sábado, 10 de junio de 2017


Nuestra Señora de las Condecoraciones
Cómo el himen se hizo pueblo





Como es sabido el Ayuntamiento de Cadiz resolvió conceder la medalla de oro de la ciudad a la Virgen del Rosario con un consenso insólito en el que sólo fallaba, y tibiamente, Ganar Cadiz en Común, la candidatura organizada por IU, que tuvo el impío atrevimiento de abstenerse. PCSSP (Por Cadiz Si se Puede: Podemos), PP, PSOE y C’s abandonaron momentáneamente sus diferencias ante un caso de fuerza mayor: el siempre vivo Volkgeist andalusí. La medalla de oro es una distinción que se concede a personas o instituciones que han contribuido a la mejora de la ciudad. La Virgen del Rosario no es una persona; quizá lo fue, pero en cualquier caso la concesión no se ha hecho a título póstumo. Tampoco una institución, por mucho que se retuerza el término. Entonces, ¿what the fuck?


 La extrañeza ante una actuación tal por parte del ayuntamiento de capital de provincia que se supone más rojo de España – el alcalde, a los dos cuernos que conlleva el ser de Podemos, le añade el rabo de pertenecer a los Anticapitalistas – movió a la prensa local a interrogar al respecto a PCSSP, quien adujo: “Se trata de una propuesta que se ha entregado en el Ayuntamiento y viene avalada por más de 6.000 firmas. Proviene de particulares, asociaciones de vecinos, entidades ciudadanas y colegios profesionales. Es, por lo tanto, por el componente popular y el apoyo ciudadano que tiene esta propuesta. Por ello se apoya, nada que ver con el supuesto componente religioso, sino por el componente popular”. Ya en esta mera respuesta hay una cierta manipulación que revela una mala conciencia. Las firmas son siempre individuales, los firmantes podrían ser miembros de un sin fin de instituciones muy arraigadas y aun santificadas, pero el número es de personas, seis mil en una población de más de cien mil habitantes. No es muy impresionante. Si se juega a mezclar churras con merinas y pensamos en seis mil asociaciones con una media de cien afiliados, son seiscientas mil firmas. Eso ya acojona más; un quinientos por ciento de los gaditanos quieren homenajear a su supermadre protectora y munífica.

Dejemos de lado esas argucias comunicativas fulleras y ratoniles, a las que ya estamos más que acostumbrados pero que, se supone, habría de desterrar la ‘nueva política’. En realidad, nos vienen a decir a continuación, las cifras no importan, lo que importa no es que sean seis mil personas, lo relevante es que se trata de una reivindicación ‘popular’, esto es, representan al pueblo. Y el pueblo es el que más manda, se cantaba en Grándola, Vila Morena.

La reacción general, una vez aireado el hecho por los media, como era de esperar, fue de estupor y, por parte de la izquierda, de consternación. Empezaban a proliferar artículos críticos y en la red florecían mil tweets cachondeándose del asunto. La dirección de Podemos, o sea, el Director de Podemos, comprendió que no era posible mirar para otro lado. Y entonces, comenzó lo realmente grave. La situación no era nada sencilla, quizá la salida menos mala habría sido confesar en un tono suave el desacuerdo con la medida adoptada por Kichi y recurrir a la pluralidad de Podemos, insinuando, además, las dificultades de gobernar en minoría con el PSOE susanista en la chepa. Pero esta explicación encerraba un problema: por diplomático en las formas que quisiera mostrarse PIT, la desautorización política sería patente. Ciertamente, si el alcalde de Cádiz hubiese sido errejonista, Iglesias no habría tenido muchos escrúpulos en decir algo de ese jaez, intentando, eso sí, hacer la menor sangre posible (que ya se ha ganado Vistalegre II). Incluso si el citado regidor perteneciera a la corriente pablista, es probable que se habría decantado por esta misma opción. Pero en Andalucía, las relaciones de fuerza internas de Podemos son bastante tortuosas, la corriente errejonista tiene más peso que la pablista, muy débil allí, pero menos que los anticapis, de modo que se ha constituido una alianza sui generis entre estos dos últimos que mantiene el status de predominio pablista a nivel estatal. Y PIT no puede poner en peligro ese equilibrio criticando abiertamente a Kichi. Todo esto que, claro, no se va a exponer en público, condiciona el mensaje de Podemos.

En tales circunstancias, el Director se pone el mundo por montera y decide que lo mejor es sostenella y no enmendalla. Los voceros habituales de Podemos se aprestan entonces a lanzar un discurso en el que lo más grave no son las contradicciones internas sino, al revés, la coherencia con un proyecto político. Asistimos a una exhibición de como un elemento táctico se superpone a cualquier consideración estratégica, programática e ideológica, hasta el punto de desvelar que no hay en Podemos estrategia, programa o ideología que no sean de ocasión. 

Veamos lo que nos cuentan, los tres argumentarios que he leído, expuestos por el Director, el Listillo y Teresa Rodríguez, alguien, Teresa, por quien no oculto mi afecto político ni mi opinión de que no está donde debería estar.


Iglesias

Admito que cuando me enteré no entendía nada y tuve que llamar a Kichi para que me lo explicara. Para alguien de Madrid suena raro y no encajaría en otros ayuntamientos que gobernamos. Pero él me convenció. Me habló del carácter de dignidad popular que significaba esa Virgen y que en una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo que nos podría parecer desde fuera. Yo creo que Kichi lo ha manejado de una manera muy laica en el sentido de que se trata una muestra de respeto a los sentimientos populares demostrando que hay que convivir con distintos pareceres y tradiciones. Los urbanitas de izquierda tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo.


Monedero 


No es lo mismo que los humildes celebren a la Virgen, en su mundo sin grandes esperanzas, a que la celebren los que cierran a los humildes sus esperanzas … Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja más tiempo para los poderosos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste más o menos, hay que respetarlo … Hoy, Kichi, es Alcalde de Cádiz y de todos los gaditanos. Y de la misma manera que está bien que no impulse nada que nos quite la responsabilidad de nuestros actos, hace bien en escuchar al pueblo en el momento concreto en el que vive el pueblo, que es el ahora. Porque en un mundo emancipado es verdad que o no habrá ni dioses ni vírgenes o habrá miles. Pero mientras tanto, gobernamos para el pueblo que está ahí. Y gobernamos sabiendo que no es lo mismo el poderoso que el humilde, aunque coincidan en algunos sitios. Kichi no es el alcalde de mañana. Es el alcalde de hoy. Y qué bueno que lo tiene claro

Teresa Rodriguez

No somos diferentes al pueblo al que pretendemos representar. No somos sectarios ... la Patrona es un símbolo de la ciudad que por cierto trasciende lo religioso y que tiene que ver con nuestra propia identidad … [ celebraciones religiosas como la Semana Santa o la Patrona de una ciudad] no son hechos puramente religiosos, no es la jerarquía de la Iglesia, es una tradición que trasciende lo religioso. Tiene que ver con cómo el pueblo siente y respira. Y nosotros no somos diferentes del pueblo al que queremos representar … El laicismo que predica Podemos no es colonial, no nos dicen desde Madrid cómo tenemos que sentir nuestros afectos y nuestras identidades en el sur de España.


Una vez repuesto del pasmo, creo que son éstas unas lecturas muy instructivas. Analizarlas proporciona una información bastante clarificadora acerca de Podemos. Para ser preciso, dos tipos de información. Una de ellas acerca del discurso político general de podemos. La otra ilumina las diferencias entre las distintas visiones de sus líderes – es una pena que Errejón no se haya manifestado, que yo sepa, al respecto; me lo imagino partiéndose la caja con esta historia y los pronunciamientos de sus camaradas  y sin embargo enemigos –. Aun cabría un tercer enfoque, una especie de metaanálisis que se fijaría en como y para que analiza la gente de Podemos. Por partes, como the Ripper.


El argumento más fuerte para justificar el despropósito de Kichi – ni me molesto por justificar, a mi vez, esa calificación de despropósito, si alguien no lo ve con claridad cartesiana, no tengo nada que contarle – se encuentra ya en la nota de prensa del ayuntamiento gaditano y es desarrollado por los líderes podemitas Se trata del carácter popular de la devoción, en este caso, de la virgen del Rosario, como podría ser la del Rocío, el Jesús del Gran Poder o cualquier otro fetiche católico, de modo que un homenaje tal que condecorarla se convierte en una petición popular asumida por unas autoridades que ‘escuchan al pueblo y gobiernan para él’ (Monedero). Se trata de una ‘tradición arraigada en el pueblo’ que ‘no va unida al conservadurismo’ porque es una virgen ‘que significa (?) un carácter de dignidad popular’ (PIT). Es ‘un símbolo de la ciudad’ que ‘tiene qué ver con nuestra identidad’ y ‘trasciende lo religioso’ (Tere).

