalidad basado en dos grandes partidos que, como se decía en los viejos tiempos de la Santa Transición, coinciden en lo fundamental y discrepan en lo accesorio, y un turnismo de gobierno: un par de legislaturas, lo que tarda en quemarse el que lo ocupa. Es, exactamente, el modelo anglosajón que ha permitido una estabilidad secular en Gran Bretaña y USA, aunque en este último caso, el anquilosamiento neoliberal del partido Demócrata y la radicalización y pérdida de rumbo político del Republicano han generado el monstruo Trump. La tercera patita de la gubernamentalidad española era el PCE, y después IU, necesarios para integrar en el juego político insitucional, y, por tanto, neutralizar y controlar, a un sector minoritario pero significativo de la población española traumatizado por la Guerra Civil y la barbarie del franquismo,  un sector que luchó contra el franquismo en las fábricas y las calles como sus padres habían luchado en las trincheras y que no podía aceptar sin más el pasteleo de la restauración borbónico-parafranquista. 

Por cierto, los intelectuales en funciones del Régimen celebran la asimetría de la topología política española: hay un partido, dicen, de izquierda dura, junto a la moderada del PSOE, y, no lo hay a la derecha del PP. Así que, según ellos, que en España no haya una extrema derecha relevante se debería al mérito del PP por integrarla en su interior y por tanto, en el corazón del sistema. Análisis falso y paupérrimo. Lo que no había en este país a la muerte de Franco, con alguna excepción en la periferia, era una derecha liberal, o sea, una derecha no franquista. Prácticamente toda la derecha actuó en bloque para hacer las menores concesiones a la ‘oposición democrática’, para mantener tanto franquismo como fuese posible. Sin duda, dentro de esa derecha había unas facciones más flexibles – los ‘reformistas’ – y otras más intransigentes – los ‘ultras’, el ‘bunker’ –. El hecho de que solo una parte mínima de estos se salieran del pacto de la Transición denota cómo fue esa transición y lo que de ella salió.

Hecha la digresión típica de la casa, vuelvo a al tema y concluyo con él. Podemos no se proyecta al futuro porque no tiene apenas suelo real y, en consecuencia, no puede impulsarse y volar. Podemos se ubica en el sórdido presente y, parafraseando muy abusivamente a Machado, una de las dos españas ha de helarle el corazón. La España del PSOE y la de IU. Y como aquí no hay un sabio Salomón que mantenga entero al niño, mucho me temo que, no necesariamente VAII, lo más probable es que después, tendrá lugar un proceso tortuoso plagado de eufemismos, disfraces y engaños el, en cuyo curso una parte mayoritaria de Podemos llevará a cabo la, more Pareto, necesaria renovación de élites, en este caso de la ‘izquierda’ del Régimen, mientras que la otra parte mayoritaria (ya veremos en VA II la relación actual de fuerzas, quizá el dato más relevante que de ahí se va a obtener) se meterá en ese terreno tenebroso por el que vaga la buena gente que aún cree que es posible derrotar al capitalismo.


Pi, pi. ¡Final en La Condomina! Partido tedioso que acaba con empate a cero y que los mal pensados tildarán de tongo, ante la falta de combatividad de los contendientes. Visto lo visto, se antoja imposible que ninguno de ellos vaya a poner en peligro el secular predominio del Barca y el Real.

A no ser que se produzca alguna novedad explosiva, dejo el tema Podemos hasta ver qué pasa en VA II. A modo de pronostico, todo apunta a que la Asamblea se cerrará en falso, intentando reflejar una imagen de unidad, y metiendo los problemas reales debajo de la alfombra. En los próximos posts, cambio de nivel: comentaré unas interesantes y, por supuesto, provocadoras  reflexiones de Zizek acerca de 'romper los tabúes de la izquierda'.

martes, 17 de enero de 2017


No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. Luego, ya veremos. (2)


Nos habíamos quedado en el bipolarismo leniniano acerca de si la pugna entre Iglesias y Errejón es una pura lucha por el poder, manteniendo ambos el mismo proyecto político con algunas variaciones no importantes y compatibles, o por el contrario, si su objetivo es hacer prevalecer uno de dos proyectos políticos esencialmente distintos y cuya coexistencia en un mismo marco orgánico es más que problemática. En el ínterin entre este post y el anterior se ha producido un repliegue de las dos posiciones tras la salida de pata de banco que fue el Iñigoasino#, las peticiones explícitas de intelectuales orgánicos del errejonismo, incluido el postroskoso Santi Alba, de defenestrar a Iglesias, y la campaña gore de El País y compañía . De repente todo el mundo se puso a hablar de unidad, cerrando filas en torno a una abuelita de setenta y cuatro años – rediós, los tengo a la vista; si algún día alguien me llama abuelo, incluidos mis improbables nietos, saldrá, vesánica, la bestia que hay en mi interior, justo al lado del niño y del estalinista – que les reñía por no llevarse bien.


Bip, bip, penalti y expulsión en el Carlos Tartiere. Como soy tan lento – más que el caballo de un fotógrafo, que habría dicho mi muy castizo progenitor –, acaban de salir los borradores de las tres corrientes, en los que, leyendo entre líneas y haciendo todo tipo de juicios de intenciones, a la manera de los vaticanólogos o los antiguos kremlinólogos, se ha de sacar algo en claro. Por tanto, habrá que leerlos, lo que no es plato de gusto, y además con cuidado (esto ya es para mí como un plato de verduras). En los próximos días iré escribiendo mis impresiones, análisis e intuiciones de estos textos que, aunque se trate de borradores destinados a modificarse, supongo se mantendrá lo fundamental de ellos pues han sido elaborados por las primeras espadas de cada facción. Aun en el caso de que se llegara a VAII con unos documentos de consenso, ello sólo significaría que, dadas las relaciones de fuerzas equilibradas, se ha jugado tácticamente a no entablar combates abiertos y a dar una imagen de unidad cara a la galería. Habrá que estar muy atento a las maniobras precongresuales porque proporcionaran datos muy interesantes para conocer la situación actual interna de Podemos y prever su evolución futura.

Lo que hace más interesante, desde mi punto de vista, el estudio de los borradores es porque puede dar idea de hasta que punto cada posición es consciente del papel histórico que le es dado jugar y se va adaptando ideológica y estratégicamente a él. Una de las controversias más añejas del marxismo es aquella que versa sobre si el fin del capitalismo, algo en lo que está de acuerdo todo marxista comme il faut, sería resultado de la lucha del movimiento obrero, aprovechándose por supuesto de las contradicciones del sistema y las crisis que genera y profundizando en ellas, haciendo sangre, o si esas mismas contradicciones inmanentes son autónomas, se van intensificando sin necesidad de que nadie las atice y finalmente provocan una crisis última descomunal, de la que el capitalismo no puede salir y se desmorona en medio no de una revolución sino de un caos social, con canibalismos generalizados y todo eso. En realidad, las dos posiciones sólo difieren básicamente en la previsión de tiempos, la primera acepta que el capitalismo se halla aquejado de contradicciones internas insuperables, pero cree que antes de morir por su propia mano  y es en esto en lo que difiere de la segunda  acabará con él el movimiento obrero guiado por su conciencia de clase revolucionaria y comunista. Además de éstos dos vaticinios, los muy pesimistas y a los que les van bien las cosas, han solido romper amarras con el marxismo ortodoxo – o con todo lo que oliera a Marx – y decretado la inmortalidad del capitalismo, incluso – como señalaba maliciosamente mi tocayo Jameson – más allá del final de la humanidad (ahora que se ha puesto de moda el internet de las cosas, se daría algo así como el capitalismo de las cosas).

Llegó el momento de la verdad en esta digresión que parece absurda, y luego se verá que no lo es tanto. El momento de tomar partido. Pues bien, me decanto, desde luego que de un modo apresurado y no muy serio, por la segunda de las dos tesis marxistas. Respecto a la primera, no descarto que el devenir histórico vaya construyendo un sujeto colectivo que abarque a la mayoría de las poblaciones, tal que adquiera consciencia de la profunda irracionalidad y de la inmanente injusticia del capitalismo, incluso de su carácter profundamente antiestético. Marx atribuía ese destino a la clase obrera. Pero Marx no llegó a sacar las ultimas consecuencias de su impresionante teoría acerca de la mercancía y su fetichización, no llegó a entender que el capitalismo no solo convierte todo objeto en mercancía, también las subjetividades (quizá sería más preciso hablar ya de agencialidades en lugar de subjetividades, pero es un enfoque muy peliagudo que dejaré para cuando sea mayor). No descarto, reitero, la posibilidad de ese suceder, si bien, eso sí, calculo que llegar a tan deseable estado, como culmen de de un proceso evolutivo gradual, llevaría unos tropecientos mil años, más o menos. Por eso, es más que probable que se adelante el crash capitalista en alguna de sus modalidades previstas. 

