Grandes lineas del proceso histórico contemporáneo. 8
La idea de USA, valerse de dos escuderos, Alemania y Japón que, tanto en el plano político como en el económico, lo obedecieran sin objeciones, funcionó muy bien durante algún tiempo. Ello le permitió seguir con superávits comerciales, pero sin poner en peligro el dólar como moneda universal en las relaciones internacionales. Con el impulso del capital americano, en dólares, claro, trasmitido desde USA estos dos países experimentaron una (re)industrialización vertiginosa; respetándose, claro el famoso complejo militar-industrial en tierras yanquis, y ,en general, buscando una complementaridad no competitiva entre las industrias de sus auxiliares y la propia. Pronto, Alemania y Japón lograron saldos positivos en su balanza comercial.
Como parte del comercio de estos países se liquidaba en marcos o yenes, -sin llegar a amenazar la hegemonía del dóla, la presión sobre éste, la demanda de dólares, disminuía y con ella las tendencias a una revaluación, por otro lado, imposible, ya que USA, siguiendo los dictados de Bretton Woods, no podía imprimir dinero al tener una paridad fija con el oro y, este, ya se ha dicho apenas entraba en USA.
Con los superávits comerciales tras la IIGM, el dólar no habría podido ser la divisa de reserva y comercio mundial, porque los demás países tendrían cada vez menos dólares y la fluctuación del +- 1% establecida en Bretton Wodds sería imposible. Pero a partir de inicios de los 1950s el superávit ya era bastante menor, dada la recomposición de casi todos los países y, en especial, Alemania y Japón. Se conservaba un cierto equilibrio, muchos de los ya no tantos dólares netos que entraban en USA se exportaban en inversiones, sobre todo en Europa (en ese proceso surgieron los eurodólares). Incluso se superó a medias el norme gasto de USA en la guerra de Corea en 1950 y de paso se le dio un mercado a Japón que cubría las necesidades de diversos artículos de las tropas de USA en Corea. De este modo, Japón compensaba en parte la pérdida del mercado chino con el que había contado USA.
El mecanismo no era muy complicado, en síntesis, USA recibía dinero neto del extranjero por su comercio con superávit e invertía ese dinero, siempre en dólares, en préstamos o inversiones empresariales en países desarrollados o ‘en vías de desarrollo’ (eufemismo para las colonias o ex colonias pobres del Tercer Mundo). El equilibrio entre dinero entrante y saliente se procuraba mediante la emisión de bonos soberanos por parte de la FED, el Banco Central de USA. NOTA. Si salía demasiado dinero el Tesoro emitía bonos que, comprados por el extranjero, devolvía el dinero a USA. Si entraba demasiado dinero, la FED compraba bonos USA en el extranjero y les suministraba dólares. P0r supuesto, las salidas de dinero desde USA y las entradas para adquirir titulos de deuda y acciones u obligaciones particulares suponían un pingüe negocio para los financieros. Wall Street prosperaba.
Todo parecía ir correctamente.
NOTA.
Un bono soberano es un tipo de título de deuda emitido por el Tesoro un país en su propia moneda con vencimiento a plazo fijo. Los bonos suelen amortizarse a medio plazo, en torno a un par de años. Otros tipos son las letras, a corto plazo y las obligaciones, a largo. Comprando o vendiendo bonos, los Bancos Centrales pueden regular la cantidad de su moneda: si compra, bonos a la 'sociedad civil', hay más dinero para hogares y empresas, si vende, hay menos. Normalmente, el Tesoro emite los títulos, fijándose en los tipos de interés de emisiones anteriores similares,
En lo que se llama mercado primario, el Tesoro hace una subasta y los bonos todos -emisión cubierta- o parte de los ofrecidos -emisión no cubierta- son comprados por bancos, fondos, etc. Posteriormente, esos compradores, si así lo desean, los ponen a la venta en el mercado secundario, donde pueden ser adquiridos por cualquiera. Los bonos en cuestión pueden compra/venderse en los mercados secundarios hasta el momento de su vencimiento.