Con absoluta carencia de originalidad – todo esto ya se les podía escuchar a los cristianos progres de los años setenta – exponen los líderes morados unas formulaciones propias del Romanticismo reaccionario (entiéndase que reaccionario es aquí un especificativo, no un calificativo, hay otras formas de Romanticismo que no son nada reaccionarias). Y es que que estamos hablando de progres del siglo XXI – ¡Ay, Teresa!, ¡Ay, postroskosos! –, postulantes del mito de una sabiduría popular prístina que incluiría componentes liberadores de las cadenas de los poderosos. Frente al cinismo de la construcción de un pueblo mediante la manipulación del lenguaje y las emociones a él asociadas de los Laclau, Mouffe y Errejón, aquí campa el esencialismo populista. El instinto del pueblo del que los urbanitas de izquierda debemos aprender. Por cierto que en este punto las asociaciones inconscientes le juegan una mala pasada al Director; no es lo mismo pertenecer al pueblo que ‘ser de pueblo’; los ‘urbanitas’ también somos pueblo, aunque no vayamos por la calle con boina y un cesto de mimbre con dos gallinas. Todo esto me recuerda a la a los narodniki y a su versión apostólica-cañí, la ORT: ¡Servir al pueblo!

Seamos un poco serios con las clases populares y sus tradiciones. La mayor parte de las tradiciones contienen elementos de sujeción a los poderes en vigor. Y, aunque esos poderes hayan desaparecido hace muchos años, la lógica de dominación persiste así como, aunque sea de manera sesgada, su función subyugadora. Sin duda, hay también tradiciones populares opuestas, que representan formas metaforizadas de resistencia a la dominación. Tarea de la elaboración de una cultura política de izquierda es distinguir unas de otras, desenmascarar las primeras y apoyarse en las segundas; y siempre en el sentido de hacer visible lo invisible, de ninguna manera para manejar unos sentimientos o unos contenidos cognitivos míticos y  metafóricos que permitan  conducir a las masas populares ‘por el buen camino’. Agasajar a, como diría Garzón, ‘seres inanimados’ es siempre reaccionario, por muy arraigado que esté y por mucho que lo practiquen aquellos que (supuestamente) están llamados por la historia para superar el capitalismo y traer la felicidad universal y los ríos de leche y miel a este mundo cruel. Y la cosa se torna grotesca si resulta que esos ‘seres inanimados’ forman parte de la cosmovisión católica del mundo, que no es una ideología propiamente dicha, o no principalmente, sino un dispositivo histórico de poder siempre al servicio de los explotadores y de los opresores, el gran aparato hegemonizante de todas las clases dirigentes europeas y asimiladas desde el año 380. Vergüenza da tener que recordar esto a los que vivimos en la católica España.

Veamos qué nos dice lo que cada uno aporta de su propia cosecha. Aquello de Iglesias acerca de que Kichi ha manejado este asunto de una manera muy laica es quizá la ocurrencia más difundida de las diversas declaraciones al respecto; normal: haría un excelente papel en el campeonato mundial de chorradas. Con las aportaciones de Rajoy, nos llevábamos el oro. Pero Pablo no es un indigente mental ni un amasijo de síntomas como Mariano. Sabe lo que es un Estado laico – a grandes rasgos y sin entrar en sutilezas; tampoco es tan complicado – y sabe que lo que ha hecho Kichi es justamente lo contrario de lo que se supone en un funcionario de un Estado laico. El resto de lo que plantea es más de lo mismo y ya lo he examinado arriba. Mi impresión es que Iglesias es cada vez más consciente de que Podemos es un proyecto fallido, al menos que no es el proyecto contrahegemónico y rupturista del statu quo que él pretendía construir antes de hacerse famoso. A Podemos ya sólo le queda el consolidarse como un partido del sistema, un poco más reformista que el PSOE – y posiblemente, supeditado a él por tiempo indefinido –, y eso queda muy lejos de las fantasías de PIT de ser el Lenin español (el Lenin, no el Gramsci). Intuyo que aceptar que lo que Pablo soñaba como un partido histórico se haya quedado en una organización que baila al son que le marca la pequeña política intrasistémica, en una perspectiva que no tiene más alcance que la táctica electoralista del momento, le ha llevado a una cierta melancolía desde la que ya no le importa mucho lo que dice. Pasar de Bordiga a Togliatti y de Togliatti a Andreotti no debe ser muy estimulante para una temperamento épico como el de Iglesias Turrión.

Con Monedero dejamos la tragedia de PIT y entramos en la farsa, esa repetición de personajes que decía Marx (que decía Hegel). Monedero es un tipo tan pagado de sí mismo que no se toma la molestia de pensar, aplica para todo unos clichés, unos recursos retóricos, que él considera tan  brillantes e ingeniosos como brillante e ingenioso puede llegar a ser algo; y arreglado. Si releyera lo que escribe y tuviera un poco de vergüenza torera (me refiero a la del toro, a la vergüenza ajena que deben darle los taurinos entre medio de su dolor y su agonía, entre puyazo y banderillazo), no afirmaría, a modo de argumento, una memez del calibre de “No es lo mismo que los humildes celebren a la Virgen, en su mundo sin grandes esperanzas, a que la celebren los que cierran a los humildes sus esperanza”. No, Monedero, no es lo mismo, lo primero es mucho peor, y la labor de toda persona de izquierdas debería ser combatirlo y no fomentarlo con medallitas. Luego se pone profético-estupendo:” …en un mundo emancipado es verdad que o no habrá ni dioses ni vírgenes o habrá miles”. O doscientos  treinta y siete, como tendría que saber todo un politólogo.  Para concluir, el argumento definitivo, incontrovertible: “ … gobernamos para el pueblo que está ahí. Y gobernamos sabiendo que no es lo mismo el poderoso que el humilde, aunque coincidan en algunos sitios.”  Todo es falso, menos algunas cosas. Venga, que estoy crecido, soy Monedero, ¿qué más queréis que os enseñe?


 Por fin, Teresa Rodriguez. Ella nos devuelve a la tragedia, pero no a la padecida por el personaje trágico, sino a la tragedia de un mundo definitivamente naufragado, el mundo de la posibilidad de una regeneración de la izquierda, básicamente el mundo del  trotskismo, pero también el del luxemburguismo, el consejismo y otros muchos. La socialdemocracia de Bebel y Kautsky, incluso de Bernstein, no era tan mala idea como denunciaban Lenin y Rosa, simplemente el propio desarrollo del capitalismo y sus contradicciones internas lo desintegró tras los ‘Twenty Fabs’ posteriores a la II GM. Por su parte, el comunismo, surgido anómalamente en Rusia de una revolución que era socialista sin ser apenas anticapitalista, encumbró a un Stalin que puso en marcha uno de los experimentos más siniestros de la historia. Las muy justas críticas que desde esa izquierda radical y no (totalmente) burocrática se dirigieron a ambas posiciones no cuajaron más que en exiguas minorías incapacitadas para cambiar la marcha de las historia. Eso era inevitable, su misión no era, como con frecuencia intentaron ellos, erigirse en una alternativa real a los dos gigantes de la izquierda con sus primos de zumosol incorporados, el establishment capitalista unos y la URSS los otros. Misión imposible. De lo que se trataba era de profundizar en la crítica de la socialdemocracia y el 'socialismo real' desde sus fundamentos políticos, ideológicos y hasta históricos; mucho más allá de traiciones y venalidades, se trataba de indagar qué mecanismos llevaron a esas corrientes que surgieron como emancipadoras a subordinarse a los poderes establecidos cuando no a construir unos sistemas de dominación aún más feroces. Parafraseando a Varguitas, saber en qué momento (y por qué motivos) se jodió el movimiento socialista. Y, al tiempo que esa reflexión colectiva, desarrollar un praxis orientada a ir creando un tejido social que se fuese progresivamente liberándose de las ataduras de las ‘direcciones’ tradicionales de la izquierda, promover, participar y aprender de las luchas de clase en sus variadísimas formas, ayudar a las clases subalternos a autoorganizarse, etc., etc. El objetivo posible, y necesario, era ir preparando una alternativa, no a la socialdemocracia y al estalinismo, sino al derrumbe de ambos, que, además, era previsible que se produjera simultáneamente (como así ha sido)Nada, o casi nada, de eso se hizo – quizá era también una misión imposible – y los críticos fueron barridos por la misma escoba que los criticados. 