El capitalismo tal cual es, basado en la economía de mercado y  – por mucho monopolio que haya – en la competencia entre capitales, está condenado a desaparecer. Y pronto. Ni la acumulación de una cantidad de capital ficticio puede asumir una dimensión de varios órdenes de magnitud mayor de lo conocido hasta la fecha, ni está en condiciones – y aunque lo estuviera, me temo que ya es demasiado tarde – de enfrentarse a la crisis ecológica que concluirá en el colapso global. ¿Que llegará antes? No me pronuncio. ¿Cual fin sería preferible? Pues depende, unos prefieren tirarse desde un quinto piso y otros seguir una gira mundial de Alejandro Sanz. Es cuestión de sentidos y sensibilidades.

Y, después de este alentador párrafo, vuelvo a nuestro asunto. ¿Por qué lo que acabo de escribir no es un mero tour por los cerros de Úbeda? Pues porque creo que tanto Errejón como Iglesias, defectillos aparte, son dos personas honradas y tienen unas metas claramente transformadoras. Y, por añadidura, a corto plazo. O sea, que, por lo anteriormente expuesto, ambos son unos ilusos. Los dos, sobre todo Errejón, tienen un empacho de teoría académica que se haya a años luz de alumbrar una perspectiva estratégica rigurosa. Por no tener, ni tienen una teoría mínimamente seria de las élites en el campo subalterno. Hablan de intelectual orgánico, de hegemonía, y ni se acercan a reflejar esas teorías gramscianas, que necesitarían un aggiornamiento (y no el de Laclau, desde luego), en sus propuestas partidarias. Aplicándoles – en especial a Íñigo, Iglesias tiene más tablas y se le nota – su misma medicina, diría que los procesos históricos reales darán significados a su catarata de significantes vacíos. 


El hecho, muy en crudo, es que ellos pretenden transformar el estado de cosas en profundidad en un periodo breve, pongamos diez o quince años, y eso es imposible. No lo es que las cosas se transformen, y más de lo que ellos piensan, en ese lapso, pero no será, precisamente, por su praxis. En mi opinión   más bien una hipótesis que tendré que ir verificando con la lectura de los documentos y con lo que vaya sucediendo en estos días, declaraciones, pactos, interpretaciones, etcétera  , los planteamientos de Iglesias y Errejón son compatibles en el proyecto (en principio) y en la estrategia y no lo son, paradójicamente, en la táctica de medio plazo. Me parece que los proyectos de ambos son compatibles porque ninguno tiene un proyecto claro, al menos como se entendía antes en la izquierda: un objetivo a largo plazo que implica la destrucción de lo viejo y la construcción de algo nuevo al menos mínimamente especificado. Por ejemplo, el proyecto de los partidos comunistas era destruir la sociedad capitalista y construir una sociedad comunista. También lo era de los socialdemócratas, en teoría, hasta su abandono formal del marxismo; la discrepancia radical se daba en el nivel de la estrategia. Vamos a suponer que los proyectos de Errejón e Iglesias coinciden en plantear difusamente una sociedad libre y justa que, para serlo, no puede ser capitalista, o no del todo capitalista. Por eso no van a discutir. 

En el aspecto estratégico son perfectamente compatibles, de hecho proponen lo mismo, que la transformación se hace fundamentalmente desde el Estado, por lo menos a corto y medio plazo, que es lo que les importa (el medio, menos), y que, por tanto el objetivo central es gobernar. Son conscientes, y lo han dicho muchas veces, de que llegar al gobierno no es tener el poder, pero coinciden en que es necesario y en que es el objetivo principal hasta donde les llega la vista.

En cambio, su concepción táctica, en su caso: cómo se ganan elecciones para alcanzar el gobierno, es difícilmente compaginable;  poco menos que imposible, con la visión leninista que tienen del partido y la visión militarista que tienen de la política. Su discrepancia tampoco es novedosa, reproduce una polémica que, explícita o tácitamente, ha sido recurrente en los partidos de izquierda de países demoliberales. Una parte de esa polémica, los errejonistas aquí, piensan que para ampliar la base electoral hay que adaptarse al nivel de los sectores de votantes de partidos próximos a ellos, pero más moderados; la famosa búsqueda del centro. Con ese propósito, recortan los aspectos más radicales de sus programas; asimismo, suavizan su lenguaje y atemperan su imagen. La otra parte, los pablistas en este caso, pretenden hacerse fuertes con sus ideas, constituirse en un polo de referencia para amplios sectores de la población que, ante una crisis que no cesa y unos gobiernos que la aprovechan para transferir rentas de los que menos tienen a los que más, ven empeorar sus condiciones de vida, comprenden que el partido de ‘izquierda’ del Régimen en el que confiaron, el PSOE, participa, y participó siempre, en ese expolio y se radicalizan, pasando a votar a Podemos. Aunque sea un eslogan de Errejón, ‘faltan muchos’ es el motus táctico de ambos; la diferencia es que Errejón quiere que Podemos se acerque a esos muchos e Iglesias que esos muchos se acerquen a Podemos. No hay posibilidad de conciliar ambos objetivos, porque el modus operandi para conseguir uno excluye al otro; por muy hegelianos que nos pongamos (o, para ser precisos, poniéndonos muy hegelianos), uno no puede presentarse como lobo y cordero a la vez.

Lo curioso es que ambas posturas son erróneas, y que queda probado por la lucidez de las críticas que cada una hace a su contraria. Los errejonistas les dicen a los pablistas: “lo que proponéis podría estar bien, pero es una práctica que sólo puede dar resultados, si los da, a un plazo muy superior a la ventana de oportunidad que abre la crisis del Régimen. Se trata de aparecer ante los poderes fácticos, incluyendo, por supuesto, los media, como una opción razonable que respeta, aunque sea críticamente, los consensos básicos del Régimen, y ello nos preservará de una campaña de ataques a todos los niveles como la que tendréis que soportar vosotros con vuestra viejuna retórica identitaria izquierdista. Más aún, si os acercarais a la posibilidad real de tomar el poder, el establishment haría lo que fuera necesario para impedirlo (y aquí se ponen puntos suspensivos para sugerir el horror) . No gobernaréis jamas, vuestra posición es meramente resistencialista y acabareis siendo IU II”.

Enérgica refutación, vive dios. Pero los pablistas no lo tienen más difícil: “La capacidad de asimilación de los aparatos de poder es inmensa y vosotros la desestimáis cándidamente. Empezaréis aceptando cosas inaceptables y pensaréis que es algo provisional y que, una vez en el poder, podréis revertirlas. Pero todas las experiencias históricas muestran que esa táctica conduce a la integración en el sistema que se quiere combatir o transformar. La capacidad de seducción del poder es inmensa. Y, en el caso de que resistieseis a sus encantos, e intentaseis cambiar algo que vaya mas allá de lo ornamental y que exija la confrontación, os daréis cuenta que vuestro poder real es menor que nunca, porque los votantes de ocasión, realmente engañados por vuestra imagen moderada, no os van a seguir y gran parte de la fuerza militante capaz de movilizarse os habrá abandonado ante lo que han vivido, y con motivos, como una deserción, como un cambio de trinchera. Empezaréis tragando con todo y, más pronto que tarde, llegará a gustaros lo que tragáis. Al al final, seréis el PSOE II”.

En definitiva, el mantener la unidad de Podemos tras VA II no va a ser fácil. Cuenta a favor de conseguirlo que ambas fracciones son conscientes de la extrema debilidad con que quedarían si se produjera la escisión, y eso sin hablar de los anticapitalistas. Por la cuenta que les trae, es probable que hagan un paripé de unitarismo cara a la galería. E intuyo que los errejonistas van a ceder bastante, entre otras cosas porque consideran que la coyuntura les beneficia. En el siguiente post, si no hay novedades reseñables en los campos de juego de nuestra piel de toro, le hincaré el diente a los borradores de las tres corrientes, que va a dar en la mar.

lunes, 2 de enero de 2017




No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. 
Luego, ya veremos (1). 
(Continuación de lo del postrosko, que ha pasado a morrosko).

