4. Burkini y feminismo. Te ordeno que me desobedezcas.
En este post me centraré no ya en cómo se piensa que debe actuar el Estado ante el problema de la forma de vestir de muchas mujeres musulmanas, sino en la propia caracterización teórica del problema en el campo feminista, de la cual emanan, entre otras cosas, esas demandas de actuación a los poderes públicos. Se trataría de analizar que concepciones hay detrás de las dos posiciones que aquí han personificado Vasallo y Lucas, unas concepciones ya bastante abstractas y que surgen a su vez, de visiones antropológicas más que distintas, opuestas. Al fin y al cabo, el feminismo, o para ser más precisos, los feminismos, las diversas corrientes del feminismo, son descansan sobre, son ideologemas. Aclaro, que en mi uso 'ideología' tiene un sentido valorativamente neutro, en absoluto el significado cientifista de 'falsa conciencia'; una ideología es, sin más, un conjunto de ideas con un mínimo de coherencia que explican las relaciones sociales, el mundo y la vida. Y como toda explicación de lo social legitima unas cosas y execra otras.
Lenin decía que la clase obrera era espontáneamente tradeunionista (reformista, se traduciría después) y que la conciencia que haría posible una revolución proletaria socialista habría de serle incrustada desde afuera. En el feminismo y, en general, en cualquier realización de pensamiento-acción emancipadores, aparece este problema modo recurrente. Las feministas, les guste o no, son la vanguardia del movimiento de las mujeres, un movimiento que empieza con ellas y que debería extenderse, como efecto de su actividad militante, a todas o a la mayor parte de las mujeres hasta lograr esa fusión vanguardia-masas cuya fuerza relativa permite llevar a cabo los cambio sociales deseados. Las feministas militantes son, pues, la vanguardia de la lucha actual y de las luchas futuras de las mujeres para que la humanidad sea 'amable con ellas'. De más está, o debería estar, precisar que aquí la humanidad es la organización social, no los hombres. No se trata de que los hombres sean más amables, sino de construir una sociedad en la que, entre otras a-cracias, no tenga cabida la estructura patriarcal y donde la mayor o menor 'amabilidad' de los hombres con las mujeres carezca de sentido, sea algo anacrónico.
Y, en general, hasta donde yo sé, esto funciona así en el feminismo occidental. Hay lideresas, hay rigideces, hay sectarismos y doctrinarismos, pero nada muy grave. El movimiento feminista occidental es básicamente abierto, democrático y plural. Donde se revela esa segunda forma de ser vanguardia que tiende al dirigismo y al tutelaje es cuando el feminismo occidental se enfrenta a la situación de las mujeres no occidentales, en concreto, hacia aquellas con las que comparte territorio, con las inmigrantes provenientes de zonas con culturas distintas. Ello se ha puesto de manifiesto con la polémica, no sólo en el campo teórico, en torno a algunas prendas femeninas musulmanas. Recordemos muy brevemente posts anteriores. Veíamos allí que, al menos formalmente, un Estado de derecho liberal reconoce una serie de libertades individuales, bajo la forma de derechos protegibles. Veíamos también que para poder actuar contra la vulneración de esos derechos la mayoría de las veces es preciso que la víctima lo denuncie, incluyendo la identificación del transgresor, y que, de hecho, muy pocas mujeres musulmana denuncian haber sido coaccionadas para llevar por las calles velos o burkas; que, por el contrario, se sienten atacadas en su libertad cuando se les multa por llevar burkini y se les impone la alternativa de quitárselo o abandonar la playa. Se trata de examinar cómo se enfrentan las feministas a un estado de conciencia subjetivo que choca con unas concepciones que ellas (y con buena parte de razón) no pueden dejar de considerar 'objetivas', adecuadas a los hechos reales.