Ante una resolución digna del franquismo más granado tomada por su camarada alcalde, Anticapitalistas sí estaba en condiciones de hacer lo que Podemos no podía – al fin y al cabo, ¿a quién le importa Anticapitalistas? –, así que se han trasvestido de avestruz. He mirado en su web y ni la menor mención. En Viento Sur, tampoco, aunque, acaso en un alarde de sutileza (jesuítica, of course), publicó el día 8, en plena polémica, un artículo de esos moñas sobre el cristianismo revolucionario, la religión de los pobres y todas esas matracas. Como dicen los magufos: ¿Casualidad? No lo creo.


[[[Nota bene. Alguna vez escribiré algo más matizado sobre esa Iglesia 'que está al lado de los parias de la tierra'; por el momento, lo resumo en plan lapidario: la lucha contra la dominación no puede enarbolar la bandera de la Teología de la Liberación, sino la de la Liberación de la Teología.]]]


Parece evidente que los chicos – como ahora nos llaman en los bares a los sexagenarios – de la LCR aceptaron, con un encomiable altruismo, vender su alma  cuando pasaron bajo las hordas caudinas que cruelmente les impuso el núcleo radiante de Podemos y dejaron de ser el partido 'Izquierda Anticapitalista' para transformarse en la cosa 'Anticapitalistas'. Había que dar chance a los chavales jóvenes, permitirles salir de las catacumbas de la marginalidad. Un alcalde de capital de provincia es bastante más de los que nuestros troskos-pero-modernos podrían haber entrevisto en sus más húmedos sueños de los 80, 90 y 00; hay que preservarlo como oro en paño. Si ya se hicieron los longuis con un asunto de fondo, cuando Kichi apoyó la venta de buques de guerra a Arabia Saudí porque creaban puestos de trabajo, ¿cómo se iban a poner principistas con la zarandaja de la medallita?


Ignoro en qué medida ha podido influir en Teresa Rodríguez el que Kichi sea su compañero, espero que en ninguna. La considero una mujer valiente, honrada y luchadora. Está perdida porque todos los estamos. Sobre su justificación de la medalla tan sólo comentaré alguna aportación particular que por ser un extravío, digamos, doctrinal es interesante. Dos, en concreto. La primera se compendia en: “… nosotros no somos diferentes del pueblo al que queremos representar”. Aislada de un contexto, esta afirmación carece de sentido, no es verificable ni falsable, ya que dos entes, por el mero hecho de existir y de ser dos, son iguales (respecto a algo) y diferentes (respecto a otro algo). Pero, insertando la frase en su contexto, en el que se enunció, tiene una significación muy clara: nosotros no somos diferentes del pueblo que quiere condecorar a una virgen. Nosotros compartimos la superstición del pueblo, nosotros aceptamos la intromisión de poder clerical en las instituciones públicas, nosotros abominamos de la sexualidad y juzgamos a las vírgenes mujeres moralmente superiores al resto. No caben aquí medias tintas. La decisión no admitía matices, reservas o considerandos, la decisión era binaria: o se rechazaba la propuesta de los seis mil y se explicaba públicamente que se está en contra del oscurantismo de las iglesias y de los teísmos, o se apoyaba y ya no hace falta decir nada, o todo lo que se dijera no serían sino excusas, tácitamente autoinculpadoras; los hechos hablan por sí solos, que díría Sancho. 

Frente al nosotros de Teresa opongo un nosotros, la izquierda que se organiza como partido o similar, que no somos iguales ni somos ‘diferentes del pueblo al que queremos representar’ (por cierto que mal queda eso de ‘queremos representar’). Nosotros somos parte de un pueblo que no es en absoluto homogéneo, un pueblo en cuyo interior hay otras particiones, y muy numerosas, en las que las ideologías más reaccionarias conforman su sentido común; y combatir esas ideologías es una de las tareas que nosotros tenemos que llevar a cabo. Kichi ha sido leal a una cosa y traidor a dos. Ha sido leal al pueblo meapilas; ha traicionado al pueblo laico y traicionado a la causa de la racionalidad y la autonomía moral de las personas.

La otra idea original de Teresa es que la virgen de la medalla ‘trasciende’ lo religioso y ‘tiene que ver’ con la identidad. Por definición, es complicado trascender lo religioso cuando lo religioso es la pura trascendencia. Justamente, lo que ha hecho Kichi es lo contrario, ciscender la religión y fortalecer una identidad popular configurada en torno a ella. Lo que ya no sé por donde agarrar es la supuesta existencia de un laicismo colonial, asociada con el rechazo a que ‘desde Madrid se le imponga al ‘sur de España’ su identidad. La verdad es que no tengo claro adonde quiere ir Teresa – me malicio que ella tampoco – y no quiero divagar sobre ello, que bastante ladrillo es ya el post. Únicamente señalaré que la musiquilla me suena a misticismo andaluz a lo Susana Díaz, a proclamar que hay un esencia eterna de Andalucía constituida por crucificados bamboleantes, romerías ecocidas a mayor gloria de la virgen local, cofradías y procesiones. Teresa, mujer, defiende la autonomía de Podemos frente a la dirección estatal, pero no juegues con lo único que para nosotros debe ser sagrado, saber y hacer saber que la religión es uno de los opiáceos del pueblo.

Finalmente, mencioné un metaanálisis de los análisis de los defensores de Kichi. Siendo sumario, en todos ellos hay una renuncia a ir un poco más abajo de la superficie y del argumentario (la antítesis de la argumentación) que delata la deriva de Podemos hacia el puro tacticismo  otros, más valoradores, lo llamarían oportunismo  , el dar prioridad absoluta a los objetivos inmediatos, aunque sean muy negativos a largo plazo, en una perspectiva estratégica. Perspectiva, que se va perdiendo, si alguna vez se tuvo. Como decía Lord Keynes, 'en el largo plazo todos estaremos muertos'. Alguna mente malvada sospecharía que dejaron de hablar de casta cuando se hicieron casta y que ahora hablan de trama porque aun están fuera del entramado.

lunes, 15 de mayo de 2017

Tántalo, Procusto, Sísifo

domingo, 29 de enero de 2017




No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. Luego, ya veremos (3 y ult.).

Tenía la intención de proseguir el folletín acerca de la refundación o refundición de Podemos en VA II, marcado por el duelo mortal a frases bélicas entre Iglesias y Errejón, con varios posts más. En éste pensaba analizar los documentos políticos de los dos bandos que cuenta, porque los de Podemos en Movimiento (anticapitalistas) son chicos majos, estoy más de acuerdo con su propuesta que con la de los otros ( lo que no es decir mucho), etcétera, pero no pintan, ni, me temo, pintarán nunca, apenas nada. Ni tan siquiera como bisagra, con su 10% de peso en un partido en que el conflicto interno se juega al todo o nada. Esa era mi intención, y, de hecho, leí los documentos y tomé algunas notas. A medida que los leía me iba aburriendo y desinteresando más al comprobar la escasez de ideas y falta de rigor político que encerraba tanta retórica, pedantería, autobombo y cursilería

Para acabar de hundirme en la indiferencia, estuve el miércoles pasado en el foro mensual de la revista retropostroskosa Viento Sur. El asunto tenía por título ‘Qué Podemos queremos’, y los ponentes era miembros de cada una de las tres corrientes de Podemos más una chica de la Fundación de los Comunes. Soslayaré a esta última y al chaval de anticapis por las razones de irrelevancia práctica ya apuntadas en el párrafo de arriba. La idea era hacer una presentación de cada documento y, a continuación, debatir, con participación del público. El errejonista se llamaba Rodrigo Amirola, y la pablista, Laura Arroyo. No los conocía; es gente más bien de aparato que, digamos, está a un tercer nivel, inmediatamente por debajo de los Bescansa, Moruno, Mayoral y compañía. Ninguno de los dos llegaría a los treinta años. No quiero decir nada en particular con esto, lo que no significa que no signifique algo.