Tras el excurso que fue el último post, con Lenin instalado en el cuarto de autoinvitados y Las Gaunas en segunda B (aun nos queda Mendizorroza), sigo con las perspectivas que se abren en torno a VAII. Podemos será todo lo criticable que se quiera, y yo no me corto en ese sentido, pero es indudable que lo que salga de la Asamblea de febrero configurará el panorama político español a corto y medio plazo en lo que se refiere al mantenimiento del régimen del 78, su recomposición ornamental o su modificación relevante (no me parece posible una ruptura real por el momento). Asimismo, el futuro de lo que antes se llamaba izquierda transformadora, donde estaba IU y grupos más radicales también se dirime en lo que puede llamarse ‘proceso VAII’; la preparación política, el acto en sí y la materialización de lo que de allí salga. Es mucho lo que está en juego, aunque con las cartas del tio Perete, no conviene hacerse demasiadas ilusiones.

Si entendemos ‘izquierda’ por el complejo de organizaciones, ideas y prácticas que han puesto en cuestión con rigor el capitalismo existente en cada momento, que lo han criticado y combatido en la perspectiva no de reformarlo, sino de acabar con él y construir una sociedad no capitalista, llámese socialista o comunista en sus múltiples variantes, se puede afirmar que la izquierda europea está en crisis desde el fracaso de las revoluciones alemanas de 1919 y 1923. Crisis que se profundizó con el desarrollo de la URSS – hay victorias que hacen más daño que las derrotas – y que alcanzó dimensiones de catastróficas con el desmoronamiento de los regímenes del ‘Socialismo Real’. En ese siglo XX corto, a lo Hobsbawn, que va desde 1917 a 1990, la práctica política de la izquierda se había organizado en torno a partidos de cuño leninista, ortodoxos o heterodoxos, donde el esquema partido-organización de vanguardia de la clase obrera, a la que enseña y guía por el buen camino hacia el socialismo, se respetaba en lo fundamental. Las únicas alternativas, además de las anarquistas, que siempre arrastraron el hándicap de pretender una política antipolítica (no es tan simple, desde luego, pero lo dejo ahí), fueron las propuestas consejistas, maniatadas, cuando no aniquiladas, por el completo y monolítico predominio de los partidos comunistas. 

Desde el punto de vista organizativo, pues, la casi totalidad de organizaciones políticas marxiatas que se crearon en esos setenta años de existencia del imperio soviético, fueron remedos del partido leninista. Y no sólo en la estructura y el funcionamiento – ese centralismo supuestamente democrático que con tanta facilidad derivaba hacia lo burocrático (espero que Vladimir no lea esto; no creo, le ha cogido el gusto al agua y ahora anda por ahí besando la cabeza a los pianistas) –, también en lo ideológico, en lo programático-final y en lo estratégico había un corpus homogéneo – marxismo interpretado, dictadura del proletariado, socialismo, centralidad del proletariado, etcétera – que con variantes más o menos relevantes abarcaba a la inmensa mayoría de los partidos políticos, que enfrentaban al capitalismo.

El fin del capitalismo burocrático conocido por el nick más falso y confundente de la historia: ‘socialismo real’, arrastró al reino de Hades a la izquierda marxista sedicentemente existente. Los partidos comunistas, siempre fieles a la letra sagrada, se volvieron fantasmas que recorrían Europa, pero esta vez, siglo y medio más tarde, dando menos miedo que un turista surcoreano. [Doy un salto en el tiempo, reprimiendo mi natural de empezar siempre con Viriato, y rompo el hilo discursivo que amenazaba con no tener fin. A lo nuestro] Adonde quiero ir es al hecho de que las tradiciones políticas y organizativas de la izquierda de que se viene hablando, a no ser que se hayan pasado por la criba de una crítica rigurosa e inmisericorde – y creo que eso es una tarea por hacer – constituyen mucho más un lastre que un acervo útil para construir una organización que luche contra las incontables formas de dominación y explotación que se llevan a cabo en las sociedades capitalistas, agrupando a todas las clases y sectores subalternos.

Iglesias y Errejón eran conscientes de ello, máxime después del exorcismo que supuso el 15M. La diferencia que, en mi opinión, está en la base de sus discrepancias en aumento, es que Iglesias fue un comunista ortodoxo, militó bastante tiempo en las Juventudes Comunistas, que no es precisamente un ámbito dado al escepticismo, sino más bien un dispositivo disciplinario donde a los chavales llenos de entusiasmo y confianza se les graba a fuego en el corazón y en el cerebro los inmarcesibles dogmas del marxismo-leninismo. Por supuesto, Pablo evolucionó mucho y fue pensando por su cuenta, pero esa huella del comunismo clásico, con sus explicaciones dialécticas tramposas, con su obrerismo, con su respeto a las jerarquías y sus derivas autoritarias, no se borró por completo; ni de lejos. De hecho, Pablo llegó incluso a participar activamente en alguna de las cien mil ‘refundaciones’ de IU tras ese 15M que había sacado los colores y cercenado las esperanzas a la ‘izquierda auténtica’. La imposibilidad, no ya de conseguir, tan sólo de avanzar un paso más allá de cada patético acto refundacional de PC-IU (muchos discursos, muchos aplausos, Alberto Garzón y, a veces, Pablo Iglesias, exhibidos y mitin final de Cayo Lara) debió abrirle los ojos a Iglesias para dar el salto, aunque, como es sabido, las malas lenguas afirman que fue consecuencia de su ego humillado por la negativa rotunda de Lara  a aceptar las condiciones que le propuso para integrarse en la lista de IU en las europeas del 2014.

Errejón no fue nunca marxista; de jovencito – no quiero tomarme la facilidad multiuso de hacer algún chiste con ‘joven’ y ‘Errejón’ –, estuvo en organizaciones de corte anarquista, lo que por un lado es bueno, ya que se libró de adquirir esos tics estalinistas que todos los que hemos pasado por partidos leninistas llevamos dentro, justo al lado del niño que fuimos; por otro lado es malo, porque se absorbe un antimarxismo emocional y muy poco fundamentado. Ciertamente, ambos, Iglesias y Errejón, veían con claridad que los partidos de izquierda existentes no servían y que no se trataba de crear más de lo mismo, otro partido al uso, por mucho que pretendiera evitar los errores pasados. Sin embargo, y eso es lo que quiero remarcar, sus puntos de partida ideológicos fueron muy diferentes. Nunca dijeron lo mismo, por más que su alianza tras las europeas, que alcanzó el cenit en Vista Alegre I, fuese estrechísima; incluso es muy probable que durante mucho tiempo ni ellos mismos fuesen muy conscientes de la profundidad de su disenso.

Podemos lo creó Pablo Iglesias con el apoyo de Izquierda Anticapitalista, que, tras el escaso éxito de reeditar aquí el NPA francés, se apuntaba a un bombardeo. Intuyo, sin tener dato alguno, que por aquel entonces él no tenía nada claro fundar un partido y que aún se movía en torno a IU, quizá con la intención de constituir un polo de referencia político que la fraccionara o bien que disputara el poder a la vieja dirección. Íñigo por entonces jugaba un papel secundario. El casi sorpasso a IU cambio radicalmente la visión y las expectativas de ambos. Fue un acontecimiento, en la línea de San Pablo y Badiou. Es entonces cuando Errejón pasa a primer plano y se establece esa alianza que toma la forma de bicefalia, dos caras de la misma moneda; cuando en realidad había dos monedas. Dicho de otro modo, parecía haber una alianza estratégica, un único proyecto, pero se trataba de una alianza táctica, orientada a neutralizar a Anticapitalistas y, sobre todo, a acabar con la fogosa actividad autónoma que estaban llevando los círculos. O, ya puestos, a acabar con los círculos; que se convirtieran, como decía Monedero, siempre tan ocurrente, en un lugar para socializar, y, si eso, para ligar.

