171224
Acabo de leer el editorial de Vicent Partal en Vilaweb, comentando la decadencia hasta su inminente desaparición -tampoco es que fuera gran cosa en sus mejores momentos- del Consell de la República. Partal presenta a esa organización, que pretendía recoger la dinámica de contrapoder del 1-0, como una buena idea truncada desde el principio por los intentos de manipulación (Junts) o de destrucción (ERC) de los partidos políticos, contraponiendo la democracia de base a la que sostienen de facto estos partidos de que gozamos en Cataluña, en España y, salvo alguna excepción que no se me ocurre, en al mundo entero. Estoy de acuerdo y me trae a la memoria un hecho que viví. Hace unos siete u ocho años se constituyo, o se inició el proceso para constituir, una plataforma a la manera de Ahora Madrid que, con Carmena a la cabeza icónica, había triunfado en las elecciones municipales de Madrid. El proyecto se llamaba Ahora en Común y ya desde el primer momento estaba herido de muerte por la no participación de Podemos; pero eso no viene al caso aquí. La idea era organizar a las amplias bases que se habían movilizado en Madrid y crear una un espacio estable realmente democrático ‘desde abajo’. Servidor, un independiente sin vinculación alguna con ningún partido me integré en el grupo promotor, concretamente en el área de organización. En las reuniones eramos de costumbre en torno a quince personas, que, creo, hicimos un trabajo arduo. A los dos meses se decidio dotar a este magma de una especie de estructura en la que habría un coordinador por área. Yo propuse que ese coordinador fuese elegido en la reunión de cada área y que, al menos en mi área, rotase con un máximo de dos veces seguidas por persona (algunos fueron más lejos y proponían, a la manera de la democracia ateniense, que se sorteara ‘el cargo’. Finalmente, se decidió por votación de todas las áreas, llamar ‘comisión de x’ a cada área x y que el coordinador fuese estable hasta que hubiese una asamblea constituyente. Es decir, ya había un jefecillo. Se anunció la fecha de la elección. De los habituale, a lo sumo quince, ese día vinieron más de cuarenta de los que más de veinte nunca habían aparecido por allí. Salió escogido un compañero de IU que iba a todas las reuniones y que, por cierto, había votado por mí. IU sacó unos veinticinco votos, el PCE de Madrid, que, por lo visto, estaba reñido con el PCE estatal (IU), sobre diez y poco menos el grupo municipalista ese que encabezaban Pablo Carmona y Emmanuel Rodríguez. Los partidos políticos habían antepuesto el controlar las incipientes estructuras despreciando y parasitando por completo el trabajo que habíamos hecho. Ingenuo de mí. El trabajo estaba hecho. Poco después, el grupito de Emmanuel dejó el proyecto. Ya no sabían qué hacer hegemonizados por tanto estalinista. Continué un tiempo por rutina y porque había gente maja, pero teniendo claro que lo que se formara, si se formaba algo, no tendría nada que ver con esa democracia de base que todos proclamábamos de bpquilla o con una noción muy diferente de lo que significa la etimología e la expresión. Ahora en Común no llegó a fraguar y con Ahora Madrid ya sabemos lo que pasó. Aunque sea un plagio de Ortega, “es que no es eso, no es eso”.
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