La exposición tendió, en términos matemáticos, a lo soporífero. Ninguno introdujo la menor crítica directa a las propuestas del otro, a lo sumo veladas insinuaciones. Ya en el turno de intervenciones del público, pedí la palabra y les hice unas preguntas muy concretas: que nos contasen al respetable con qué puntos importantes del documento del otro tenían una mayor discrepancia, si creían que había alguna posibilidad de acuerdo respecto a ella y cómo, en qué términos, podría sustanciarse ese hipotético acuerdo. Mi intención no era obtener un esclarecimiento de las disensiones entre pablistas y errejonistas, que quedan bastante patentes en los borradores, sino obtener información del estado emocional y de la asimilación política del debate por parte de este segundo nivel, que constituye la estructura real de la organización Podemos; abandonados los círculos a su desgracia, ellos forman la masa militante del partido. Como era de esperar Arroyo, la primera en intervenir, no dijo ni mu al respecto, siguió a lo suyo y pasó de polemizar. Cuando avisó que había concluido, salté cual diminuto Júpiter tonante y bramé acerca de sí tan difícil era contestar a la única pregunta – stricto sensu, los demás del público que hablaron se marcaron el clásico rollete – que se les había hecho. Sorprendida ante tal inesperado energumenismo, me contestó algo de que ellos tenían un diagnóstico según el cual consideraban que no creían que hubiésemos entrado en un momento de normalización, pero, vamos, que eso no quiere decir que no se pueda lograr un acuerdo en VA II. A continuación, Rodrigo (el errejonista) sí entró directamente en materia y explicó que ellos no creían que hubiésemos entrado en un momento de normalización, pero los otros sí y por eso pedían más resistencia que ofensiva; aunque lo parezca, no contradecía a Laura, porque parece que se trataba de anormalizaciones distintas, una era más anormal que la otra. Contó también que en lo estratégico coincidían todos en que no se puede pensar más allá del capitalismo– y aquí metió a los anticapis, que callaron como putos ante tamaña ofensa; quizá no lo pillaron, quizá estaban dormidos o quizá, en un arrebato de lucidez (y teniendo en cuenta que el 99% del público eran ellos) ¿para qué coño? –. Luego dijo no se qué del orden, el desorden y la meritocracia y concluyo con que el acuerdo de todos era, por supuesto, posible; la razón: que él era optimista.

Me quedé, pues, como estaba en lo que se refiere a la literalidad de mi pregunta, si bien mi propósito oculto estaba conseguido. Constatar que en la militancia profesional de Podemos – estos dos jóvenes trabajan para el partido – el nivel de cultura y de comprensión política no es el que cabría esperar de ‘la generación más formada de nuestra historia’. Pero lo más grave es la actitud de culto al líder, donde la pretensión es intentar ser su clon discursivo, de decir lo que él diría y cómo él lo diría, actitud que no retrotrae, precisamente, al 15M sino, por ejemplo, a aquellos felices e ilusos años, en que Marx, Lenin y Mao/Trotsky hablaban por nuestras bocas. Así, Laura repitió dos veces la absurda alegoría del poltergeist que se le ha ocurrido al cinéfilo Iglesias y Rodrigo empleaba el mismo lenguaje ampuloso y académico de Errejón; ambos, las metáforas guerreras que tanto encandilan al núcleo irradiador.

La penosa conclusión es que, como colectivo, Podemos carece de virtualidad de una elaboración política que sea capaz, ya no de vehiculizar, tan sólo de impulsar un proceso social que cambie algo más que algunas formas. Debajo de Podemos no hay substancia social que pueda generar y sostener una dinámica emancipatoria en conflicto contra los poderes establecidos por el sistema demoliberal-capitalista. Simplemente, hay en el Estado español una crisis de legitimación del régimen político provocada por el malestar general ante el deterioro de las condiciones de vida de gran parte de la población, el cual es atribuido en gran medida (y con razón) a las llamadas políticas de austeridad. Carente de enjundia social y apoyándose en un estado de opinión más emocional que racional de una fracción de la ciudadanía, que no es, ni de lejos, mayoritario, Podemos se ve abocado a ubicarse en el campo de lo que Rancière llama, frente a lo ‘político’, lo ‘policíaco’, esto es, el marco del orden vigente.

Y es que en los programas de Iglesias y de Errejón todo se conserva, se conserva la monarquía, se conserva la pertenencia a la OTAN y a la EU/euro, se conserva el compromiso de pagar la deuda, se conserva la unidad de la patria, se conserva una economía crecimentista. Se conservan, pues, todos los grandes consensos del Régimen del 78. No hay un ápice de propuesta destituyente ni constituyente. Las disensiones entre errejonistas y pablistas  se sitúan en el interior de los referentes de la estructura política que cambió al franquismo para que no cambiara (apenas) nada. Olvidemos las avalanchas discursivas, tan grandilocuentes como anodinas, de los preclaros líderes. Aquí lo que hay es un sistema de gubernamentalidad basado en dos grandes partidos que, como se decía en los viejos tiempos de la Santa Transición, coinciden en lo fundamental y discrepan en lo accesorio, y un turnismo de gobierno: un par de legislaturas, lo que tarda en quemarse el que lo ocupa. Es, exactamente, el modelo anglosajón que ha permitido una estabilidad secular en Gran Bretaña y USA, aunque en este último caso, el anquilosamiento neoliberal del partido Demócrata y la radicalización y pérdida de rumbo político del Republicano han generado el monstruo Trump. La tercera patita de la gubernamentalidad española era el PCE, y después IU, necesarios para integrar en el juego político insitucional, y, por tanto, neutralizar y controlar, a un sector minoritario pero significativo de la población española traumatizado por la Guerra Civil y la barbarie del franquismo,  un sector que luchó contra el franquismo en las fábricas y las calles como sus padres habían luchado en las trincheras y que no podía aceptar sin más el pasteleo de la restauración borbónico-parafranquista. 

Por cierto, los intelectuales en funciones del Régimen celebran la asimetría de la topología política española: hay un partido, dicen, de izquierda dura, junto a la moderada del PSOE, y, no lo hay a la derecha del PP. Así que, según ellos, que en España no haya una extrema derecha relevante se debería al mérito del PP por integrarla en su interior y por tanto, en el corazón del sistema. Análisis falso y paupérrimo. Lo que no había en este país a la muerte de Franco, con alguna excepción en la periferia, era una derecha liberal, o sea, una derecha no franquista. Prácticamente toda la derecha actuó en bloque para hacer las menores concesiones a la ‘oposición democrática’, para mantener tanto franquismo como fuese posible. Sin duda, dentro de esa derecha había unas facciones más flexibles – los ‘reformistas’ – y otras más intransigentes – los ‘ultras’, el ‘bunker’ –. El hecho de que solo una parte mínima de estos se salieran del pacto de la Transición denota cómo fue esa transición y lo que de ella salió.

Hecha la digresión típica de la casa, vuelvo a al tema y concluyo con él. Podemos no se proyecta al futuro porque no tiene apenas suelo real y, en consecuencia, no puede impulsarse y volar. Podemos se ubica en el sórdido presente y, parafraseando muy abusivamente a Machado, una de las dos españas ha de helarle el corazón. La España del PSOE y la de IU. Y como aquí no hay un sabio Salomón que mantenga entero al niño, mucho me temo que, no necesariamente VAII, lo más probable es que después, tendrá lugar un proceso tortuoso plagado de eufemismos, disfraces y engaños el, en cuyo curso una parte mayoritaria de Podemos llevará a cabo la, more Pareto, necesaria renovación de élites, en este caso de la ‘izquierda’ del Régimen, mientras que la otra parte mayoritaria (ya veremos en VA II la relación actual de fuerzas, quizá el dato más relevante que de ahí se va a obtener) se meterá en ese terreno tenebroso por el que vaga la buena gente que aún cree que es posible derrotar al capitalismo.


Pi, pi. ¡Final en La Condomina! Partido tedioso que acaba con empate a cero y que los mal pensados tildarán de tongo, ante la falta de combatividad de los contendientes. Visto lo visto, se antoja imposible que ninguno de ellos vaya a poner en peligro el secular predominio del Barca y el Real.

A no ser que se produzca alguna novedad explosiva, dejo el tema Podemos hasta ver qué pasa en VA II. A modo de pronostico, todo apunta a que la Asamblea se cerrará en falso, intentando reflejar una imagen de unidad, y metiendo los problemas reales debajo de la alfombra. En los próximos posts, cambio de nivel: comentaré unas interesantes y, por supuesto, provocadoras  reflexiones de Zizek acerca de 'romper los tabúes de la izquierda'.

martes, 17 de enero de 2017


No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. Luego, ya veremos. (2)


Nos habíamos quedado en el bipolarismo leniniano acerca de si la pugna entre Iglesias y Errejón es una pura lucha por el poder, manteniendo ambos el mismo proyecto político con algunas variaciones no importantes y compatibles, o por el contrario, si su objetivo es hacer prevalecer uno de dos proyectos políticos esencialmente distintos y cuya coexistencia en un mismo marco orgánico es más que problemática. En el ínterin entre este post y el anterior se ha producido un repliegue de las dos posiciones tras la salida de pata de banco que fue el Iñigoasino#, las peticiones explícitas de intelectuales orgánicos del errejonismo, incluido el postroskoso Santi Alba, de defenestrar a Iglesias, y la campaña gore de El País y compañía . De repente todo el mundo se puso a hablar de unidad, cerrando filas en torno a una abuelita de setenta y cuatro años – rediós, los tengo a la vista; si algún día alguien me llama abuelo, incluidos mis improbables nietos, saldrá, vesánica, la bestia que hay en mi interior, justo al lado del niño y del estalinista – que les reñía por no llevarse bien.