Una vez conseguidos estos objetivos, con la sanción de la Asamblea de Vista Alegre de hace dos años a una estructura piramidal (o, mejor, cilíndrica) ultrajerárquica y liderista, fueron emergiendo estas diferencias de proyecto, y la recién designada dirigencia de Podemos mostró maneras, pese a su juventud y en muchos caso inexperiencia, asimilándose pronto a uno u a otro referente y formando camarillas con una lógica de confrontación, de guerra de posiciones. En el siguiente post seguiré con el desarrollo de esa progresiva divergencia hasta llegar a la situación actual, cuando ya puede afirmarse que la rivalidad de Iglesias y Errejón, de pablistas y errejonistas, constituye la manifestación de algo que es y que no es una mera lucha por el poder (le he enseñado a Ilich esta frase; cada cuarto de hora le suscita reacciones opuestas; en una le parece puro materialismo dialéctico y en otras una patochada idealista. Cuando le contesté que las dos cosas, reaccionó del mismo modo dual a la respuesta; nos hemos metido en un bucle. Intentaré, también, explicar que quiero decir en próximos posts, a ver si este calvo achinado deja de insultarme).


PS. Apoyo la propuesta del compa Alba Rico de que el próximo Secretario General de Podemos sea el Pato Donald, aunque no saldrá porque es poco transversal.

martes, 27 de diciembre de 2016



Las tribulaciones de un postrosko en postroskilandia (digresión 1)


El 22 de diciembre, día de la lotería, se hicieron públicos los resultados de la consulta de Podemos a sus ‘bases’ acerca de el sistema de votación para elegir el consejo ciudadano y si se votaban conjuntamente o por separado los documentos y la dirección. El resultado ha sido muy justo entre pablistas y errejonistas y deja al margen de la tostada a los anticapitalistas, que tendrán que hacerse fuertes en Andalucía y jugar un famélico papel de bisagra. Pero antes de analizar estos resultados, veamos qué es lo que estaba en juego, nominal y realmente.

Tip, tip. Minuto y resultado. Gol en las Gaunas. Y, además, la nueva dirección de Podemos Madrid, a cuya cabeza se halla ¡un monederista!, Espinar, ha decidido – formalmente, ha propuesto al Grupo Parlamentario de la Comunidad – que José Manuel López deje de ser el portavoz y lo sea Lorena Huerta. Los errejonistas han protestado con una indignación que recuerda a la del capitán Renault al descubrir que en el bareto de Rick se jugaba. Errejón se ha aprestado a lanzar un anatema lapidario en la publicación teórica de Podemos, Mundo Twitero: “éste no es el camino”, al que los pablistas han dado cumplida respuesta con una serie de sesudas reflexiones en torno al hashtag ‘#IñigoAsiNo’; finalmente , el demoledor hashtag de sus rivales: “#FelicesNavidadesaTodas” acabó con toda posible contraréplica . Los mensajes cruzados mostraban la sorprendente cualidad de ser tan agresivos como empalagosos. Eres un dictador, pero te quiero, tío.

Como todo lo que va mal siempre puede ir aun peor, Monereo echó mano de todo – que no es poco – su experimentado saber burocrático-estaliniano para escribir, con su habitual estilo saltarín, un artículo navideño en Cuartopoder donde afirma que “ Errejón tenía un arma y la ha usado: hacer pública la ruptura del equipo dirigente forjado en Vistalegre I y buscar el apoyo de unos medios de comunicación y de unos poderes dispuestos, cueste lo que cueste, a levantar una alternativa desde dentro a Pablo Iglesias”. Un clásico, sí señor. Al leer esto, a Ilich le ha cambiado la expresión, al fin encontró algo de sentido, algo reconocible, después de tanta locura. Ha salido y se ha tomado dos vasos de agua.

A la vista de todo esto, un esperpento de cómo resolver las diferencias políticas sin que se sepa qué diferencias políticas existen (y lo grave, como iré examinando en sucesivos posts, es que ¿a quien coño le importa eso?), la posibilidad de que en VAII se llegue a una escisión, incluso de que no se llegue a VAII no es descartable. En vez de la blitzkrieg que decían pedantemente hace dos años Errejón, Iglesias y Monedero, el blitzpartido. 

Los medios, con PRISA a la cabeza y sacando varios palmos a los demás, han olido la sangre y entrado a degüello. Es curioso constatar la toma de partido tan descarada del periodismo patrio, que casi nos retrotrae a tiempos del plan ZEN en Euskadi, con la demonización de Iglesias y los suyos y Errejón convertido en el personaje a enaltecer, bien que se les note la repugnancia a esto último. Algunos sostienen que si tus enemigos te atacan, es que lo estás haciendo bien, y, si te defienden, algo haces mal. Particularmente, no soy partidario de conferirle al enemigo una inteligencia tan superior a la propia que guíe, a contrario, tus pasos, lo que no significa que desprecie sin más su opinión. En este caso el odio de clase – de clase política, de casta oligárquica – del franquismo reformado hacia Iglesias indica que algo tiene ‘el coletas’ que les hace daño, algo que temen; como corresponde: el odio de los miserables siempre tiene detrás miedo y culpa.

Errejón lo sabe, chico listo, y por eso, en ese lenguaje metafórico moñas que gastan estos mendas, basa su posición táctica en eslóganes del tipo “faltan muchos” o “tenemos que seducir y no asustar”. En lugar de luchar radicalmente contra el sentido común dominante – de lo que habla mucho Gramsci y muy poco Laclau –, adaptarse a él para que ‘la mayoría’ deje de temernos y nos dé su voto. Vas por ahí, y cuando te quieres dar cuenta de las consecuencias eres Subsecretario de Estado de Asuntos Varios en un gobierno de amplio espectro y coqueteas con tus subordinadas (ellas están encantadas porque yo no soy machista y las respeto; aquella que me demandó por acoso lo hizo por venganza y celos, al no darla el cargo que esperaba).



No me adelanto más. Éste es tan sólo un post de alivio originado por la urgencia del tanto del Logroñes. Si estos muchachos de Podemos me dejan, seguiré intentando analizar su situación y, en general, la del campo político de impugnación (sincera) del sistema; eso antes conocido como ‘izquierda’. Espero que no se convierta – sé que es ya un tópico, pero no puedo dejar de emplear una expresión retóricamente genial, lo mejor de una novela fascinante – en la crónica de una muerte anunciada.

jueves, 22 de diciembre de 2016


Las tribulaciones de un postrosko en postroskilandia (2)


Si Lenin levantara la cabeza.


A la vejez, viruelas. Pero no pustulosas. No ha variado mi trayectoria crítica en aumento hacia Vladimir Ilich y su concepción de los sujetos históricos, y nada que ver con reivindicaciones a lo Zizek. Véase en el título únicamente un recurso narrativo. No obstante, siempre he admirado, y cada vez, por contraste, más, la insólita capacidad de Lenin para ir al grano, en la práctica política y en la práctica teórica, ámbitos que el él unió como nadie sin supeditar una a otra, sin que su teoría fuera en ningún momento especulativa o, a la inversa, sirviera para justificar el oportunismo o las conveniencias tácticas del momento. Uno puede leer el ¿Qué hacer?, el Izquierdismo o las Tesis de Abril y discrepar en muchas cosas, pero está todo muy claro, no encontraremos ahí ambigüedades defensivas elusiones de lo que duele. El camarada Ulianov siempre dio la cara. Recordemos lo que fue su divisa: “el alma del marxismo es el análisis concreto de las realidades concretas”. En eso siempre seré leninista. Y eso que el aforismo es falso en su modalidad. En lugar de ‘es, Lenin tendría que haber puesto ‘debe ser’, porque el marxismo, históricamente, ha tendido a lo contrario, a crear grandes esquemas interpretativos en los que la empiria se integraba más o menos armoniosamente o, en otro caso, se incrustaba a martillazos.


