domingo, 22 de febrero de 2026

 

Bretton Woods (cont1)


Retomo la descripción de la Conferencia de Bretton Woods, en la que los vencedores occidentales de la guerra, liderados por USA, asumieron como objetivo principal la tarea de definir el nuevo orden monetario y comercial internacional desde la perspectiva de la liberalización del intercambio de mercancías y el impulso hacia lo que décadas después se conocería por globalización. Y, junto a ello, construir un ‘mundo basado en reglas’, expresión que se ha puesto en el último año muy de moda porque Trump parece querer acabar con las reglas, con el orden y hasta con el mundo. Ingeniosidades aparte, y tras el fracaso de la Sociedad de Naciones fundada tras la IGM, que pretendía algo parecido pero que nació casi muerta, era muy importante para las sociedades de postguerra que existiera un orden estable y que se cumpliera, aunque fuese más que nada de bocas hacia fuera y de esa manera, como semidenunció (a buenas horas, mangas verdes) Mark Carney, el premier canadiense, hace pocas semanas en Davos. 

El patrón oro que, con las limitaciones y manipulaciones chapuceras que se han visto, había funcionado relativamente bien, con la libra británica como principal moneda, hasta la I GM, estalló rntonces, de facto, en pedazos, sin que tras el fin de la contienda bélica se restaurase la situación anterior. Sólo algunos países imperialistas con ínfulas de grandeza, como Gran Bretaña y Francia, intentaron restablecer un orden que se basaba en la relación metrópoli-colonia, manteniendo su antiguo poderío, pero la crisis de 1929 echó al traste todos los esfuerzos de respeto al patrón oro y hubo de  nuevo que  echar mano de la maquinita de ‘hacer dinero’, sin la menor relación con la cantidad de oro que se conservaba en los bancos centrales. La excepción fue USA, que incluso durante la guerra mantuvo la sujeción del dólar al oro que atesoraba bajo las bóvedas de Fort Knox, gracias a sus superávits comerciales.  Finalmente, hubo de abandonarlo también en 1933. Sin patrón oro ni una mínima disciplina, los pagos en el comercio internacional, y el mismo comercio internacional, se convirtieron en un caos hasta el fin de la IIGM. Justamente, la Conferencia de Bretton Woods trato de poner orden, restaurando en parte el viejo patrón oro, pero con características novedosas y un nuevo hegemón. 

Pese a que la Conferencia acudieron representantes de 44 países -incluso, como dije, con la URSS de invitado de piedra en lo que respecta a los objetivos reales-, como era de esperar quienes llevaron la voz cantante fueron el antiguo hegemón mundial, Gran Bretaña y el que iba, definitivamente (el periodo de entreguerras, con su Gran Depresión incluida, fue confuso), a tomar el relevo, USA. Aunque las vicisitudes y la evolución de las posturas de casa cual son muy interesantes e instructiva, me limitaré a lo esencial y los resultados de las discusiones. La delegación de Gran Bretaña estaba encabezada por el economista más influyente del siglo XX, John Maynard Keynes, y la delegación norteamericana, aunque no era su máximo representante,  fuee Harry Dexter White, director del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el auténtico antagonista de Keynes. Los británicos, aún consideraba a los yanquis sus pares y no estaba dispuestos a aceptar la supremacía del dólar respecto a la libra, desde la época victoriana, siglo XIX, moneda muy predominante de facto en el comercio mundial. 