Bip, bip, penalti y expulsión en el Carlos Tartiere. Como soy tan lento – más que el caballo de un fotógrafo, que habría dicho mi muy castizo progenitor –, acaban de salir los borradores de las tres corrientes, en los que, leyendo entre líneas y haciendo todo tipo de juicios de intenciones, a la manera de los vaticanólogos o los antiguos kremlinólogos, se ha de sacar algo en claro. Por tanto, habrá que leerlos, lo que no es plato de gusto, y además con cuidado (esto ya es para mí como un plato de verduras). En los próximos días iré escribiendo mis impresiones, análisis e intuiciones de estos textos que, aunque se trate de borradores destinados a modificarse, supongo se mantendrá lo fundamental de ellos pues han sido elaborados por las primeras espadas de cada facción. Aun en el caso de que se llegara a VAII con unos documentos de consenso, ello sólo significaría que, dadas las relaciones de fuerzas equilibradas, se ha jugado tácticamente a no entablar combates abiertos y a dar una imagen de unidad cara a la galería. Habrá que estar muy atento a las maniobras precongresuales porque proporcionaran datos muy interesantes para conocer la situación actual interna de Podemos y prever su evolución futura.

Lo que hace más interesante, desde mi punto de vista, el estudio de los borradores es porque puede dar idea de hasta que punto cada posición es consciente del papel histórico que le es dado jugar y se va adaptando ideológica y estratégicamente a él. Una de las controversias más añejas del marxismo es aquella que versa sobre si el fin del capitalismo, algo en lo que está de acuerdo todo marxista comme il faut, sería resultado de la lucha del movimiento obrero, aprovechándose por supuesto de las contradicciones del sistema y las crisis que genera y profundizando en ellas, haciendo sangre, o si esas mismas contradicciones inmanentes son autónomas, se van intensificando sin necesidad de que nadie las atice y finalmente provocan una crisis última descomunal, de la que el capitalismo no puede salir y se desmorona en medio no de una revolución sino de un caos social, con canibalismos generalizados y todo eso. En realidad, las dos posiciones sólo difieren básicamente en la previsión de tiempos, la primera acepta que el capitalismo se halla aquejado de contradicciones internas insuperables, pero cree que antes de morir por su propia mano  y es en esto en lo que difiere de la segunda  acabará con él el movimiento obrero guiado por su conciencia de clase revolucionaria y comunista. Además de éstos dos vaticinios, los muy pesimistas y a los que les van bien las cosas, han solido romper amarras con el marxismo ortodoxo – o con todo lo que oliera a Marx – y decretado la inmortalidad del capitalismo, incluso – como señalaba maliciosamente mi tocayo Jameson – más allá del final de la humanidad (ahora que se ha puesto de moda el internet de las cosas, se daría algo así como el capitalismo de las cosas).

Llegó el momento de la verdad en esta digresión que parece absurda, y luego se verá que no lo es tanto. El momento de tomar partido. Pues bien, me decanto, desde luego que de un modo apresurado y no muy serio, por la segunda de las dos tesis marxistas. Respecto a la primera, no descarto que el devenir histórico vaya construyendo un sujeto colectivo que abarque a la mayoría de las poblaciones, tal que adquiera consciencia de la profunda irracionalidad y de la inmanente injusticia del capitalismo, incluso de su carácter profundamente antiestético. Marx atribuía ese destino a la clase obrera. Pero Marx no llegó a sacar las ultimas consecuencias de su impresionante teoría acerca de la mercancía y su fetichización, no llegó a entender que el capitalismo no solo convierte todo objeto en mercancía, también las subjetividades (quizá sería más preciso hablar ya de agencialidades en lugar de subjetividades, pero es un enfoque muy peliagudo que dejaré para cuando sea mayor). No descarto, reitero, la posibilidad de ese suceder, si bien, eso sí, calculo que llegar a tan deseable estado, como culmen de de un proceso evolutivo gradual, llevaría unos tropecientos mil años, más o menos. Por eso, es más que probable que se adelante el crash capitalista en alguna de sus modalidades previstas. 

El capitalismo tal cual es, basado en la economía de mercado y  – por mucho monopolio que haya – en la competencia entre capitales, está condenado a desaparecer. Y pronto. Ni la acumulación de una cantidad de capital ficticio puede asumir una dimensión de varios órdenes de magnitud mayor de lo conocido hasta la fecha, ni está en condiciones – y aunque lo estuviera, me temo que ya es demasiado tarde – de enfrentarse a la crisis ecológica que concluirá en el colapso global. ¿Que llegará antes? No me pronuncio. ¿Cual fin sería preferible? Pues depende, unos prefieren tirarse desde un quinto piso y otros seguir una gira mundial de Alejandro Sanz. Es cuestión de sentidos y sensibilidades.

Y, después de este alentador párrafo, vuelvo a nuestro asunto. ¿Por qué lo que acabo de escribir no es un mero tour por los cerros de Úbeda? Pues porque creo que tanto Errejón como Iglesias, defectillos aparte, son dos personas honradas y tienen unas metas claramente transformadoras. Y, por añadidura, a corto plazo. O sea, que, por lo anteriormente expuesto, ambos son unos ilusos. Los dos, sobre todo Errejón, tienen un empacho de teoría académica que se haya a años luz de alumbrar una perspectiva estratégica rigurosa. Por no tener, ni tienen una teoría mínimamente seria de las élites en el campo subalterno. Hablan de intelectual orgánico, de hegemonía, y ni se acercan a reflejar esas teorías gramscianas, que necesitarían un aggiornamiento (y no el de Laclau, desde luego), en sus propuestas partidarias. Aplicándoles – en especial a Íñigo, Iglesias tiene más tablas y se le nota – su misma medicina, diría que los procesos históricos reales darán significados a su catarata de significantes vacíos. 


El hecho, muy en crudo, es que ellos pretenden transformar el estado de cosas en profundidad en un periodo breve, pongamos diez o quince años, y eso es imposible. No lo es que las cosas se transformen, y más de lo que ellos piensan, en ese lapso, pero no será, precisamente, por su praxis. En mi opinión   más bien una hipótesis que tendré que ir verificando con la lectura de los documentos y con lo que vaya sucediendo en estos días, declaraciones, pactos, interpretaciones, etcétera  , los planteamientos de Iglesias y Errejón son compatibles en el proyecto (en principio) y en la estrategia y no lo son, paradójicamente, en la táctica de medio plazo. Me parece que los proyectos de ambos son compatibles porque ninguno tiene un proyecto claro, al menos como se entendía antes en la izquierda: un objetivo a largo plazo que implica la destrucción de lo viejo y la construcción de algo nuevo al menos mínimamente especificado. Por ejemplo, el proyecto de los partidos comunistas era destruir la sociedad capitalista y construir una sociedad comunista. También lo era de los socialdemócratas, en teoría, hasta su abandono formal del marxismo; la discrepancia radical se daba en el nivel de la estrategia. Vamos a suponer que los proyectos de Errejón e Iglesias coinciden en plantear difusamente una sociedad libre y justa que, para serlo, no puede ser capitalista, o no del todo capitalista. Por eso no van a discutir. 

En el aspecto estratégico son perfectamente compatibles, de hecho proponen lo mismo, que la transformación se hace fundamentalmente desde el Estado, por lo menos a corto y medio plazo, que es lo que les importa (el medio, menos), y que, por tanto el objetivo central es gobernar. Son conscientes, y lo han dicho muchas veces, de que llegar al gobierno no es tener el poder, pero coinciden en que es necesario y en que es el objetivo principal hasta donde les llega la vista.