Por algún error burocrático del Ministerio del Tiempo - los peor pensados sospecharán una repetición de lo del tren blindado - Lenin aterriza en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas. Inmediatamente quiere ponerse ponerse al tanto de la situación de la izquierda española – no va a ir a un tablado o al Bernabeu: hablamos de Lenin –; alguien le informa de que lo más parecido a tal cosa que pueda tener un mínimo de futuro es Podemos. Se calza, entonces, la gorrilla y se dirige a la Hemeroteca Nacional, donde recopila abundante material acerca de la corta existencia de los morados. Progresivamente, la perplejidad se va apoderando de él. Nada de lo quelee le proporciona conocimiento alguno, al menos en el sentido de lo que él siempre ha considerado conocimiento, aquello referido, directa o indirectamente a la realidad palpable y visible, aquello que posibilita y guía la relación con lo real. De hecho, cuanto más lee, menos se entera. Banalidades, cadenas de significantes contradictorios, cambios de discurso cada dos semanas, declaraciones tan altisonantes como vacías. ¿Éstos de qué van?, ¿habré perdido con el jet lag mi legendaria intuición política? Se anima algo al descubrir que Podemos se hallaba en una fase algo así como de provisionalidad y que hay un congreso cercano en el que se deberán adoptar las líneas y compromisos que caracterizan a un partido 'obrero' (todavía no está Lenin muy aggiornado con los nombres, signos y sociologías del presente). Que, incluso, hay dos   posiciones enfrentadas y una tercera alternativa. Empieza a encontrarse en su salsa. Entrecierra aun más sus siempre entrecerrados ojillos orientaloides y evoca los viejos buenos tiempos del Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso a principios del XX, sus disputas con Martov, la escisión de los mencheviques, aquel talentoso y arrogante jovenzuelo judio, Bronstein, que saltaba de una posición a otra, más rojo que nadie. ¿Iría de eso Vistalegre II? Pues va a ser que no, Vladimir.

Describamos lo que ve Lenin. Hay una organización, Podemos, que no se reconoce propiamente como partido ni como movimiento; algunos, para salir del paso, hablan de partido-movimiento, extraña y, mientras no se explique (cosa que, hasta ahora, no se ha hecho), contradictoria locución que refiere a un ente nebuloso nunca visto. De vuelta a lo real, todos saben que Podemos es un partido político, registrado legalmente e integrante del aparato institucional como cualquier otro. Su originalidad, hoy por hoy va poco más allá de la pura imagen, de los descorbatamientos y las rastas. Surgido de un modo improvisado como plataforma electora para presentarse a las Europeas del 2014, ante el enorme éxito alcanzado se ‘teorizó – por decirlo de algún modo, en realidad era un wishful thinking generado por la euforia del momento – la existencia de una ventana de oportunidad que haría posible ganar unas elecciones generales y gobernar el país. Ese era y ha seguido siendo hasta el 26J el gran y casi único objetivo. Podemos, no se instituyó como partido ni movimiento, sino en clausewitcianas palabras de Errejón, como ‘máquina de guerra electoral’, y edificó una estructura supercentralizada funcional a el Objetivo, iluso pero coherente, de ganar unas elecciones generales. Todo se supeditó a ello a lo largo de un periodo electoral que se ha venido prolongando dos años, ocupados por dos campañas y el resto del tiempo por las negociaciones para formar gobierno. No se consiguió la victoria perseguida, pero sí unos resultados tan excelentes como peligrosos. 

Ahora, la ultravanguardista máquina de guerra ha de ser sustituida por un dispositivo político para tiempos de normalidad política sin elecciones a la vista. Todas las corrientes coinciden en esto, y, de hecho, llevan varios meses posicionándose e, incluso, librando moderadas escaramuzas en elecciones internas territoriales. Pese a los intentos, ya de por sí significativos y un tanto ridículos, por ocultarlo u oscurecerlo es patente la existencia de tres facciones plenamente conscientes de serlo y que optan por ser hegemónicas en Podemos: los errejonistas, los pablistas y los anticapitalistas. También es patente que entre las dos primeras se ha establecido una rivalidad con tintes de antagonismo, mientras que la última viene a ser la combinación dialéctica de una zambomba en un garaje y un pulpo en un entierro.

En cualquier caso, Lenin se frota las manos: empieza el debate político. Vladimiro, mejor sigue esperando a Godot.

La dirección de Podemos, que ahora es exclusiva y  casi diríase sádicamente Iglesias, decide fijar la fecha del congreso o asamblea, llamémoslo 'VII', con apenas dos meses de tiempo para debatir prácticamente todo lo que se puede debatir, y en el mismo fin de semana que un evento similar del PP. Tal coincidencia es difícil de comprender, se dice que permitirá comparar los métodos democráticos de Podemos con los dictatoriales de los populares, que liberará de carga mediática a VII facilitando el debate, etc. No se ve nada claro y suscita lo contrario de aquello de que el enemigo no os marque los tiempo. Parece, más bien, un golpe de efecto de Iglesias y, hay que reconocer que  es un maestro en eso; sobre todo en los golpes, porque los efectos a veces no son muy favorables. Él sabrá. Además, decide empezar por las cosas serias: cómo se elige a los jefes. Muy marxista, primero la infraestructura y después ya, si eso, la superestructura. 



En la próxima entrega, Lenin y el postrosko contarán sus impresiones sobre la consulta de Podemos a sus 'inscritos' sobre las modalidades de discusión y votación en VII; para entonces se sabrá el resultado, asunto nada baladí. Espero que no se retrase mucho, de eso se encarga él, el hombre de acción por antonomasia. De los que ya no quedan.

lunes, 12 de diciembre de 2016







Las tribulaciones de un postrosko en postroskilandia (1)


Estuve el sábado pasado en el acto que convocó la, no sé como llamar, corriente, sensibilidad, orientación, tonalidad, congregación de anticapis y agregados en Moncloa, que se suponía inaugural de una plataforma de actuación, bautizada como ‘Podemos en Movimiento’, cara al Vistalegre II. Albergaba uno la más que ingenua esperanza de que allí se abordara con el mayor realismo y la menor retórica la situación en que se encuentra ahora Podemos, que se discutieran los principios y criterios generales y se elaborase un plan de trabajo de la plataforma para llevar a la Asamblea de Podemos unas propuestas que, en mi opinión – y es lo que pensaba plantear – debían suponer de hecho casi una refundación.

En este momento 
Podemos no es otra cosa que un grupo de personas vinculadas en gran medida por lazos de amistad – una red de afinidad, en lenguaje sociointernauta –, que comparten unas ideas políticas muy genéricas e inconcretas, un grupo que dispone de un importante poder institucional y que carece por completo de poder de transformación sociopolítico. Podemos nació sin proyecto y cuando se vio en la tesitura de gestionar un poder inesperado, tras las elecciones Europeas del 14, improvisó un proyecto cortoplacista y personalista arropado por una organización ad hoc, destruyendo incluso aquello que se había formado semiespontaneamente por debajo suyo y que podría haberlo vertebrado en un recorrido político de largo aliento: los círculos. El proyecto ha fracasado, afirmación que no sale de mi resentimiento sino de la boca de Pablo Iglesias por aquel entonces: el objetivo principal, al que se subordinaba todo, era alcanzar en ese ciclo electoral el poder ejecutivo. Y no con las posteriores rebajas de una vicepresidencia y varios ministerios de un gobierno Sanchez, no, obtener la presidencia del gobierno con una fortaleza en el legislativo que permitiera una política autónoma y capaz de enfrentarse a los ‘poderes fácticos’.

Con poco más de cincuenta diputados – hay que descontar a los superoportunistas de Compromis y a muchos despendolados (en el buen sentido) de la Mareas o de En Comú – y una legislatura por delante que no tiene por qué ser tan corta como creen algunos, los mismos que en el 2012 hablaban de ‘Mariano el Breve’, no se ha conseguido ni una miajita de lo que se pretendía. Se parte de una experiencia muy rica y una realidad muy pobre. Esa realidad es que no hay una organización – con la curiosa particularidad de que sí hay ya burocracia, lo que es rizar el rizo; centenares de consejos autonómicos y ciudadanos sin nadie debajo y autoconciencia de cuadros directivos: “pues, oiga, yo soy el consejero de Urbanismo y Ordenación Territorial de Calatayud de Podemos" – ni hay una estrategia, y, en consecuencia ni tácticas de medio plazo ni programa (un programa no es una lista inacabable de recetas progres atrapalotodo). Pablo lo sabe, Errejón lo sabe, el resto, también.

El resto, un resto que, repito, contiene bastante mas que a Anticapitalistas, es lo que, en mi opinión, hay que articular y movilizar y oponer a las alternativas errejonistas y pablistas, de las que me ocuparé más adelante. 