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Está muy alborotado el gallinero de los comentaristas políticos progres por las afirmaciones del Ursula von der Leyen en el discurso de ayer a los embajadores de los distintos países de la UE en la propia UE. Antonio Costa, el presidente del Consejo de la UE, le salió al paso con una declaración inocua, típica de la UE, Pedro Sánchez se mesó los cabellos y los demás líderes europeos eludieron el asunto, considerando que von der Leyen no tiene competencias en política internacional, que eso es cosa de Kaja Kallas (estamos salvados) y del Consejo.
Hace poco más de un mes, también se alborotaron mucho con el discurso de Mark Carney, primer ministro de Canada en el Forum de Davos. Adelanto mi posición; que quede clara antes de argumentarla. Esa progresía desde el socialliberalismo hasta una sedicente izquierda, con algunos residuos de l ‘centro’ o ‘derecha civilizada’, oscilan entre la hipocresía y la estupidez. Se escandalizan por algo que ha sido bastante evidente dese hace ochenta años, como espero que se colija con nitidez en esa especie de historia geopolítico-económica que estoy publicando por fascículos. Tal evidencia es que, después de la IIGM y con la excepción del periodo de existencia de la URSS y de la acción de algunas fuerzas anticoloniales, USA ha dominado el mundo con mano de hierro en defensa de sus intereses como Estado, ha declarado multitud de guerras, , el segundo biertas o con proxies, ha impuesto los relatos que le ha convenido para justificar su hegemonía en el orden internacional. Nadie en los antiguos Primer y Segundo Mundo, con la excepción de Rusia a partir de la segunda década del XXI, lo ha tosido.
Es el ‘American Century’ (en realidad medio siglo XX) que rompe definitivamente, hasta la fecha, con las tendencias aislacionistas yanquis conservando el ultranacionalismo. De hecho, en los albores del siglo, tras la caída de la URSS, aparece un think tank llamado ‘Project for the New American Century” en el que se sientan los principios de la política neocon de los Kristol, Wolfowitz, Rumsfeld y compañía, la política que llevó adelante USA desde Bush junior hasta el segundo mandato de Trump. Para no extenderme, el principio rector de este lobby cultural, expresado de tropecientas formas, era: "configurar al nuevo siglo para que sea favorable a los principios e intereses estadounidense”.
En todo caso, en el viejo y en el nuevo siglo yanquí, el relato es el mismo: la política internacional, sean cuales sean las potencias predominantes, se ha de conducir según el famoso ‘orden internacional basado en normas’. Normas del Derecho internacional y normas emanadas de las instituciones internacionales a nivel global, específicamente, la ONU y sus diversas Agencias. Por su parte la actividad exterior yanki se justificaba porque pretendía representar y extender la democracia y las libertades, en consonancia con la Carta de la ONU. Todo muy bonito para cimentar el dominio de USA sobre el mundo.
Entonces aparece Trump y rompe la baraja. Ese 'viejo' orden, que los neocons no confrontaban porque como veremos, era más falso que el alma de judas, pero eficaz como legitimación, se empieza a deteriorar de facto por, simplificando, la impetuosa irrupción de China en la escena mundial. Por poner un ejemplo, cuando se fundó el Proyecto para el nuevo siglo’, incluso durante los sucesos del 11M, China era un país considerado poco más que ‘en vías de desarrollo’, subordinado económicamente a los grandes centros de poder económico, con mucho potencial, sí, con impresionantes tasas de incremento del PIB, sí, pero muy lejos de constituir una amenaza al imperio yanqui. Ya Obama comenzó a preocuparse y ocuparse. Por lo visto, sin gran éxito. En estos momentos, China es la gran potencia económica mundial real -olvidémonos del absurdo PIB nominal-, tiene un ejército impresionante, cercano ya al norteamericano y una capacidad nuclear importante que, si acaba asociando su defensa a la de Rusia, es muy superior a la del botoncito rojo del POTUS.
Me enrollo demasiado, así que mañana continuaré con lo que trato de contar, el complicado tránsito entre el nuevo y el viejo orden, la pugna entre neocons y ‘salvajes’ representados por un cachito de Trump que, como no se entera de la menor sutileza intelectual, dice una cosa un día y su contrario el siguiente. Y la desbandada de los lacayos de USA, para ser preciso cómo trata cada uno de ajustarse a los nuevos requerimientos de sumisión al hegemón vigente.