En cambio, su concepción táctica, en su caso: cómo se ganan elecciones para alcanzar el gobierno, es difícilmente compaginable;  poco menos que imposible, con la visión leninista que tienen del partido y la visión militarista que tienen de la política. Su discrepancia tampoco es novedosa, reproduce una polémica que, explícita o tácitamente, ha sido recurrente en los partidos de izquierda de países demoliberales. Una parte de esa polémica, los errejonistas aquí, piensan que para ampliar la base electoral hay que adaptarse al nivel de los sectores de votantes de partidos próximos a ellos, pero más moderados; la famosa búsqueda del centro. Con ese propósito, recortan los aspectos más radicales de sus programas; asimismo, suavizan su lenguaje y atemperan su imagen. La otra parte, los pablistas en este caso, pretenden hacerse fuertes con sus ideas, constituirse en un polo de referencia para amplios sectores de la población que, ante una crisis que no cesa y unos gobiernos que la aprovechan para transferir rentas de los que menos tienen a los que más, ven empeorar sus condiciones de vida, comprenden que el partido de ‘izquierda’ del Régimen en el que confiaron, el PSOE, participa, y participó siempre, en ese expolio y se radicalizan, pasando a votar a Podemos. Aunque sea un eslogan de Errejón, ‘faltan muchos’ es el motus táctico de ambos; la diferencia es que Errejón quiere que Podemos se acerque a esos muchos e Iglesias que esos muchos se acerquen a Podemos. No hay posibilidad de conciliar ambos objetivos, porque el modus operandi para conseguir uno excluye al otro; por muy hegelianos que nos pongamos (o, para ser precisos, poniéndonos muy hegelianos), uno no puede presentarse como lobo y cordero a la vez.

Lo curioso es que ambas posturas son erróneas, y que queda probado por la lucidez de las críticas que cada una hace a su contraria. Los errejonistas les dicen a los pablistas: “lo que proponéis podría estar bien, pero es una práctica que sólo puede dar resultados, si los da, a un plazo muy superior a la ventana de oportunidad que abre la crisis del Régimen. Se trata de aparecer ante los poderes fácticos, incluyendo, por supuesto, los media, como una opción razonable que respeta, aunque sea críticamente, los consensos básicos del Régimen, y ello nos preservará de una campaña de ataques a todos los niveles como la que tendréis que soportar vosotros con vuestra viejuna retórica identitaria izquierdista. Más aún, si os acercarais a la posibilidad real de tomar el poder, el establishment haría lo que fuera necesario para impedirlo (y aquí se ponen puntos suspensivos para sugerir el horror) . No gobernaréis jamas, vuestra posición es meramente resistencialista y acabareis siendo IU II”.

Enérgica refutación, vive dios. Pero los pablistas no lo tienen más difícil: “La capacidad de asimilación de los aparatos de poder es inmensa y vosotros la desestimáis cándidamente. Empezaréis aceptando cosas inaceptables y pensaréis que es algo provisional y que, una vez en el poder, podréis revertirlas. Pero todas las experiencias históricas muestran que esa táctica conduce a la integración en el sistema que se quiere combatir o transformar. La capacidad de seducción del poder es inmensa. Y, en el caso de que resistieseis a sus encantos, e intentaseis cambiar algo que vaya mas allá de lo ornamental y que exija la confrontación, os daréis cuenta que vuestro poder real es menor que nunca, porque los votantes de ocasión, realmente engañados por vuestra imagen moderada, no os van a seguir y gran parte de la fuerza militante capaz de movilizarse os habrá abandonado ante lo que han vivido, y con motivos, como una deserción, como un cambio de trinchera. Empezaréis tragando con todo y, más pronto que tarde, llegará a gustaros lo que tragáis. Al al final, seréis el PSOE II”.

En definitiva, el mantener la unidad de Podemos tras VA II no va a ser fácil. Cuenta a favor de conseguirlo que ambas fracciones son conscientes de la extrema debilidad con que quedarían si se produjera la escisión, y eso sin hablar de los anticapitalistas. Por la cuenta que les trae, es probable que hagan un paripé de unitarismo cara a la galería. E intuyo que los errejonistas van a ceder bastante, entre otras cosas porque consideran que la coyuntura les beneficia. En el siguiente post, si no hay novedades reseñables en los campos de juego de nuestra piel de toro, le hincaré el diente a los borradores de las tres corrientes, que va a dar en la mar.

lunes, 2 de enero de 2017




No es que empecemos la casa por el tejado. Es que no queremos una casa; queremos un tejado. 
Luego, ya veremos (1). 
(Continuación de lo del postrosko, que ha pasado a morrosko).

Tras el excurso que fue el último post, con Lenin instalado en el cuarto de autoinvitados y Las Gaunas en segunda B (aun nos queda Mendizorroza), sigo con las perspectivas que se abren en torno a VAII. Podemos será todo lo criticable que se quiera, y yo no me corto en ese sentido, pero es indudable que lo que salga de la Asamblea de febrero configurará el panorama político español a corto y medio plazo en lo que se refiere al mantenimiento del régimen del 78, su recomposición ornamental o su modificación relevante (no me parece posible una ruptura real por el momento). Asimismo, el futuro de lo que antes se llamaba izquierda transformadora, donde estaba IU y grupos más radicales también se dirime en lo que puede llamarse ‘proceso VAII’; la preparación política, el acto en sí y la materialización de lo que de allí salga. Es mucho lo que está en juego, aunque con las cartas del tio Perete, no conviene hacerse demasiadas ilusiones.

Si entendemos ‘izquierda’ por el complejo de organizaciones, ideas y prácticas que han puesto en cuestión con rigor el capitalismo existente en cada momento, que lo han criticado y combatido en la perspectiva no de reformarlo, sino de acabar con él y construir una sociedad no capitalista, llámese socialista o comunista en sus múltiples variantes, se puede afirmar que la izquierda europea está en crisis desde el fracaso de las revoluciones alemanas de 1919 y 1923. Crisis que se profundizó con el desarrollo de la URSS – hay victorias que hacen más daño que las derrotas – y que alcanzó dimensiones de catastróficas con el desmoronamiento de los regímenes del ‘Socialismo Real’. En ese siglo XX corto, a lo Hobsbawn, que va desde 1917 a 1990, la práctica política de la izquierda se había organizado en torno a partidos de cuño leninista, ortodoxos o heterodoxos, donde el esquema partido-organización de vanguardia de la clase obrera, a la que enseña y guía por el buen camino hacia el socialismo, se respetaba en lo fundamental. Las únicas alternativas, además de las anarquistas, que siempre arrastraron el hándicap de pretender una política antipolítica (no es tan simple, desde luego, pero lo dejo ahí), fueron las propuestas consejistas, maniatadas, cuando no aniquiladas, por el completo y monolítico predominio de los partidos comunistas. 

Desde el punto de vista organizativo, pues, la casi totalidad de organizaciones políticas marxiatas que se crearon en esos setenta años de existencia del imperio soviético, fueron remedos del partido leninista. Y no sólo en la estructura y el funcionamiento – ese centralismo supuestamente democrático que con tanta facilidad derivaba hacia lo burocrático (espero que Vladimir no lea esto; no creo, le ha cogido el gusto al agua y ahora anda por ahí besando la cabeza a los pianistas) –, también en lo ideológico, en lo programático-final y en lo estratégico había un corpus homogéneo – marxismo interpretado, dictadura del proletariado, socialismo, centralidad del proletariado, etcétera – que con variantes más o menos relevantes abarcaba a la inmensa mayoría de los partidos políticos, que enfrentaban al capitalismo.

El fin del capitalismo burocrático conocido por el nick más falso y confundente de la historia: ‘socialismo real’, arrastró al reino de Hades a la izquierda marxista sedicentemente existente. Los partidos comunistas, siempre fieles a la letra sagrada, se volvieron fantasmas que recorrían Europa, pero esta vez, siglo y medio más tarde, dando menos miedo que un turista surcoreano. [Doy un salto en el tiempo, reprimiendo mi natural de empezar siempre con Viriato, y rompo el hilo discursivo que amenazaba con no tener fin. A lo nuestro] Adonde quiero ir es al hecho de que las tradiciones políticas y organizativas de la izquierda de que se viene hablando, a no ser que se hayan pasado por la criba de una crítica rigurosa e inmisericorde – y creo que eso es una tarea por hacer – constituyen mucho más un lastre que un acervo útil para construir una organización que luche contra las incontables formas de dominación y explotación que se llevan a cabo en las sociedades capitalistas, agrupando a todas las clases y sectores subalternos.