El citado acto, lejos de mis expectativas, consistió en una autoproclamación triunfalista de algo que no se dijo qué era y que todo el mundo parecía tener claro, porque, en general, la gente estaba bastante contenta de ser ella misma. Hablaron, en medio de aplausos y algun vítor, los de la mesa, Teresa, Kichi, Beatriz Gimeno y Urban (bueno Urbán, más bien, declamó, as usual) y unos cuantos compañeros más o menos conocidos que se hallaban entre el público y a quien el moderador presentaba siguiendo un guión. No hubo turno de palabra, de lo cual ahora me alegro pero entonces me pareció frustrante e inaceptable. Para resumir, y no pretendiendo ser muy cáustico, el ‘acto’ me recordó una escena de Pulp Fiction y unas valoraciones un tanto obscenas del señor Lobo al respecto. Quizá sea injusto y hechos posteriores me obliguen a tragarme mis palabras, algo que haría muy gustosamente. Ójala así sea. De momento, seguiré mañana o pasado devanando como veo a Podemos e o futuro.



                                                                   ¿Donde está Wally?

martes, 1 de noviembre de 2016



La actualidad rabiosa






Caretas genocidas y carotas mancillados



Síntesis de las descripciones realizadas por los periódicos en papel editados en Madrid de los eventos acaecidos el jueves pasado en la Universidad Autónoma:


Un grupo de violentos con los rostros cubiertos impide el ejercicio de la libertad de expresión de Felipe Gonzalez y Juan Luis Cebrían en la Universidad Autónoma de Madrid. 



Descripción (traducida) de los hechos que habría publicado, no ya el New York Times, el Wall Street Journal:

Unos doscientos estudiantes de la UAM, algunos de ellos llevando caretas con eslóganes, se concentran para manifestar su repulsa a la presencia de Felipe Gonzalez y Juan Luis Cebrián, quienes habían acudido para participar en un acto académico. Los responsables del acto decidieron suspenderlo ante la posibilidad de incidentes.


Síntesis de las informaciones y valoraciones – además de las ya incluidas en su muy neutra descripción de los hechos – realizadas por los periódicos en papel editados en Madrid. Ningún dato está contrastado; la mayoría son falsos:

Los manifestantes no permitieron que tuviera lugar el acto académico. Los manifestantes había sido convocados por Podemos. Los manifestantes iban encapuchados. La conducta de los manifestantes fue violenta. Los manifestantes eran fascistas. Los manifestantes eran matones. Los manifestantes eran proetarras. Los manifestantes eran como Tejero el 23F. Los manifestantes eran como Millán Astray, y Gonzalez y Cebrián, como Unamuno.



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No sólo los editoriales y columnas de los periódicos en papel editados en Madrid, también los digitales, incluidos los progres, aceptaron unánimemente una versión de los hechos tan absolutamente ajena a toda deontología periodística, en primer lugar porque porque es falsa y en segundo porque enmascara como información opiniones y valoraciones. A lo sumo, algún que otro colaborador de algún que otro digital matizaba algún que otro punto no esencial. Y siempre después de expresar su rechazo o su disconformidad en general con los manifestantes. 

Reserva previa que me recuerda a aquellos tiempos en los que, para apuntar tímidamente que lo que sucedía en Euskalherría tenía componentes políticos, había con anterioridad que gastar un cuarto de hora explicando, más bien abjurando ante un tribunal de la Inquisición, que uno no tenía vinculación alguna con los terroristas y que discrepaba política y éticamente por completo de sus actividades. Y aun así, a veces saltaba indignado un comisario político, de IU o del PSOE – porque esos pequeños matices discrepantes del discurso oficial sólo me atrevía a insinuarlos con gente 'de izquierda', no estaba tan loco como para hacerlo ante personas no fiables o desconocidas – a quien no le bastaban esas aclaraciones y me exigía una condena expresa. 

Saco a colación estas anécdotas no anecdóticas porque esa especie de abjuración previa, común a los periodistas al opinar sobre los sucesos de la Universidad Autónoma (y de muchísimos otros) y a cualquier español al hablar sobre el conflicto vasco, refleja la vulneración sistemática de la libertad de expresión, en el terreno de lo fáctico, que se da en este país. Ciertamente, la libertad de expresión se halla reconocida en la Constitución con el alto honor de derecho fundamental y sigue esplendorosa en el ámbito formal, donde ha de cumplir su función ideológica de 
cimentar la ficción democrática. Se trata, como en tantos otros elementos de la 'democracia que nos dimos en el 78', de cercenar un derecho, ajustándolo a las necesidades en cada momento de la oligarquía, sin que se note mucho, manteniendo la vigencia legal de la norma.

 Lo que diferencia estos dos casos en los que la libertad de expresión se convierte en papel mojado son los mecanismos específicos para efectuarlo, que, de algún modo, remiten a los foucaltianos dispositivos disciplinarios y dispositivos normalizadores o de control. Primero, describiré someramente el caso vasco y me detendré más con la situación en los media. 

El procedimiento mediante el cual se impidió tratar libremente de la problemática vasca en los años de plomo (y que continúa ahora, aunque con menor virulencia) fue implementado y operado por el Estado, introduciendo para ello en el Código Penal un elemento ad hoc, la 'apología del terrorismo', en virtud del cual, y por vez primera, se contemplaba que un discurso analítico pudiera ser delictivo. Hasta ese momento, y suprimida la blasfemia como figura penalizable, tan sólo quedaban proscritos legalmente enunciados performativos, del tipo de amenazas, informaciones encaminadas a la comisión de un delito, calumnias, etc., es decir, expresiones que hacían daño en sí o que eran condiciones necesarias para llevar a cabo conductas lesivas. A partir de entonces, ya había cosas que, por ley, no se podían decir, sin, supuestamente, lastimar a nadie en concreto, tan sólo a 'la sociedad'. Se restablecían las ideas prohibidas, en un claro retroceso a la premodernidad. 

De entrada, esa restricción suscita una cuestión genérica: ¿Es lícito ponerle barreras a la libertad de expresión?, ¿hay algún enunciado – no performativo – cuyo proferimiento o difusión escrita en el ámbito público deban ser considerados delitos? Se trata de un asunto complejo, en torno al cual hay una amplia literatura polémica en la que se encuentran argumentaciones muy rigurosas tanto en un sentido como en el contrario; no se puede resolver de un plumazo. En mi opinión, no es lícita ninguna restricción a la exposición de ideas, por absurdas o maléficas que se consideren. A modo de ejemplo, yo no aplaudí el cierre de la librería nazi de Barcelona. En todo caso, para lo que ahora nos ocupa es posible, afortunadamente, soslayar este debate.

Aceptemos, pues, que es lícito penalizar ciertas expresiones o discursos; en este caso, el ensalzamiento del terrorismo. Con esa legitimidad de partida, se llegó a un estado de cosas en el que, previa una 'sensibilización' de la opinión publica por unos medios cómplices y contando con un cuerpo de jueces y fiscales muy mayoritariamente alineados con la estrategia del establishment, cualquier análisis político del contencioso vasco que no se planteara como el apocalíptico combate entre el bien y el mal, entre los 'demócratas' y los 'violentos' (también aquí los violentos), constituía apología del terrorismo. El plan ZEN, con sus barrionuevos y sus garzones, sus orejas y sus callejas, se había cargado la libertad de expresión en España.

El segundo mecanismo de coerción de la libertad de expresión no procede del Estado, sino de la llamada 'sociedad civil', de los poderes civiles. Éstos no pueden meter a los malos en la cárcel, pero disponen de otras armas: la coerción económica y sociocultural. Antes de seguir y para no perdernos con las palabras, explicitaré mi mi noción de lo que es la libertad de expresión. Tal libertad es, en puridad, la libertad de comunicación publica. Libertad de expresión no refiere conductas como hablar solo en mi cuarto, por muy bien que me exprese, o conversar con mi madre y mi hijo en el salón. La libertad de expresión, propongo, consiste en emitir opiniones en lugares públicos y, en su caso, de difundirlas en formato escrito, en papel o en la red, sin que ello acarree otras consecuencias desagradables posibles que suscitar un disenso o ganarse alguna enemistad. No existe libertad de expresión cuando lo expresado carece de la potencia de influir sobre algún segmento mínimamente significativo de la opinión publica.