El objetivo de sacar a escena la prostitución no es sólo para señalar su analogía con el uso de atavíos islámicos, sino también, y principalmente, para iluminar la diferencia sutil pero muy relevante en el interior de esa semejanza. Recurriré a un buen apoyo, Emmanuel Kant. Cuando el rutinario de Königsberg define la Ilustración como la salida del humano de su minoría de edad, estaba acusando a los poderes menos reaccionarios de su tiempo, a eso que se llamó 'despotismo ilustrado', de considerar al pueblo como aquí a las musulmanas veladas y a las putas irrespetuosas: como niños que tienen que ser dirigidos mediante engaños o fuerza por aquellos que saben lo que realmente les conviene, aunque ellos, ignorantes, protesten. Sin embargo, hay en ese postulación de Kant una diferencia esencial con las musulmanas que no se da con las prostitutas. El filósofo habla desde su cultura, desde la crítica de su cultura, y llama a las personas valiosas a salir del oscurantismo dominante, a 'atreverse' a pensar por su cuenta. Es decir a reconocer sus cadenas y luchar por romperlas. Desde dentro de su cultura, como ha hecho él y han hecho otros tantos contemporáneos que osan pensar autónomamente, y escriben contra el Antiguo Régimen, y hacen revoluciones. Se trata de una vanguardia que surge de la base y se dirige a esa misma base. Haciendo abstracción de las diferencias socioculturales, cada súbdito de las monarquías absolutas puede liberarse de su opresión (al menos, y como primer paso, mentalmente) porque la vive en sus carnes, porque la piensa con un lenguaje que le vale para impugnarla. Los ciudadanos parisienses podrían, muchos de ellos, horrorizarse o escandalizarse con las arengas de Danton, pero todos las entendían. Las prostitutas actuales entienden a la perfección los argumentos de sus redentoras – y redentores, en este asunto el purplewashing de Vasallo funciona a tope – prohibicionistas, y precisamente por ello, los rechazan, y lo hacen con lúcida contundencia. Son mayores de edad y la liberación de las cadenas que les quienes imponer saben, o intuyen, que en realidad procede de las cadenas forjadas por la mente de sus 'liberadores'.
Aceptando todo lo anterior, y mi cercanía a las opiniones que expresa Vasallo en la entrevista (y en otros artículos suyos que he leído), no dejan de chirriarme algunas afirmaciones que allí hace, y aun la misma locución 'feminismo islámico'. A lo largo de estos posts he hablado de mujeres musulmanas habiendo efectuado una depuración previa; casi todo lo que que aseverado de ellas se refería en realidad a un subconjunto de las mujeres de religión islámica residentes en Europa, aquellas más conservadoras, más ligadas a costumbres tradicionales, que siguen las normas sexistas sin vacilaciones como algo natural y, aunque suene siniestro, gozoso. Pero si contemplamos la población total, sería impropio hasta el nombre, porque hay muchas inmigrantes originarias de países mahometanos que han abandonado la práctica de su religión y de gran parte de sus hábitos étnicos; de hecho, la mayoría se ha occidentalizado en mayor o menor grado. Todas las sociedades y todas las culturas tienen una dinámica internas, todas evolucionan, y las culturas incrustadas dentro de otras culturas hegemónicas – caso de la islámica dentro de la cristiano-capitalista – lo hacen más rápidamente y adquieren numerosos elementos de la cultura dominante. Como siempre, cada proceso histórico es particular y hay casos en que la integración de la cultura subalterna en la hegemónica acaba con la disolución de la primera y otros en que la cultura subalterna se aísla, más habitualmente, es aislada, y se convierte en un bunker cerrado y detenido en el tiempo. Lo que se conoce por guetización. En nuestro caso, la situación global de ese cajón de sastre que llamamos comunidad musulmana europea es propicia para que muchas mujeres pertenecientes a ella tomen conciencia de su situación subordinada respecto a los hombres y den el paso adelante que lleva a la acción feminista, y uno de los factores principales que la hacen propicia es el contacto y la colaboración con las feministas europeas de origen. Gran parte del largo camino de reflexión y de experiencias que éstas han recorrido les ahorra tiempo y esfuerzo a las musulmanas.