Iglesias y Errejón eran conscientes de ello, máxime después del exorcismo que supuso el 15M. La diferencia que, en mi opinión, está en la base de sus discrepancias en aumento, es que Iglesias fue un comunista ortodoxo, militó bastante tiempo en las Juventudes Comunistas, que no es precisamente un ámbito dado al escepticismo, sino más bien un dispositivo disciplinario donde a los chavales llenos de entusiasmo y confianza se les graba a fuego en el corazón y en el cerebro los inmarcesibles dogmas del marxismo-leninismo. Por supuesto, Pablo evolucionó mucho y fue pensando por su cuenta, pero esa huella del comunismo clásico, con sus explicaciones dialécticas tramposas, con su obrerismo, con su respeto a las jerarquías y sus derivas autoritarias, no se borró por completo; ni de lejos. De hecho, Pablo llegó incluso a participar activamente en alguna de las cien mil ‘refundaciones’ de IU tras ese 15M que había sacado los colores y cercenado las esperanzas a la ‘izquierda auténtica’. La imposibilidad, no ya de conseguir, tan sólo de avanzar un paso más allá de cada patético acto refundacional de PC-IU (muchos discursos, muchos aplausos, Alberto Garzón y, a veces, Pablo Iglesias, exhibidos y mitin final de Cayo Lara) debió abrirle los ojos a Iglesias para dar el salto, aunque, como es sabido, las malas lenguas afirman que fue consecuencia de su ego humillado por la negativa rotunda de Lara  a aceptar las condiciones que le propuso para integrarse en la lista de IU en las europeas del 2014.

Errejón no fue nunca marxista; de jovencito – no quiero tomarme la facilidad multiuso de hacer algún chiste con ‘joven’ y ‘Errejón’ –, estuvo en organizaciones de corte anarquista, lo que por un lado es bueno, ya que se libró de adquirir esos tics estalinistas que todos los que hemos pasado por partidos leninistas llevamos dentro, justo al lado del niño que fuimos; por otro lado es malo, porque se absorbe un antimarxismo emocional y muy poco fundamentado. Ciertamente, ambos, Iglesias y Errejón, veían con claridad que los partidos de izquierda existentes no servían y que no se trataba de crear más de lo mismo, otro partido al uso, por mucho que pretendiera evitar los errores pasados. Sin embargo, y eso es lo que quiero remarcar, sus puntos de partida ideológicos fueron muy diferentes. Nunca dijeron lo mismo, por más que su alianza tras las europeas, que alcanzó el cenit en Vista Alegre I, fuese estrechísima; incluso es muy probable que durante mucho tiempo ni ellos mismos fuesen muy conscientes de la profundidad de su disenso.

Podemos lo creó Pablo Iglesias con el apoyo de Izquierda Anticapitalista, que, tras el escaso éxito de reeditar aquí el NPA francés, se apuntaba a un bombardeo. Intuyo, sin tener dato alguno, que por aquel entonces él no tenía nada claro fundar un partido y que aún se movía en torno a IU, quizá con la intención de constituir un polo de referencia político que la fraccionara o bien que disputara el poder a la vieja dirección. Íñigo por entonces jugaba un papel secundario. El casi sorpasso a IU cambio radicalmente la visión y las expectativas de ambos. Fue un acontecimiento, en la línea de San Pablo y Badiou. Es entonces cuando Errejón pasa a primer plano y se establece esa alianza que toma la forma de bicefalia, dos caras de la misma moneda; cuando en realidad había dos monedas. Dicho de otro modo, parecía haber una alianza estratégica, un único proyecto, pero se trataba de una alianza táctica, orientada a neutralizar a Anticapitalistas y, sobre todo, a acabar con la fogosa actividad autónoma que estaban llevando los círculos. O, ya puestos, a acabar con los círculos; que se convirtieran, como decía Monedero, siempre tan ocurrente, en un lugar para socializar, y, si eso, para ligar.

Una vez conseguidos estos objetivos, con la sanción de la Asamblea de Vista Alegre de hace dos años a una estructura piramidal (o, mejor, cilíndrica) ultrajerárquica y liderista, fueron emergiendo estas diferencias de proyecto, y la recién designada dirigencia de Podemos mostró maneras, pese a su juventud y en muchos caso inexperiencia, asimilándose pronto a uno u a otro referente y formando camarillas con una lógica de confrontación, de guerra de posiciones. En el siguiente post seguiré con el desarrollo de esa progresiva divergencia hasta llegar a la situación actual, cuando ya puede afirmarse que la rivalidad de Iglesias y Errejón, de pablistas y errejonistas, constituye la manifestación de algo que es y que no es una mera lucha por el poder (le he enseñado a Ilich esta frase; cada cuarto de hora le suscita reacciones opuestas; en una le parece puro materialismo dialéctico y en otras una patochada idealista. Cuando le contesté que las dos cosas, reaccionó del mismo modo dual a la respuesta; nos hemos metido en un bucle. Intentaré, también, explicar que quiero decir en próximos posts, a ver si este calvo achinado deja de insultarme).


PS. Apoyo la propuesta del compa Alba Rico de que el próximo Secretario General de Podemos sea el Pato Donald, aunque no saldrá porque es poco transversal.

martes, 27 de diciembre de 2016



Las tribulaciones de un postrosko en postroskilandia (digresión 1)


El 22 de diciembre, día de la lotería, se hicieron públicos los resultados de la consulta de Podemos a sus ‘bases’ acerca de el sistema de votación para elegir el consejo ciudadano y si se votaban conjuntamente o por separado los documentos y la dirección. El resultado ha sido muy justo entre pablistas y errejonistas y deja al margen de la tostada a los anticapitalistas, que tendrán que hacerse fuertes en Andalucía y jugar un famélico papel de bisagra. Pero antes de analizar estos resultados, veamos qué es lo que estaba en juego, nominal y realmente.

Tip, tip. Minuto y resultado. Gol en las Gaunas. Y, además, la nueva dirección de Podemos Madrid, a cuya cabeza se halla ¡un monederista!, Espinar, ha decidido – formalmente, ha propuesto al Grupo Parlamentario de la Comunidad – que José Manuel López deje de ser el portavoz y lo sea Lorena Huerta. Los errejonistas han protestado con una indignación que recuerda a la del capitán Renault al descubrir que en el bareto de Rick se jugaba. Errejón se ha aprestado a lanzar un anatema lapidario en la publicación teórica de Podemos, Mundo Twitero: “éste no es el camino”, al que los pablistas han dado cumplida respuesta con una serie de sesudas reflexiones en torno al hashtag ‘#IñigoAsiNo’; finalmente , el demoledor hashtag de sus rivales: “#FelicesNavidadesaTodas” acabó con toda posible contraréplica . Los mensajes cruzados mostraban la sorprendente cualidad de ser tan agresivos como empalagosos. Eres un dictador, pero te quiero, tío.

Como todo lo que va mal siempre puede ir aun peor, Monereo echó mano de todo – que no es poco – su experimentado saber burocrático-estaliniano para escribir, con su habitual estilo saltarín, un artículo navideño en Cuartopoder donde afirma que “ Errejón tenía un arma y la ha usado: hacer pública la ruptura del equipo dirigente forjado en Vistalegre I y buscar el apoyo de unos medios de comunicación y de unos poderes dispuestos, cueste lo que cueste, a levantar una alternativa desde dentro a Pablo Iglesias”. Un clásico, sí señor. Al leer esto, a Ilich le ha cambiado la expresión, al fin encontró algo de sentido, algo reconocible, después de tanta locura. Ha salido y se ha tomado dos vasos de agua.

A la vista de todo esto, un esperpento de cómo resolver las diferencias políticas sin que se sepa qué diferencias políticas existen (y lo grave, como iré examinando en sucesivos posts, es que ¿a quien coño le importa eso?), la posibilidad de que en VAII se llegue a una escisión, incluso de que no se llegue a VAII no es descartable. En vez de la blitzkrieg que decían pedantemente hace dos años Errejón, Iglesias y Monedero, el blitzpartido. 

Los medios, con PRISA a la cabeza y sacando varios palmos a los demás, han olido la sangre y entrado a degüello. Es curioso constatar la toma de partido tan descarada del periodismo patrio, que casi nos retrotrae a tiempos del plan ZEN en Euskadi, con la demonización de Iglesias y los suyos y Errejón convertido en el personaje a enaltecer, bien que se les note la repugnancia a esto último. Algunos sostienen que si tus enemigos te atacan, es que lo estás haciendo bien, y, si te defienden, algo haces mal. Particularmente, no soy partidario de conferirle al enemigo una inteligencia tan superior a la propia que guíe, a contrario, tus pasos, lo que no significa que desprecie sin más su opinión. En este caso el odio de clase – de clase política, de casta oligárquica – del franquismo reformado hacia Iglesias indica que algo tiene ‘el coletas’ que les hace daño, algo que temen; como corresponde: el odio de los miserables siempre tiene detrás miedo y culpa.