Y en ese sentido, Gran Bretaña llevaba una propuesta inaceptable para USA; ocurre que la había elaborado Keynes y era técnicamente genial, además de prefigurar un mundo más igualitario, donde tan bueno o tan malo era ser un país ‘demasiado’ exportador (antes nunca se era ‘demasiado’) como muy importador, penando a ambos. Lo ideal es que todos los países colaboraran en conseguir un mayor equilibrio de su balanza comercial. Keynesplanteaba crear una moneda ‘neutra’, que llamó Bancor, cuya valoración dependía de una serie de mercancías de uso mundial (es decir, se seguía con una moneda fiduciaria de un patrón-mercancías, no ya de un patrón solo oro), lo que evitaba el predominio -el privilegio exorbitante- de que la moneda internacional de intercambio y de refugio de valor fuera la de una gran potencia emisora de dicha moneda. Aunque la distancia intelectual entre Keynes y White (un excelente economista) era de años luz, se impuso, claro, la posición de éste. Al fin y al cabo, por mucho que les pese a los ingleses y a las penalidades que pasaron y los muertos que ‘aportaron’, quien ganó la guerra -en el frente atlántico y pacífico, los soviéticos, en el continental europeo - fue USA. Es difícil saber lo que habría sucedido si se hubiese impuesto la posición keynesiana, es muy probable que, en las décadas posteriores a la guerra, a los países ‘en vías de desarrollo’ les habría ido bastante mejor y a los desarrollados, desde su perspectiva colonial, algo peor.


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A Trump le han bajado de su nube, esa en la que construye un mundo a su capricho y que sla camarilla de pelotas que le rodea (y le  aisla) -ojo, no todos son sólo pelotas, pero eso sí, todos son muy pelotas- le dicen que es el real. Ha sido en el asunto de los aranceles y es el Supremo quien lo ha hecho, pese a la mayoría de derechistas de que está compuesto. Tres 'conservadores' han votados con las liberales. Algún día, supongo que después de muertos, se sabrá qué pasa con Alito y Thomas, los dos jueces más veteranos, muy reaccionarios, y no nombrados por Trump. Bueno, de uno de ellos, Clarence Thomas,además de su sabida condición de violador. Y es que las medidas adoptadas por Trump al margen del Congreso son tan obviamente anticonstitucionales que un niño de cinco años no habría dudado en anularlas.

Por otro lado, las cifras son demoledoras. Desde que Trump impuso su caótica política de aranceles, con la pretensión de relanzar la industria norteamericana y revertir el déficit crónico de la balanza de bienes, en USA han perdido su trabajo más de 800.000 personas ocupadas en industrias pequeñas y medias, el déficit comercial se ha acercado al billon de dólares, los importadores yanquis han pagado más del 90% del coste que suponen los aranceles, cargando los precios a los consumidores (que, por tanto, son de hecho quienes pagan el impuesto del arancel). Por esto último, la inflación, al menos la subyacente, ha tenido que subir más de lo que muestran las estadísticas del IPC. No problema. Ya sabemos que al último responsable de las estadísticas oficiales de USA le cesó Trump porque no salía lo que el quería. 



Esta semana se han cumplido cinco años de estancia en prisión de Pablo Hasel. Su ideología, dentro de las izquierdas clásicas cuando entró en la cárcel me es bien conocida, ignoro si se mantiene ahí o ha evolucionado. Me da igual, ese no es el asunto para mí, aunque sí lo sea para muchos, que no lo reconocerán públicamente; aún me acuyerdop con dolor del asesinato de Puig Antic, cómo los futuros beneficiarios de la reforma miraban para otro lado, ante el descorazonamiento de unos pocos (servidora, entre éstos). Algunos, oportunistas, acomodaticios, posibilistas, malmenorista, ni siquiera cínicos, dirán que Hasel es un fanático, un fundamentalista. Quizá lo sea, pero eso no les quita un ápice a sus detractores de oprtunistas, acomodaticios, posibilistas y malmenoristas. Hasel no se desdijo de nada de lo que había rapeado, no ha aceptado beneficios penitenciarios, no quiere las migajas de sus carceleros, ni la condescendencia -siempre utilizada, ideológicamente, pro domo sua- de los poderosos. Mi enorme respeto por él y desde luego, ¡libertad para Hasel!

En el próximo post, una vez pasada la semana, comentaré lo de las sedicentes izquierdas, bien instaladas ellas en el machito, la antítesis humana de Pablo.




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