Se observará que esta caracterización implica una toma de posición en relación con otro enjundioso debate politológico, el de la oposición entre libertades formales y reales, o, en una variante más técnica, la libertad positiva frente a la libertad negativa; la libertad de los antiguos frente a la libertad de los modernos, que decía el moderno Constant. En su vertiente negativa, la libertad de expresión radica en que nadie, empezando por el Estado y su ordenamiento jurídico-represivo, me impida decir lo que deseo. Por supuesto, sin esta condición negativa, no cabe hablar de libertad de expresión. Por su parte, la libertad positiva no niega la negativa, sino que la integra en un espacio más amplio. El concepto de libertad positiva surge de la existencia de unas condiciones sociales – políticas, económicas y culturales – que dificultan o hacen imposible el ejercicio de una libertad por mucho que ningún otro sujeto físico o jurídico lo obstaculice. Veamos como se aplica esta dicotomía en el caso de la libertad de expresión comparando su tratamiento constitucional con el de la de vivienda.

En los textos constitucionales no suele hablarse directamente de libertades, sino del derecho a realizar ciertas actividades con libertad. Así, el artículo 20.1 de la Constitución del 78 expone: “Se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. El artículo 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Aunque con una forma parecida, los artículos tienen un carácter muy diferente. El 20 pertenece a la parte 'liberal' de la Constitución y el 47 a la parte 'social'. Mientras la parte negativa se hace explícita en el 20, en el 40 se elide, ya que se supone evidente que hay libertad para tener o no tener una vivienda 'digna y adecuada'. Mucho suponer, porque si no tengo dinero para pagar una vivienda, no puedo disfrutar de ese derecho, si no pago el alquiler o el crédito hipotecario, me voy a la calle, etc. Es decir, en muchos casos, no se puede ejercer la libertad de disfrutar, o no, de una vivienda. Algo que, en efecto, se da por hecho, al tratarse de un artículo 'social', y, por eso en el mismo párrafo se añade que los poderes públicos tomarán una serie de medidas para hacer efectivo el derecho. Que esas medidas sean inadecuadas o insuficientes salta a la vista, pero incluso los gobiernos más neoliberales aseguran esforzarse por conseguir que todo el mundo disponga de una casa donde vivir. Y, aunque casi siempre la realidad sea la contraria y dejen a más gente en la calle, lo que aquí importa es que los Estados se muestran siempre como involucrados en el objetivo, aceptan como obligación suya el cumplimiento del artículo 47.

El articulo 20 es puramente negativo. Se consagra la libertad de expresión, pero no, en los términos que arriba he definido, su ejercicio efectivo. Aquel que tenga los medios materiales para dirigirse al gran público, puede hacerlo sin cortapisas; quien no los tenga, no podrá hacerlo, y el Estado se desentiende de ello. Más allá de que nadie vaya a la cárcel por blasfemar o por decir en el bar que los del PPSOE se lo llevan crudo, la libertad de expresión es la libertad de los media, la libertad de prensa como se decía en otros tiempos. Y la libertad de los media es la libertad de los dueños de los media, 'la libertad del dueño de la imprenta' como dice Correa con gracejo ecuatoriano. Es aquí tan flagrante la contradicción entre libertad formal-negativa y real-positiva que, imagino que por esa 'hábil' estrategia de los franquistas reconvertidos de dejar alguna pullita progresista en la Constitución a modo de migajas para unas izquierdas que estaban tragando en todo lo importante, se añadió un punto, el 3, al artículo 20, que reza: “La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”. Lo cierto es que, a diferencia del artículo 47, donde al menos de boquilla, se ha tenido en cuenta esa positivación del derecho, en el 20 nadie nunca ha hecho el menor intento de llevarlo a cabo. Los medios públicos han ido desapareciendo, prácticamente sólo quedan RTVE, EFE y cadenas autonómicas, y siempre han constituido un instrumento de manipulación y propaganda del partido en el poder. 

En España, pues, la libertad de expresión se halla atrapada por un doble cepo: el monopolio de los grandes medios y las limitaciones, autoimpuestas o externas, de temáticas y contenidos. Los grandes media – El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, La Razón Atresmedia, Mediaset, y pocos más – , en rigor: sus propietarios, forman parte prominente del establishment español, son los principales sostenedores del consentimiento popular del Régimen del 78, los creadores y mantenedores de un discurso cada vez más resquebrajado y desprestigiado pero que sigue siendo para la mayoría de la población el único, y sin alternativa concebible. La estructura jerárquica cada vez más vertical de estos medios hace de los periodistas – personajes por lo general un tanto patéticos que viven, algunos muy bien, de los recuerdos de épocas, embellecidas y fantaseadas, dicho sea de paso, en que eran el contrapeso del Poder – simples amanuenses de los dictados de sus amos; les va en ello la manduca de sus churumbeles. Hace unas semanas asistimos al patético espectáculo de la redacción del País protestando por la indecencia de unos textos publicados en el diario en que se llamaba al linchamiento de Pedro Sanchez (que, por cierto, se consumó pocos días después); unos textos que habían escrito ellos mismos. Dos semanas más tarde escribirían artículos aun mas indecentes sobre los fascio-terroristas de la Autónoma.

Se puede aducir que no sólo existen estos grandes medios integrados en el poder oligárquico, que también existen otros de dimensiones más reducidas pero que aun cubren la definición de portadores de libertad de expresión tal como la definí arriba. Son publicaciones generalmente digitales que no están en el núcleo del sistema, como las grandes, y podrían representar una alternativa informativa e ideológica al mismo. Mi opinión es que esos medios, si es cierto que no forman parte del establishment, tampoco se ubican, culturalmente, extramuros del Régimen. Que vienen a ser lo mismo que supuso, malgré lui, IU, y antes el PCE, durante los últimos veinticinco años: un apéndice inofensivo y, además, legitimador por cuanto creaba la ilusión de que se toleraba la disensión radical, y que la utopía era posible simplemente votándoles. En teoría, estos 'medios intermedios', y me estoy refiriendo ya a los tomados por más o menos izquierdistas, más o menos independientes, por ejemplo: Publico, Eldiario.es, Infolibre y, en otro formato, Elconfidencial o Vox Populi, sí podrían poner a prueba los limites estatales de la libertad de expresión, lo que sería fastidioso para el Régimen porque tendría que recurrir a la represión directa y abierta. En la realidad, todas estas publicaciones surgen con la vocación de hacerse y mantener un nicho de mercado no muy lejano de los citados diarios en papel,y, si se presenta la oportunidad, dar el salto hacia arriba. Hay una fuerte competencia empresarial entre ellos y los costes de producción no son desdeñables. La mayor parte de ellos se editan en abierto, de modo que su fuente de financiación es básicamente la publicidad. Los anunciantes no son como en Diagonal, auténtica prensa independiente y crítica, correligionarios con algún negociete alternativo, son bancos, eléctricas, y similares, grandes y medianas empresas. Por ahí ya asoma la posibilidad de una censura económica de contenidos: las empresas no pagan a quienes pretenden quitarles el agua del que beben. Sin embargo, me interesa más, porque es menos obvio y más eficaz en el corto plazo, otro mecanismo de sujeción económica, el hecho de que los anunciantes se basan principalmente en los indices de uso de la publicación – audiencia, difusión, visitas, etc. – para contratar los anuncios y que esos mismo indices ponderan el precio por anunciarse, no cuesta lo mismo un anuncio de media página en El País que en Publico. 

Y es en relación con esta exigencia de lectores que entra en escena el 'achique de espacios' cultural que ha impuesto el Régimen del 78 a la sociedad española. Un equivalente de los límites penales que veíamos arriba con la diferencia de que quienes los traspasan no van a la cárcel; pero sí son castigados, en unos casos con la perdida de sus medios de subsistencia y con algún tipo de marginación social en otros. No se trata, desde luego, de que se halle acotado un campo discursivo en el que solamente sean posibles justificaciones y loas al estado de cosas vigente. La crítica también cabe, de hecho es necesaria para construir un imaginario hegemónico de libertad y democracia. Se permiten, y hasta se alientan, determinadas criticas en determinados sitios y en determinados momentos. El resto es silencio. 