Errejón lo sabe, chico listo, y por eso, en ese lenguaje metafórico moñas que gastan estos mendas, basa su posición táctica en eslóganes del tipo “faltan muchos” o “tenemos que seducir y no asustar”. En lugar de luchar radicalmente contra el sentido común dominante – de lo que habla mucho Gramsci y muy poco Laclau –, adaptarse a él para que ‘la mayoría’ deje de temernos y nos dé su voto. Vas por ahí, y cuando te quieres dar cuenta de las consecuencias eres Subsecretario de Estado de Asuntos Varios en un gobierno de amplio espectro y coqueteas con tus subordinadas (ellas están encantadas porque yo no soy machista y las respeto; aquella que me demandó por acoso lo hizo por venganza y celos, al no darla el cargo que esperaba).



No me adelanto más. Éste es tan sólo un post de alivio originado por la urgencia del tanto del Logroñes. Si estos muchachos de Podemos me dejan, seguiré intentando analizar su situación y, en general, la del campo político de impugnación (sincera) del sistema; eso antes conocido como ‘izquierda’. Espero que no se convierta – sé que es ya un tópico, pero no puedo dejar de emplear una expresión retóricamente genial, lo mejor de una novela fascinante – en la crónica de una muerte anunciada.

jueves, 22 de diciembre de 2016


Las tribulaciones de un postrosko en postroskilandia (2)


Si Lenin levantara la cabeza.


A la vejez, viruelas. Pero no pustulosas. No ha variado mi trayectoria crítica en aumento hacia Vladimir Ilich y su concepción de los sujetos históricos, y nada que ver con reivindicaciones a lo Zizek. Véase en el título únicamente un recurso narrativo. No obstante, siempre he admirado, y cada vez, por contraste, más, la insólita capacidad de Lenin para ir al grano, en la práctica política y en la práctica teórica, ámbitos que el él unió como nadie sin supeditar una a otra, sin que su teoría fuera en ningún momento especulativa o, a la inversa, sirviera para justificar el oportunismo o las conveniencias tácticas del momento. Uno puede leer el ¿Qué hacer?, el Izquierdismo o las Tesis de Abril y discrepar en muchas cosas, pero está todo muy claro, no encontraremos ahí ambigüedades defensivas elusiones de lo que duele. El camarada Ulianov siempre dio la cara. Recordemos lo que fue su divisa: “el alma del marxismo es el análisis concreto de las realidades concretas”. En eso siempre seré leninista. Y eso que el aforismo es falso en su modalidad. En lugar de ‘es, Lenin tendría que haber puesto ‘debe ser’, porque el marxismo, históricamente, ha tendido a lo contrario, a crear grandes esquemas interpretativos en los que la empiria se integraba más o menos armoniosamente o, en otro caso, se incrustaba a martillazos.


Por algún error burocrático del Ministerio del Tiempo - los peor pensados sospecharán una repetición de lo del tren blindado - Lenin aterriza en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas. Inmediatamente quiere ponerse ponerse al tanto de la situación de la izquierda española – no va a ir a un tablado o al Bernabeu: hablamos de Lenin –; alguien le informa de que lo más parecido a tal cosa que pueda tener un mínimo de futuro es Podemos. Se calza, entonces, la gorrilla y se dirige a la Hemeroteca Nacional, donde recopila abundante material acerca de la corta existencia de los morados. Progresivamente, la perplejidad se va apoderando de él. Nada de lo quelee le proporciona conocimiento alguno, al menos en el sentido de lo que él siempre ha considerado conocimiento, aquello referido, directa o indirectamente a la realidad palpable y visible, aquello que posibilita y guía la relación con lo real. De hecho, cuanto más lee, menos se entera. Banalidades, cadenas de significantes contradictorios, cambios de discurso cada dos semanas, declaraciones tan altisonantes como vacías. ¿Éstos de qué van?, ¿habré perdido con el jet lag mi legendaria intuición política? Se anima algo al descubrir que Podemos se hallaba en una fase algo así como de provisionalidad y que hay un congreso cercano en el que se deberán adoptar las líneas y compromisos que caracterizan a un partido 'obrero' (todavía no está Lenin muy aggiornado con los nombres, signos y sociologías del presente). Que, incluso, hay dos   posiciones enfrentadas y una tercera alternativa. Empieza a encontrarse en su salsa. Entrecierra aun más sus siempre entrecerrados ojillos orientaloides y evoca los viejos buenos tiempos del Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso a principios del XX, sus disputas con Martov, la escisión de los mencheviques, aquel talentoso y arrogante jovenzuelo judio, Bronstein, que saltaba de una posición a otra, más rojo que nadie. ¿Iría de eso Vistalegre II? Pues va a ser que no, Vladimir.

Describamos lo que ve Lenin. Hay una organización, Podemos, que no se reconoce propiamente como partido ni como movimiento; algunos, para salir del paso, hablan de partido-movimiento, extraña y, mientras no se explique (cosa que, hasta ahora, no se ha hecho), contradictoria locución que refiere a un ente nebuloso nunca visto. De vuelta a lo real, todos saben que Podemos es un partido político, registrado legalmente e integrante del aparato institucional como cualquier otro. Su originalidad, hoy por hoy va poco más allá de la pura imagen, de los descorbatamientos y las rastas. Surgido de un modo improvisado como plataforma electora para presentarse a las Europeas del 2014, ante el enorme éxito alcanzado se ‘teorizó – por decirlo de algún modo, en realidad era un wishful thinking generado por la euforia del momento – la existencia de una ventana de oportunidad que haría posible ganar unas elecciones generales y gobernar el país. Ese era y ha seguido siendo hasta el 26J el gran y casi único objetivo. Podemos, no se instituyó como partido ni movimiento, sino en clausewitcianas palabras de Errejón, como ‘máquina de guerra electoral’, y edificó una estructura supercentralizada funcional a el Objetivo, iluso pero coherente, de ganar unas elecciones generales. Todo se supeditó a ello a lo largo de un periodo electoral que se ha venido prolongando dos años, ocupados por dos campañas y el resto del tiempo por las negociaciones para formar gobierno. No se consiguió la victoria perseguida, pero sí unos resultados tan excelentes como peligrosos. 

Ahora, la ultravanguardista máquina de guerra ha de ser sustituida por un dispositivo político para tiempos de normalidad política sin elecciones a la vista. Todas las corrientes coinciden en esto, y, de hecho, llevan varios meses posicionándose e, incluso, librando moderadas escaramuzas en elecciones internas territoriales. Pese a los intentos, ya de por sí significativos y un tanto ridículos, por ocultarlo u oscurecerlo es patente la existencia de tres facciones plenamente conscientes de serlo y que optan por ser hegemónicas en Podemos: los errejonistas, los pablistas y los anticapitalistas. También es patente que entre las dos primeras se ha establecido una rivalidad con tintes de antagonismo, mientras que la última viene a ser la combinación dialéctica de una zambomba en un garaje y un pulpo en un entierro.

En cualquier caso, Lenin se frota las manos: empieza el debate político. Vladimiro, mejor sigue esperando a Godot.

La dirección de Podemos, que ahora es exclusiva y  casi diríase sádicamente Iglesias, decide fijar la fecha del congreso o asamblea, llamémoslo 'VII', con apenas dos meses de tiempo para debatir prácticamente todo lo que se puede debatir, y en el mismo fin de semana que un evento similar del PP. Tal coincidencia es difícil de comprender, se dice que permitirá comparar los métodos democráticos de Podemos con los dictatoriales de los populares, que liberará de carga mediática a VII facilitando el debate, etc. No se ve nada claro y suscita lo contrario de aquello de que el enemigo no os marque los tiempo. Parece, más bien, un golpe de efecto de Iglesias y, hay que reconocer que  es un maestro en eso; sobre todo en los golpes, porque los efectos a veces no son muy favorables. Él sabrá. Además, decide empezar por las cosas serias: cómo se elige a los jefes. Muy marxista, primero la infraestructura y después ya, si eso, la superestructura. 



En la próxima entrega, Lenin y el postrosko contarán sus impresiones sobre la consulta de Podemos a sus 'inscritos' sobre las modalidades de discusión y votación en VII; para entonces se sabrá el resultado, asunto nada baladí. Espero que no se retrase mucho, de eso se encarga él, el hombre de acción por antonomasia. De los que ya no quedan.