A modo de guinda de estos posts, una cita que sintetiza con una fantástica concisión la entera problemática de los velos. Procede de un comentario al artículo de Vasallo enviado por un troll. ¿Por quien, si no? Los trolls, esos máximos exponentes del discurso postpostmoderno de nuestro días. Ellos marcan el camino. “Está muy bien defender el derecho de las musulmanas a llevar la vestimenta que decretó en el Corán aquel esclavista genocida y pederasta llamado Mahoma, pero ¿Qué hay del derecho de las niñas y niños pequeños a que sus cerebros no sean lavados con las mentiras del Islam?” Niquelado; si acaso, se echa en falta una mención a 'los follacabras'.
It's all, folk.
Una lectora de este post ha enviado una serie de objeciones que me resultan interesantes porque ponen de relieve la oscuridad del algunos planteamientos que propongo, la evidencia de que tengo que explicar mejor las cosas si no quiero ser malentendido (y prefiero no serlo). Pongo a continuación esas observaciones y, más abajo, mis comentarios.
Quería comentar que este texto me ha parecido un poco fuerte en el sentido de que critica el "feminismo islámico" y antes que nada de inexistente, pues a favor de una religión de por sí sexista no puede haber feminismos... bueno, yo estoy de acuerdo en que la religión puede ser vista como sexista (a mí todas las religiones me lo parecen, y la católica la primera porque es la que he podido sufrir más de cerca), pero no olvidemos que ese punto de vista también viene dado desde una posición occidental-europeizada-española que no podemos ignorar, es decir, que en el punto de vista de Ruiz García (aunque me ha parecido muy original y me gusta su estilo de expresión), creo que no hay un mínimo intento de utilizar el relativismo cultural como herramienta etnográfica para poder comprender y posicionarse en "las otras", siendo "las otras" esas mujeres islámicas que luchan por lo que consideran justo y necesario para ellas, por lo que les nace, y que se consideran de esta forma a sí mismas "feministas". Yo creo que sí puede haber varias interpretaciones de "feminismo", a diferencia de este autor que defiende un "feminismo único" con diferentes variantes... pero si ellas, desde su bagaje cultural y religioso, se consideran mujeres luchadoras (sin duda lo serán) y feministas, ¿por qué vamos a negarles este calificativo? eso sí que me parece patriarcalista, mucho más que "obedecer a desobedecer", que es otra de las cosas que critica el autor en mujeres musulmanas con un punto de vista poco crítico...
It's all, folk.
Si es que van como van y luego pasa lo que pasa
Una lectora de este post ha enviado una serie de objeciones que me resultan interesantes porque ponen de relieve la oscuridad del algunos planteamientos que propongo, la evidencia de que tengo que explicar mejor las cosas si no quiero ser malentendido (y prefiero no serlo). Pongo a continuación esas observaciones y, más abajo, mis comentarios.
Quería comentar que este texto me ha parecido un poco fuerte en el sentido de que critica el "feminismo islámico" y antes que nada de inexistente, pues a favor de una religión de por sí sexista no puede haber feminismos... bueno, yo estoy de acuerdo en que la religión puede ser vista como sexista (a mí todas las religiones me lo parecen, y la católica la primera porque es la que he podido sufrir más de cerca), pero no olvidemos que ese punto de vista también viene dado desde una posición occidental-europeizada-española que no podemos ignorar, es decir, que en el punto de vista de Ruiz García (aunque me ha parecido muy original y me gusta su estilo de expresión), creo que no hay un mínimo intento de utilizar el relativismo cultural como herramienta etnográfica para poder comprender y posicionarse en "las otras", siendo "las otras" esas mujeres islámicas que luchan por lo que consideran justo y necesario para ellas, por lo que les nace, y que se consideran de esta forma a sí mismas "feministas". Yo creo que sí puede haber varias interpretaciones de "feminismo", a diferencia de este autor que defiende un "feminismo único" con diferentes variantes... pero si ellas, desde su bagaje cultural y religioso, se consideran mujeres luchadoras (sin duda lo serán) y feministas, ¿por qué vamos a negarles este calificativo? eso sí que me parece patriarcalista, mucho más que "obedecer a desobedecer", que es otra de las cosas que critica el autor en mujeres musulmanas con un punto de vista poco crítico...