Todo ello sin recurrir a la acción punitiva judicial policial, todo ello en el seno de la sociedad civil. Lo explicaré con un ejemplo, tomando como representante de ese sector medio en búsqueda y captura de lectores a El diario.es; lo que se diga de él vale para el resto. El diario.es se mueve en un espacio ideológico de izquierda, sabe que desde la derecha únicamente van a entrar veinte o treinta personas, en su mayoría para trolear. El target es la gente de izquierda. Pero no hay algo objetivable como 'gente de izquierda' porque no existe algo objetivable como 'izquierda'; hay una amplia variedad de izquierdas, cuyo único denominador común es que cada una de ellas esta compuesta por individuos que se consideran a sí mismo de izquierdas (aunque, con frecuencia, no a muchos de los otros sedicentes izquierdistas). Si fuera viable, Eldiario.es echaría sus redes para pescarlos a todos, desde psoeros a stalocomunistas. Pero no lo es, no se puede atraer a unos sin expulsar a otros; hay que seleccionar. El criterio utilizado,  creo que el idóneo para los fines buscados, es situarse por su derecha justamente al otro lado de la frontera que deja (o dejaba) El País. Y por la izquierda – lo que aquí nos interesa – ocupar hasta el limite de 'lo razonable', del sentido común. Lo que ésta más allá es ya muy minoritario, empeora el balance. 

La Cultura-Propaganda ha hecho de la disidencia 'radical', es decir de toda aquella que trasciende el umbral del sentido común impuesto una muestra de insania socialmente peligrosa, de tal modo que supone un paso que pocos están dispuestos a dar por mucho que su buen sentido intelectual y moral esté en condiciones de desmontar el sentido común en lo que es: un constructo esencialmente ideológico que presenta como natural cualquier aberració funcional al orden establecido. Y es que hay cosas que no se pueden decir en los bares, en el trabajo o en las comidas familiares sin que te cataloguen de terrorista o de lunático. Esto es, que ante las dos de las posibles respuestas comunicativas a tu mensaje, bien de reconocimiento, bien de rechazo-exclusión, la gran mayoría opte por la última. Quizá tu madre te disculpará, meneando la cabeza, con su infinito amor y comprensión, pero tus cuñados ya están haciendo planes para encarcelarte o incapacitarte y quedarse con tu parte de herencia. Y luego, la soledad. Si tu heterodoxia estaba ya codificada, es posible que encuentres una secta que te devuelva a la experiencia intraplacentaria, pero, como vayas por libre, para hablar con alguien  tendrás que comprarte un búho; éste, al menos, te mirará con atención y no saldrá volando hasta que anochezca.

Ignacio Escolar, seguimos con el ejemplo, es consciente de todo lo anterior, y por ello la optimización de la oferta informativa de El diario.es se concreta en una una información main stream para progres y unas opiniones críticas dentro del espacio 'permitido'. Esporádicamente, aparecerán artículos que rebasan ese espacio e incluso mantendrá algún colaborador 'antisistema' para rebañar algo de ese mundo exterior caótico poblado por réprobos y dementes, obligados a leer-escribir en publicaciones marginalizadas, asfixiadas económicamente y repudiadas por el buen gusto administrado. Publicaciones que sufren la arriba mencionada negación por partida doble de su derecho formal a la libertad de expresión. Por un lado, el de los poderes civiles, se las priva de toda posible financiación que no sea la de sus lectores, se las invisibiliza de múltiples maneras, por ejemplo, nunca son citadas en medios 'serios' o masivos (recuérdese el caso de Rebelión y la Wikipedia), se las anatemiza, etc.; por el otro lado, el del poder estatal, se les imponen de vez en cuando fuertes multas o se condena por vía penal a sus responsables, a modo de aviso a navegantes (internautas en este caso). 






Concluyo con los siguientes puntos a manera de resumen y posicionamiento. 

- Juan Luis Cebríán y Felipe Gonzalez pertenecen al reducido grupo de personas que gozan en España de libertad de expresión y que, directa o indirectamente, sostienen ese oligopolio.  Cebrían dirige tiránicamente las publicaciones escritas y audiovisuales del grupo PRISA que, aunque en clara decadencia, todavía es de los más importantes en difusión e influencia política y cultural del Estado. Gonzalez puede 'expresar' lo que quiera y cuando quiera en la plataforma PRISA y, a través de su íntimo amigo y aliado estratégico Cebrían, manipular e intoxicar cuanto desee en esa plataforma mediática.

- Uno de los escasísimos espacios en los que pueden expresarse públicamente con cierta libertad aquellos que no pertenecen a la oligarquía son la universidades, donde los estudiantes tienen la posibilidad, a veces teniendo que vencer la dificultades que les ponen las autoridades académicas, de organizar seminarios, congresos, conferencias y otros actos culturales sin atenerse a los guiones hegemóniamente predeterminados. En ese sentido, y con todas la limitaciones y salvedades, las universidades son un espacio de contrapoder cultural y debe ser protegido como tal de los intentos de asimilación por la cultura, en formas y contenidos, del Régimen. 

- Que unos señores que niegan sistemáticamente la difusión de unas ideas distintas a las suyas en los medios mayoritarios que controlan pretendan expresarse en lugares donde se intenta crear un modelo de libertad de expresión crítica y democrática, es decir, dando voz los que no tienen voz sistémicamente, es no ya una manifestación de prepotencia, se trata de una provocación perfectamente premeditada. Máxime cuando ellos sabían perfectamente la reacción que iban a suscitar. Tanto es así que se hace difícil no creer que la comparecencia de Cebrián y González tenía como finalidad consolidar la jugada que ambos en comandita acababan de promover y auspiciar: el golpe palaciego de los barones del PSOE para darle el gobierno a Rajoy y poner orden en el país. Demonizando a los estudiantes como 'violentos' y acusando a Podemos, sin prueba alguna y en contra de muchas evidencias, de estar detrás de la 'salvaje asonada' de los jóvenes encaretados se remarcaban las fronteras entre la civilización – PP, PSOE Ciudadanos – y la barbarie – Podemos y demás malas hierbas – que el golpe baronil iba a consolidar políticamente en las instituciones.

- La actuación de los manifestantes fue correcta hasta donde se les dejó. Exhibir públicamente su repulsa por la irrupción provocadora de dos personajes que representan lo peor de un Régimen corrupto hasta la médula, cuyo mayor activo fue salvar el culo y los negocios de los franquistas es, sencillamente, un imperativo ético. Es, además, un acto de uso de la libertad de expresión real, y, a la vez un desenmascaramiento implícito de su minnimización por el sistema. Los estudiantes no tienen El Pais para decir y argumentar su opinión sobre la concentración de la información o el terrorismo de Estado. Tampoco el ABC o El Mundo; allí se crítica a Cebrían y a González desde unos planteamientos en lo que auello que importa no es que sean de derechas, sino que se hallan dentro del campo cultural del Regimen. Así, el único recurso de los estudiantes es una forma precaria de mostrar sus ideas: con caretas, pancartas y consignas.  

- Un político manchado de sangre. Un periodista (?), de la tinta empleada en mentir, en destruir la poca conciencia crítica que se generó en los años 70s dando gatos autocomplacientes por liebres transformadoras, en poner el grupo de comunicación más influyente de los últimos cuarenta años al servicio de los propios intereses económicos. ¿Hay que escucharlos?, ¿es que no tienen bastantes con sus tribunas? Ya sabemos, porque por todas partes se nos obliga a oírlo, lo que cuentan. Y lo que cuentan apesta.
- Conseguidos sus objetivos, poner de manifiesto el carácter totalitario de Podemos, nuestros héroes salieron por piernas sin que exista constancia alguna de que no se les iba a dejar hablar. Ignoro por completo cual era la intención de los manifestantes en el caso de que Cebrián y González hubieran decidido entrar en el aula, algo perfectamente posible que no niegan ni esas crónicas que comparan lo que allí pasó con el 23F. Lo que creo que debieran haber hecho en tal caso es entrar en la sala y no permitirles a los próceres del trile enunciar la sarta de naderías y mixtificaciones que suelen, proponiéndoles un debate – que, por supuesto, no habría sido aceptado – sobre el siniestro papel que han jugado en la historia reciente de España. Libertad de expresión, pero esta vez sin que ellos marquen la temática y, sobre todo, sin el monopolio de la palabra; discutiendo de igual a igual. 

- En el caso de que mediante alguna treta no se hubiera permitido el acceso de los manifestantes a la sala de conferencias, la única actuación ética y política no claudicante habría sido boicotear el acto por la fuerza. Si vamos a una guerra de posiciones, como nos informan los gramscianos que aparecen ahora debajo de cada piedra, es preciso defender nuestros territorios en lo que tienen de nuestros.